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domingo, 14 de diciembre de 2025

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Josué González Rivera OP


Lectura del día; Libro de Isaías 35,1-6.10. Salmo 146(145),7-10. Epístola de Santiago 5,7-10.

Evangelio según San Mateo 11,2-11.

Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle:  "¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?".
Jesús les respondió: "Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven:
los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres.
¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!".
Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.
¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
Él es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino.
Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

Homilía por Fray Josué González Rivera, OP

“Feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo”

Entramos en la tercera semana de Adviento con el llamado domingo de la alegría (Gaudete). Una vez más, la Palabra de Dios nos convoca a la esperanza: la certeza de sabernos acompañados por el Señor Jesús, que viene, se entrega y se nos da para que tengamos vida, y vida en abundancia.

Esta esperanza no es ingenua. Surge, más bien, como una pregunta inevitable: ¿cómo hablar de alegría en medio de tanta violencia, confusión e incertidumbre? Somos conscientes de la complejidad del momento histórico que atravesamos; sin embargo, la esperanza evangélica nos impide dejarnos vencer por el mal que se hace visible en el mundo y nos abre a la convicción de que ese mal no tiene la última palabra.

El profeta Isaías no es ajeno a este desafío. Escribe en un tiempo en el que el pueblo de Dios se encuentra amenazado por potencias extranjeras y en el que sus gobernantes parecen haber perdido el rumbo. Aun así, movido por la esperanza, anuncia gozo y victoria, porque Dios promete a su Mesías, quien librará a su pueblo de todo mal. De modo semejante, el apóstol Santiago, en un contexto de persecución contra los cristianos dentro del ámbito judío, exhorta a la perseverancia y a la paciencia.

Jesús es el cumplimiento pleno de la Palabra anunciada por Isaías. En Él se manifiestan los signos que confirman que el Reino de Dios ya está presente en la historia.

Desde la cárcel, Juan el Bautista envía a preguntar a Jesús si Él es realmente el que debía venir. Esta pregunta no es ajena a nuestra propia experiencia. También nosotros, desde nuestras “prisiones”: miedos, límites, heridas y prejuicios; contemplamos la obra de Dios y, no pocas veces, nos interrogamos sobre el sentido de lo que vemos y escuchamos. Es necesario presentar al Señor aquello que nos inquieta, nos preocupa y nos llena de esperanza. Desde nuestras limitaciones, preguntémosle por lo que llevamos en el corazón, por lo que nos espera, por los retos y proyectos que se abren ante nosotros.

Jesús responde no con discursos abstractos, sino con hechos concretos: los signos, las curaciones y la predicación que atestiguan que Dios está actuando realmente. Muchos esperaban un Mesías de carácter político o militar —quizá incluso el mismo Juan lo imaginó así—, pero la acción de Jesús se sitúa en otro horizonte. No responde al mal con más violencia ni combate la opresión desde la fuerza. Jesús enfrenta el mal desde la compasión y el servicio; su salvación alcanza integralmente a la persona, restaurando cuerpo, mente y espíritu.

Desde esta perspectiva, Jesús proclama una bienaventuranza que interpela especialmente en tiempos de prueba: la felicidad de quien no se escandaliza de un Mesías que viene en la humildad, con un mensaje de servicio, amor y salvación.

A la luz de este domingo de la alegría, el Adviento se presenta como una invitación concreta a encarnar la esperanza que profesamos. No se trata de una actitud pasiva ni de un optimismo superficial, sino de una disposición interior que se traduce en gestos, decisiones y opciones cotidianas. Acoger al Señor que viene implica revisar nuestras expectativas, purificar nuestras imágenes de Dios y disponernos a reconocer su presencia allí donde la vida es restaurada y la dignidad humana es defendida.

Practicar este mensaje exige aprender a mirar la realidad con los ojos del Evangelio, sin negar el dolor ni la complejidad del mundo, pero sin renunciar a la confianza en la acción silenciosa de Dios. Significa perseverar en el bien, ejercer la paciencia activa, optar por la compasión y el servicio como formas concretas de resistencia al mal. Así, la alegría cristiana deja de ser un sentimiento abstracto y se convierte en un testimonio creíble.

Que este tiempo de Adviento nos disponga, entonces, a salir de nuestras propias prisiones, a dejarnos interpelar por los signos del Reino y a vivir de tal modo que no seamos motivo de tropiezo, sino mediación de esperanza. En la medida en que hagamos visible, con nuestra vida, el rostro humilde y misericordioso de Cristo, prepararemos verdaderamente el camino del Señor que viene.

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domingo, 7 de diciembre de 2025

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Diácono Jose Torres, LC



Lecturas del día: Libro de Isaías 11,1-10. Salmo 72(71),1-2.7-8.12-13.17. Carta de San Pablo a los Romanos 15,4-9.

Evangelio según San Mateo 3,1-12.

En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:
"Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".
A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.
Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre.
La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro,
y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca?
Produzcan el fruto de una sincera conversión,
y no se contenten con decir: 'Tenemos por padre a Abraham'. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham.
El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible".

Homilía: Diac. Jose Torres, LC

Despierta: Es Hora de Preparar el Camino

 ¿Alguna vez han recibido una visita importante con la casa hecha un desastre? Ese momento de pánico cuando suena el timbre y todavía hay ropa en el sofá, platos en la bacha, y ni siquiera has pasado la aspiradora. Corremos como locos intentando arreglar todo en dos minutos. Bueno, eso es básicamente lo que Juan Bautista nos está gritando hoy desde el desierto: "¡Que viene alguien importante! ¡Preparen el camino!"

 El “Influencer” del Desierto

Juan Bautista era algo así como un “influencer” de su época, pero en versión extrema. Nada de stories perfectos ni filtros de Instagram. Este hombre vivía en el desierto, vestía literalmente una túnica de pelo de camello (imaginen lo incómodo de eso), comía saltamontes con miel (el snack más raro de la historia), y su mensaje no era precisamente motivacional: "¡Conviértanse, raza de víboras!"

Pero aquí está lo increíble: la gente salía en masa a escucharlo. Jerusalén entera, Judea, toda la región del Jordán. ¿Por qué? Porque Juan les decía algo que necesitaban oír, no lo que querían oír. Y eso, amigos, es lo que necesitamos en Adviento.

 "Preparad el Camino del Señor"

Esta frase no es solo un bonito villancico. Es un llamado concreto a hacer limpieza en nuestra vida. En tiempos de Juan, cuando iba a llegar un rey, se mandaba a arreglar los caminos: rellenar los baches, quitar las piedras, enderezar las curvas. Era preparar literalmente el terreno.

Hoy Dios nos pregunta: ¿Qué caminos de tu corazón necesitan reparación? ¿Qué baches hay que rellenar? ¿Qué piedras de resentimiento, de orgullo, de indiferencia están bloqueando el paso?

Porque seamos honestos: muchas veces vivimos con el piloto automático puesto. Casa-trabajo-Netflix-dormir-repite. Y Dios queda en "cuando tenga tiempo" o "los domingos si no tengo otra cosa". Juan nos sacude y nos dice: ¡Despierta! No puedes recibir al Salvador de la humanidad con el corazón desordenado.

 Los Frutos de la Conversión

Juan les dice a los fariseos algo que nos aplica a todos: "Den frutos de conversión". No basta con decir "soy católico" o "voy a misa". Es como presumir que eres fit mientras comes pizza todos los días en el sofá. Los frutos tienen que verse.

¿Cuáles son esos frutos? Pablo nos lo aclara en la segunda lectura:

  • Paciencia con los que nos rodean (especialmente con ese familiar que nos saca de quicio)
  • Unidad en lugar de división y chisme
  • Acogida mutua, como Cristo nos acoge a nosotros

Imaginen si en lugar de juzgar al otro por su pasado, sus errores o sus diferencias, empezáramos a acogerlo como Cristo nos acoge: con los brazos abiertos, sin condiciones. Eso sí sería revolucionario.

 El Reino de Paz de Isaías

La primera lectura nos pinta una imagen hermosa y casi surrealista: el lobo viviendo con el cordero, el leopardo con el cabrito, un niño jugando con serpientes y nadie sale herido. Es la visión del Reino de Dios donde la paz es total.

Pero no es ciencia ficción. Es una invitación a empezar a construir esa paz ahora, en nuestros ambientes: en la familia, en el trabajo, en las redes sociales (que falta hace). Cada vez que elegimos el diálogo sobre la pelea, el perdón sobre la venganza, la comprensión sobre el juicio, estamos haciendo presente ese Reino.

Tu Adviento Personal

Entonces, en este Segundo Domingo de Adviento, la pregunta es personal y directa: ¿Qué camino necesitas preparar?

  • ¿Hay alguien a quien necesitas perdonar o pedirle perdón?
  • ¿Hay algún hábito o adicción que está obstaculizando tu relación con Dios?
  • ¿Estás siendo el cristiano que quieres ser o solo el que aparentas?
  • ¿Tu fe se nota en tus acciones o solo en tu perfil de redes sociales?

Juan nos invita a la conversión. Y conversión no es un sentimiento bonito, es una decisión radical de cambiar de dirección. Es como cuando vas manejando, te das cuenta que estás en la ruta equivocada, y tienes que dar vuelta en U. A veces es incómodo, sí. Pero es necesario.

El Que Viene Detrás

Y todo esto para qué. Juan lo dice claro: "Viene uno detrás de mí más fuerte que yo". Toda esta preparación es porque va a llegar alguien que cambiará todo. No solo con agua, sino con Espíritu Santo y fuego.

En estas semanas de Adviento, abramos el corazón. Hagamos limpieza. Preparemos el camino. Porque la Navidad no es solo recordar que Jesús nació hace 2000 años. Es permitir que nazca de nuevo en nuestro corazón, en nuestra vida concreta, en nuestras decisiones del día a día.

¿Estás listo para recibirlo? ¿O tu corazón sigue lleno de cosas que necesitas sacar primero?

Que en este Adviento tengamos el valor de Juan: de decirnos la verdad, de no conformarnos con apariencias, y de preparar de verdad el camino del Señor.

 ¡Amén!



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sábado, 29 de noviembre de 2025

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Emiliano Vanoli OP


Lecturas del día Libro de Isaías 2,1-5. Salmo 122(121),1-2.4-5.6-7.8-9. Carta de San Pablo a los Romanos 13,11-14.

Evangelio según San Mateo 24,37-44.

En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé.
En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.
De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado.
De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

Homilía por Fray Emiliano Vanoli OP:

Dios es fiel: esa es nuestra esperanza

“¡Año nuevo, vida nueva!” Este dicho popular nos puede servir como excusa para justificar nuestras acciones pasadas, incluso nuestros excesos, o bien podemos encontrar en él una profunda sabiduría humana transmitida de generación en generación de manera tan sencilla: una novedad ligada al tiempo y a la revitalización de la vida que es fruto de necesidad del corazón humano de experimentar renovación, y de hacerlo de manera sensible y cotidiana.

Y para esto existen los ritos, que hacen que un día sea diferente de otro día, y una hora de otra hora. Lo que las distintas habitaciones de una casa, con sus diferentes usos, significan en el espacio, así los ritos significan en el tiempo, pues nos brindan la posibilidad de celebrar y conectarnos con el sentido profundo de la vida, ese que late bajo el manto de la cotidianeidad. Todos tenemos necesidad de que el tiempo transcurrido cuente como cosecha y ganancia de sentido.

Pues bien, este domingo iniciamos un nuevo año litúrgico, y junto con él damos comienzo al tiempo de Adviento; es decir que estamos frente a un nuevo ciclo durante el cual tendremos una vez más la oportunidad de celebrar ritualmente los misterios de la vida, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Se trata, entonces, de una nueva oportunidad para profundizar nuestra comprensión, pero sobre todo para entrar, como en una sala, cada vez más, en el acto fundamental que da sentido a nuestra vida y a toda la historia humana, aquel acto de parte de Dios que gobierna toda la creación: su donación total por Amor.   

De esta manera el Adviento nos prepara inmediatamente para celebrar la encarnación del Hijo de Dios, su nacimiento humilde en un pesebre, con el cual comenzó, hace más de dos mil años, la plenitud de los tiempos. Adviento traduce al latín –adventus- la palabra griega Parusía, que significa venida. Esta venida de Dios a nuestra vida que comenzó de manera singular con la encarnación de su Hijo, y que sigue dándose hasta su manifestación plena y definitiva, sin que sepamos cuando será esto.

No se trata aquí de saber cuándo será esta venida, sino cómo debemos esperarla. En el Evangelio de este domingo el Señor pone el acento en nuestra actitud, en cómo debemos esperar su manifestación definitiva que pondrá fin a la historia humana llevándola a su feliz consumación.

¡Estén prevenidos! Así nos dice la Palabra de Dios, “estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada”. Sin embargo, esta prevención y este cuidado no es el de quién espera una desgracia o un cataclismo, aun cuando estos puedan darse, de hecho, nunca han faltado. El cuidado y la prevención son fruto de la esperanza con la que se aguarda a Dios.

San Pablo en sus cartas nos da la razón profunda para esta actitud: “Dios es fiel, y Él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” En otro lugar dice: “Sabemos en quién hemos puesto nuestra esperanza”.  Por lo tanto, hoy ya vivimos unidos a Jesús, en comunión con Él, y lo que esperamos es su manifestación plena, no su retorno como si no estuviera, sino su venida en gloria, evidente para todos. Es por eso que nuestra esperanza, nuestro día a día, se alimenta de la fidelidad de Dios que persevera con nosotros cada minuto de nuestra vida, particularmente en su Palabra y en los sacramentos.

Pidamos en este tiempo de Adviento a la Virgen María, quien ha sabido esperar en la fidelidad de Dios de manera ejemplar, que nos alcance la gracia de una renovación y profundización de nuestra vida en Cristo Nuestro Señor.


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domingo, 22 de diciembre de 2024

4° Domingo de Adviento - Homilía del P. Juan Manuel Gómez






Miqueas 5,1-4a. - Salmo 80(79),2ac.3b.15-16.18-19 - Hebreos 10,5-10

Evangelio según San Lucas 1,39-45.

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".


Homilía del P. Juan  Manuel Gómez


“De ti, nacerá el que debe gobernar a Israel ¡Y él mismo será la paz! “(Cf. Miq. 5, 1. 4)

 “Emmanuel, nuestro Dios está con nosotros. Y si Dios está con nosotros ¿Quién podría estar contra nosotros? “(Canción “Immanuel” de Michael Card)

 

Estamos celebrando el último Domingo de este tiempo de preparación, del tiempo de Adviento, que nos abre al misterio profundo del amor y la ternura de Dios con nosotros. La Palabra de Dios nos presenta cómo Dios se manifiesta, se revela y se hace presente entre nosotros.

En la profecía de Miqueas, el Señor se revela en la pequeñez: la pequeña Belén, la pequeñez del que va a nacer, la pequeñez de su madre. Y allí nos manifiesta que Él está con nosotros y viene con la firmeza del pastor que nos apacienta, que nos sostiene con la fuerza del Amor, y él es nuestra paz que se extiende por toda la tierra. ¡Qué fuerte para nosotros pensar que en nuestra pequeñez Dios nacerá! Nuestro Dios está con nosotros y viene a visitarnos.

Ciertamente en el adviento resuena constantemente la expresión VEN SEÑOR (Marana thá). Y Jesús es Dios que viene “para todos aquellos que viven en la sombra de la muerte, para todos aquellos que tropiezan en las tinieblas”[1] y surge como la gran luz. “Si Dios está con nosotros ¿quién podrá estar contra nosotros?”[2]

La Carta a los Hebreos nos relata que nuestro Señor al venir a nosotros hace una entrega total de sí mismo. “Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes”[3] , escuchamos en las palabras que pronuncia en la última cena y que el sacerdote en su memoria pronuncia en cada Eucaristía. Belén, que significa la casa del pan, es manifestación de aquello que compartimos en cada Eucaristía, en cada misa. Dios viene a ser el sustento de la vida de los hombres, es el pan de los hombres peregrinos

Jesús viene a hacer la voluntad de Dios: que todos sus hijos se salven. Así mismo nos da el ejemplo de lo que él espera de nosotros, la entrega total y personal de cada uno por los demás. El cuerpo de un bebé frágil que llora y que necesita de otros es el signo visible de todos los que lloran y nos necesitan hoy.

Y allí aparece “la estrella del mar” que nos guía y orienta en el camino, María, nuestra Madre, la servidora del Señor, para manifestar y revelarnos en su sencillez que así como Dios está con nosotros y “ha visitado y redimido a su pueblo”[4], tenemos que visitar a los demás.  Al visitarnos “el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte , para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”[5] todos somos capaces de hacer por los demás lo mismo que él hace por nosotros.

En el relato de la Visitación que San Lucas nos presenta en su Evangelio vemos claramente que, así como la visita de María a Isabel, todos estamos llamados a salir de nosotros mismos en gestos concretos que comunican solidaridad y vida por nuestros hermanos.

La alegría por la venida del Niño Dios, la alegría de la navidad, tiene que manifestarse en nosotros en alabanzas a Dios, como aclaman María e Isabel, pero también en servicialidad y disponibilidad para todos, especialmente a los que sufren, los que viven en la fragilidad de esta vida, tenemos que pensar en los demás. Y allí verdaderamente Dios se manifiesta, Dios resplandece.

Nos decía el papa Benedicto XVI: “La escena de la Visitación expresa la belleza de la acogida: donde hay acogida recíproca, escucha, espacio para el otro, allí está Dios y la alegría que viene de Él.”[6]

¡Qué diferente y plena sería nuestra Navidad si nos animamos a imitar a María visitando a cuantos viven en dificultad y acogiendo a nuestros hermanos!

“De tí nacerá el Señor”.  Este último tramo del adviento oremos con sincero corazón, contemplemos el pesebre, miremos a María, escuchemos al Señor que viene a visitarnos y digámosle: Quiero nacer contigo, queremos nacer en esta Navidad a una vida plena. Ven a nacer Señor en nuestra vida y ayúdanos a ir al encuentro, acogerte, recibirte y amarte en el hermano que viene y que sufre.

Este es precisamente el don sorprendente de la Navidad: Jesús ha venido por cada uno de nosotros y en él nos ha hecho hermanos. Que todos podamos vivir y compartir la alegría de esta Navidad. En vos Dios se manifiesta para los que están cansados, para los que en la oscuridad de la noche anhelan la luz.

¡Animáte a ser Navidad!

En los pesebres de nuestros corazones acunemos a Jesús y dejemos que su ternura, dulzura y amor nos impulsen a anunciar sus maravillas. Dios está con nosotros, nuestro Dios ya viene y de ti nacerá el Salvador.

Los invito a preparar el corazón para la Navida, con esta canción: https://www.youtube.com/watch?v=g0hPJ5EYxAo



[1] Cf. Lc. 1, 79.

[2] Cf. Rom. 8, 31.

[3] Cf. Lc. 22, 19.

[4] Cf. Lc. 1, 68.

[5] Cf. Lc. 1, 78-79

[6] Benedicto XVI, “Ángelus” Plaza de San Pedro, 23 de diciembre de 2012.



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domingo, 8 de diciembre de 2024

2° Domingo de Adviento - Homilía del P. Matías Pérez


Lecturas de día: Libro de Baruc 5,1-9. Salmo 126(125),1-2ab.2cd-3.4-5.6. Carta de San Pablo a los Filipenses 1,4-6.8-11.


Evangelio según San Lucas 3,1-6.


El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.

Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: Una voz grita en desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.

Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos.

Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios.


Homilía por el Pbro. Matías Pérez:


Queridos hermanos y hermanas, celebramos este  segundo domingo de adviento junto con la solemnidad de María santísima la madre de Dios, la madre de Jesús y no hay huella más segura que podamos pisar que no haya sido la que nos dejó María para encontrar el camino Hacia Jesús. 


De su mano sucede el gran encuentro que divide en 2 nuestra vida: un antes y después de encontrarnos con Jesús, de experimentar su amor, de experimentar su obra poderosa en nosotros y se nos está invitando en este tiempo de a poco a recorrer el mismo camino que recorrió María y José. Un camino en el que también hubo adversidades, y dificultades, pero había sobretodo amor, esperanza y confianza.

 

El amor que los movía todos los días a caminar un trecho más en el camino, buscando ese lugar, el indicado, el elegido, el posible. También en nuestras vidas el amor nos lanza hacia adelante encontrando en las diferentes circunstancias de la vida, el lugar indicado y la circunstancia posible en la que podemos  vivir, existir, donde Dios nos invita a transitar nuestro camino y nuestro proyecto concretándose así el llamado a la santidad: es lo que nos ha tocado, donde hemos sido puestos en este tiempo histórico.


María le tocó en aquel tiempo, a nosotros nos toca en este. Pero las huellas de María y por el amor que le puso a todo este proyecto, también nosotros podemos en ella transitar lo que nos toca: a veces con cosas que nos agradan más y a veces con cosas que nos agradan menos. 


La misma esperanza que también les hizo saber a María y a José que lo bueno de parte de Dios siempre estaba por llegar y por eso todos los días avanzaban un poquito más, sin claudicar ni siquiera los últimos instantes donde parecía que no había lugar para ellos, hasta que Dios les pudo indicar dónde. Y quizás no habrá sido lo que María había soñado para su hijo, no fue lo que José soñó para su hijo, pero fue lo que Dios dispuso en ese momento como posible. Así reconocieron María y José la providencia de Dios que les dio lo que necesitaban. Uno podría pensar que les dio mucho menos, porque la cueva de animales para el nacimiento del mesías parece un poco menos, pero en realidad en el plan de Dios fue lo que necesitaban: un lugar donde el reinado del mesías se manifestara de manera sobresaliente. Si hubiera nacido en un lugar ostentoso o lujoso, quizás aquel mesías tan importante hubiera estado en “compose” y confundido entre el lujo y las ostentación. Sin embargo aquí el niño, el mesías sobresale en medio de esa pobreza, en medio de esa sencillez y humildad. Está bien resaltado: el centro es Jesús y allí comprendemos que Dios en su providencia y en su plan escrito en renglones torcidos permite que Jesús nazca en la cueva.


De la misma manera así como hablamos del amor que los movió, la esperanza que los hizo aguardar lo bueno que estaba por llegar de parte de Dios, también la confianza, la fe de María y José, que nunca dejaron de confiar en Dios y aún con sus preguntas. María: “cómo va a ser esto?” Pero el Espíritu que interviene le da respuesta a sus cuestionamientos más profundos, también a nosotros.


La Inmaculada Concepción nos recuerda que María ha sido elegida, corrida de la suerte del resto de la humanidad. Corrida de hecho, porque Dios la preserva para algo especial: la venida de Jesús. Esto celebramos hoy: la Inmaculada Concepción. María concebida sin pecado: el “ave María purísima”, el “sin pecado concebida”, en tiempo especial que es el adviento. 


Damos un paso más en el adviento,  hoy de la mano de María, hoy tras las huellas de María y hoy mirando a María reconociendo en Ella un corazón bondadoso, un corazón fiel, un corazón confiado, y esperanzado.


Dios nos conceda la gracia de crecer en fe, esperanza y amor, en este tiempo y por intercesión de María santísima y que el Espíritu Santo sople sobre nosotros como sobre MARÍA. Que las maravillas vengan nuestras vidas, nos enseñe a servir, nos enseñe a glorificar el nombre de Dios en toda circunstancia.


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domingo, 1 de diciembre de 2024

1° Domingo de Adviento, homilía del P. Diego Olivera


El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forman una unidad con la Navidad y la Epifanía del Señor.

“Reflexionemos brevemente sobre el significado de esta palabra: Adviento, que se puede traducir por "presencia", "llegada", "venida". En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su escondimiento para manifestarse con fuerza, o que se celebra presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra "Adviento" para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre "provincia" denominada tierra para visitar a todos; invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en él, a todos los que creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se quería decir substancialmente: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras. Por lo tanto, el significado de la expresión "Adviento" comprende también el de visitatio, que simplemente quiere decir "visita"; en este caso se trata de una visita de Dios: él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí”. (Benedicto XVI)

Lecturas del día: Libro de Jeremías 33,14-16. Salmo 25(24),4-5ab.8-9.10.14. Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 3,12-13.4,1-2.


Evangelio según San Lucas 21,25-28.34-36.


Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas.

Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán.

Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria.

Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación".

Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes

como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.

Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre".


Homilia del P. Diego Olivera

Querida comunidad comenzamos el tiempo del Adviento, el tiempo de la Esperanza. La certeza de nuestra Esperanza es Cristo. “Adviento es también la síntesis de nuestra propia existencia, con todo lo que ella encierra de “gozo y esperanza, de dolores y angustias”, pero con la certeza que da la Fidelidad del Señor que es “nuestro Padre” y nosotros la obra de sus manos” (Mons. Angelelli)

En la primera lectura se afirma: “yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa de Israel” esa promesa consiste en la liberación definitiva del pueblo de Israel por la llegada del Mesías. Esa promesa es para nosotros también, Jesús quiere liberarnos de la esclavitud del pecado y de todas nuestras ataduras, él quiere caminar con nosotros para aliviar nuestras angustias y dolores. Debemos confiar en su promesa y elevar nuestra alma al Señor como dice el salmista. Si queremos que Jesús renazca en nuestros corazones digamos: Ven Señor, sin miedo, no nos quedemos callados e indiferentes ante Dios que quiere habitar en nosotros. Así lo expresaba la venerable Antonietta Meo unos días antes de recibir la primera comunión en Navidad: “Jesús, ven pronto a mi corazón, que te abrazaré fuerte y te besaré! ¡Oh Jesús! Quiero que siempre te quedes en mi corazón” (quien falleció al año siguiente con casi 7 años)

Un signo concreto de que queremos que Dios habite en nosotros es el amor mutuo como lo enseña San Pablo en la segunda lectura. Amor entre nosotros los miembros de la comunidad y amor hacia los demás, los que todavía no están en la comunidad. Si no somos capaces de experimentar un amor de verdad con signos concretos no quedamos tan solo en el discurso: Ven Señor Jesús. Nosotros tenemos que recibir a Jesús en nuestros corazones y ser instrumentos para que otros lo reciban, no podemos encerrarnos en un intimismo con Dios. El encuentro es comunitario, Dios sale al encuentro de su pueblo. Quizás nos cuesta construir la civilización del amor por nuestras propias fragilidades, tenemos que expresar lo que leemos en el salmo: “Muéstrame Señor tus caminos, enséñame tus senderos”. 

En el Evangelio encontramos dos claves para vivir el tiempo del Adviento: “tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación”. A pesar de las dificultades tenemos que levantar la cabeza y poner la mirada en él, nuestro salvador, nos liberará de nuestras esclavitudes y de todo aquello que no nos permite amar de verdad. Y la segunda clave para vivir el Adviento es: “Estén prevenidos y oren incesantemente…” preparemos realmente el corazón para vivir este tiempo hermoso previo a la Navidad, que no pase desapercibido por vernos sumergidos en múltiples actividades de fin de año, no le aflojemos a la oración, nos mantengamos firmes en un dialogo de intimidad con Dios diariamente para salir al encuentro y al dialogo con nuestros hermanos. Anunciemos que Jesús quiere nacer en nuestra comunidad, en nuestra sociedad, anunciemos que Jesús hace nueva todas las cosas con su nacimiento, anunciemos la Esperanza en este tiempo que muchas veces nos vemos sumergidos en la desesperanza. La vida cristiana tiene que estar marcada por la Esperanza en Cristo nuestro salvador. Levantemos la cabeza, miremos a Jesús que viene y se hace presente en nuestra historia.

Pidamos al Espíritu Santo que encienda nuestros corazones para vivir con esperanza y alegría y que nos ayude a ser verdaderos discípulos misioneros que contagian esperanza y alegría a los más desanimados de nuestra sociedad


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miércoles, 13 de diciembre de 2023

Salud Mental y Navidad




Estamos llegando al final del año y diciembre nos invita a realizar revisiones y reflexiones sobre nuestras acciones y logros. También es el mes de los encuentros familiares, los sentimientos profundos y la presencia (o ausencia) de seres queridos que extrañamos.Dependiendo de las circunstancias en que te encuentres, es posible que no te sientas del todo bien, por lo que es crucial validar esos sentimientos y emociones. Ignorarlos solo puede causar daño, tanto a ti como a los demás.

Es importante recordar que existen diversas formas de manejar nuestras emociones y, en caso de necesitarlo, siempre está la opción de pedir ayuda. A veces, una conversaciónabierta y honesta, ya sea con un profesional o con alguien cercano, puede ser la mejor terapia. En ocasiones, lo que realmente necesitamos es simplemente un oído atento, más que consejos.

Cada vez que celebramos la Navidad, recordamos el nacimiento de Jesús, quien asumió completamente nuestra humanidad sin abandonar su naturaleza divina. Así como Jesús aceptó desde el primer día en la tierra nuestros sentimientos, fragilidades y necesidades, nosotros también deberíamos aceptar nuestras propias emociones, ya que forman parte de nuestra humanidad.

En el relato navideño, María y José, una pareja de inmigrantes, recibieron a Jesús en medio de la incertidumbre y la emergencia. De manera similar, la comunidad que nos rodea puede ser un espacio capaz de contener nuestras fragilidades y tristezas.

Al contemplar el pesebre, recordemos la Navidad que se nos invita a vivir. Un pesebre lleno de emociones, cuidado por José y María, y acompañado por un Niño Dios que comparte no solo nuestra carne, sino también nuestras debilidades. Aunque el pesebre con la presencia de Jesús, José y María ya representa la esencia de la Navidad, podríamos considerarlo incompleto sin los misteriosos personajes que traen alegría a los niños de todos los tiempos: los Reyes Magos con sus regalos.

Invitémonos a entrar en la escena como los reyes que somos a través del bautismo, quienes, al igual que ellos, han atravesado distintas circunstancias para adorar y ofrecer sus regalos al Niño Dios.

Te propongo realizar un gesto sencillo: coloca a los pies del Niño todo lo que sientes en tu corazón, ya sean alegrías, tristezas, ansiedades, etc. También puedes depositar en ese cofrecito simbólico tus circunstancias, sueños y anhelos. Como te dije antes, a través del bautismo fuimos consagrados reyes, y al adorar al Niño, nos unimos a ese momento especial del pesebre. Nuestros regalos son muy importantes para Él, ya que los sacamos de lo más profundo de nosotros mismos, con sinceridad, ya sea desde la alegría o el dolor.

Así como los niños se alegran cuando recibe un regalo, el Niñito Jesús se llena de gozo, no sólo por nuestros regalos, especialmente por nuestra presencia. Nos quedemos un rato allí, en el pesebre más único del mundo.

Que el Niño Dios nazca en nuestros corazones y que esta Navidad sea llena de significado y conexión con lo más profundo de nuestra humanidad.

Autor: Víctor Ramírez

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