miércoles, 11 de febrero de 2026

Intención del Papa de febrero: Por los niños con enfermedades incurables

Querida comunidad, ¿Sabían que el santo padre León XIV encomienda una intención de oración por mes?

Estas intenciones son una convocatoria mundial a la acción y oración. El Papa las confía a su Red Mundial de Oración, que las difunde a través del “Video del Papa”. 

Hoy te invitamos a leer esta reflexión inspirada en el vídeo del mes de febrero:

Por los niños con enfermedades incurables

Señor, enséñanos a reconocer tu rostro en cada niño que sufre. Que su vulnerabilidad despierte nuestra compasión, y nos impulse a cuidar, acompañar y amar con gestos concretos de solidaridad”, son las palabras del Papa León en su oración de este mes por los niños con enfermedades incurables.

Ante esta realidad se nos invita como cristianos a tener los mismos sentimientos de Jesús, a ser una comunidad que sepa cuidar la fragilidad con ternura y con paciencia. Somos llamados a acompañar a quienes acompañan, a ser red de contención con nuestras oraciones, así como también con nuestra presencia que se convierte en signo de esperanza ante la prueba.

Hacernos imagen y semejanza de la ternura de Jesús significa cuidar con amor y no tenerle miedo a la fragilidad porque en ella está el mismo Cristo. En cada niño y en cada familia que sufre a causa del misterio de estas enfermedades hay un signo de la presencia de Dios entre nosotros y nosotros podemos ser testigos de ello.

Es así que, como Iglesia en medio del dolor, somos llamados a ser semilla de esperanza con gestos concretos de solidaridad, escucha y consuelo. Y por sobre todo podemos ofrecer nuestra oración por quienes cuidan y atienden a estos niños para que lo hagan con verdadera compasión como nos enseña el mismo Jesús en su trato verdaderamente humano, trato que dignifica a toda persona.

En este mes, cada uno de nosotros puede preguntarse cómo acompaño las fragilidades de quienes me rodean, cómo consuelo a quienes sufren a causa de enfermedades a mi alrededor, qué hago concretamente para acompañar a quienes viven situaciones de dolor…

Que la intención del Papa León de este mes nos ayude a pedirle a Jesús la gracia de tener un corazón más humano semejante al suyo para ser capaces de sostener, consular y brindar esperanza.

Amén

María Claudia Enríquez @clauchitaaaa





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sábado, 7 de febrero de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Josué González Rivera OP


Lecturas del día:
Libro de Isaías 58,7-10. Salmo 112(111),4-5.6-7.8-9. Carta I de San Pablo a los Corintios 2,1-5.

Evangelio según San Mateo 5,13-16.

Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Homilía por Fray Josué González Rivera, OP

“Que su luz brille ante los demás”

Queridos hermanos:

En nuestro mundo nos encontramos con situaciones de tinieblas, con circunstancias en las que parece apagarse la vida, donde no vemos con claridad qué decisión tomar, qué camino o qué rumbo seguir, ya sea en el ámbito personal, familiar o social. Nuestro mundo se vuelve complejo. Al mismo tiempo, aquello que antes brindaba seguridad y confianza muchas veces se ve deformado o, dicho en otras palabras, pierde su sentido; aquello que le daba sabor se desvanece.

Mientras pensaba en esta reflexión, quería enumerar muchas de estas situaciones; sin embargo, me di cuenta de que la lista sería interminable, porque son innumerables las realidades que hoy nos preocupan, nos alteran, nos entristecen y nos atemorizan.

Con las lecturas de hoy damos continuidad al discurso de Jesús en la montaña. Después de las bienaventuranzas, Jesús sigue instruyendo a los discípulos, aquellos que ya lo han seguido, y les ofrece dos imágenes para que descubran cuál debe ser su actitud frente al mundo. Esos discípulos que lo escucharon en su tiempo, los que lo han escuchado a lo largo de la historia, y nosotros, que lo escuchamos hoy, somos también discípulos-misioneros que nos ponemos a los pies del Maestro y salimos al mundo no para luchar con una fuerza semejante a la de Dios, porque no existe un dios de las tinieblas ni un dios de la oscuridad, sino para enfrentar la violencia, maldad, corrupción e inseguridad. Dios es la fuente de luz que, desde el origen de la creación puso orden al caos. Si somos capaces de ser canales y conductores de la gracia de Dios en medio de este mundo, contribuimos a que brille esa luz en la vida, a que el orden, la paz, la justicia y el amor tengan un lugar en nuestra realidad.

El profeta Isaías nos recuerda que la luz en la vida de los creyentes, antes que los discursos abstractos y las prácticas religiosas ostentosas, surge de la justicia concreta: compartir el pan con el hambriento, acoger al pobre, vestir al desnudo y atender a los hermanos. La claridad nace de la caridad efectiva; la fe se vuelve luminosa y adquiere sabor cuando se conjuga con obras concretas.

Como la luz, iluminamos las tinieblas; como la sal, damos sabor y sazón a las situaciones de la vida para que no queden insípidas. Para nosotros, discípulos-misioneros, no es indiferente creer o no creer en Dios. Si creemos, sabemos que la vida adquiere otro sabor y otra iluminación si estamos con Dios, y aprendemos a descubrir cómo nos acompaña la Gracia y bendición que nos concede en nuestras vidas.

La sal y la luz nunca son protagonistas. Se nota su ausencia cuando faltan, pero resultan muy llamativas y distractoras cuando se exceden; si están en una justa medida, casi no se perciben, pero son importantes. De igual modo, estamos llamados a dar sabor e iluminar, no para ser protagonistas, sino porque deben resplandecer el amor, la compasión y la misericordia de Dios en las distintas situaciones de la vida.

En nuestro mundo faltan estos elementos, y se nota. También existen quienes se creen más de lo que son y buscan protagonismo, ocultando el verdadero sabor o cegándonos ante la realidad.

El anuncio cristiano no depende del protagonismo personal ni de estrategias sofisticadas; se funda, ante todo, en el poder del Espíritu. El discípulo-misionero no busca lucirse, sino transparentar a Cristo. Como dice san Pablo en la segunda lectura del día: no es la fuerza humana la que sostiene la misión, sino la fuerza de Dios, que se manifiesta por su gracia, gracia que recibimos y compartimos. No por privilegios individuales, sino como fruto de una vida recta, misericordiosa y confiada en Dios, somos luz y sal: no por fuerza propia, sino como reflejo de Él.

Entonces, como afirma el salmo, brillaremos en las tinieblas, podremos ofrecer una luz que aclare los caminos y daremos un sabor que nos permita gustar y disfrutar la vida. Pidamos al Señor que nos conceda los dones que necesitamos en nuestra vida y que nos ayude, pues, a compartirlos con nuestros prójimos en el mundo de hoy.


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