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martes, 28 de julio de 2026

El Mártir Wenceslao Pedernera y el cooperativismo


Wenceslao Pedernera, del Movimiento Rural, creado por el Obispo Angelelli en La Rioja, fue asesinado el 25 de julio de 1976 en la puerta de su casa. A 50 años, una recordación biográfica del dirigente campesino, que quedó integrado al martirio riojano junto al Obispo y los sacerdotes de Chamical.


WENCESLAO Y LA PROPIEDAD COOPERATIVA


El beato mártir Wenceslao Pedernera fue un buen padre de familia y vecino solidario en Sañogasta (La Rioja). Pero no lo asesinaron por eso. En el pueblo había otros buenos padres y vecinos. Toti Ortiz, uno de ellos, fue el que lo trasladó malherido hasta el hospital de Chilecito, donde murió el mismo 25 de julio de 1976, a la tarde. Varios más integraban la cooperativa en formación NECAS (Nuevas Esperanzas Campesinas Sanogasteñas), que impulsaba Wessen, como le decían en el Movimiento Rural Diocesano. Sus cualidades personales, sin duda, le ayudaron a ser una buena persona, tanto en la familia como en la vecindad. Pero eso no fue la motivación inmediata del crimen. El voto 1 de los Consultores Teológicos del Vaticano - en el 2018 - al reconocer el martirio señaló que “lo que decretaron su muerte” fueron “su participación en el Movimiento Rural Argentino y otras iniciativas parecidas”. Así también lo había informado el mismo obispo Angelelli a las autoridades episcopales dos días después, el 27 de julio de 1976: “A los 8 días del asesinato de los curas, me acaban de asesinar a un laico apostólico en Sañogasta”,…”dirigente laico de la Acción Católica Rural, (que) se radicó en Sañogasta para trabajar en un proyecto de cooperativa alentado por la Diócesis y ayudado financieramente en parte por Organismos Católicos europeos.”

Wenceslao, nacido y criado con sus padres y hermanos en el campo de San Luis, a los 20 años, después del servicio militar, se quedó en Mendoza y consiguió trabajo en la Bodega Gargantini, donde tuvo como capataz a Don Emiliano Cornejo. Al poco tiempo se puso de novio con su hija “Coca”, que necesitó la autorización del papá para casarse porque no había cumplido los 21 años. Wenceslao rehusó hacerlo por la Iglesia, pero Coca se impuso y el amor doblegó a Wenceslao. Y allí empezó otra etapa, también en lo religioso para Wenceslao. Su predisposición a la solidaridad que demostró al asumir la representación gremial de sus compañeros de trabajo en la bodega, se transformó en militancia campesina cuando con Coca pusieron su casa a disposición y se incorporaron al Movimiento Rural de la Acción Católica, invitados por Carlos Di Marco y Rafael Sifre.

A mediados de 1973 el matrimonio, ya con tres hijas, la menor de dos años, se radicaron en La Rioja, atraídos por la propuesta del Movimiento Rural Diocesano, que el Obispo Angelelli había creado el año anterior, luego de que el Episcopado argentino disolvió al Movimiento Rural de la Acción Católica y lo dejó librado a la iniciativa de cada obispo diocesano. En una realidad con “características marcadamente rurales”, Mons. Angelelli estableció entre los objetivos “acompañar al campesinado riojano en su proceso de liberación, entendida ésta a la luz del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia”. Y “ayudar a concretar realizaciones que signifiquen para el campesinado riojano ‘ser más’ en el esfuerzo creativo por ‘tener más’.”


En esas iniciativas de la pastoral diocesana, Wenceslao, de carácter apacible, de hablar poco y escuchar mucho, además de servicial y responsable, resultó ser un indispensable para la organización de la decena de cooperativas nucleadas en el Movimiento Rural, que le tocó coordinar. Su “liderazgo” no sobresalió por el discurso mediático, sino en garantizar el funcionamiento, hasta en los mínimos quehaceres, de una propuesta comunitaria que apuntaba a consolidar la propiedad cooperativa de la tierra. Para los opositores a la pastoral diocesana, el rol de Wenceslao fue más “peligroso”, porque no era un “dirigente” de figuración, sino un eficiente miembro del equipo organizador. Se trataba de un “hombre común”, igual que la mayoría de los “comunes”, que organizados ponían en riesgo los intereses de las minorías propietarias de latifundios, enriquecidas con mano de obra común y barata.


“Hay que romper las injusticias que se asientan en la propiedad de la tierra”, dijo el obispo Enrique Angelelli, en 1973. “Con la cooperativa en manos de los trabajadores, la tierra será realmente para quienes la trabajan” (Revista Esquiú). Wenceslao sumó su vida en esta lucha campesina. Los poderosos de la tierra no lo toleraron. Apelaron a la eliminación criminal. Abrevamos en la memoria de la comunidad martirial riojana, para fortalecer las luchas de hoy capaces de “romper las injusticias”. 

Vitín Baronetto, Córdoba, 25/julio/2026

Canción del grupo Filocalia inspirada en la vida de Wenceslao




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domingo, 2 de junio de 2024

"EL SACRAMENTO DE LO COTIDIANO" - Homilia de Corpus Christi Mons. Angelelli




Exodo 24,3-8. Salmo 116(115),12-13.15-16.17-18. Hebreos 9,11-15

Evangelio según San Marcos 14,12-16.22-26. 

El primer día de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?". El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: '¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?'. El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario". Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen, esto es mi Cuerpo". Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: "Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. 
Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios". Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos. 


EL SACRAMENTO DE LO COTIDIANO

Toda celebración con la Eucaristía, toda comunidad que la celebra, lleva consigo sus circunstancias de vida cotidiana y los signos de los momentos históricos en que vive. Es decir, que no celebramos esta Eucaristía, desconectada de la vida que a diario vivimos en las múltiples preocupaciones de cada día, ni desconectada como expresión de unidad y caridad, que como comunidad o pueblo debemos dar en las circunstancias históricas en que nos toca vivir.

Profundicemos un poco nuestra meditación en este día de Corpus. La Eucaristía es el Sacramento de lo cotidiano. Lo primero que recogemos de nuestra experiencia es el PAN, lo cotidiano es el pan, lo decimos diariamente: "el pan nuestro de cada día..." El pan se ha constituido como símbolo del cuerpo, del cuerpo viviente; de la vida del hombre. El pan alimenta; da vida. Por contraposición a la vida está la muerte; no solamente porque hay pan que alimenta la vida manteniéndola en su propia debilidad, en su dimensión débil y mortal, sino porque no alimenta "para la vida eterna". El maná es un ejemplo de ello; es necesario un pan que pudiera convertirse, mientras vivimos aquí en la tierra, en el tiempo, de errante en peregrino; un pan "espiritual"; un pan que alimente para la vida definitiva; que lleve hasta el encuentro con el Padre de los cielos. La misma consideración podemos hacer con el vino; es símbolo de fortalecimiento, de alegría. Hay vino viejo y vino nuevo, vino adulterado y vino lleno de espíritu; también como en el pan, hace falta un vino que fortalezca para la vida eterna.
Pan y vino, son símbolos del cuerpo y de la sangre; unidos constituyen al hombre viviente. Pero pan y vino pueden estar separados, significa en este estado, la sangre derramada y separada del cuerpo; pan y vino separados, se constituyen como símbolo de la muerte. El pan y el vino expresan, pues que el vivir y el morir tienen carácter de lo cotidiano. LO COTIDIANO es el cruce de la vida y la muerte; en otras palabras, el PASO de la vida a la muerte, pero lo cotidiano puede significarnos el paso de lo muerte a la vida, la vida rescatada por la muerte y en la muerte.
Siguiendo con el símbolo del pan, en lo cotidiano nos puede faltar el pan; la existencia siente entonces que está expuesta y amenazada por el hambre, la enfermedad y la muerte: desfallece el hombre; usando una imagen bíblica: a la vida se la compara con un banquete, el hombre viviendo participa del festín de la vida, en lo cotidiano hay quienes no participan o participan poco; el banquete en la biblia, implica una participación plena de la existencia, que le da el pan necesario para no desfallecer y el pan que nos dá la plenitud de la vida en Dios.




PAN Y TRABAJO

PAN Y TRABAJO: Significa el pan el acto de comer cotidianamente, está en relación con la actividad mediante la cual se obtiene el pan: EL TRABAJO, la vida se da como búsqueda y lucha diaria por el pan; supone el esfuerzo humano. De este modo el trabajo es incorporado a la intención fundamental de la vida, la intención de mantenerse, conservarse y perpetuarse; así adquiere dentro de esta intención un sentido y un gozo la vida; manifiesta el aspecto penoso, por otra parte, el aspecto penoso del vivir; ésto requiere el esfuerzo del trabajo, el desgaste de la labor diaria. Carácter, aún más penoso, cuando al hombre le falta el trabajo. Cuando al hombre no le es permitido luchar por la vida. Aquí lo cotidiano, se convierte en ausencia de pan y aparece la perspectiva de la muerte a través de la "experiencia" de la desocupación, que va más allá de la simple experiencia de no comer; accede el desocupado al sentimiento de marginación (no participación en el banquete de la vida) la erradicación de no tener lugar en la existencia a la amarga sensación de un mundo y de una sociedad que parece persuadirlo de que él está de "sobra".
Lo cotidiano es también el disfrute del trabajo y de los frutos obtenidos, disfrute que se traduce en el salario obtenido, en el acto de reponerse comiendo pan, de saciarse y quedar satisfecho, cada noche trae consigo el descanso; cada día adquiere una anticipación del domingo; cada día se anticipa algo del domingo; pero el tiempo diario del reposo puede verse amenazado por formas de muerte; quien no trabaja; quien no tiene para comer; quien no tiene ocupación para interrumpir, descansando, es invadido por la pre-ocupación; en un ocio que consiste en impotencia, esterilidad; le anula el reposo interior.

"PAN DE LA PALABRA" y "PAN DE LA EUCARISTIA"

Pero el pan no es solamente material que alimenta el cuerpo. En el lenguaje cristiano se habla del "PAN DE LA PALABRA" y del "PAN DE LA EUCARISTIA". Ambos están en íntima relación. La palabra, que es la sabiduría, la Fe es comida, es alimento; debe ser asimilada por el hombre; este pan implica, como el otro una búsqueda, un esfuerzo, un trabajo; una preparación esforzada: el aprendizaje. Hay que ser iniciado en la sabiduría de Dios hay que ser evangelizado y catequizado por la palabra de Dios. Y tiene un reposo; el alimento de la Fe lleva a la contemplación gozosa, reposo espiritual, convierte a la vida del hombre en una celebración dominical, una celebración de la vida que no acaba, que se realiza plenamente porque estamos unidos a la misma Vida que es Cristo. Como en el pan material, la carencia del pan de la Fe, de la palabra puede convertir lo cotidiano en formas de muerte por el, no tener acceso al saber, no captar el sentido de las cosas y de la vida, por considerar la historia como un cuento y no saber leer interiormente lo que Dios va construyendo.
El hombre no se logra con ser hijo (procreado) sino que requiere también ser discípulo.
Lo cotidiano es pan, o sea, el vivir. Pero vivir es una forma de estar con el "otro", vivir es convivir, vivir es ser solidarios. Así como el pan se lo come con otro, se lo recibe de otro, se lo come conversando con otro. Comer el pan es un acto de participación en el otro.
El trabajo, cuyo fruto es el pan, es trabajo con otros; con otros que ayudan y son ayudados; el trabajo es camaradería; es esfuerzo común; en él se complementan las fuerzas y los esfuerzos; nuestra vida moderna nos habla de la interdependencia de los hombres en el trabajo. Se trabaja para otros; para la esposa; los hijos; la nación; para el pobre; el necesitado; se trabaja para dar ; para integrar los hombres a un grupo; para lograr la comunidad entre los hombres.
También el reposo que es exigencia del trabajo, asume formas sociales; comunitarias. El domingo se dá como fiesta, como tertulia; como encuentro. Si el pan es el "otro" cuando falta el pan material o el pan espiritual sentimos la ausencia del otro, la falta de amistad, las diversas formas de las indiferencias, el odio. Aquí lo cotidiano aparece como soledad y aislamiento, la muerte cobra la forma de ruptura, desencuentro, egoísmos.

Hermanos y amigos, los hombres necesitamos darle sentido a todo eso que lo decimos con el concepto de los COTIDIANO. Cristo es el que le dá sentido a los cotidiano, que convierte la vida en una celebración, que pone en las manos del hombre el pan material y el Pan espiritual, para que los hombre sepamos convertirlo en comunión entre nosotros. El es la Palabra, el Pan descendido.
Esta conversión de lo cotidiano en celebración es lo que debe ser realizado a través de la historia a medida que avanzan los días, es realizar en lo cotidiano la experiencia de una existencia vivida en la Fe, la Esperanza y la Caridad; a través de una expresión hecha comunidad eclesial, visible y testimonial.




LA EUCARISTIA RENUEVA LA VIDA DE UNA COMUNIDAD

Es realizar la gran novedad traída por la Pascua del Señor, en esta Iglesia Local Riojana, que se reúne en torno al Pan Eucarístico; eucaristía que alimenta y construye la Iglesia Local. Así la vida de cada día es asumida festivamente, a través de la vivencia de las virtudes teologales, la vida se deberá ir dando como renovación, así creeremos que la vida vence a la muerte, así nace la esperanza, ahora se puede amar, sabiendo que el amor es más fuerte que la muerte. La Eucaristía se dá como expresión de vida cotidiana, como exigencia y dinamismo que convierte y renueva la vida de una comunidad, la gracia eucarística se ordena a mantener viva la celebración cotidiana de la existencia convertida por el Bautismo, en criatura nueva.
   
La Eucaristía simboliza que Cristo ya ha venido y resucitado, pero que El debe aún retornar; signo de anticipación que celebra que por la pascua se ha introducido la vida nueva en la historia, como principio de transformación real del mundo; la existencia humana está aún bajo la ley de la imperfección, del límite y de la muerte; que Cristo se ha encarnado en lo cotidiano y que los cristianos debemos asumir las formas de la vida cotidiana; que está ordenada a mantener una vida pascual puesta en riesgo por la vida de todos los días; expuesta a recaer en lo viejo; a hacer retornar al hombre a su antigua condición; sacramento de una vida que ha de ser cotidianamente rescatada de las cosas de cada día.

La Eucaristía construye la comunidad eclesial; reune las conciencias; las intercomunica y mueve a salir al encuentro de nuevas conciencias a quienes se comunique la experiencia de la Buena Nueva. La experiencia de la Palabra, de la Sabiduría; engendradora de caridad; el sentido del servicio a los demás; es la que nos empuja a la entrega a los demás, hasta el martirio, la que pone la vocación y las exigencias de seguir construyendo el Cuerpo de Cristo.

Mis hermanos, este año como el año pasado, la fiesta del Corpus está rodeada de tensiones y de acontecimientos dolorosos ante los cuales no nos es lícito ignorarlos o permanecer indiferentes.
Es la comunidad de los argentinos la que resquebraja, la fuerza, el miedo, el choque de generaciones, hechos que no dicen con una sociedad que se dice civilizada, nos debe llevar a todos a hacer una seria y profunda reflexión para analizar las causas que llevan a este estado de cosas, no seamos superficiales en nuestros juicios y opiniones, no nos quedemos en el hecho o en la anécdota, así no construiremos una comunidad de hombres libres, unida en la caridad de Cristo y expresión para nosotros los cristianos, en esta Eucaristía que celebramos, mientras un mundo se construye marginado del Evangelio, o por lo menos de la Iglesia. Revisemos nuestras actitudes cristianas como adultos y como jóvenes, si construyen un pueblo unido que sepa dar razones a las generaciones venideras de sus acciones y de su existencia. Dios nos está reclamando algo por medio de la juventud: en la juventud encontramos valores y contra-valores, la impaciencia de los jóvenes ¿no estará despertando nuestra somnolencia? La protesta de los jóvenes ¿no estará sacudiendo nuestro excesivo estatismo, es decir, nuestra resistencia a los cambios auténticos y verdaderos que hoy impone la sociedad y la misma Iglesia? La agresividad de los jóvenes ¿no estará alertando nuestro conformismo y nuestro aburguesamiento en la vida? El excesivo idealismo de los jóvenes ¿no estará llamando a un mayor realismo y testimonio de vida evangélicos?

Homilía de Mons. Angelelli 28 de mayo de 1970   (Celebración de de Corpus Christi) 


Fuente: Liturgia y Espiritualidad Dominica

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sábado, 25 de mayo de 2024

Meditamos el Evangelio de la Santisima Trinidad por Mons. Angelelli




Deuteronomio 4,32-34.39-40./ Salmo 33(32),4-5.6.9.18-19.20.22./ Romanos 8,14-17.

Evangelio del día según San Mateo 28,16-20.

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".


 Homilía de Monseñor Enrique Angelelli

 ¡Qué hermosas son las lecturas de esta fiesta de la Santísima Trinidad! Ellas nos deben ayudar a reflexionar con mucha sinceridad de corazón. 

Comienza por introducirnos así: “bendito sea Dios Padre y su Hijo Unigénito Jesucristo y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros los hombres. Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos y prolongues tus días en el suelo que el Señor tu Dios te da para siempre. (Deuteronomio 4, 39-40). Dichosa la Nación cuyo Dios es el Señor. Hermanos, alégrense y trabajen por perfeccionarse; anímense mutuamente; tengan un mismo sentir y vivan en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes. Salúdense mutuamente con un beso santo. Así la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre Dios y la comunión del Espíritu Santo estará siempre con ustedes.

Desde niños, hemos aprendido a confesar, invocar, adorar y bendecir a Dios, desde la mañana cuando despertamos hasta la noche antes de entregarnos al sueño y al descanso. Lo hacemos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y en el Nombre de la Santísima Trinidad bendecimos nuestros trabajos; nuestras obras al iniciarlas; nuestro pan de cada día; nuestros enfermos; nuestros niños; nuestros ancianos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo bautizamos a nuestros hijos; hacemos los testigos de la Fe cristiana en la Confirmación; perdona la Iglesia los pecados, por el poder recibido de Jesucristo y con la fuerza del Espíritu Santo; consagramos el amor de los nuevos hogares; celebramos la Eucaristía; ungimos a nuestros enfermos; despedimos a nuestros muertos. En el Nombre de la Santísima Trinidad tenemos modelos de vida santa e intercesores en el cielo, los santos; colocamos la cruz en cada cuna y en cada tumba; en el nombre de la Santísima Trinidad se fundó nuestra ciudad de todos los Santos de la Nueva Rioja; consagramos nuevos sacerdotes y consagran sus vidas nuestras hermanas religiosas; nuestros laicos asumen la responsabilidad de hacer una sociedad nueva según el Evangelio de Cristo. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, al señalar el rostro de cada hombre con las aguas bautismales y la unción del óleo santo reconocemos la dignidad de cada hombre, hecho a imagen de la Trinidad y templo vivo de Dios. En el nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo trabajamos para hacer de nuestra tierra una tierra de justicia y de paz; una tierra de hermanos y de esperanza; una tierra que haga felices a todos sus hijos. El sello de Dios está en cada hombre; no importa su raza, su manera de pensar y de vivir. En el nombre de Dios Padre fuimos creados para ser hermanos, hijos de un mismo Padre e iguales entre nosotros; así salimos de las manos de Dios, aun cuando no le reconozcamos ni alcancemos a distinguir su rostro en el rostro de los demás.

Es bueno que recordemos estas verdades fundamentales en el día de la Patria. Nos hace mucha falta. Porque podemos estar buscando con las palabras la ansiada paz, la justicia y la fraternidad y con las obras concretas de cada día no ser consecuentes. Es hora de profunda reflexión y de gran sinceridad ante Dios y ante nosotros mismos. Porque cuando a diario constatamos nuestra realidad, encontramos también que el Templo vivo de la Santísima Trinidad que es el hombre argentino, está profanado de muchas maneras y situaciones. Y recibimos el mandato de Cristo, que nos trajo la vida de Dios a los hombres: “vayan por todo el mundo; hagan discípulos en toda la tierra; bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enséñenles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que estoy con ustedes hasta el fin del mundo”. Esto nos hace exclamar: “Señor, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra” (Sal. 8). Todo esto que estamos reflexionando nos hace comprender mejor nuestra fe cristiana, nuestras celebraciones sacramentales; nuestros santos patronos; nuestro hambre y necesidad de paz, justicia, fraternidad, esperanza y alegría de vivir; la Iglesia; su misión y la pascua de Cristo que entrega a los hombres y la misma vida de los hombres, tiene como fundamento y como fuente de VIDA en plenitud, a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. San Pablo nos dice: “en Dios, existimos, nos movemos y somos”.

Monseñor Enrique Angelelli
Celebración de la Santísima Trinidad, 25 de mayo de 1975



Compartimos un fragmento de un poema de Monseñor Angelelli, que nos ayuda a rezar en este día:

¿Saben? lo aprendí junto al silencio...
Dios es Trino y es uno,
es vida de Tres y un encuentro...
aquí la historia es camino
y el hombre siempre un proyecto.

Y compartimos también una canción del grupo Filocalia, aquí escucharán el poema completo:



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domingo, 16 de julio de 2023

"ENRIQUE ANGELELLI CUMPLE 100 AÑOS" Vitín Baronetto

 


En los suburbios norte de la ciudad de Córdoba hace 100 años, el 18 de julio, nació Enrique Ángel. Así lo anotó en el Registro Civil su papá Juan Angelelli, italiano de 25 años. Aunque ese día hubo varios, este “gringuito” trascendió. Por su vida y por su muerte. 

El centenario nos provoca para volver al origen con referencias personales que lo encarnan en la historia cotidiana. Para contravenir lo escrito este cordobés, que vivió 53 años, festejó su nacimiento el 17 de julio. ¿Por qué un día antes?. La única razón documentada es que esa fecha quedó registrada en la parroquia Corazón de María de Alta Córdoba cuando el 30 de agosto lo bautizaron. Es probable que la joven Angelina, de 23 años, italiana de asidua práctica religiosa, - a diferencia de su marido que los domingos prefería jugar a las bochas con sus amigos, - haya elegido esa fecha o se hubiese acordado mejor del día y hora exacta del parto en esa oscura noche del invierno de 1923. Sin embargo Don Juan no dejó de anotar que había sido “el día de hoy (el 18) a la una hora…”. Horas antes o después, lo cierto también es que apenas cumplidos los 53, siendo obispo de La Rioja, el 19 de julio de 1976 mientras celebraba la misa a primera hora, recibió la terrible noticia de que en la noche del domingo 18 habían sido secuestrados sus dos sacerdotes de Chamical, Gabriel Longueville y Carlos Murias, que encontraron asesinados dos días después. Y algunos colaboradores recordaron que el obispo había comentado el enigmático mensaje recibido poco antes sobre “un regalito para su cumpleaños”. 

Esta familia de inmigrantes italianos de humilde condición social, radicada en una zona productora de hortalizas y alfa - en lo que hoy es barrio Las Margaritas - inscribió a su hijo Enrique en la Escuela Misiones, ubicada en la actual Mons. Pablo Cabrera casi esquina Granaderos, donde cursó hasta cuarto grado. Allí mismo la “señorita Pimpora”, Victoria Luque, lo preparó para la Primera Comunión que recibió en la capilla del Colegio del Huerto, en Caseros esquina Belgrano, en el centro de la Ciudad. Fue también la señorita Pimpora que favoreció la radicación de la familia en Villa Eucarística, al sur de la ciudad, donde Don Juan se encargó de la huerta del colegio de las Religiosas. Allí Enrique terminó la escuela primaria y meses antes de cumplir los quince años, en 1938 ingresó al Seminario. “Hicimos juntos los cinco años de latín, los años de humanidades – contó Héctor Bertaina, amigo hasta el último día – Enrique era un gran compañero, de carácter magnífico, servicial, alguna que otra vez, por allí se le salía de adentro el gringo. Un muchacho piadoso, serio en las cosas serias. En lo jovial, nadie le ganaba. Era un tipo fuera de serie. Angelelli no era un tipo brillante en los estudios, pero era un hombre constante. Muy concentrado en sus obligaciones, muy persistente.” También contó que fue él quien lo apodó “Canuto”, porque “le salían en la cabeza unos pelitos como los canutos de los pollos, antes que le salgan las plumas”. Desaparecidos los canutos pasó a ser el “Pelado”, pero aquel apodo sería usado por los amigos en la correspondencia confidencial poco antes de ser asesinado el 4 de agosto de 1976.
 
En 1943, antes de cumplir los 20 años, Enrique Angelelli inició los estudios de filosofía. El boletín Lauretano, publicación interna del Seminario de Loreto, reprodujo una foto a página completa del joven seminarista con sombrero blanco tomando mate y el epígrafe: “Angelelli no experimenta el alza del azúcar.” La cuota de humor reflejaba la grave situación que atravesaba el país. Lo sorprendente, sin embargo, fue la inusual referencia política del mes de junio: “Un movimiento militar derroca en la Capital Federal el gobierno que preside el doctor Castillo, y en una proclama al pueblo, esboza un programa de sanos principios y depuración administrativa entre cuyos postulados se incluye la educación cristiana de la niñez”. ¡Y eso que se decía que la política no entraba en los claustros del seminario donde se formaban los futuros sacerdotes! 

Al año siguiente, el seminarista Angelelli integró el equipo de catequesis en la capillita del Asilo San Vicente, donde ahora está la parroquia de barrio Muller a cargo del padre Mariano Oberlin. Allí se perfiló su opción por los pobres. Por esta época debe rastrearse su preferencia futbolera por Instituto, la “Gloria” de Alta Córdoba, cuando ya sus padres se habían radicado en la calle Isabel La Católica en ese barrio. Desde La Rioja siguió de cerca las posiciones del equipo favorito y bregó por su “derecho a ser campeones”. 

En 1947 el Boletín anual anunció: “A Angelelli lo abandona la última pelusa de la calva”. Y al reseñar las vacaciones en la Casa de Los Molinos, en las sierras cordobesas, informaba de “un atraco de empanadas mendocinas”. Y señaló la posible autoría del hecho al agregar que “la luna cuerpeando la nube rebotó en la calva de Enriquito y la mochila de Disandro”, por la notoria corcova de éste. Más allá de estas incursiones nocturnas de los meses vacacionales, la contracción al estudio quedó reflejada en el libro de exámenes. De las veintinueve materias cursadas en filosofía y teología, en veintidós obtuvo la calificación máxima de “meritissimus”. 

Mons. Angelelli con sus padres



En septiembre de 1948 viajó a Roma para completar sus estudios. El 9 de octubre de 1949 fue ordenado Sacerdote. Y en septiembre de 1951 regresó al país luego de obtener la licenciatura en Derecho Canónico. Estuvo de ayudante en la parroquia de Alto Alberdi; y atendió a los enfermos del Hospital Clínicas. En 1953 fue designado en la capilla Cristo Obrero. Desde entonces fue asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC) y docente en el Seminario Mayor. Fue consagrado Obispo Auxiliar de Córdoba en 1961. Participó del Concilio Ecuménico en Roma (1962-1965) y cumplió responsabilidades en el Episcopado Argentino referidas a la Pastoral Popular. En 1968 asumió el obispado de La Rioja. 

Mons. Angelelli en la Catedral de La Rioja


El diario vespertino “Córdoba” al anunciar el nuevo destino publicó “en la actualidad es considerado una de las figuras eclesiásticas de real gravitación en los medios obreros y gremiales”. Y relató “la serie de demostraciones de simpatía y afecto, en despedidas y agasajos, sobre todo de organizaciones sindicales y sectores progresistas”. A La Rioja no fue un cordobés desconocido. 

Luis “Vitín” Baronetto, Córdoba, 10/07/2023. Autor de “Vida y Martirio de Mons. Angelelli”, Ed. Tiempo Latinoamericano, 2da edición, 2006.


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domingo, 1 de enero de 2023

Tinkunaco 1973 - Mons. Angelelli



En la diócesis de La Rioja se celebra cada 31 de diciembre "El Tinkunaco" (voz quechua que significa "encuentro"), esta celebración se extiende hasta el 3 de enero. En esta fiesta, se reviven los acontecimientos sucedidos en la Pascua de 1593: cuando los diaguitas, agobiados por insufribles tratamientos impartidos por los españoles, no soportaron más su trato y resolvieron atacar la ciudad. Ante esta situación intervino San Francisco Solano, quién logró restablecer la paz yendo al encuentro de los aborígenes mientras tocaba su violín, y llevaba una imagen del niño Jesús, a quien los diaguitas reconocieron como su único alcalde. A partir de entonces, la imagen fue conocida como la imagen del Niño Jesús Alcalde.-

A continuación compartimos fragmentos del mensaje de Monseñor Angelelli, proclamado el 1 de enero de 1973, estas palabras nos ayudaran a profundizar en la mística de esta celebración tan querida por el pueblo riojano:

"Lo guardamos como un tesoro de la tradición al “ENCUENTRO” de San Nicolás y el Niño Alcalde. No podemos comprender nuestra historia riojana ni la vida cultural y religiosa de nuestro pueblo, si no lo miramos desde el “Encuentro”, en el entendemos el alma riojana, sus aspiraciones, sus alegrías y sus frustraciones. Reducir el “Encuentro” a un simple rito religioso folclórico, que se celebra cada 31 de Diciembre, con su colorido, su Tinkunaco, sus Allis, sus Alféreces y sus promesantes, es no comprender ni haber comprendido todo lo que contiene de sabor humano nuestro, riojano y cristiano." 

"En cada "ENCUENTRO" nos manifestamos como somos, lo que hemos logrado como pueblo y lo que aún nos falta. El canto lleno de esperanza y a la vez dolorido en la Caja del Inca, es un grito que cada año se repite, para que tomemos conciencia mayor, de que aún a nuestro pueblo riojano nos falta caminar mucho para lograr el verdadero “encuentro” de todos." 

"Hemos doblado las rodillas ante el Cristo Alcalde para confesar nuestra fe cristiana que debe traducirse en la vida, en el compromiso y en el servicio fraternal. Confesamos nuestra propia debilidad cada año para lograr mejorar este encuentro riojano sin que se nos quede nadie ni despreciemos a nadie."

"El “ENCUENTRO” es presentar en riojano la Navidad y el Niño del Pesebre. Es la celebración de la vida en cada pesebre de nuestra provincia, con su música, su canto, su aloja. Negar esto, desconocerlo o despreciarlo, es ser infieles a Dios, a nuestra propia identidad como pueblo, es no haber comprendido cómo viene tejiendo Dios nuestra historia de liberación y salvación en nuestra propia historia."

"En el "ENCUENTRO" tiene sentido todo lo que hicieron y hacen tantas mujeres y hombres por engrandecer y hacer feliz a La Rioja. Aquí tiene sentido nuestra Fe cristiana, nuestras chayas, nuestra historia regada con sangre, nuestras peregrinaciones de promesantes, nuestro canto y nuestra música, la lucha por sacar el agua a las entrañas de nuestra tierra, la lucha por lograr una vida más humana y digna para todos. Aquí tiene sentido el clamor de los pobres y el esfuerzo por cambiarle su dolor en felicidad, su tristeza en alegría, su rancho en casa digna, sus manos sin emplear en manos que construyen y trabajan."

"En el "ENCUENTRO", tiene sentido esta celebración patronal a San Nicolás, en quien descubrimos a un verdadero cristiano y a un pastor y obispo entregado a su pueblo, a un santo y a un intercesor nuestro, a un enamorado de Cristo, como ideal de la vida, y a un mártir del Evangelio. A un santo que derramó su sangre para que su pueblo viviera el “ENCUENTRO” de Dios y entre hermanos."



"No se construye el “Encuentro” con el silenciamiento del dolor de nuestro pueblo y no atacar las causas que lo provocan, a pesar de laudables esfuerzos que se vienen haciendo para solucionar problemas urgentes e inmediatos, no se construye la paz. Tampoco se construye la paz pretendiendo reducir a la misión de la Iglesia al sólo ámbito del templo, ni que oriente su misión en perimidos principios liberales o en principios materialistas que nieguen la trascendencia del hombre."

"No se construye la Paz y por tanto el verdadero Encuentro cuando el poder civil o grupos que se arrogan el magisterio de la verdad infalible desconocen la verdadera misión de la Iglesia, rompen la comunión con ella y usan toda clase de medios que les da el indebido ejercicio del poder, en sus variadas formas, para desprestigiarla y separarla de su pueblo."


Estas imágenes diseñadas por Carlos Nieto Moreira, fraile mercedario, también son párrafos de este mensaje de Mons. Angelelli. Muchas Gracias Charly por tu colaboración










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Feliz y bendecido 2023!!!

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viernes, 19 de agosto de 2022

"El 5° mártir de La Rioja" - Beato Gregorio Martos Muñoz, presbítero y mártir (1908-1936)

Esta reliquia se encuentra en la
Pquia. Sagrado Corazón de Jesús
(Chilecito - La Rioja)

Hoy celebramos la fiesta del Beato Gregorio Martos Muñoz, “el quinto mártir de La Rioja”, decido llamarlo el quinto mártir en relación a los beatos mártires que entregaron su vida en tierra riojana: Mons. Enrique Angelelli, P. Gabriel Longueville, Fr. Carlos de Dios Muris, OFM y el laico Wenceslao Pedernera, estos cuatro son más conocidos y su beatificación tuvo gran resonancia en Argentina, como así también en otros países.

Sin embargo Gregorio fue asesinado en el año 1936, cuando tenía 28 años y  beatificado (2017) antes que los cuatro ya mencionados, pero se empezó a conocer su historia hace muy pocos años atrás. Cabe destacar que a esta lista de beatos se suma la venerable Sor Leonor de Santa María Ocampo (quién nació en Fátima - La Rioja)

Gregorio nació en la provincia de La Rioja, Argentina y allí recibió los sacramentos de iniciación cristiana. A continuación podrán leer su apasionante vida y su testimonio de una fuerte confianza en Dios.

 

Sus primeros años vivió en La Rioja

Nació en Chilecito (La Rioja - Argentina) el 3 de abril de 1908, 9 días después recibió el sacramento del Bautismo en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, (actual santuario de Santa Rita). Hijo de Don Agustín Martos, de nacionalidad española y de Doña Josefa Muñoz, de la misma nacionalidad, domiciliados en Anguinán. Su padrino fue Don Gregorio Juárez y la madrina Doña Catalina O. de Juárez. Trece meses después, más precisamente el 20 de mayo de 1909 (día de La Rioja) recibió el sacramento de la Confirmación en la capilla de Aguinán - Chilecito, este sacramento fue administrado por Monseñor Abel Bazán y Bustos (oriundo de Tama – La Rioja) – (Leer: 150 AÑOS DEL NACIMIENTO DE MONSEÑOR ABEL BAZÁN Y BUSTOS)

Acta de Bautismo del Beato Gregorio Martos Muñoz

Gregorio viaja a la tierra de sus padres

La familia Martos Muñoz retornó a España, estableciéndose en el pueblo llamado Válor, tierra en la que los progenitores habían nacido. El retorno a la patria tuvo lugar, cuando el pequeño Gregorio tenia diez años. Al cumplir los doce año, dirigía la siguiente carta al vicario capitular de la diócesis  en la que expresaba su deseo de ingresar en el Seminario:

"Ilustrísimo Señor Vicario Capitular, Sede Vacante, del Arzobispado de Granada.

Gregorio Martos Muñoz, natural de Chilecito, provincia de La Rioja y Obispado de Córdoba, en la República Argentina y de Válor, Provincia y Arzobispado de Granada, de doce años de edad; hijo legítimo de Agustín Martos y de Josefa Muñoz López; deseando ingresar en calidad de alumno interno en el Pontificio y Real Seminario de su digno cargo, ruega a Usía Ilustrísima se digne concederle plaza en dicho centro docente en el próximo curso de mil novecientos veinte y uno a mil novecientos veinte y dos. 

Gracia, Ilustrísimo Señor, que espera obtener de la reconocida bondad de Usía, cuya vida guarde Dios muchos años. Válor, 20 de Septiembre de mil novecientos veinte y uno. 

Gregorio Martos”.

El sacerdote, a cuya feligresía pertenecía el candidato, daba fe de la buena conducta de su pequeño feligrés, para que pudiese ser admitido en el Seminario, con una carta (se puede leer aquí)

Ingresó al seminario

En el libro 13, folio 103 del archivo del seminario de san Cecilio consta el ingreso de Gregorio al seminario (se puede leer aquí)

En el curso académico 1921 -1922, con 13 años, Gregorio iniciaba el estudio de la lengua Latina y de las Humanidades, que debería prolongarse a lo largo de cuatro años. El estudio de la Filosofía lo cursó por un espacio de tres cursos. Concluidos los cursos de Filosofía, el joven seminarista comenzó el estudio de la Teología, que se prolongaría por otros cuatro años. Cuando Gregorio se encontraba estudiando el cuarto curso de Teología, el 14 de Abril de 1931, tuvo lugar la implantación de la II República en España, y con su instauración llegaría la persecución religiosa en la que él con otros 36 sacerdotes granadinos, recibirían la corona del martirio. En el último curso académico, el futuro mártir obtuvo el premio, que consistía en un pergamino que se le otorgaba al alumno que más se hubiera destacado por sus calificaciones escolares.

Sagradas Órdenes y ministerio sacerdotal

El día 18 de Diciembre, día de la Virgen de la Esperanza de 1931, recibía la primera clerical Tonsura; las cuatro Ordenes Menores: Ostiario, Lector, Exorcista y Acólito le fueron conferidas el siguiente día. El 12 de marzo de 1932 fue ordenado de Subdiácono; el sacramento del Diaconado le fue otorgado el 17 de abril del mismo año.

El día 3 de mayo de 1932, día de la Santa Cruz, el seminarista diácono solicitaba la Sagrada Orden del Presbiterado. La referida solicitud está redactada en el idioma latino, y traducida al castellano (se puede leer en la biografía más extensa)

El 21 de mayo de 1932, el maestro de ceremonias pronunciaba su nombre y Gregorio se acercó al altar del Señor para recibir el sacramento del Orden Sacerdotal, por la imposición de las manos del Obispo oficiante, el tono de su respuesta fue enérgico y decidido; lo expresó en lengua latina, diciendo: "Adsum” que significa "Aquí estoy". Como contestó Jesús a la llamada del Padre: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad".

La primera Misa solemne del neopresbítero tuvo lugar en la iglesia de Válor, su pueblo de adopción, el día 19 de junio.

Pocos días después de su ordenación como Presbítero diocesano de la Iglesia de Granada, el neosacerdote recibía el único nombramiento de su ministerio sacerdotal y trabajo pastoral, que sólo podría desempeñar por el corto periodo de cuatro años; le fue encomendado, como Cura Encargado, el cuidado espiritual del pequeño y pobre pueblo entonces de El Ejido. Pronto se dedico a socorrer al prójimo, vivía con austeridad y rechazó la herencia paterna. 

“Era piadoso y buen cristiano; en esto se imitaba a mi madre, que era una santa. Celebraba misa, predicaba, daba catequesis, todos los días rezaba el rosario” (Testimonio de uno de los hermanos de Gregorio)

Otros testimonios afirmaron:

“Era de carácter afable y cariñoso. Amaba a los niños, visitaba a los enfermos y ancianos y se desvivía por los pobres”

“Su generosidad y pobreza se muestra en el hecho de que cuando el padre repartió los bienes como herencia, entre sus hijos, Gregorio renunció a su lote en favor de sus hermanos”

"Cuando bautizaba o casaba a algún hijo de familia que no tenía medios, él nunca cobraba nada. En una ocasión bautizó al hijo de una familia gitana y se marcharon muy contentos porque, además de no cobrarle, les invitó a desayunar." (Testimonio de su hermana Dolores)

El Martirio

A las once de la mañana del día 21 del caluroso julio de 1936, un grupo de milicianos se presentaron en la casa rectoral en busca del P. Gregorio. Llegaban con la orden de detener al cura; lo había decidido el alcalde pedáneo del pequeño pueblo, anexo del municipio de Dalías, a donde fue conducido el joven sacerdote junto a otras dos personas. Veinticuatro horas permaneció encarcelado en la prisión municipal; pasadas las cuales, los trasladaron a la cárcel de la ciudad de Berja. Varias veces fue conducido ante el tribunal del comité revolucionario que lo juzgaba. El crimen del que se le acusaba no era otro que el de anunciar el Evangelio.

El pobre párroco de "El Ejido", prisionero por Cristo, elevaba sus oraciones, y exhortaba a sus dos compañeros de prisión, para que también ellos hicieran lo mismo. Como los jueces no encontraron culpa alguna, lo pusieron en libertad, aunque vigilada. Esto sucedió el 7 de agosto. El 12 de agosto, unos milicianos del Campo de Dalías llegaron al hotel, preguntando por el cura. Los dueños de la pensión que sentían gran aprecio por el sacerdote, le avisaron que se escondiera; y tras la marcha de los siniestros hombres, le indicaron el camino que debía seguir para evadirse. El pobre fugitivo, desconocedor del terreno, tuvo la mala fortuna, de dar con otros milicianos, que se encontraban de centinelas en la salida del pueblo; logró que le permitieran continuar su camino, y ya pensaba que había sido favorecido por la fortuna, cuando una mujer se encaró con los guardianes, diciéndoles a voces: que le detuvieran, ya que aquel hombre era un elemento peligroso y subversivo; que si no eran capaces de retenerlo y entregarlo al comité popular, lo haría ella misma, y lo fusilaría, si ellos no tenían valor para hacerlo. 

Los vigilantes, hostigados por la denunciante, le obligaron a detenerse y lo condujeron al comité de Berja; los dirigentes de la referida junta, al enterarse de que el delatado era el cura de El Ejido, lo remitieron al comité de dicho pueblo. Una semana permaneció en la cárcel, donde sufrió vejaciones y agravios continuos. La iglesia que él tanto cuidaba, en donde había celebrado la Eucaristía durante los cuatro años de su ministerio, había sido incendiada, igual que la casa rectoral con su archivo parroquial. Fue conducido allí por sus guardianes, para que pudiese contemplar aquella semejante obra que los enemigos de la Iglesia acababan de perpetrar. Y de sus ojos brotaron abundantes lágrimas, al contemplar los retablos y altares derribados, deformes y medio carbonizadas las estatuas de Cristo, de la Virgen y de los santos, y profanado el Sagrario.


Los milicianos se ensañaron, haciéndole cargar y descargar camiones: de mercancías unas veces, de arena o de estiércol otras. Una interminable semana duraron aquellas burlas y escarnios. En la noche del 19 de agosto, junto a los otros dos compañeros de cárcel y sufrimiento, fueron conducidos en un camión a la Albufera de Adra. Se prepararon los verdugos para el fusilamiento de los presos. El sacerdote pidió que le concedieran unos momentos para dar la absolución sacramental a sus compañeros. "Ego te absolvo"... (yo te perdono, les dijo), mientras él pedía clemencia al Señor por sus culpas y pecados, perdonando también a quienes le estaban causando tanto sufrimiento y tan grande daño. Murió perdonando a sus asesinos

Algunos testigos afirmaron que antes de morir, Gregorio tuvo la valentía de tragarse una medalla de la virgen María, antes de consentir pisotearla como querían sus asesinos.

Luego se escucharon los disparos y los tres se desplomaron.

Su hermana relato: « Mi madre nos pidió a todos los hermanos que no tomáramos venganza por la muerte de mi hermano, que había que aceptarlo con paciencia porque Dios lo había permitido así. »

La vida del P. Gregorio Martos Muñoz fue corta en años: veintiocho solamente; pero rica y abundante en buenas obras.

Al terminar la guerra, y tenerse noticias de dónde se encontraban enterrados sus restos mortales, el día 11 de Agosto de 1939, una vez obtenido el permiso de las autoridades de Adra, fue exhumado su cadáver y conducido al pueblo de Válor, dándosele sepultura junto a sus otros compañeros sacerdotes. - Entre los dientes del siervo de Dios fue encontrada una medalla de la virgen María.-

Declaración de Martirio (Causa Canónica)

El estudio de esta Causa de los Mártires de Almería se inició en la fase diocesana el martes santo 11 de abril de 1995 en la Catedral de Almería. Esta etapa concluyó el 21 de mayo de 1998 (Declararon más de 500 testigos)

La documentación fue enviada a la Congregación para las Causas de los Santos, el 26 de febrero de 1999 se decretó la validez de la instrucción diocesana y en julio de 2003 se entregó la "Positio" documento que recoge los datos obtenidos por una investigación diocesana sobre las virtudes heroicas de un candidato).

El 14 de junio del año 2016, el santo padre Francisco aprobó la promulgación del decreto de beatificación de los 115 mártires de Almeria. Integran el grupo 20 laicos (18 hombres jóvenes o padres de familia y dos mujeres, una de ellas de etnia gitana), además de 95 sacerdotes, de ellos 92 diocesanos, 1 franciscano y 2 operarios diocesanos (entre ellos se encuentra Gregorio Martos Muñoz). 

La beatificación se celebró el 25 de marzo de 2017, solemnidad de la Anunciación del Señor, reconociéndolos como mártires por odio a la fe.


"El martirio es el triunfo del amor sobre el odio, la victoria de la justicia de Dios sobre la injusticia de los hombres, sobre el quebrantamiento de sus mandamientos, sobre la violencia fratricida. Los mártires dieron su vida manteniendo su fidelidad a aquel en quien habían creído y en quien habían depositado su esperanza y al que amaban por encima de todo, y hoy la Iglesia los presenta como ejemplo altísimo de amor generoso y perdón que reconcilia y aúna, congregando a cuantos se sienten no sólo impactados, sino atraídos por el valor y la fuerza humanizadora que tiene su testimonio en favor de la verdad hasta la muerte." (palabras pronunciadas por Mons. Adolfo González Monte, el día de la beatificación)




El 5 de noviembre del año 2018, los restos del beato Gregorio Martos Muñoz
fueron traslados a la parroquia San José de Válor - España,
junto a otros 5  sacerdotes mártires también de la guerra civil española


Fiesta en la diócesis de La Rioja

El 10 de agosto del año 2017, la congregación para el culto y la disciplina de los sacramentos envió una carta a Mons. Marcelo Colombo (en ese momento, obispo de la diócesis de La Rioja) anexando el decreto de inserción de la fiesta del Beato Gregorio Martos Muñoz, presbítero y mártir en el calendario litúrgico de la diócesis de La Rioja, y también la aprobación de los textos litúrgicos propios en lengua latina y española. Su fiesta se celebra el 19 de agosto, día de su asesinato.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que diste al Beato Gregorio, presbítero, la gracia de luchar hasta la muerte por practicar tu justicia; concédenos, en virtud de sus ruegos, soportar por tu amor todas las adversidades y caminar con valentía hacia ti, que eres la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

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Por la providencia de Dios podríamos decir que la diócesis de La Rioja celebra el mes de los mártires o el mes de la santidad, comenzando el 17 de julio con la fiesta liturgica de Mons. Angelelli y compañeros mártires. Luego se recuerda el asesinato de cada uno de ellos: 18 de Julio (P.  Gabriel Longueville y Fr. Carlos de Dios Murias), 25 de julio (Wenceslao Pedernera) y 4 de agosto (Mons. Angelelli). 

El 15 de agosto se recuerda el nacimiento de la Venerable Sor Leonor de Santa María Ocampo (quien nació en Famatina - La Rioja) y el 19 de agosto se celebra la fiesta del Beato Gregorio Martos Muñoz, presbítero y mártir.

Nuevamente afirmo lo que escribí en la publicación de la venerable Sor Leonor de Santa María Ocampo; el nombre elegido por el fundador de esta provincia, hoy resuena como una profecía que se va confirmando: “El 20 de mayo, del año 1591, don Juan Ramírez de Velasco fundó la Ciudad de Todos los Santos de La Nueva Rioja”

Agradezco a Mons. Dante Braida, obispo de la diócesis de La Rioja y al Pbro. Jorge Hilal, párroco de la parroquia Sagrado Corazón (Chilecito – La Rioja) por haberme brindado información para realizar esta publicación.

Autor: Diego Olivera

 

Fuentes: 

Diócesis de Almeria 

Arquidiócesis de Granada 

Diócesis de La Rioja

Oficina de Información de los obispos del sur de España



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