domingo, 9 de agosto de 2026

Meditamos el Evangelio del Domingo con Fr. Josué González Rivera, OP


Lecturas del día:
Primer Libro de los Reyes 19,9a.11-13a. Salmo 85(84),9ab-10.11-12.13-14. Carta de San Pablo a los Romanos 9,1-5.

Evangelio según San Mateo 14,22-33.

Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".
Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".
"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame".
En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

Homilía por Fray Josué González Rivera, OP

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.

Hermanas y hermanos:

¿Cuáles son los miedos y las preocupaciones que nos hacen sentir como ahogados? A veces decimos que hay cosas o situaciones en las que “sentimos el agua hasta el cuello”. Sin duda alguna, esta experiencia cotidiana puede asemejarse a la del ahogo, entendiéndolo como una amenaza a nuestra propia vida, como aquellas situaciones límite que nos ponen a prueba y nos hacen querer salir a la superficie para tomar aire. En nuestra vida personal, profesional y, por qué no, también religiosa, podemos experimentar ese “ahogo”. Sin embargo, el Evangelio de este domingo nos muestra cómo enfrentar y vivir esas situaciones de manera creyente, sabiendo que Jesús está allí: Él es quien nos tiende la mano para salir a flote, para ponernos en una situación de seguridad y para calmar las tormentas que también pueden sacudir y amenazar la barca en la que nos encontramos.

En este domingo vemos a un Dios que se manifiesta en la naturaleza. El profeta descubre a Dios en ella, pero, aún más, no en su fuerza violenta, sino en aquella brisa que nos envuelve. Sabemos que Dios utiliza la naturaleza para comunicarse con nosotros, pero Él no es la naturaleza misma, sino algo distinto de ella: algo más grande, que la sostiene. En Jesús queda claro que Dios es el Señor de la naturaleza. Con su presencia controla los elementos y puede caminar sobre las aguas. Una de las interpretaciones que he escuchado sobre este texto va precisamente en este sentido: Pedro también quiere, desde su condición humana, caminar sobre el agua, ser señor de la naturaleza; pero se hunde.

Hay momentos en los que la realidad se nos impone. El ser humano, con sus tecnologías, su ciencia y sus propias ideas, a veces quiere caminar sobre la naturaleza, dominarla; pero la realidad se impone: la realidad natural, con su fuerza, su violencia y su poder. Sin embargo, cuando entramos en la presencia de Jesús, podemos enfrentarnos a todas esas adversidades. Inclusive podríamos pensar aquí en la dimensión ecológica tan actual. No para convertirnos en señores y amos de la naturaleza, sino para ser sus guardianes, sabiendo que el verdadero Señor de la naturaleza es Él.

Y es Pedro quien descubre dónde está la seguridad. No está de más recordar que aquella barca en la que sube Jesús, en la que también está Pedro y en la que finalmente se calman los vientos, ha sido entendida desde antiguo por los Padres de la Iglesia como símbolo de la propia Iglesia. Ella navega por esas aguas con la confianza de haber reconocido que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios. Hoy en día, esa barca se sigue viendo amenazada por vientos y tempestades. Pero la confianza en saber que Jesús cuida de ella debe animarnos a seguir navegando, a mantener el rumbo, con la certeza de que Él nos dará esa paz y esa tranquilidad.

 

A lo largo de nuestra propia vida podemos acudir al Señor y descubrir cómo aparece su mano, ofreciéndonos una salida para no ahogarnos. Esa mano de Dios puede hacerse visible en sus sacramentos, en su Palabra y cuando oramos con Él; pero también puede hacerse presente en la comunidad, en las hermanas y los hermanos que nos tienden la mano para ayudarnos a seguir adelante y a subir nuevamente a la barca. Claro está que, nosotros también, en nombre de aquel que es el Señor de la naturaleza, estamos llamados a tender nuestras manos para ayudar a los demás, para que no se dejen ahogar.

Que podamos reconocer en nuestras vidas aquellas manos del Señor que se nos tienden y que seamos también instrumentos mediante los cuales Él tienda su mano a los demás: para ayudarlos a salir adelante, para ofrecerles apoyo y para hacer posible esa experiencia comunitaria. San Pablo incluso estuvo dispuesto a estar separado de su pueblo y de su gente, de los judíos, para convertirse en predicador de los gentiles, porque también ellos necesitaban esa mano misericordiosa que los sacara de la condición de pecado y de ignorancia en la que se encontraban, para descubrir la riqueza del Evangelio de Jesucristo.

Que podamos subir a la barca, ayudados por el Señor, y que podamos también tender manos misericordiosas a los demás.

Bendiciones.


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domingo, 2 de agosto de 2026

VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia día 2



Nueva espiritualidad, comunicación sinodal y presencia pública: las claves de la segunda jornada 

La segunda jornada del VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia continuó profundizando en los desafíos que enfrenta la comunicación eclesial en un contexto cultural marcado por profundas transformaciones sociales, tecnológicas y espirituales.

Comprender las nuevas búsquedas espirituales

La mañana comenzó con un conversatorio dedicado a un fenómeno que interpela directamente a la Iglesia: las nuevas formas de espiritualidad presentes en la sociedad contemporánea.

El diálogo entre el Padre Luis Romera y el sociólogo Eduardo Valenzuela invitó a reflexionar sobre las transformaciones culturales que han modificado la manera en que las personas se acercan a la dimensión espiritual de sus vidas.

En un contexto donde muchas personas continúan buscando sentido, trascendencia y respuestas a sus preguntas más profundas, pero ya no necesariamente a través de los canales tradicionales, surgió la necesidad de comprender mejor estos procesos para acompañarlos pastoralmente.

La conversación permitió reconocer que detrás de muchas experiencias espirituales contemporáneas existe una auténtica búsqueda humana que desafía a la Iglesia a escuchar con atención, comprender los nuevos lenguajes culturales y proponer el Evangelio de manera significativa para las personas de hoy.

Comunicar en tiempos de cambio

Posteriormente, el módulo "Comunicar hoy", desarrollado por el Padre Felipe Herrera-Espaliat y el Padre José Juan “Borre” Montalvo, abordó algunos de los principales desafíos que enfrenta actualmente la comunicación eclesial.

La reflexión puso de manifiesto que comunicar ya no consiste únicamente en transmitir información, sino en generar confianza, construir relaciones y ofrecer narrativas capaces de conectar con las inquietudes reales de las personas.

En un escenario caracterizado por la sobreabundancia de contenidos, la velocidad informativa y la fragmentación de las audiencias, la Iglesia está llamada a desarrollar una comunicación cercana, creíble y profundamente humana.

Más que una cuestión técnica, se destacó que la comunicación constituye una dimensión esencial de la misión evangelizadora.

Comunicación sinodal: una Iglesia que escucha

Uno de los momentos más significativos de la jornada fue el taller sobre Comunicación Sinodal en América Latina y el Caribe, coordinado por Óscar Elizalde, representante del CELAM.

La propuesta permitió profundizar en uno de los grandes desafíos pastorales del presente: construir una cultura comunicacional inspirada en la sinodalidad.

La comunicación sinodal implica mucho más que transmitir mensajes institucionales. Supone promover espacios de escucha, diálogo, participación y discernimiento comunitario.

Desde esta perspectiva, comunicar no es solamente hablar, sino también aprender a escuchar las voces que muchas veces permanecen en los márgenes y generar procesos donde todos puedan sentirse parte del camino compartido.

La experiencia sinodal vivida por la Iglesia universal en los últimos años apareció como un horizonte que continúa ofreciendo claves para renovar las prácticas comunicacionales en todos los niveles eclesiales.

La voz de los laicos en el espacio público

Durante la tarde, el periodista Nicolás Vergara, representante de Voces Católicas, reflexionó sobre la presencia de los laicos en el debate público.

El taller abordó la importancia de que los cristianos participen activamente en las conversaciones sociales, culturales y políticas de su tiempo, aportando una mirada inspirada en el Evangelio sin caer en lógicas de confrontación o imposición.

Se destacó especialmente el valor del diálogo respetuoso, la capacidad de argumentar desde la propia identidad y la necesidad de construir puentes en sociedades cada vez más polarizadas.

La participación de los laicos en la esfera pública fue presentada como una dimensión concreta de la vocación bautismal y un espacio privilegiado para el testimonio cristiano.

Radio María: comunicar esperanza durante cuatro décadas

Otro de los espacios destacados estuvo dedicado a la experiencia de Radio María, que celebra 30 años de presencia en Chile y 40 años a nivel internacional.

Cristina Balart y María Teresa Domínguez compartieron la historia, el crecimiento y el impacto de este proyecto comunicacional que ha acompañado a millones de personas en distintos países.

Más allá de las cifras, el encuentro permitió reflexionar sobre el valor de los medios de inspiración cristiana y su capacidad para generar cercanía, acompañamiento y comunidad.

La experiencia de Radio María apareció como un ejemplo concreto de comunicación evangelizadora sostenida en el tiempo y centrada en las personas.

Las visitas papales como experiencia comunicacional

La jornada concluyó con un conversatorio sobre las visitas papales, a cargo de Rafael Rubio Núñez e Inés San Martín, quienes compartieron desafíos, aprendizajes y experiencias vinculadas a la cobertura de estos acontecimientos eclesiales de alcance mundial.

El diálogo permitió analizar cómo estos eventos representan mucho más que una agenda protocolar o institucional.

Las visitas de los pontífices movilizan comunidades enteras, generan conversaciones sociales amplias y constituyen oportunidades únicas para comunicar el mensaje del Evangelio a públicos muy diversos.

Asimismo, se abordaron los desafíos organizativos, mediáticos y pastorales que implican estos acontecimientos, así como la necesidad de articular estrategias comunicacionales capaces de transmitir el sentido profundo de estos encuentros.

Una Iglesia que comunica desde el encuentro

La segunda jornada del seminario dejó una certeza compartida: los desafíos de la comunicación eclesial no pueden abordarse únicamente desde las herramientas o las estrategias.

La comunicación de la Iglesia nace del encuentro, de la escucha y del deseo de acompañar las búsquedas humanas de cada tiempo.

Que nosotros nos animemos también a ser parte del encuentro, la escucha y el deseo de evangelizar el en continente digital

Con Cariño Maru





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IV Encuentro Nacional de Evangelizadores Digitales (ENED) día 2



ENED DÍA 2

En la segunda jornada del IV Encuentro Nacional de Evangelizadores Digitales, los participantes reflexionaron sobre el documento del Grupo de Estudio N° 3 del Sínodo de los Obispos, dedicado a la misión en el ambiente digital. La formación, los talleres y una salida misionera por las calles de la ciudad marcaron una intensa jornada de oración, discernimiento y evangelización.   

 La segunda jornada del IV Encuentro Nacional de Evangelizadores Digitales, que se desarrolla en la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, estuvo dedicada a profundizar la misión evangelizadora de la Iglesia en el continente digital, a partir de las orientaciones del Sínodo de los Obispos y de diversas experiencias pastorales que buscan responder a los desafíos de la cultura contemporánea.

El primer bloque estuvo a cargo de Claudia Enríquez y Agustín Podestá, quienes presentaron el contenido del Grupo de Estudio N° 3 del Sínodo de los Obispos: "La misión en el ambiente digital". Durante la exposición explicaron que la misión digital no constituye una realidad aislada o reciente, sino una expresión actual del mandato evangelizador de la Iglesia, que hoy encuentra en la cultura digital un nuevo ámbito para anunciar el Evangelio.

Los expositores destacaron la importancia de documentos como Hacia una plena presencia, del Dicasterio para la Comunicación, y del informe final del Grupo de Estudio N° 3, que ofrecen criterios pastorales para quienes desarrollan su misión en las redes sociales y otros espacios digitales. Asimismo, señalaron el reconocimiento que recibieron los aportes realizados por la Iglesia en Argentina durante el proceso sinodal, incorporados en el documento final.

Entre los principales ejes abordados se destacó la necesidad de comprender que la misión digital implica habitar la cultura digital, conocer sus lenguajes y desarrollar una auténtica pastoral de la escucha y el acompañamiento. En ese sentido, se subrayó que el desafío no consiste únicamente en trasladar contenidos religiosos a internet, sino en generar vínculos que permitan anunciar a Jesucristo y conducir a las personas hacia el encuentro con la comunidad eclesial.

La reflexión también abordó cuestiones vinculadas con el discernimiento en la comunicación, la formación integral del misionero digital, el trabajo en comunión con la Iglesia local, el uso responsable de la inteligencia artificial y la necesidad de afrontar con criterios evangélicos fenómenos como la polarización, la desinformación y la influencia de los algoritmos en los entornos digitales.

Finalizada la exposición, los participantes trabajaron en grupos las preguntas propuestas durante el proceso sinodal, favoreciendo un espacio de diálogo y discernimiento comunitario.

Durante el segundo bloque de formación se desarrolló el taller "Creadores con propósito: cuando la IA se encuentra con el Evangelio. Misioneros 5.0: evangelizar con Inteligencia Artificial (y) artificial", a cargo de Franco Dumont y el presbítero Elías Mangini, quienes compartieron herramientas y criterios para integrar las nuevas tecnologías al servicio de la misión evangelizadora.

Por la tarde tuvieron lugar diversos talleres abiertos también a la comunidad, entre ellos un espacio dedicado al streaming, otro sobre la espiritualidad del misionero digital y un taller introductorio a la evangelización digital.

La jornada concluyó con una misión por las calles de la ciudad de Santa Fe, donde los participantes salieron al encuentro de las personas para compartir el mensaje del Evangelio. Posteriormente, vivieron un momento de adoración eucarística y participaron de la celebración de la Eucaristía presidida por el arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor Sergio Alfredo Fenoy, junto con el presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación Social, monseñor Jorge Lozano.

El IV Encuentro Nacional de Evangelizadores Digitales continúa ofreciendo espacios de formación, oración y misión, con el propósito de fortalecer una presencia eclesial cada vez más cercana, sinodal y significativa en los ambientes digitales, allí donde millones de personas desarrollan hoy buena parte de su vida cotidiana.

María Claudia Enríquez

@clauchitaaaa

 


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Meditamos el Evangelio del Domingo con el Rev. P. Jose Torres, LC


Lecturas del día: Libro de Isaías 55,1-3. Salmo 145(144),8-9.15-16.17-18. Carta de San Pablo a los Romanos 8,35.37-39.

Evangelio según San Mateo 14,13-21.

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie.
Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos".
Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos".
Ellos respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados".
"Tráiganmelos aquí", les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.
Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Homilia por Rev. P. Jose Torres, LC 

Cinco panes no alcanzan (y por eso Dios los usa)

Hay una frase que repetimos sin pensarla: "no me alcanza". No me alcanza el tiempo, no me alcanza el sueldo, no me alcanza la paciencia con mis hijos, no me alcanza la fe para esta etapa que estoy viviendo. Vivimos calculando déficits. Y lo curioso es que ese cálculo —tan racional, tan adulto— es exactamente lo que Jesús desmonta hoy en un descampado, con cinco panes y dos peces, frente a cinco mil hombres "sin contar mujeres y niños".

Porque ojo: los discípulos no estaban equivocados en la aritmética. Tenían razón. No alcanzaba. Y sin embargo Jesús no les corrige la cuenta, les corrige la pregunta. Ellos piensan en términos de despedir: "despide a la multitud, que vayan a comprar". Jesús piensa en términos de dar: "dadles vosotros de comer". La diferencia entre esas dos frases es, literalmente, la diferencia entre gestionar un problema y encarnar una respuesta.

Lo que Dios regala no se cotiza

Isaías ya lo había anunciado con una ironía casi provocadora: "venid, comprad sin dinero y de balde vino y leche". Un mercado sin precios es una contradicción... a menos que quien vende ya no esté vendiendo, sino regalando. Ahí está la clave de toda la liturgia de hoy: pasamos de una economía de intercambio a una economía de gratuidad. Y esto no es poesía piadosa, es una acusación directa a cómo vivimos: "¿por qué gastar dinero en lo que no alimenta?" Isaías no habla solo de comida. Habla de todo aquello en lo que invertimos energía, tiempo, ansiedad, esperando que nos llene, y que sistemáticamente nos deja con más hambre que antes.

El salmo responde con una imagen que deberíamos dejar que se nos quede pegada: "abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente". No cierra el puño. No raciona. Abre la mano. Ese gesto —tan simple, tan corporal— es el resumen entero del Evangelio de hoy.

La palabra que casi nadie explica del Evangelio

Cuando el texto dice que Jesús, al ver a la multitud, "se compadeció de ella", el griego original usa el verbo splagchnízomai. Viene de splágchna, que literalmente son las entrañas. No es una emoción de cabeza, es una reacción visceral, física, que se siente en el estómago antes que en la razón. Jesús no calcula si tiene ganas de ayudar, se le remueven las entrañas y desde ahí actúa.

Esto importa mucho para quienes hemos aprendido, a fuerza de vida adulta a gestionar la compasión con criterios de eficiencia: "¿vale la pena involucrarme?", "¿tengo recursos para esto?". Jesús nos enseña otro punto de partida: primero las entrañas, después la logística. Primero el amor, después la cuenta de panes.

Dar cosas no es lo mismo que darse

Aquí está, para mí, el corazón de esta escena: Jesús no multiplica el pan en lugar de los discípulos. Lo multiplica a través de ellos. Toma los cinco panes, los bendice, los parte... y se los da a los discípulos, para que ellos se los den a la gente. Dios podría haber hecho llover maná directamente sobre la multitud, como en el desierto del Éxodo. No lo hace. Elige que el milagro pase por las manos de quienes solo tenían cinco panes y no querían darlos porque "no alcanzaba".

Esa es la diferencia entre dar cosas y darse. Dar cosas es resolver una carencia desde fuera, sin comprometerse. Darse es poner lo poco que tienes —tu tiempo cansado, tu fe a medias, tu paciencia agotada de un jueves cualquiera— en las manos de Dios y dejar que Él decida qué hacer con eso. Los discípulos no dejaron de tener cinco panes. Los entregaron. Y en el entregarlos, se volvieron suficientes.

Dios nunca hace milagros a pesar de nuestra pobreza; normalmente los hace a partir de ella.

No espera personas perfectas. Al contrario, Él espera personas disponibles.

La santidad no consiste en presentarse delante de Dios diciendo: "Mira todo lo que tengo." Consiste en decir con sencillez: "Señor, esto es todo lo que soy. Esto es todo lo que puedo darte."

Y entonces Él hace lo que nosotros nunca podríamos hacer solos.

San Pablo, en la segunda lectura, hace una lista brutal: tribulación, angustia, persecución, hambre, espada. Y remata con una convicción que no es optimismo barato: "ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados... podrá separarnos del amor de Dios". Léanlo junto al Evangelio y va a cobrar otro sentido: ni siquiera nuestra propia insuficiencia —esos cinco panes que nos parecen ridículos frente a la multitud de necesidades que cargamos— puede separarnos del amor de Dios. Al contrario: es justo ahí, en lo que nos falta, donde Dios decide actuar.

Para llevarte hoy

No sé qué "cinco panes" tienes tú entre las manos hoy. Puede ser un trabajo que sientes insuficiente, una relación que no sabes cómo sanar, una fe que hace semanas no se siente viva, una vocación de padre, madre, esposo, religioso o soltero que algunos días pesa más de lo que puedes cargar. Jesús no te está pidiendo que consigas más panes. Te está pidiendo que se los entregues.

La multitud comió y se saciaron, y sobraron doce cestos. No sobró comida porque los panes fueran muchos. Sobró porque Dios, cuando algo pasa por sus manos, nunca lo devuelve igual de pequeño a como lo recibió.

Así que hoy, antes de calcular si te alcanza, prueba a abrir la mano. A ver qué hace Dios con lo poco que tienes.


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viernes, 31 de julio de 2026

VII Seminario Comunicaciones de Iglesia día 1


Inteligencia artificial, espiritualidad y comunicación: las claves de la primera jornada

Con la participación de comunicadores, académicos, agentes pastorales y representantes de distintas instituciones eclesiales de América Latina, comenzó en Santiago de Chile el VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia, un espacio de reflexión que busca abordar los desafíos que la inteligencia artificial plantea para la comunicación, la evangelización y la vida de la Iglesia.

La jornada inaugural se desarrolló en la Pontificia Universidad Católica de Chile y estuvo marcada por una pregunta que atravesó cada una de las exposiciones y conversaciones: ¿cómo integrar las nuevas tecnologías sin perder de vista la dignidad humana y el sentido profundo de la comunicación?

Una bienvenida que miró al futuro

La apertura estuvo a cargo del Arzobispo de Santiago, Cardenal Fernando Chomali, el Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Monseñor René Rebolledo Salinas, y el Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Juan Carlos de la Llera, quienes destacaron la importancia de generar espacios de discernimiento frente a los cambios culturales y tecnológicos que atraviesan a la sociedad contemporánea.

Sus intervenciones coincidieron en la necesidad de que la Iglesia participe activamente de estas conversaciones, aportando una mirada centrada en la persona humana y en el bien común.

Inteligencia artificial y espiritualidad

Uno de los momentos más esperados de la mañana fue la charla magistral del jesuita Antonio Spadaro, reconocido por su trabajo en la reflexión sobre cultura digital y comunicación.

Bajo el título "Inteligencia artificial y espiritualidad", invitó a pensar la relación entre tecnología y experiencia humana desde una perspectiva profundamente espiritual.

La reflexión puso el foco en la necesidad de evitar tanto el entusiasmo ingenuo como el rechazo automático frente a la inteligencia artificial. En cambio, propuso un camino de discernimiento que permita comprender cómo estas herramientas pueden influir en nuestra forma de pensar, relacionarnos y buscar sentido.

Más que una cuestión técnica, la inteligencia artificial fue presentada como un fenómeno cultural que interpela directamente a la humanidad y plantea nuevas preguntas sobre la creatividad, la libertad, el conocimiento y la trascendencia.

Los desafíos de la inteligencia artificial para la Iglesia

Durante el conversatorio de la mañana, el periodista y académico Juan Narbona y Matthew Harvey Sanders, fundador de Magisterium AI, profundizaron sobre los desafíos y oportunidades que presenta la inteligencia artificial para la misión de la Iglesia.

Sanders compartió la experiencia de Magisterium AI, una plataforma desarrollada para poner el patrimonio intelectual y doctrinal de la Iglesia al alcance de cualquier persona mediante inteligencia artificial entrenada exclusivamente con fuentes oficiales católicas.

La herramienta reúne miles de documentos del Magisterio, textos bíblicos, documentos pontificios y recursos eclesiales, ofreciendo una forma innovadora de acceder al conocimiento acumulado por la Iglesia a lo largo de los siglos.

Sin embargo, el diálogo no se centró únicamente en las posibilidades tecnológicas. También surgieron preguntas sobre la formación crítica, la responsabilidad ética y la necesidad de que toda innovación permanezca al servicio de las personas y no al revés.

Comunicación, credibilidad y escrutinio público

Por la tarde, el foco se trasladó hacia los desafíos comunicacionales que enfrentan hoy las instituciones y particularmente la Iglesia.

En el conversatorio "El mensaje y los medios: escrutinio público, retos y credibilidad", los periodistas Iván Valenzuela, Gloria Faúndez y Matilde Burgos reflexionaron sobre la confianza, la transparencia y la construcción de credibilidad en un contexto marcado por la inmediatez, la sobreinformación y la permanente exposición pública.

La conversación permitió profundizar en la importancia de una comunicación clara, coherente y cercana, capaz de generar vínculos auténticos con las personas.

Herramientas para comunicar mejor

La jornada concluyó con dos talleres prácticos.

El primero, a cargo de Diego Errázuriz, exploró distintas posibilidades para utilizar la inteligencia artificial al servicio de la comunicación eclesial, mostrando aplicaciones concretas para la producción de contenidos, organización de información y planificación comunicacional.

Posteriormente, Guillermo Bustamante abordó una pregunta cada vez más relevante para quienes trabajan en entornos digitales: cómo medir el impacto de las publicaciones y comprender qué indicadores permiten evaluar realmente el alcance y la efectividad de la comunicación.

Una reflexión que recién comienza

El primer día del seminario dejó en evidencia que la conversación sobre inteligencia artificial y comunicación no puede reducirse a cuestiones técnicas.

La pregunta de fondo sigue siendo profundamente humana: cómo utilizar estas nuevas herramientas para comunicar mejor, fortalecer los vínculos, favorecer el encuentro y anunciar el Evangelio en una cultura cada vez más digital.

Con Cariño Maru





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IV Encuentro Nacional de Evangelizadores Digitales (ENED) día 1

ENED DÍA 1

La ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz es sede del inicio del IV Encuentro Nacional de Evangelizadores Digitales (ENED), organizado por la Comisión Episcopal de la Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Argentina. Durante la primera jornada, evangelizadores digitales provenientes de distintas diócesis y comunidades del país compartieron un espacio de formación, reflexión y comunión para renovar su compromiso con el anuncio del Evangelio en la cultura digital.

La apertura estuvo marcada por un momento de oración que invitó a poner en el centro de la misión a Jesús, mirándolo a él animarnos a ser peregrinos de esperanza también en el mundo digital. Posteriormente, una dinámica de presentación favoreció el conocimiento mutuo entre los participantes y el intercambio de las diversas experiencias pastorales que desarrollan en el ámbito digital.

Cabe destacar que el encuentro cuenta con la presencia y acompañamiento de la Comisión Episcopal de Comunicación Social de la CEA, Monseñor Jorge Lozano, presidente, y la Lic. Vanesa Monzón, secretaria ejecutiva.

Los expositores destacaron que la cultura digital no constituye simplemente un conjunto de herramientas tecnológicas, sino una cultura donde las personas viven, se relacionan, buscan respuestas y necesitan experimentar la cercanía de Cristo. Necesitamos habitarla para conocerla y poder acompañar las diferentes realidades que aparecen en la misma. En este contexto, se recordó que la misión digital forma parte de la Comisión Episcopal de Comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina, a través del equipo de misioneros digitales coordinado por el sacerdote Padre Savoia, un paso histórico que consolida este servicio dentro de la acción pastoral de la Iglesia en el país.

Monseñor Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, se hizo presente a través de un mensaje y animó a los presentes a salir al encuentro de las personas allí donde transcurre su vida cotidiana, también en el continente digital. Invitó a comprender que evangelizar implica hacerse presente en las "encrucijadas de la historia" para ofrecer un primer anuncio sencillo, capaz de abrir caminos hacia el encuentro con Dios.

Las exposiciones también profundizaron en una expresión que atravesó toda la jornada: "reparar las redes". Se destacó que la misión del evangelizador digital va mucho más allá de la creación de contenidos. El verdadero desafío consiste en sanar vínculos heridos, favorecer el diálogo, humanizar los espacios digitales y acompañar a quienes buscan una palabra de esperanza en medio de la polarización, la violencia y la soledad.

Otro de los temas relevantes fue la reflexión sobre la inteligencia artificial y sus implicancias para la comunicación. A la luz del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, se analizaron los desafíos éticos que plantea esta tecnología, advirtiendo sobre el riesgo de debilitar el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de discernimiento cuando se utiliza sin una adecuada formación humanística. Los participantes fueron invitados a promover una comunicación auténticamente humana, transparente y responsable.

Como parte del trabajo de la jornada, los participantes se reunieron en pequeños grupos para compartir experiencias, dialogar sobre los desafíos que presenta la evangelización en el ámbito digital y reflexionar acerca de gestos concretos que permitan construir la paz y "reparar las redes" desde cada una de sus realidades pastorales.

El primer día del encuentro concluyó en un profundo clima de oración con un emotivo momento de adoración eucarística comunitaria, en el que los participantes pusieron en manos del Señor la misión de evangelizar el continente digital. Unidos ante Jesús Sacramentado, renovaron su compromiso de anunciar el Evangelio con alegría, esperanza y en comunión con toda la Iglesia.

 María Claudia Enríquez

@clauchitaaaa


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martes, 28 de julio de 2026

El Mártir Wenceslao Pedernera y el cooperativismo


Wenceslao Pedernera, del Movimiento Rural, creado por el Obispo Angelelli en La Rioja, fue asesinado el 25 de julio de 1976 en la puerta de su casa. A 50 años, una recordación biográfica del dirigente campesino, que quedó integrado al martirio riojano junto al Obispo y los sacerdotes de Chamical.


WENCESLAO Y LA PROPIEDAD COOPERATIVA


El beato mártir Wenceslao Pedernera fue un buen padre de familia y vecino solidario en Sañogasta (La Rioja). Pero no lo asesinaron por eso. En el pueblo había otros buenos padres y vecinos. Toti Ortiz, uno de ellos, fue el que lo trasladó malherido hasta el hospital de Chilecito, donde murió el mismo 25 de julio de 1976, a la tarde. Varios más integraban la cooperativa en formación NECAS (Nuevas Esperanzas Campesinas Sanogasteñas), que impulsaba Wessen, como le decían en el Movimiento Rural Diocesano. Sus cualidades personales, sin duda, le ayudaron a ser una buena persona, tanto en la familia como en la vecindad. Pero eso no fue la motivación inmediata del crimen. El voto 1 de los Consultores Teológicos del Vaticano - en el 2018 - al reconocer el martirio señaló que “lo que decretaron su muerte” fueron “su participación en el Movimiento Rural Argentino y otras iniciativas parecidas”. Así también lo había informado el mismo obispo Angelelli a las autoridades episcopales dos días después, el 27 de julio de 1976: “A los 8 días del asesinato de los curas, me acaban de asesinar a un laico apostólico en Sañogasta”,…”dirigente laico de la Acción Católica Rural, (que) se radicó en Sañogasta para trabajar en un proyecto de cooperativa alentado por la Diócesis y ayudado financieramente en parte por Organismos Católicos europeos.”

Wenceslao, nacido y criado con sus padres y hermanos en el campo de San Luis, a los 20 años, después del servicio militar, se quedó en Mendoza y consiguió trabajo en la Bodega Gargantini, donde tuvo como capataz a Don Emiliano Cornejo. Al poco tiempo se puso de novio con su hija “Coca”, que necesitó la autorización del papá para casarse porque no había cumplido los 21 años. Wenceslao rehusó hacerlo por la Iglesia, pero Coca se impuso y el amor doblegó a Wenceslao. Y allí empezó otra etapa, también en lo religioso para Wenceslao. Su predisposición a la solidaridad que demostró al asumir la representación gremial de sus compañeros de trabajo en la bodega, se transformó en militancia campesina cuando con Coca pusieron su casa a disposición y se incorporaron al Movimiento Rural de la Acción Católica, invitados por Carlos Di Marco y Rafael Sifre.

A mediados de 1973 el matrimonio, ya con tres hijas, la menor de dos años, se radicaron en La Rioja, atraídos por la propuesta del Movimiento Rural Diocesano, que el Obispo Angelelli había creado el año anterior, luego de que el Episcopado argentino disolvió al Movimiento Rural de la Acción Católica y lo dejó librado a la iniciativa de cada obispo diocesano. En una realidad con “características marcadamente rurales”, Mons. Angelelli estableció entre los objetivos “acompañar al campesinado riojano en su proceso de liberación, entendida ésta a la luz del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia”. Y “ayudar a concretar realizaciones que signifiquen para el campesinado riojano ‘ser más’ en el esfuerzo creativo por ‘tener más’.”


En esas iniciativas de la pastoral diocesana, Wenceslao, de carácter apacible, de hablar poco y escuchar mucho, además de servicial y responsable, resultó ser un indispensable para la organización de la decena de cooperativas nucleadas en el Movimiento Rural, que le tocó coordinar. Su “liderazgo” no sobresalió por el discurso mediático, sino en garantizar el funcionamiento, hasta en los mínimos quehaceres, de una propuesta comunitaria que apuntaba a consolidar la propiedad cooperativa de la tierra. Para los opositores a la pastoral diocesana, el rol de Wenceslao fue más “peligroso”, porque no era un “dirigente” de figuración, sino un eficiente miembro del equipo organizador. Se trataba de un “hombre común”, igual que la mayoría de los “comunes”, que organizados ponían en riesgo los intereses de las minorías propietarias de latifundios, enriquecidas con mano de obra común y barata.


“Hay que romper las injusticias que se asientan en la propiedad de la tierra”, dijo el obispo Enrique Angelelli, en 1973. “Con la cooperativa en manos de los trabajadores, la tierra será realmente para quienes la trabajan” (Revista Esquiú). Wenceslao sumó su vida en esta lucha campesina. Los poderosos de la tierra no lo toleraron. Apelaron a la eliminación criminal. Abrevamos en la memoria de la comunidad martirial riojana, para fortalecer las luchas de hoy capaces de “romper las injusticias”. 

Vitín Baronetto, Córdoba, 25/julio/2026

Canción del grupo Filocalia inspirada en la vida de Wenceslao




Otras publicaciones del Beato y mártir Wenceslao Pedernera:






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sábado, 25 de julio de 2026

Meditamos el Evangelio del Domingo con Fray Emiliano Vanoli OP.



Lecturas del día: Primer Libro de los Reyes 3,5.7-12. Salmo 119(118),57.72.76-77.127-128.129-130. Carta de San Pablo a los Romanos 8,28-30.

Evangelio según San Mateo 13,44-52.

Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró."
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.
Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".

Homilía por Fray Emiliano Vanoli OP

Discernir el verdadero bien

Creemos, porque así nos lo revela la Palabra de Dios, que «todo contribuye al bien de los que aman a Dios» (Rom 8,28). Pero ¿cómo reconocer ese bien? ¿Cómo distinguir aquello que realmente conduce a la vida de lo que sólo promete felicidad de manera pasajera? Las lecturas de este domingo convergen en una misma enseñanza: si Dios dispone todas las cosas para nuestro bien, entonces la gracia que más necesitamos pedir es la prudencia para discernir su voluntad.

La primera lectura nos presenta a un joven Salomón al comienzo de su reinado. Dios le concede pedir lo que desee. ¿Qué habría pedido cualquiera de nosotros? ¿Más salud, más tiempo, más seguridad, más éxito? Salomón, en cambio, pide un corazón capaz de discernir entre el bien y el mal. No pide primero soluciones, sino sabiduría. Comprende que el mayor bien no consiste en obtener todo lo que deseamos, sino en aprender a querer aquello que Dios quiere. Por eso su oración agrada al Señor, porque quien conoce el verdadero bien ya ha encontrado el camino para alcanzar todos los demás.

El salmo prolonga esta enseñanza convirtiéndola en oración: «¡Cuánto amo tu ley, Señor!». El salmista ha descubierto que la voluntad de Dios no es un límite para la libertad, sino la luz que permite orientarla. La Palabra vale más que el oro y la plata porque nos enseña a juzgar la realidad con los ojos de Dios. ¿No es precisamente esta mirada la que tantas veces nos falta cuando debemos tomar decisiones importantes? Sin la luz de Dios fácilmente confundimos el bien con lo agradable, lo útil o lo inmediato.

San Pablo nos ofrece entonces el fundamento de toda esperanza: «Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman». El Apóstol no afirma que todo sea bueno ni que el sufrimiento deje de ser doloroso. Afirma algo mucho más profundo: que Dios gobierna la historia con una providencia capaz de conducir incluso aquello que hoy no comprendemos hacia nuestro bien definitivo. Pero precisamente porque creemos en esta providencia, no dejamos de discernir; al contrario, buscamos descubrir en cada circunstancia cuál es la voluntad de Dios, «lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (cf. Rom 12,2).

Finalmente, el Evangelio reúne tres parábolas que hablan del Reino de los cielos: el tesoro escondido, la perla de gran valor y la red echada al mar. En las dos primeras, todo depende de reconocer el verdadero valor de aquello que se ha encontrado. Sólo quien descubre el tesoro vende con alegría todo lo que posee. Sólo quien reconoce el valor de la perla renuncia a todo lo demás para adquirirla. El discernimiento cristiano consiste precisamente en esto: aprender a reconocer que el Reino de Dios es el bien supremo, el criterio que ordena todos los demás bienes de nuestra vida. Entonces también comprendemos la última parábola: al final será Dios quien manifieste plenamente el valor de cada elección y separe lo que permanece de lo que era sólo apariencia.

Pidamos hoy la gracia de un corazón prudente como el de Salomón. Si realmente creemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, entonces pidámosle también la luz para reconocer ese bien, la libertad para elegirlo y la fortaleza para permanecer en él, aun cuando el camino no coincida con nuestros propios cálculos. Sólo quien aprende a discernir según la sabiduría de Dios descubre, ya desde esta vida, el tesoro que nunca se pierde.


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domingo, 19 de julio de 2026

Meditamos el Evangelio del Domingo con Pbro. Diego Olivera


Lecturas del día: Libro de la Sabiduría 12,13.16-19. Salmo 86(85),5-6.9-10.15-16a. Carta de San Pablo a los Romanos 8,26-27.

Evangelio según San Mateo 13,24-43.

Jesús propuso a la gente otra parábola:

"El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: 'Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?'.
Él les respondió: 'Esto lo ha hecho algún enemigo'. Los peones replicaron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?'.
'No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'".
También les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".
Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña en el campo".
Él les respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno,
y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!"

Homilía por el Pbro. Diego Olivera

Las lecturas de este domingo nos invitan a mirar la realidad desde la mirada de Dios. Muchas veces nos preguntamos por qué Dios permite tantas injusticias o por qué no actúa de inmediato frente al mal. Pero tenemos que aceptar que vivimos en un mundo donde conviven el bien y el mal, la generosidad y el egoísmo, la verdad y la mentira.  La Palabra de Dios no responde con teorías, sino mostrándonos el corazón paciente y misericordioso del Padre.

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, nos revela que el verdadero poder de Dios no se manifiesta en la fuerza que aplasta, sino en la misericordia que espera. Dios es justo, pero también paciente. Da oportunidades para la conversión y nunca deja de creer en la posibilidad de que una persona cambie. ¡Qué distinto es este modo de actuar del nuestro! Nosotros muchas veces etiquetamos rápidamente a los demás, emitimos juicios apresurados y esto nos lleva a perder la esperanza cuando alguien nos decepciona. Dios, en cambio, es paciente y nos invita a vivir con esperanza todas las realidades de nuestra vida. Justamente el salmo de este domingo destaca estas actitudes de Dios: paciencia y misericordia.

San Pablo, en la carta a los Romanos, añade un motivo de esperanza. Reconoce que somos débiles y que muchas veces ni siquiera sabemos cómo orar. Sin embargo, el Espíritu Santo viene en nuestra ayuda e intercede por nosotros con gemidos inefables. Cuando sentimos que la fe se debilita, cuando las palabras no alcanzan o cuando el sufrimiento parece apagar la esperanza, Dios no nos abandona. Su Espíritu sigue actuando en lo profundo del corazón, sosteniéndonos aun cuando nosotros no percibimos su presencia.

En el Evangelio, Jesús presenta la parábola del trigo y la cizaña. Un enemigo siembra mala hierba en medio del trigo, y los servidores quieren arrancarla enseguida. Sin embargo, el dueño responde con una sabiduría sorprendente: «Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha». No se trata de resignarse al mal ni de justificarlo. Jesús nos enseña que el juicio definitivo le pertenece a Dios y que muchas veces nuestras miradas son demasiado limitadas para distinguir con claridad dónde termina el trigo y dónde comienza la cizaña.

       Cabe destacar que el trigo y la cizaña son muy similares en su primera etapa de crecimiento: tienen el mismo color verde, hojas y forma, lo que hace casi imposible distinguirlos a simple vista. El trigo Se vuelve de un tono amarillento y, debido al peso de su grano, en algunos casos la espiga se dobla hacia el suelo. La cizaña permanece de color verde, sus semillas son más pequeñas y se mantiene completamente erguida.

Por lo tanto, Jesús nos dice: “cuidado con querer cortar la cizaña y terminar cortando el trigo, no vaya a ser que lo que creemos que es cizaña, luego madure y se convierta en trigo”

Vivimos en una cultura donde se juzga con rapidez. Las redes sociales, los comentarios anónimos y las condenas inmediatas parecen haber reemplazado al diálogo y a la comprensión. Jesús propone un camino diferente: la paciencia, la misericordia y la confianza en la acción silenciosa de Dios. Esto no significa callar frente al mal o renunciar a buscar la justicia, sino recordar que ninguna persona puede reducirse a un solo error y que siempre existe la posibilidad de un nuevo comienzo.

Esta parábola también nos invita a mirar nuestro propio corazón, ya que a veces es fácil descubrir la cizaña en los demás: sus defectos, errores o incoherencias. El campo del Evangelio también somos nosotros, nuestros corazones. En cada persona conviven fortalezas y debilidades, fidelidades e infidelidades, momentos de generosidad y momentos de egoísmo. El Señor no deja de trabajar en nuestra vida para que el trigo crezca y dé fruto abundante.

Si Dios es paciente, tenemos que aprender a ser pacientes con nosotros mismos y con los demás, respetando los procesos personales y confiando en la Gracia de Dios sin querer aplicar nuestras fuerzas para cambiar una realidad o las actitudes de una persona.

También nosotros estamos llamados a sembrar el bien. Cada gesto de perdón, cada palabra de aliento, cada acto de servicio y cada decisión tomada desde el amor son semillas que el Señor hará crecer a su debido tiempo.

Frente a un mundo que tantas veces responde con violencia, división y descalificación, el cristiano está llamado a ser sembrador de esperanza. No podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos decidir qué sembramos cada día en nuestra familia, en el trabajo, en la comunidad y en nuestras relaciones. Al final, la cosecha será obra de Dios.

Pidámosle al Señor que nos conceda un corazón paciente, capaz de confiar en sus tiempos; un corazón humilde, que reconozca su propia necesidad de conversión; y un corazón lleno del Espíritu Santo, para que podamos ser trigo bueno en medio del mundo y dar frutos de amor, paz y misericordia.

Les propongo que esta semana pensemos la siguiente pregunta: "¿Estoy ayudando a que crezca el trigo o estoy alimentando la cizaña?". Luego te invito a realizar un gesto concreto de paciencia, reconciliación o misericordia

Dejá que Dios transforme primero tu propio corazón y confiá en que Él también sigue obrando en el corazón de los demás.

Feliz y bendecido domingo.

 

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