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miércoles, 30 de junio de 2021

2° Semana (B): Monseñor Angelelli - Testimonio del P. Lorenzo González

 


En esta 2° semana del mes de los mártires, presentamos la vida de Monseñor Enrique Angelelli. Hoy compartimos con todos ustedes un texto escrito por el P. Lorenzo González, quien fue ordenado por este obispo beato y mártir. También compartimos en esta publicación un audio del P. Lorenzo que nos detallada con mucha claridad y amor las cualidades de Monseñor Angelelli.


- ALGUNAS CUALIDADES DE MONSEÑOR ANGELELLI -

 CAPACIDAD DE ACOGIDA - EL DON DEL DIALOGO 

Esto era evidente en su saludo, recepción y atención que prestaba. Alguna vez supo decir: “Dios nos ha regalado el don de la acogida”. Pienso que lo dijo en plural por modestia, y para invitarnos a entrar en esa dinámica. Brindar lugar, hacer espacio a otros es lo propio del cristiano.

Como Dios nos recibe a nosotros y nos da todo Como Abraham recibió a tres personajes misteriosos que lo visitaron (Génesis 18 Como la Virgen María recibió al Verbo de Dios en su Encarnación Como San José recibió a María y al Niño que venía en camino Como Santa Isabel recibió la visita de María Como Lázaro y sus hermanas alojaban a Jesús en Betania Como Pedro hacía lugar al Maestro en Cafarnaúm Como el centurión Cornelio recibió a Pedro en su casa, en Cesarea (Hechos 10) Debemos destacar que Angelelli tenía motivaciones hondamente espirituales en su actuar, rastreando las huellas de Dios.

DESPRENDIMIENTO Y POBREZA

Angelelli no tenía nada Solamente una Fiat multicarga para andar. También tenía una manta marrón, una boina y un sobretodo de invierno que lo obtuvo en un ropero de Cáritas Y la mercadería y donaciones que traía de Córdoba las compartía en la Catedral, que de alguna manera, era la casa de todos.

LA POBREZA COMO DEPENDENCIA

En los últimos meses de su vida (por el año 1976 nos dijo a los sacerdotes reunidos en Sañogasta: “Somos pobres y dependemos de todo dependemos de Dios, de la Sede Apostólica, del Poder Ejecutivo Nacional, y de nuestra gente que nos busca por tantas cosas y a cuyo servicio debemos estar disponibles”.

Precisamente Jesús nos enseñó a decir: “danos hoy nuestro pan de cada día” para que aprendamos a depender y confiar en Dios, sin acaparar nada, y que no andemos buscando apoyarnos en falsas seguridades que arruinan la vida

AMISTAD

Amigo sincero y fiel Se interesaba por los demás, preguntaba por las dificultades, cuidaba y defendía a los curas, los veía con frecuencia y los visitaba Consideraba que no hay que renunciar a la amistad porque es algo sagrado.

Mostraba cordialidad con toda persona, y de un modo muy particular con los pobres a quienes escuchaba y tenía en cuenta El hombre valoraba la persona y quería a la gente Todos encontraban eco en su corazón Era amigo en serio, y no por conveniencia alguna.

 JUSTICIA Y PAZ

Era el lema de su escudo episcopal Justicia que deba asegurar el pan para todos, que pueda responder a las necesidades fundamentales de la vida y nos lleve a la convicción que los bienes de la tierra tienen un sentido universal, y que están al servicio “de todos los hombres y de todo el “hombre”. Defendió con fortaleza la justicia en contra de la explotación y opresión, para favorecer a los pobres, los carentes de recursos y que no tienen voz.

Y la Paz, que es signo y fruto de la sana convivencia entre los hombres, y que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Paz que es la suma de todos los bienes que Dios nos da, y hace posible que la gente sea feliz “Hacer felices a los demás” era una frase que Angelelli repetía con mucha frecuencia.

FIEL A SU PUEBLO, A SU HISTORIA, A SU IDENTIDAD

Esto se hizo evidente en cuanto que asumió y alentó la religiosidad popular, las costumbres, tradiciones y modos de expresar la fe de la gente. El respeto por estas cosas es todo lo contrario de la imposición intolerante y de la invasión No fue un invasor sino un servidor de la Diócesis, “caminando con el pueblo y desde el pueblo”, desde “la óptica de los pobres”, es decir, según el modo de ver las cosas e interpretar la realidad que tienen los pobres. De este modo, Angelelli procuró imitar a Jesucristo que se identificó con los pobres, hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos enfermos, presos (Ver Mateo 25) Esto no ha sido un verso sino una gran realidad en la vida de Angelelli. Esto yo lo he visto y experimentado muy de cerca Hay que conocer y entender estas cosas para estar en la verdad acerca de la persona en cuestión Ahora bien, los que mintieron y lo difamaron ignoran esta realidad o se “hacen los locos” y no lo quieren reconocer. Tenemos que ser honestos, no hay que buscarle sombra al sol, ni cinco patas al gato.

Autor: P. Lorenzo González, diócesis de La Rioja, fragmento de su libro "Una mirada a la persona de Monseñor Enrique Angelelli"

Audio del P. Lorenzo:

 

¿Cual es la cualidad que más te llama la atención de Mons. Angelelli? (Deja tu comentario)
                    

Palabras de Mons. Angelelli:

"Amigos radio oyentes: y este hecho evangélico  y singular que todos hemos vivido junto al Representante del Santo Padre (visita pastoral de Mons. Zazpe), ha tenido como término de esta misión pontificia la ordenación sacerdotal de un joven diácono, Lorenzo González, en la ciudad de Chilecito. La ordenación sacerdotal que me tocó presidir, acompañado por Mons. Zazpe, 27 sacerdotes, religiosas y la participación de la comunidad chileciteña, nos sigue diciendo cómo el Señor acompaña a su pueblo haciendo florecer el sacerdocio de Cristo en la persona de Lorenzo, al servicio de esta comunidad diocesana. Este quinto sacerdote consagrado para La Rioja y ya próximos otros en preparación avanzada para su consagración, es un signo de fecundidad y de vida." (fragmento de la homilia radial de Monseñor Enrique Angelelli, 2 de diciembre de 1973)



Publicaciones anteriores:

1° Semana de los Mártires (A): "La mesa como imagen del Reino"


1° Semana de los Mártires (C): "La Mesa" - Peteco Carabajal




Agradecemos:

Al P. Lorenzo por este hermoso testimonio y a Florencia Narváez por enviarnos este material
A Alexis Rosales, seminarista de la diócesis de La Rioja, quien hizo la propuesta de vivir el "Mes de los Mártires" a través de este blog.
Centro Tiempo Latinoamericano, por sumarse a la difusión de estas publicaciones. 
A todos los que están realizando este camino digital con lo mártires riojanos.

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martes, 29 de junio de 2021

(Advertencia) Venta de Reliquias del Beato Carlo Acutis




En el día de hoy, se informó en las cuentas oficiales de la asociación “Amici di Carlo Acutis” sobre una subasta de una reliquia del Beato Carlo Acutis. Esto es ilícito, el canon 1190 del código de derecho canónico afirma: Está terminantemente prohibido vender reliquias sagradas.

En este comunicado la asociación Amici di Carlo Acutis solicita que desconfíen de cualquier persona que solicite dinero para la entrega de una reliquia y se invita a todos los fieles devotos a denunciar estos hechos comunicándose por los canales oficiales de la misma.

Página web: http://www.carloacutis.com E-mail: info@carloacutis.com  /Facebook / Instagram


Como afirma el derecho canónico está prohibida la venta de reliquias de cualquier santo/ o beato/a. (Para más información consultar en el libro IV del Código de Derecho Canónico: “DEL CULTO DE LOS SANTOS, DE LAS IMÁGENES SAGRADAS Y DE LAS RELIQUIAS” - Cann. 1186-1190)

En este caso en concreto se está realizando una subasta a través del sitio ebay. Como se puede observar en imágenes el certificado de autenticidad de reliquia fue falsificado y cabe mencionar que las reliquias ex linteis (o ex linteo) no son entregadas por la asociación Amici di Carlo Acutis como lo muestra esta imagen, dicha reliquia suele acompañar una estampita con la imagen del beato Carlo Acutis.




 

-Solicitamos a todos los devotos del beato Carlo Acutis y fieles en general, difundir esta información y denunciar estas acciones fraudulentas.-

Autor: Diego Olivera

www.vivamosjuntoslafe.blogspot.com.ar



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lunes, 28 de junio de 2021

2° semana (A): "Monseñor Angelelli. La mesa de Jesús es la mesa del pobre"




Queridos amigos, hoy compartimos con ustedes la segunda parte del texto "Mesa y Martirio". En esta oportunidad, el autor, Alejando Gross, nos invita a reflexionar sobre la imagen de la mesa en el servicio de monseñor Angelelli, como obispo y pastor de la diócesis de La Rioja. A continuación compartimos este texto:

    -El 24 de agosto de 1968, Monseñor Angelelli llega a la provincia de La Rioja designado por Pablo VI como obispo de esta diócesis. Al llegar, expresa su deseo de vivir la suerte de esta provincia, identificándose profundamente con ellos:

"Les acaba de llegar a La Rioja un hombre de tierra adentro, que les habla el mismo lenguaje. Un hombre que quiere identificarse y comprometerse con ustedes. Un hombre que quiere ser un riojano más. Por eso, desde ahora, les dice: mí querido pueblo Riojano"[1]

     Prontamente Monseñor Angelelli se irá dando cuenta que ser un riojano más, significa vivir y compartir la suerte del pueblo que le ha tocado acompañar. Como Jesús, deberá hacer una opción: vivir y construir el Reino de Dios, desde los pobres a todos. La mesa del riojano común, estaba despojada  del alimento diario, era una mesa vacía y pobre. Pero existían otras mesas,  las de aquellos que desde el tiempo de la colonia se beneficiaban de la tierra y del trabajo de los campesinos. Esas mesas que rebozaban de comida, como la del rico del evangelio, era donde los lazaros riojanos comían de las migas que se caían. Advirtiendo todo esto, desde el comienzo de su ministerio su misión será clara:

 "No vengo a ser servido sino a servir; a todos, sin distinción alguna; clases sociales, modos de pensar o de creer; como Jesús, quiero ser servidor de nuestros hermanos los pobres; de los que sufren espiritual o materialmente; de los que reclaman ser considerados en su dignidad humana, como hijos del mismo Padre que está en los cielos; de los que reclaman el afecto y comprensión de sus hermanos; cuenten con este hermano, que es también padre en la Fe; quiero estar junto a cada riojano que desinteresadamente se brinde por servir a sus hermanos; servidor de los adultos y especialmente de la juventud." [2]

         Frente a la mesa restringida de la sociedad riojana, Angelelli se presenta como el servidor de todos, pero preferentemente queriendo ser el servidor de los pobres. Este primer mensaje poco a poco se irá haciendo realidad en su misión de pastor. Las mesas diarias y la mesa de la Eucaristía serán para el obispo un lugar de encuentro donde  reclamar por la justicia, la esperanza y  la libertad. Como Jesús, Angelelli experimentó que la mesa y la comida no solo eran para llenar el estómago, sino que además, era el lugar del encuentro y del mensaje. No es casualidad encontrarlo en las fotos sirviendo la comida o alrededor de una mesa él era el primero en ser el servidor. Estas comidas del encuentro se fueron repitiendo en toda la provincia riojana, en parajes poco conocidos, donde nunca un obispo había llegado. Compartir la mesa era el modo de identificarse con el pueblo, de hacerse uno de ellos y de mostrar que así también lo quería  Jesús. Una de las primordiales premisas de su “espiritualidad y mística”, era descubrir en el rostro de las mujeres y los hombres riojanos el rostro del mismo Jesús, así como los discípulos de Emaús “lo descubrieron al partir el pan” Angelelli descubría a Jesús en la mesa de los trabajadores rurales, amas de casa, oprimidos, explotados y de la gente sencilla.

    La mesa eucarística, fue otro lugar privilegiado donde él descubría a Jesús, pero comprendió que esta mesa nunca es verdadera “comunión” cuando no asume la vida de los  hombres y mujeres. Cuestionada fue la misa de Noche Buena de 1970, que dejando la Catedral, se fue a celebrarla en un barrio pobre de la ciudad. A partir de ese año será una constante hasta 1975 que las misas de la Navidad las realizara en diversos lugares, desde los barrios más pobres de la ciudad, hasta los pueblos más inhóspitos del interior provincial. Con estos actos quería dejarnos en claro que  la opción de Jesús era también la suya. Esa mesa del altar, luego se hacia la mesa de la fiesta compartida con toda la comunidad, siendo ella altar de Jesús Pan de Vida y del Jesús Hermano, presente en los más pobres. Su alma de poeta deja ver esta fuente de su espiritualidad: 

El Hombre Proyecto de Pueblo

Mezcla de tierra y de cielo,

proyecto de humano y divino…

en cada hombre se hace rostro

y su historia se hace pueblo.

 Es barro que busca la Vida,

agua que mezcla lo Nuevo,

amor que se hace esperanza

en cada dolor del pueblo.

 El pan en el horno florece…

¡Es para todos, amigos!

Nadie se sienta más hombre,

la vida se vive en el pueblo.

 Porque el proyecto se hace silencio,

porque la vida se hace rezo,

porque el hombre se hace encuentro

En cada historia de pueblo.

 Déjenme que les cuente

lo que me quema por dentro;

es amor que se hizo carne

con chayas y dolor de pueblo.

 ¿Saben? Lo aprendí junto al silencio…

Dios es trino y es uno,

es vida de Tres y un encuentro…

aquí la historia es camino

y el hombre siempre un proyecto.

 

Enrique Angelelli[3]

  

 

 Autor: Lic. Alejandro Gross Bruna

alejo_gross@hotmail.com

   


[1] Primer Mensaje a la Diócesis de La Rioja.  Ver: Misas Radiales de Monseñor Angelelli. (1996) Córdoba. Argentina. Tiempo Latinoamericano. Pág. 1. [la negrita es mía] 

[2] Ídem. Pág. 4

[3] Angelelli, Enrique (1984). Encuentro y Mensaje. Buenos Aires, Argentina: Patria Grande. Pág. 17- 18



Publicaciones anteriores:

1° Semana de los Mártires (A): "La mesa como imagen del Reino"


1 Semana de los Mártires (C): "La Mesa" - Peteco Carabajal

Agradecemos:

Al Lic. Alejandro Gross Bruna, autor del texto que compartimos todos los lunes: "Mesa y Martirio. Aportes para comprender la mística martirial en La Rioja, en torno a la figura de la mesa compartida."
A Alexis Rosales, seminarista de la diócesis de La Rioja, quien hizo la propuesta de vivir el "Mes de los Mártires" a través de este blog.
Centro Tiempo Latinoamericano, por sumarse a la difusión de estas publicaciones. 
A todos los que están realizando este camino digital con lo mártires riojanos.

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viernes, 25 de junio de 2021

1° Semana de los Mártires (C): "La Mesa" - Peteco Carabajal


Queridos amigos, para terminar esta primera semana de los mártires, les proponemos rezar con esta canción de Peteco Carabajal.

Para comenzar te proponemos leer Lucas 14, 12-24 y luego traer a la memoria aquella pregunta que Alejandro ha planteado en la  1° publicación: "¿Una mesa para quienes? " y pensar en la propuesta del P. Quique Bianchi en la 2° publicación: mirar el martirio como signo de unidad.

Después de rumiar el Evangelio y pasar por tu corazón las propuestas de las publicaciones anteriores, te invitamos a escuchar esta canción en clave de oración.






Quiero una mesa de cedro hermano
Hermano carpintero a donde coman mis hijos, 
hermano el pan bendito y eterno.
O puede ser de algarrobo, hermano
o de madera de sueños
para que sueñen mis hijos, hermano
en largas noches de invierno.
yo quisiera que en mi mesa
nadie se sienta extranjero
que sea la mesa de todos
territorio del encuentro.
Que sea mesa de domingo
mesa vestida de fiesta
donde canten mis amigos
esperanzas y tristezas.

Quiero una mesa bien fuerte, hermano,
hermano carpintero
mesa de casa paterna, hermano
de esas que aguantan el tiempo.
Mesa de quedarse solo, hermano
y de llorar en silencio
de olvidar ingratitudes, hermano
y soñar en el regreso.
Yo quisiera que en mi mesa...

Publicaciones anteriores:

1° Semana de los Mártires (A): "La mesa como imagen del Reino"


Agradecemos:

A Alexis Rosales, seminarista de la diócesis de La Rioja, quien hizo la propuesta de vivir el "Mes de los Mártires" a través de este blog.
Centro Tiempo Latinoamericano, por sumarse a la difusión de estas publicaciones. 


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miércoles, 23 de junio de 2021

1° Semana de los Mártires (B): "Sangre de mártires riojanos, semilla de unidad de los argentinos" - P. Quique Bianchi


En esta segunda publicación de la 1° semana del mes de los mártires, te compartimos un texto del P. Enrique Ciro Bianchi, que nos ayuda a pensar el martirio como signo de unidad.

Los cristianos estamos llamados a ser testigos

Jesucristo es el mártir por antonomasia. Él vino como testigo del amor misericordioso de Dios y, en humilde sumisión a la voluntad del Padre, sostuvo su testimonio hasta el doloroso desenlace en la cruz. Con su pasión y muerte Él ofrece su vida en sacrificio redentor para reconciliar a la humanidad con Dios. A nosotros, por el bautismo -que nos hace de Cristo- se nos da la gracia de participar de los frutos de ese sacrificio sin sufrimiento alguno de nuestra parte.

Los cristianos estamos llamados a ser “testigos” (gr. μάρτυρες, mártires) de esta salvación: “recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos” (Hch 1, 8). Lo propio de la palabra testimonial es que no se ofrece como un sistema de ideas, cuyas afirmaciones se apoyan en una evidencia exterior a la persona que la profiere. Al contrario, un testimonio se presenta como creíble sólo si quien lo sostiene lo es. Por eso, ser testigos de Cristo no es algo que pueda sostenerse sólo con los labios. El testimonio debe envolver la vida entera. Pronto lo entendieron los primeros cristianos cuando comprobaron que el pedido de Jesús de ser sus testigos tenía que ver con compartir sus sufrimientos e incluso su muerte. Tanto que -desde el testimonio de sangre de Esteban- llamaron mártir (testigo) por excelencia al que moría por sostener su fe (cf. Hch 22, 20).

Los mártires siempre han sido una fuente de gracia en la vida de la Iglesia. Que haya cristianos capaces de encarnar el Evangelio de tal modo que pongan el amor de Cristo antes que su subsistencia es una poderosa fuerza de inspiración. Sus vidas ofrecidas son una especie de “prueba” de la plenitud que ofrece la fe cristiana. De este modo, la sangre de los mártires mezclada con la de Cristo suscita nuestra fe, hace creíble la Buena Noticia que trajo Jesús y que la Iglesia transmite. De aquí la feliz sentencia de Tertuliano: “sangre de mártires, semilla de cristianos”.

El martirio en La Rioja

La beatificación de los mártires riojanos, Enrique Angelelli, Wenceslao Pedernera, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, nos señalan que en Argentina -en su historia reciente- también se derramó semillas de cristianos. Sabemos cómo es Dios de generoso cuando esparce su simiente: no sólo arroja en tierra fértil, sino entre piedras, espinas y hasta al borde del camino. Pero también sabemos que esa semilla espera un buen terreno para desplegar su fecundidad. Son muchos los que trabajan con entusiasmo para hacer germinar la memoria de estos mártires en la vida de la Iglesia argentina. Pero también hay que reconocer que la frialdad de algunos sectores ante la inminente beatificación hace pensar que todavía hay mucho terreno que preparar para obtener fruto de esta siembra divina.

Tal vez este silencio tenga que ver con que los mártires riojanos nos obligan a hablar de lo que no se habla. Como cuando en una familia hay un tema doloroso que todos tienen presente y que nadie quiere revolver. La dificultad de hablar de estos mártires parece estar relacionada con la profundidad de la herida que dejó en la sociedad argentina la violencia política y el terrorismo de estado de la década del 70. Aún hoy, es difícil hablar serena y sinceramente de la responsabilidad de la Iglesia en esos años oscuros. Este silencio hace que, por ejemplo, en algunos ambientes siga vivo el mito de un “Angelelli comunista” y no logra conjurarlo ni el hecho de que no hayan aparecido pruebas de su supuesto apoyo a grupos violentos, ni el hecho de que la justicia sentenció que fue asesinado en un acto de terrorismo de estado, ni -lo que es más grave tratándose de gente de Iglesia- el hecho de que la Congregación para las Causas de los Santos haya llevado adelante un proceso de beatificación confirmado por el Sumo Pontífice.

También puede pensarse que los mártires riojanos no sólo nos muestran que la herida no termina de cerrar sino que nos revelan nuestra incapacidad para revisar nuestras posturas. Si nadie está dispuesto a reconocer que su propia mirada necesita complementarse con otra perspectiva resulta superfluo cualquier intento de diálogo o cualquier nueva investigación histórica. Lo peor es que esta falta de actitud crítica nos deja indefensos frente a las fuerzas que buscan polarizar a la sociedad para dominarla (polarización que parece ser un fenómeno común en muchas sociedades modernas). La sabiduría popular conoce este peligro, tanto que canonizó la sentencia del Martín Fierro que lo advierte: “los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera”. En el último Concilio la Iglesia se definió a sí misma como un signo e instrumento de la unidad del género humano (cf. LG 1). Si la semilla de los mártires tiene la potencia del acontecimiento redentor de Cristo, ¿por qué no confiar en que sea capaz de acercar posiciones en la Iglesia y que eso tenga un efecto difusivo en toda la sociedad? ¿Por qué no soñar con que la sangre de los mártires riojanos se vuelva semilla de unidad de los argentinos?




En los mártires riojanos tenemos nuevos intercesores. Pidámosle como Iglesia que nos consigan de Dios la gracia de ser tierra fértil para su semilla. Que sus sangres derramadas sean una siembra de amor y unidad para el pueblo argentino. Atrás de cada martirio hay un odio asesino, pero no puede ser eso lo que domine la escena. Bastante herido está nuestro pueblo con la siembra de odio de quienes buscan dividirlo. La Iglesia cuando lee la Pasión pone el foco en el amor sobreabundante de Cristo, no en el rencor de sus victimarios (Hans U. von Balthasar dice que “la «traición» de los hombres no puede ser en todo este acontecer sino un factor de segundo orden” Mysterium salutis III, 720). En esta siembra, el amor de los mártires debe brillar de un modo que envuelva misericordiosamente el pecado de sus muertes. Sirva como inspiración la actitud de otro obispo de esos tiempos -que tal vez con el tiempo sea reconocido como mártir-, Carlos H. Ponce de León, que mientras las autoridades militares se referían a él en informes de inteligencia como alguien de “accionar subversivo” que dirigía “fuerzas enroladas sustancialmente en las filas del enemigo” (sic) declaraba en su testamento: “no tener enemigos, no guardar rencor ni odio a persona alguna; si ofendí a alguien pido perdón y si alguien se considerase deudor, queda perdonado”. Igualmente preñadas de Evangelio están las palabras que Wenceslao Pedernera en su agonía le dirigía a su hija: “perdonen, no guarden rencor, no odien, yo los perdono”.

Autor: P. Quique Bianchi (diócesis: "San Nicolás de los Arroyos" - Buenos Aires)

Agradecemos:

Al padre Enrique Ciro Bianchi por compartir este texto con nosotros.
A Alexis Rosales, seminarista de la diócesis de La Rioja, quien hizo la propuesta de vivir el "Mes de los Mártires" a través de este blog.
A Centro Tiempo Latinoamericano, por sumarse a la difusión de estas publicaciones. 

Otras publicaciones del P. Bianchi en este blog:

"APUNTES PARA UNA RECEPCIÓN ECLESIAL DE LOS MARTIRIOS DE ROMERO Y ANGELELLI"

ANGELELLI: ¿QUÉ SIGNIFICA MARTIRIO “EN ODIO DE LA FE”?

"LOS POBRES NOS SALVAN"





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lunes, 21 de junio de 2021

1° Semana de los Mártires (A): "La mesa como imagen del Reino"





Desde hoy, te invitamos a caminar juntos y prepararnos para celebrar la fiesta de los mártires riojanos el próximo 17 de julio. A lo largo de estas semanas vamos a compartir fragmentos de una reflexión que se titula: "Mesa y Martirio. Aportes para comprender la mística martirial en La Rioja, en torno a la figura de la mesa compartida.". El autor de este texto es Alejandro Gross Bruna, licenciado en teología y religiones comparadas. También compartiremos testimonios y canciones. 

Espero que disfruten este camino digital junto a los mártires. Agradezco a Alexis Rosales, seminarista de la diócesis de La Rioja por recomendarme esta propuesta.

-En este primera semana, Alejando nos ayuda a pensar y reflexionar en la mesa como imagen del Reino de Dios.


 BUSQUEN PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA

Lo central para Jesús: “El Reino de Dios”

     Los cristianos tenemos como búsqueda central y horizonte de nuestro camino el mensaje de Jesús. Creer en él implica una búsqueda constante de la realización de su causa, hacer presente el Reino de Dios. “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura” (Mt 6, 33). A través de los siglos, los cristianos han vivido en una espiritualidad casi intimista y desarraigada, la imagen de Jesús  nos fue propuesta casi sin ninguna relación con la realidad circundante.  

     El Reino de Dios se presenta como decisivo en el mensaje de Jesús: no hay otra opción, lo central es la causa del Reino y la justicia que de él nace. En los evangelios su causa  se muestra como verdadera obsesión de Jesús. Pero este Reino, no busca ser una verdad alienante que se presente como ajena de la realidad concreta, sino más bien, es una invitación a la transformación del  mundo y sus viejas (aunque tristemente vigentes) estructuras de relaciones injustas en un mundo nuevo profundamente transfigurado, revolucionado, que posee como base la justicia. [1]

La mesa como imagen del Reino: ¿Una mesa para quienes?

     Una de las imágenes más elocuentes y significativas, que por lo general se utiliza para representar el Reino de Dios, es  la mesa o el banquete. Cuando Jesús quiere explicar cómo es este reinado encontramos que  muchas veces lo identifica con una comida, tal vez porque la mesa se torna un lugar de reunión, o porque es allí  donde nos alimentamos, o quizás porque es el lugar donde el alimento se hace presente o ausente, de acuerdo a las relaciones de justicia que vamos tejiendo comunitariamente.

Son diversas las narraciones  de Jesús donde está incluida una comida. La  parábola de la “gran cena” pronunciada por él (Lucas 14, 12-24) nos puede ayudar para comprender como es que  utiliza la metáfora de la comida, para explicar la dinámica del Reino y como en este los últimos de la sociedad se tornan en los primeros en sentarse en dicho banquete.

La mesa o el banquete es una de las más importantes metáforas que utiliza Jesús para explicar cómo es el Reino de Dios. Era común entre los judíos de su tiempo utilizar esta imagen para describir el tiempo mesiánico, donde gracias al mesías, las situaciones de pobreza, hambre e injusticias padecidas por el pueblo ya no tendrían lugar, sino que todo se transformaría en “un gran banquete”.  Jesús, retoma esta imagen  ya conocida por el pueblo, para describir cómo será y como espera Dios que sea el Reino.

Si observamos  los invitados, en la parábola anteriormente citada,  al principio son un grupo determinado de personas. Estos mediante una serie de excusas rechazan ser parte de la cena. Frente a esta negativa surgen los verdaderos dueños de aquella mesa, los dejados de lado, los marginados, aquellos que no tienen excusas, porque verdaderamente tienen hambre. Los otros saciados de su vida y sus bienes, no aceptan la invitación porque ya tienen sus propias mesas. Por el contrario, los que si aceptan son los que no tienen mesa  ni comida para poner sobre ella, estos son los verdaderos convocados al banquete del Reino.

[1] Casaldáliga y Vigil (1992) Espiritualidad de la Liberación.  Buenos Aires, Argentina: Centro Nueva Tierra. Pág 128

Autor: Lic. Alejandro Gross Bruna

alejo_gross@hotmail.com





En dos días vamos a compartir la segunda publicación de esta primera semana. Te esperamos!

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sábado, 19 de junio de 2021

Boletín de San José N° 4 : "EL MAGNÍFICAT DE JOSÉ. PARTICIPAR DEL GOZO DEL SEÑOR"





Como todos los días 19, hoy recordamos a San José con el boletín de las hermanas dominicas de San José de Argentina:

- Te propongo pensar en San José como un hombre feliz cuya felicidad … está en la lógica del don de sí mismo” como lo dice el Papa Francisco en su carta Patris Corde.

¿En qué lógica estaría la felicidad de José? Sin duda estuvo en ese acoger lo que Dios le pedía: que reciba a María en su casa, que le dé un nombre al Niño, que vayan a Egipto, que regresen… Esa lógica, para él y para cualquiera de nosotros, entraría dentro de lo que llamamos “Voluntad de Dios”. Allí en esa dinámica, José descubrió la manera de plenificar su vida en la tierra donándose por entero a Jesús y a María.

En esta lógica, estuvo sin duda el motivo de la felicidad de José y porque supo donarse a sí mismo al Don mayor que era el Hijo, sin dudas, el Padre le dijo “Servidor bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu Señor” (Mt. 25,23). Entrar “en el cielo” pero porque a la vez vivió ese cielo en la tierra, el cielo que era la vida cotidiana del Hogar de Nazaret…

Sabemos que un canto de alabanza, de felicidad y de gran gozo en la Biblia fue el Magníficat de la Virgen. Pero: ¿Y si no fue la única que en la escena de la inminente llegada del Mesías y del tan esperado cumplimiento de la promesa que desbordó de gozo entonado también un Magníficat? Tal vez también José, el hombre del silencio, movido por tal conciencia de pequeñez, por pura alegría, cantó en su corazón, desde lo más hondo de su alma, alabando a su Señor!

Volvemos a lo del principio: Cómo no iba a ser feliz quien se había donado a sí mismo a la voluntad de Padre, quién sabiéndose pequeño tomó por esposa a la mujer más pura de todas y luego de oír la voz del ángel guardó al Niño en su casa, lo defendió en los momentos de adversidad y lo ayudó a crecer en la fe y el trabajo.  Sí, todo eso sacó a la vista el temple de José: hombre feliz, capaz de cantar las bondades de Dios por saberse amado. Y porque se sabía amado aprendió a dar con alegría porque “Dios ama al que da con alegría” (2 Cor. 9, 7). Pero, ¿será que ama al que da con alegría o el que da con alegría puede dar porque se sabe amado por Dios? Ambas cosas, lo uno y lo otro.

Sí, José al igual que María “cantó las grandezas del Señor” … Vos y yo en lo más íntimo de nuestro corazón ¿qué cantamos?. Qué hemos dado, qué estamos dando con tal alegría que nos hace andar seguros, confiados en la certeza de que todo, absolutamente todo lo que nos pasa y transcurre alrededor cuelga y se desprende de un plan más alto.

¿Qué letras resuenan en tu corazón, qué palabras no podes callar? No sabes callar. El hombre no sabe alegrarse en solitario sino que quiere compartir su alegría, dice Jan Dobraczyński en su clásico libro "La Sombra del Padre"  -Y el Hijo, Jesús que crecía a su lado aprendió de él esa capacidad interior de vivir en la alegría. De la alegría que trae como premio el donarse. ¡Mirando a su padre en la tierra, Jesús tal vez, “amasó” dentro suyo ese concepto de Bienaventurados, que utilizó luego en el sermón del monte… ¡Bienaventurado, feliz José! (feliz mi padre José diría Jesús).-

De nuevo la pregunta… ¿qué nos alegra? ¿Qué canta nuestro corazón? ¿Cuál es nuestro magníficat? ¿Qué proclamamos con fuerza? Pidamos a Dios cantar algo de todo lo que Él hizo en nuestras vidas. Que eso nos alegre el corazón, que lo ensanche para ser como José, creyentes alegres y padres, madres y hermanos de acogida. Qué como José esperemos con alegría en la promesa de Dios y mientras tanto cantemos…

José, padre bueno y alegre, enséñanos junto a tu esposa María a cantar silenciosamente las grandezas del Señor. Aquí estamos con los pobres corazones que a veces cantan otros cantos o que temerosos no se animan a cantar su propio canto. Intercede para que un día entremos en el gozo del Señor, pero también para que hoy podamos vivir en el gozo del Señor y que crezca en nosotros la confianza de dar con alegría porque nos sabemos amados. Como José amados y llamados a custodiar a Jesús en los demás… amados y alegres.

¿Cómo habrá sido el Magníficat de San José, qué palabras habría tenido? Podes pensarlo y escribirlo…

En Internet aparece este posible Magníficat de San José, podemos hacer con él una oración:

“Mis manos son salmos

en cada golpe de herramienta,

y todo mi ser rebosa de alegría

en Dios, hecho viga de nuestra madera,

porque ha mirado con agrado

la inocencia de mi querida María

y la pobreza de un carpintero.

Desde ahora y por todos los siglos

a ella le dirán Madre de Dios

y a mí, me tendrán por Patriarca

todas las generaciones,

porque el Señor poderoso,

el del perdón, la misericordia y la ternura,

ha hecho una obra bella en nosotros.

Su brazo hace palanca para cambiar el mundo,

colma la mesa de los pobres

y deja vacía la de los ricos.

A mi esposa, convertida en Madre,

ha hecho umbral de Dios

y a mí, portal de Jerusalén,

aunque, sin duda, sólo soy

un poco de esperanza al lado de una virgen.

A ambos y al mismo tiempo,

nos ha dado albergue

y nos ha hecho albergue de Israel

mostrando su misericordia en aquel vientre

y en estas manos,

hechas espera de un recién nacido

que no es mío,

pero que es mío para siempre.”

 Autor: Hermanas Hijas de San José (Madrid)

 

Hna. Fernanda de María Martinelli, op

                                                                                    Hermanas Dominica de San José





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