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viernes, 1 de diciembre de 2023

Llamados a la santidad en Adviento…




En el ajetreado movimiento constante de la vida cotidiana, especialmente llegando a fin de año, nos empezamos a preparar para celebrar el nacimiento de Jesús. Comenzamos a transitar el tiempo de adviento, tiempo donde iniciamos la preparación de nuestro corazón para la llegada de Jesús. Junto a Santo Domingo te invitamos a pausar por un ratito el ajetreo cotidiano y tomarte un tiempo para reflexionar y comenzar a preparar el corazón. 

Antes de empezar ¿conoces a Domingo de Guzmán?...Santo Domingo de Guzmán nació en Caleruega, España. Sacerdote que fundó la Orden de Predicadores, conocida como los Dominicos, con el fin de predicar el Evangelio y trabajar por la salvación de las almas. Domingo fue un ferviente predicador, durante el día hablaba a los hombres de Dios y de noche hablaba a Dios de los hombres. Un gran ejemplo de santidad.

El adviento, es tiempo de preparación y reflexión, un momento que nos hace recordar que la santidad no es solo para los santos del pasado, sino un llamado actual y para todos.

Este tiempo nos invita a darnos un tiempo para reflexionar sobre nuestra vida espiritual, a llevar la mirada hacia el interior y así preparar el corazón para la llegada de Jesús.

Siguiendo el modo de Domingo, podemos usar este tiempo para profundizar nuestro vínculo con Dios y comprometernos con la búsqueda de la santidad. La oración, el estudio, la predicación, los sacrificios y la caridad son modos que preparan nuestro corazón y nos acercan a la santidad.

La oración, para Domingo, era la base, y trascendía el mero acto ritual; era una conexión íntima con lo divino. Consideraba la vida de oración constante y profunda como el medio para potenciar virtudes y acercarse cada vez más a la perfección divina. En la contemplación, buscamos la guía divina, convirtiendo la oración en un sendero de transformación interior.

El estudio ocupaba un lugar fundamental en la visión de Domingo sobre la santidad. Para él, el conocimiento profundo de la fe fortalecía la relación con Dios y proporcionaba las herramientas necesarias para predicar con eficacia. Así, la formación se convertía en una vía para la santificación personal y para la difusión de la fe a través de la evangelización, como los nutrientes esenciales que alimentan el crecimiento de las plantas.

La predicación, Domingo se destacó por sus habilidades para comunicar el Evangelio, siguiendo su ejemplo en este tiempo pensemos cómo compartir con otros nuestra fe. Desde nuestra experiencia, siendo auténticos testigos de las acciones diarias, en el sentido de compartir la Buena Nueva. 

La caridad y el servicio desinteresado se convirtieron en expresiones tangibles de la predicación, manifestando la presencia de Dios en la vida diaria, llevando consuelo y esperanza a quienes más lo necesitaban, como la lluvia que nutre la tierra sedienta.

Domingo vio que esto no podemos hacerlo solos por eso entendió la importancia de la comunidad y motivó la vida en comunidad para ayudar y fortalecer la búsqueda de santidad.

El adviento es un tiempo especialmente valioso donde podemos compartir experiencias y metas espirituales con otros fortaleciendo así el viaje hacia la santidad. 

Domingo, a través de su vida de oración, predicación y servicio, nos deja un ejemplo valioso de búsqueda de santidad, por eso, te propongo para este adviento a realizar actos concretos de servicio y caridad, a poner la fe en acción, a amar y servir a los demás.

Que este adviento, sea un tiempo de crecimiento espiritual, de compartir comunitario y de preparación para recibir a Jesús. 

Cariños Maru.

Redacción: Maru Rodríguez 


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jueves, 23 de diciembre de 2021

La alegría del pesebre




¿Por qué la navidad ya no se siente cómo antes? Fue una pregunta que me surgió al reflexionar sobre el verdadero sentido de esta festividad. La navidad es uno de mis días favoritos, y me di cuenta de que en los último años parece que existe una sensación colectiva de que la navidad es un día más, donde la importancia la ponemos en la cantidad de regalos que recibimos y todo termina ahí. ¿Por qué? Es como si el mundo siguiera de forma automática y no nos diéramos el espacio para detenernos a mirar el misterio que ocurrió en un pesebre de Belén.

Las respuestas a esta pregunta fueron varias, podemos considerar que las condiciones que hemos atravesado como humanidad en estos últimos tiempos, pueden llegar a ser desalentadoras. Una pandemia, el estar lejos de nuestros seres queridos y tantas pérdidas que han ocurrido en los últimos años nos hacen sentir que ya no hay nada que celebrar, o nos preguntamos: ¿Para qué?

La tristeza definitivamente nos aparta la mirada del propósito de la navidad: Jesús. Nos encontramos ensimismados en los problemas, frustraciones y carencias olvidando que Dios al hacerse humano nació en la simpleza.


El nacimiento de Jesús es un recordatorio de amor y esperanza que se renueva cada año, incluso cuando pasamos por épocas difíciles. Que bonito sería si supiéramos aferrarnos a ese pesebre que aunque fue sencillo y humilde, alojó a la familia sagrada de Nazaret. 

Recordar cada año que Jesús se hizo (y sigue haciéndose) chiquito para venir en medio de nosotros, por amor, debería ser la razón fundamental para que nuestros corazones se llenen de gozo; pues si vemos las escrituras, desde el primer encuentro de Dios con María a través del ángel Gabriel hay una exhortación a la alegría “Alégrate, llena eres de Gracia”. 

Esa misma alegría fue transmitida a los pastores al recibir el mensaje del ángel «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor» (Lucas 2:10)
 
Hoy, Dios nos habla como a María y a los pastores, invitándonos a confiar y a llenarnos de gozo por la llegada del Mesías, pues «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor. El gran gozo anunciado por el ángel, la noche de Navidad, lo será de verdad para todo el pueblo, tanto para el de Israel que esperaba con ansia un Salvador, como para el pueblo innumerable de todos aquellos que, en el correr de los tiempos, acogerán su mensaje y se esforzarán por vivirlo.» - (Pablo VI, Exhort. Ap. Gaudete in Domino), quién conoce a Dios no debería alojar la tristeza en su corazón por mucho tiempo.

Ojalá que este año puedas contemplar el pesebre que es tu vida, desviar la mirada de aquello que nos roba la alegría y descubrir gozo en el misterio del nacimiento de Jesús, como un acontecimiento importantísimo que cambió el rumbo de la historia de la humanidad, desde lo simple y humilde para enaltecer al Salvador.

Te invito a pedirle a Dios que renueve tu alegría y tu esperanza con esta canción:




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jueves, 3 de diciembre de 2020

La voz del profeta de la Esperanza - Cardenal Eduardo Pironio



Hoy celebramos el centenario del natalacio del Cardenal Eduardo Pironio, siervo de Dios; conocido también como el profeta de la Esperanza, cuanto bien nos hace recordar en este tiempo de pandemia y de incertidumbre a un hombre que predicaba la Esperanza y la Alegría como fruto de la Pascua de Cristo.

EDUARDO FRANCISCO PIRONIO (Breve biografía)

Nació el 3 de diciembre de 1920 en nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, Argentina, fue ordenado sacerdote el 5 de diciembre de 1943; fue nombrado Obispo Auxiliar de La Plata en 1964 y Obispo de Mar del Plata en 1972. De 1968 a 1975 fue Secretario General y luego Presidente de la Conferencia Episcopal de Latino América. Fue uno de los promotores de la Teología del Pueblo, también conocida como Teología de la Cultura (Teología Argentina) y fue asesor nacional de la Acción Católica Argentina.


Fue llamado a Roma por el papa Pablo VI como Prefecto de la Congregación para los Religiosos y los Institutos Seculares, fue creado Cardenal en 1976; en 1984 Juan Pablo II lo nombró Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, dónde entre otras cosas se dedicó a la organización de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Murió en Roma el 5 de febrero de 1998. Su cuerpo fue enterrado en el Santuario y Basílica de Nuestra Señora de Luján, Argentina.


A continuación compartimos algunos textos del Cardenal Pironio sobre la virtud teologal de la Esperanza, tan presente a lo largo de todo su ministerio y su anuncio (En los escritos espirituales del Card. Pironio, editorial BAC se menciona más de 170 veces esta virtud teologal):

“Una Iglesia pascual es esencialmente una Iglesia de la esperanza; es decir, una Iglesia en camino, que va marchando hacia el encuentro definitivo con el Señor, mientras anuncia gozosamente a los hombres que Jesús ya vino, murió y resucitó por nosotros, vive y va peregrinando con nosotros hacia el Padre. ...Es una Iglesia esencialmente abierta a la segunda venida del Señor. Una Iglesia que se apoya en la resurrección de Jesús y en la potencia del Espíritu” 

“Una Iglesia en esperanza es una Iglesia comprometida, desde la fe y la caridad, en el servicio integral del hombre y de los pueblos” 


“Tenemos motivos para esperar. Pero la esperanza cristiana no se apoya en los talentos o la fuerza de los hombres. Sólo se apoya en la bondad del Padre, para quien nada es imposible (Lc 1, 37), en la muerte de Cristo que dio su vida para reconciliarnos (Col 1, 20) y en la actividad incesantemente renovadora del Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rom 5, 5).” 

“La esperanza cristiana nace de lo inevitable y providencialmente absurdo de la cruz, pero es activa y exige paciencia y fortaleza. Sólo los pobres –los desposeídos y desnudos, los desprovistos según el mundo, pero totalmente asegurados en el Dios que no falla- pueden esperar de veras.”


“Por su entrega incondicional al Padre en la cruz (Jesús) convierte la muerte en vida, la tristeza en alegría, la servidumbre en libertad, las tinieblas en luz, la división en unidad, el pecado en gracia, la violencia en paz, la desesperación en esperanza”

"La esperanza nos pone de cara a la Luz definitiva, a la eternidad para la que fuimos convocados, al Señor en cuya inmediata visión seremos inmensamente felices: “Seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es” (1 Jn 3,2). La esperanza ilumina las sombras provisorias –a veces dolorosamente oscuras– de nuestro camino."


“Los tiempos muy difíciles son muy evangélicos, porque es cuando el cristiano está llamado a dar razón de su esperanza, a penetra por la fe y el Espíritu Santo en el escándalo de la cruz y sacar de allí la certeza inconmovible de la Pascua para comunicarla a otros”. Los tiempos difíciles pertenecen al designio del Padre y son esencialmente tiempos de gracia y salvación. Jesús nos abre el camino para vivir con amor y gratitud los tiempos difíciles, y convertirlos en providenciales tiempos de esperanza.

Los invitamos a escuchar la voz de este profeta de la Esperanza:





Otras publicaciones del Cardenal Pironio en este blog:


TESTAMENTO ESPIRITUAL (Cardenal Pironio)




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