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viernes, 31 de mayo de 2019

BOLETÍN MONS. ORZALI, Siervo de Dios. N° 3 "José Américo"


«Me contaba la buena Hna. Pastora Pirandelli, superiora del Colegio de N. S. del Huerto, que ella pedía siempre a la Sma. Virgen que me alcanzara de Dios la gracia de la vocación religiosa. Lo cierto es que insensible y dulcemente empecé a sentir deseos de ser sacerdote, con gran contento de mis cristianos padres», cita Entraigas del diario de Orzali.

Así, de tanta oración, el Padre le regaló a Américo José el don de la vocación sacerdotal. La hermana, que tanto había rezado por ello, no se quedó de brazos cruzados, sino que hablando con el padre jesuita que era director espiritual del seminario, solicitó el ingreso del joven años al seminario.
«El joven Américo J. Orzali entró en el Seminario Conciliar el 24 de mayo de 1877 para cursar latinidad. José Sató, Rector». Así reza el expediente por el cual se autorizó a Ameriquito a iniciar sus estudios del primer año de latín.

Durante su seminario se muestra ejemplar en el estudio y en su conducta. Es nombrado Betel de los menores, y con tan sólo 19 años, sabía escuchar y aconsejar a sus hermanitos.
Fue durante su seminario que invierte su nombre y comienza a firmar como José Américo Orzali, en honor y respeto al Patriarca de la Iglesia, su querido san José. Es en el seminario donde se encuentran las profundas raíces de su celo apostólico y de su amable trato.

El 5 de marzo de 1879 recibe la tonsura y las cuatro órdenes menores (ostiario, exorcista, lector y acólito). El 29 de marzo de 1884 recibe el sub-diaconado de manos de Monseñor Aneiros; y el diaconado el 30 de mayo del año siguiente, en Montevideo (Uruguay), de manos de Mons. Mattera, a quien servía de secretario personal. Al mes siguiente parten para Roma.

En la Ciudad Eterna completa sus estudios teológicos. El 19 de diciembre de 1885, con la dispensa de S.S. León XIII, es ordenado sacerdote por Mons. Mattera, en el Colegio Pio Latino Americano. El 25 de diciembre canta su primera Misa en Santa María in Valicella. Al nuevo sacerdote le ofrecen seguir la carrera diplomática en el Vaticano, oferta que rechaza para viajar a su tierra y ser apóstol entre los de su propia raza. El 9 de enero de 1886 emprende viaje de regreso a Argentina, donde arriba dos meses después.

«En la capilla del Colegio del Huerto, junto a las religiosas que conoce desde pequeño, celebra su primera Misa en tierra argentina. Poco después Mons. Aneiros fija su primer destino en una parroquia de Buenos Aires» (Castro, 1998). Nuestra Señora de la Piedad, será la primera comunidad en ver al flamante sacerdote en su incansable labor.


Autor: Martín Sillero


Bibliografía:

CALATAYUD, Ángel (1960). Rosas. Ediciones Rosarinas. Buenos Aires, Argentina.
CASTRO, Ana E. (1998) José Américo Orzali. Fundador, Obispo y misionero. Arzobispado de San Juan de Cuyo. San Juan, Argentina.
DE JESÚS, María Araceli. (2012). Padre y Pastor: Vida y obra de Mons. Américo Orzali. Ágape Libros. Buenos Aires, Argentina.

ENTRAIGAS, Raúl A. (1949) El Buen Pastor de Cuyo. 2da edición. Editorial Difusión. Buenos Aires, Argentina.




Descargar Boletín "Mons. Orzali N° 3"

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domingo, 12 de mayo de 2019

Entronización de las reliquias de los beatos riojanos en Roma


CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA VISITA AD LIMINA 2019


El día de hoy, domingo del Buen Pastor, los Obispos argentinos integrantes del tercer grupo, regiones NOA, Centro, Cuyo y Patagonia han iniciado juntos la visita Ad Limina Apostolorum.

En el marco de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, mediante la celebración de la Misa que dio comienzo a esta importante misión pastoral que acrecienta los lazos de comunión con el Santo Padre y fortalece el camino misionero de la Iglesia Argentina, Monseñor Dante Braida, Obispo de La Rioja, conjuntamente con todos los pastores, entronizaron las reliquias de los beatos riojanos, Monseñor Enrique Angelelli, sacerdotes Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera.

El relicario se encuentra ubicado a pocos metros del Altar mayor en Nuestra Señora de los Dolores, sede de la Iglesia Argentina en Roma, donde Monseñor Carlos Sánchez, Arzobispo de Tucumán, acompañado por todos de los obispos, de este tercer grupo, concelebraron la Eucaristía.







Monseñor Braida, de manera muy especial, compartió:

“Monseñor Angelelli, Obispo Titular de La Rioja; su vida, su formación ha tenido mucho que ver con esta ciudad en su época de estudiante, luego participando del Concilio Vaticano II, en sus visitas Ad Limina; por lo que su testimonio de vida, su formación y amor a la Iglesia se ha ido fortaleciendo aquí, en esta ciudad.”

“Resulta, para mí, muy significativo que sus reliquias hoy estén aquí. El día de la beatificación fueron muy fuerte las palabras que empleo el Cardenal Becciu - Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos y enviado especial del Santo Padre, Papa Francisco para presidir la Eucaristía por la que los, entonces, mártires riojanos recibieron el don de la beatificación -, cuando expresó que Monseñor Angelelli fue “mártir de los decretos conciliares”. Alguien que amo a la Iglesia, que abrazo el camino que iba recorriendo, que es también de renovación, de transformación, de servicio en este tiempo y Él manifestó que vivió profundamente como experiencia conciliar lo que luego llevo a la Diócesis de La Rioja cuando le tocó asumir.”

“Ha vivido una época muy díficil, confusa para nuestra Patria, sin embargo allí lo entrego todo; su labor y su vida atraída por muchos. Por ello, Wenceslao, Gabriel, Carlos y muchos otros querian participar de la vida de la Iglesia riojana junto a su pastor. A Dios gracias, gran cantidad de ellos vive, por lo que he podido escuchar testimonios de hermanos y hermanas que han acompañado la pastoral de Monseñor Angelelli. Por eso traer aquí las reliquias es un compromiso para quienes estudian aca; para que puedan también darlo todo en la oración, maduración y así entregarlo todo en la Iglesia y en cada Diócesis particular cuando regresen.”

“Angelelli, con toda la ocupación que tenía y sin embargo ha podido ponerse al servicio de los más pequeños, de los últimos, caminando como hermano. A la vez, también tenía toda esa fuerza de conductor y de pastor que queria y conduce a su pueblo.”

Por la intercesión de los beatos riojanos, juntos rezamos especialmente por todos los pastores en este día, pidiendo a Jesús Buen Pastor, envíe y fortalezca las vocaciones sacerdotales de la Iglesia Argentina. Del mismo modo, por nuestros Obispos que se encuentran realizando la visita Ad Limina Apostolorum.







Roma, 12 de mayo de 2019.

Pbro. Máximo Jurcinovic
Director de la Oficina de Prensa
Conferencia Episcopal Argentina



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jueves, 9 de mayo de 2019

El Papa Francisco envía su bendición a todo el pueblo riojano



El obispo de La Rioja, Monseñor Dante Braida, expresó que durante el encuentro que mantuvo con el Santo Padre donde entregó las reliquias de los beatos Mártires Riojanos, el papa envió su bendición a todo el pueblo de La Rioja.

La confirmación la realizó al equipo de prensa y comunicación de la Diócesis donde comentó la cordialidad del encuentro que mantuvo el pasado miércoles en el marco de la Audiencia General brindada por el papa Francisco en Roma.

Sobre el momento vivido, Monseñor Braida dijo que “Fue un encuentro muy cordial y alegre. Le transmití los saludos y cercanía del pueblo riojano. Me preguntó sobre cómo había sido la beatificación de los mártires lo que le comenté brevemente”, expresó.

En ese contexto dijo que “Luego junto con el Arzobispo de Mendoza Mons Colombo; el Ministro General de los Frailes Franciscanos conventuales, Fray Marco Tasca y el postulador de la causa Fray Damian Patrascu, le entregamos las reliquias que fueron recibidas con mucha devoción y alegría”.






Luego de recibir las reliquias de los Beatos riojanos, el obispo Dante comentó que el papa Francisco mediante este encuentro y por medio suyo “Envía su bendición a todo el pueblo riojano”.

En lo personal, el máximo responsable de la iglesia riojana dijo que fue “Una alegría enorme por lo que significan los cuatro mártires y por llevar en el corazón al pueblo riojano. ¡Estoy muy contento!.

Monseñor Dante Braida se encuentra en la ciudad del Vaticano a la espera de comenzar con la visita “Ad Limina Apostolorum” de manera formal a partir del próximo domingo 12 de mayo, correspondiente al tercer grupo de obispos pertenecientes a las regiones NOA, Centro, Cuyo y Patagonia.


Durante esta visita de los obispos argentinos a Roma, mantendrán una audiencia con el Papa Francisco, también presentarán un informe de la realidad pastoral de cada diócesis, recorrerán diferentes dicasterios vaticanos y rezarán ante las tumbas de San Pedro y San Pablo renovando su fe y servicio pastoral a la iglesia.

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sábado, 4 de mayo de 2019

3° Domingo de Pascua, "La Pascua es el Espíritu de la comunión entre los hombres" - Mons. Angelelli



Hechos de los Apóstoles 5, 27-32 . 40-41 Apocalipsis 5, 11-14     San Juan 21, 1-19


Evangelio según San Juan 21,1-19.

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos". Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".


Homilía de Monseñor Enrique Angelelli. (25 de Abril de 1971)

SALUDOS: 
A la población de Saladillo del Monte. A los enfermos.
Internados del Penal de La Rioja. A Ud. amigo Camionero y colectivero.
A Ud. que viaja en las rutas de nuestra provincia. A ustedes amigos que han perdido en esta semana un ser querido. A la Comunidad de Religiosas de Villa Unión. A Ustedes amigos de Ulapes, de Villa Nidia y Corral de Isaac. Enfermeras del Plaza que viajan a Catamarca.

Amigos y hermanos: durante estos domingos venimos reflexionando sobre la Pascua del Señor, sobre Cristo Resucitado y lo que nos dice hoya nosotros, hombres que necesitamos encontrar en la vida el verdadero sentido de nuestra existencia. Cuando el domingo pasado anunciábamos cambios y responsabilidades nuevas en nuestros hermanos sacerdotes, no significaba una medida táctica o insensibilidad ante los problemas de nuestro pueblo. Recae sobre nosotros cristianos la responsabilidad de ir construyendo una Iglesia Diocesana que sea verdaderamente Iglesia Pascual, Iglesia llena de VIDA NUEVA en cada uno de sus miembros. 

Una Iglesia Diocesana joven y renovada, que saborea la fecundidad de la pobreza interior y se apoya en la fuerza interior del Espíritu que la anima constantemente, "una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida con la liberación del hombre y de todos los hombres" (Medellin 5,15).

Porque el Espíritu Santo está obrando en nosotros de un modo nuevo y despertando energías y responsabilidades ocultas. Porque el Padre de los cielos nos descubre la urgencia y totalidad de su plan de salvación sobre nosotros y sobre nuestros pueblos. No es una hora de superioridad para la Iglesia sino de servicio. Porque es una Iglesia Pascual no puede ser una Iglesia "triunfalista" o "del poder". Todo lo contrario.

Es una Iglesia de la esperanza y la alegría, pero en la profundidad verdadera que da la Cruz y el Silencio interior. Es la hora de la responsabilidad y el compromiso, la conciencia, la renovación y el servicio al mundo. Hacia esta Iglesia Pascual es a donde debemos caminar, la que sólo confía en las armas del Espíritu de Dios y sólo tiende a expresar al Señor resucitado. Cuando decimos una Iglesia pobre, decimos una Iglesia libre, una Iglesia segura, porque sabe en quién pone su confianza, en Cristo el Señor, no con la seguridad humana que da el prestigio o el poder sino con la firmeza inquebrantable del Espíritu Santo. Cuando decimos que nuestra diócesis debe ser una Iglesia joven, es porque sentimos necesariamente la urgencia de lo nuevo que lo da Cristo, a cuya imagen debe ser creado el "hombre nuevo". Una Diócesis de "la caridad, la alegría y la paz" que son los frutos primeros del Espíritu Santo (Gal 5,22). 

Buscamos seguir construyendo una Diócesis que sea Iglesia en comunión. Porque la Pascua es el Espíritu de la comunión entre los hombres. Pronto, Pentecostés nos enseñará que engendra en los discípulos de Cristo "un solo corazón y una sola alma" (Hechos 4,32). Es la comunión de la totalidad del Pueblo de Dios con el Cristo Glorioso y con la totalidad de los hombres, sin excluir a nadie. Por eso todo cuanto se haga por expresar en nosotros y realizar la verdadera comunión en el Espíritu Santo, que anima y rejuvenece permanentemente a su Iglesia, es ir preparando el rostro de una Iglesia Diocesana auténticamente Pascual. 

La Pascua nos comunica la inquebrantable solidez de la Esperanza.
Nace así la Iglesia Diocesana de la Luz y la Firmeza. Una Iglesia Diocesana que debe ir sintiendo cada vez más su urgencia de ser misionera. La que sale renovada de esta Pascua, que hemos vivido, para que se convierta en una Iglesia que ora, y se sabe peregrina, que sufre y profetiza, que es aprisionada y libera a los hombres, que muere y da la vida, que el Reino de Dios ha llegado e invita a los hombres a la conversión y a la FE.

Más que nunca se advierte entre nosotros la necesidad de iluminar, hacer crecer y comprometer en la práctica de la Fe. Pero si nuestra Iglesia Diocesana quiere ser Iglesia Pascual, tiene que ser la Iglesia del anonadamiento y de la Cruz. Si nos escandalizamos por ello, no hemos comprendido a Cristo, seguimos todavía con pensamientos humanos. Si nos envuelve la triseza o la desesperanza, es porque aún no creemos lo que encierra la muerte en la Cruz y la Resurrección de Cristo. Porque una Iglesia Diocesana Pascual, es una Iglesia de Cristo muerto y resucitado por su obediencia hasta la muerte de Cruz (Fil 2, 5-11). 

Nuestra Iglesia Diocesana será Pascual cuando en el silencio guarde la Palabra de Dios y la haga fecunda; cuando vivamos la Eucaristía como donación, servicio y muerte. A esta Iglesia Diocesana la construimos todos, la hacemos todos cada día, cada instante de nuestra existencia; cuando asumamos con todas sus consecuencias la renovación pascual obrada en nosotros por el Concilio; cuando el Espíritu Santo la haga en nosotros, si somos pobres interiormente, si confiamos en Él y si nos entregamos a que obre en nosotros el "hombre nuevo"; cuando descubramos el dolor de nuestros hermanos y nos decidamos a llenar sus esperanzas. 

Mis Amigos: Todas estas reflexiones nos sirven para sacar conclusiones prácticas para la vida diaria. Cuando el Señor quiere dejar a sus discípulos como un testamento les recuerda en forma de comparaciones que deben vivir como servidores siempre preparados, fieles vigilantes, con la lámpara encendida, habiendo hecho fructificar los talentos por el trabajo diario más bien que teniéndolos guardados y ocultos, y que serán juzgados no por lo que tengan sino por lo que hayan trabajado, por alimentar, por dar de beber, por visitar y vestir a los pobres, hambrientos, perseguidos y extranjeros. Cuando resumimos que "todo hombre, es nuestro hermano" es resumir el doble amor de Dios y del prójimo. Cuando habla de desarrollo, la Iglesia lo hace en conformidad con el mensaje del hombre que ha sido imagen perfecta de Dios, Jesucristo, que ha asumido toda la creación y toda la actividad humana para llevarla a su Padre. Es por tanto en este mundo, en sus actividades, en su expansión, como la salvación se ofrece al hombre y se opera en él.

Amigos radioyentes: en este contexto debemos comprender las decisiones que debemos asumir en la Diócesis mirando el bien de toda la Comunidad Diocesana. En este contexto ¿podemos decir hoy, que nuestra provincia, a la que le cuesta dolorosamente crecer y desarrollarse como el Señor lo quiere, deba estar en actitud pasiva y en espera que en altas esferas, con las mejores intenciones, se paralice la marcha de un pueblo o por lo menos no pueda desarrollar las obras que reclaman la gama de problemas existentes porque no se puede contar con el dinero necesario hasta tanto no se lo apruebe, o se lo examine con criterios poco sensibles a las urgencias de nuestro pueblo? Advertir esto es hacer tomar más conciencia en quienes tienen el poder de decisión. Es ayudar a hacer reflexionar a los responsables de las Instituciones Políticas, a tomar conciencia de ello. Máxime si son cristianos. La dignidad de nuestro pueblo y la responsabilidad de quienes lo sirven como gobernantes, merece la consideración debida de quienes ostentan un poder superior, que debe ser servicio. Advertir esto no es inmiscuirnos en asuntos que escapan a la competencia pastoral de la Iglesia sino tratar de caminar junto a la vida concreta de nuestro pueblo.
                       Amigos: hasta el Domingo, Dios mediante.

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El sábado 27 de Abril celebramos con gran alegría la beatificación de Monseñor Enrique Angelelli, Fr. Carlos de Dios Murias, P. Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera.
Que vivan los cuatro mártires!!!

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miércoles, 1 de mayo de 2019

"FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR" - MONSEÑOR ANGELELLI



La celebración del “Día del Trabajador”, tiene una larga y dolorosa historia.
No sólo en nuestra Patria sino en el mundo entero. Se ha ido manifestando desde luchas puramente reivindicativas hasta ir haciendo madurar un verdadero sentido de pueblo; conciencia de ser el pueblo el protagonista de su propio destino y lograr que la justicia sea cada vez más vivida y no sólo declamada y las naciones elaborando legislaciones sociales.

Nuestra Patria cuenta con un historial rico en este proceso de los trabajadores. Más allá de las situaciones dolorosas en que vivimos, debemos decir que tenemos una avanzada madurez como pueblo y una legislación social que abre caminos esperanzadores hacia el futuro.

También es bueno recordar que la Iglesia, en la historia de los movimientos sociales del mundo, ha ido aportando su sabiduría de siglos iluminando desde el Evangelio estos movimientos para poder discernir bien todo aquello que ayude al hombre a su promoción integral. A modo de cita, recordamos las ENCÍCLICAS PAPALES: “RERUM NOVARUM” de León XIII; “QUADRAGESIMO ANNO” de Pio XI; “MATER ET MAGISTRA” de Juan XXIII y “PACEM IN TERRIS” del mismo Papa; “OCTOGESIMA ADVENIENS” de Pablo VI; “POPULORUM PROGRESSIO” del mismo Papa. Los “Documentos de Medellín” y el mismo “Concilio Vaticano II”.


Si queremos comprender en profundidad este doloroso camino de los trabajadores, es preciso iluminarlos con las páginas del primer capítulo del Libro del Génesis: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza... que domine la tierra... que crezca y se multiplique... que llene la tierra y la domine... y que descanse el día séptimo...”. En el mismo mandato de dominar la tierra, le entrega el Señor el mandato de capacidad de trabajar para que complete la creación y sea feliz. Este trabajo tendrá desde el comienzo todo el aspecto doloroso como precio a su infidelidad a Dios: “Ganarás el pan con el sudor de tu rostro... y la tierra te producirá abrojos...”. El hombre es el Señor de la creación; no ha sido creado para ser esclavo sino libre y señor de las cosas; es el pecado del hombre que rompe la armonía de la creación y convierte la tierra en “babel” que quiere decir confusión.

Somos nosotros los hombres quienes convertimos la tierra en desencuentro de hermanos; en luchas fratricidas; en explotación del hombre por el hombre; en tierra, muchas veces de desolación, en vez de convertirla en tierra de paz, de libertad, de justicia y de fraternidad. La Carta de San Pablo que hoy hemos escuchado (Col. 3, 14-15) constituye el gran mensaje que el Señor nos entrega a todos nosotros, hermanos trabajadores de La Rioja. Este gesto que estamos haciendo, aquí, y desde aquí, en esta celebración eucarística, no es llenar un número más de un programa, sino el alma y la fuente que le da sentido a toda la celebración del trabajo. Creo que constituye un ejemplo para el resto de la Argentina. Podemos decir una vez más, esta es La Rioja; así vive, así piensa y así celebra su pueblo todos sus acontecimientos. No es sectarismo, pero sí es reafirmar su propia personalidad, su historia con sus valores y su capacidad de ser protagonista de su destino; abierta a lo universal y consustanciada con todos nuestros hermanos argentinos.

Celebrar la Eucaristía, desde la Catedral con todo el pueblo de La Rioja, es haber asumido ese mandato divino del Génesis y traérselo hoy al mismo Dios y Padre de todos, nuestra vida, como es en concreto; con aciertos y desaciertos; con frutos y también con abrojos; con alegrías y con dolores; es traer ese mismo pan que nos mandó ganar con sudor, para hacer de él, con su mandato y con el ministerio sacerdotal que Él entregó a su pueblo para que fuéramos hombres nuevos en el CRISTO, hermano y Señor de la Historia, la EUCARISTÍA, vale decir, la GRAN ACCIÓN DE GRACIAS y la gratitud que como pueblo le debemos.

Aún nos falta mucho para que la Rioja sienta que todos sus hijos somos felices y señores de las cosas. Se hace muy doloroso ganar el pan de cada día; nos cuesta arrancar del corazón el egoísmo para hacernos plenamente hermanos; nos cuesta mucho poder sumar todas las manos, como pueblo, para construir juntos esta tierra de bendición.

Hermanos trabajadores: Cristo, Nuestro Señor, ha santificado con su Cruz y con su Resurrección el trabajo nuestro de cada día para que podamos llevar el pan a nuestros hogares. Cristo, le da sentido redentor y liberador a nuestro esfuerzo fraternal y a nuestro trabajo para hacer feliz a La Rioja. Cristo quiere una Rioja, no resignada sino plenamente libre y feliz. La Rioja reclama de todos nosotros, gobernantes y pueblo, superar toda división y todo egoísmo individual y de grupos para hacerla una tierra donde el amor no sea una palabra para enamorados simplemente, sino la meta de nuestro trabajo concienzudo por lograr ser verdaderamente un pueblo que se quiere, es solidario y nadie abusa del otro.

Los beatos y mártires Mons. Angelelli y Wenceslao Pedernera junto a su esposa coca


En estos momentos los tenemos presentes a todos ustedes, hombres y mujeres de La Rioja que trabajan para hacerla feliz. Pensamos especialmente en ustedes hermanos riojanos que en el silencio y quizás olvidados, están en los obrajes con el hacha; en ustedes hombres campesinos que trabajan la tierra; en ustedes que levantan viviendas; en ustedes que asisten a nuestros enfermos y ancianos; en ustedes que construyen nuestras rutas; quizás solitarios y añorando el hogar las conservan; en ustedes hermanos de nuestros talleres, de nuestras oficinas públicas; en ustedes hermanos trabajadores de la cultura; hermanos de la prensa, escrita, radial y televisada; pensamos en ustedes los más olvidados y marginados por el egoísmo humano.



Pensamos en ustedes hermanos dirigentes sindicales; la vida de ustedes tendrá pleno sentido cuando cada día la brinden y la jueguen para que sus compañeros y los hogares de los trabajadores puedan ser más felices. Pensamos en ustedes, hermanos gobernantes; no se cansen de brindarle a este pueblo que los ha elegido toda la capacidad, el esfuerzo y la creatividad para hacer cada vez más de este pueblo un pueblo protagonista de su propio destino y felicidad. Pensamos en ustedes, hermanas mujeres riojanas, en este año internacional de la “mujer” para que ustedes aporten a nuestra comunidad el insustituible aporte que como mujeres deben brindar a la comunidad. Hermanos trabajadores riojanos: iluminados y guiados por el ejemplo y la intercesión de ese varón justo y fiel, San José Obrero, cuya fiesta celebramos, sigamos caminando con esperanza.


1 de mayo de 1975 – Mons. Enrique Angelelli




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