domingo, 23 de agosto de 2020

Feliz de ti Simón! Es la bienaventuranza de la fe. - P. Diego Fares, sj






Evangelio según San Mateo 16,13-20.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. 

Feliz de ti Simón! Es la bienaventuranza de la fe. 

De lo feliz que hace tener fe en Jesús. La alegría que da hacerle caso a la fe cuando algo la despierta en nuestro corazón y sentimos el impulso a adherirnos sin peros a una certeza, que tiene que ver con un bien común, con algo que nos hace sentir plenamente humanos. Algo especial se ilumina en los ojos de Jesús, mientras les va preguntando: “quién dice la gente que soy yo, quien dicen ustedes que soy yo…” y Simón le hace caso a lo que le dice su corazón. Me pregunto si todos sentimos la voz del Padre cuando nos indica quién es Jesus, cuando nos revela que es su predilecto, el que esperamos, el Ungido…

El Señor dirá que el Padre se hace oír mejor por los pequeñitos y no por los que se complacen en escucharse a si mismos y en escuchar a los que los aplauden. En todo caso, escuchar la voz del Padre e interpretarla como algo especial requiere ayuda, confirmación. Esto es lo que hace Jesús con Simón: lo confirma, lo consolida en esa confianza que hace que se juegue y que lo convierte en Pedro, en piedra para confirmar la fe de sus hermanos, de todos nosotros. Desde entonces, Simón Pedro -siempre con sus dos nombres, como hoy Jorge Bergoglio/Francisco- tiene la misión de confirmar personalmente la fe de los que queremos ser discípulos de Jesús.

Me gusta la idea evangélica de una fe en Jesús que necesita confirmación. Una confirmación que no viene de la carne ni de la sangre, que no es cultural ni genética, sino que viene del Padre, del Altísimo, del Misericordioso, del que siempre está, estuvo y estará (que es una forma cercana de decir que es eterno). Nuestra fe necesita esta confirmación de nuestro Padre y Él nos la hace llegar por dos vías, ambas eclesiales: por Pedro y por los pequeñitos del pueblo fiel, infalible en su modo de creer y de vivir la fe en su vida cotidiana.

Una fe que necesita confirmación es una fe pobre, es una “poca fe”. Una “poca fe” que grita: Señor! Auméntanos la fe. El plural indica que no se trata de una pobreza individual, de esas de las que uno podría salir por esfuerzo propio, sino de una pobreza que nos orienta hacia los demás, que nos hace salir de nosotros mismos y pedir ayuda. A Jesús , a Pedro y a las personas que vemos que tienen más fe que nosotros.

Volviendo a Simón Pedro, diría que él y todos los que con su nombre propio reciben el nombre de Pedro, solo se entienden desde esta fe. No se los entiende desde categorías meramente políticas, sicológicas, sociológicas… Si se los elige es porque son gente que se deja confirmar y que se hace cargo de la tarea de confirmar a los demás. Desde esta perspectiva se puede decir que Simón buscó ser Pedro, quería ser Pedro, fue siempre un Pedro, uno que era piedra para los demás, uno que se dejaba confirmar y que confirmaba a los demás en la fe, ya se tratara de tirar la red una vez más , aunque no hubieran pescado nada en toda la noche, o de caminar sobre las aguas en dirección a lo que para los demás era solo un fantasma.

Desear ser Pedro, desear ser confirmado para poder confirmar, es un deseo que regala el Padre a quien quiere. Suele dárselo a los que se animan a caminar sobre las aguas (y no a los que quieren trepar), a los que se dejan corregir y saben pedir perdón, a los que se juegan por sus hermanos sin miedo a quemarse…

Dejarse confirmar es disponerse a recibir el fruto de una acción conjunta: del Padre que pone a Jesús bajo la Luz del Espíritu Santo y lo transfigura ante nuestros ojos. Confirmar a los demás también implica una tarea compleja, mas compleja que la que conlleva definir un dogma o escribir una encíclica. Esta es solo una cara, la cara intelectual de la fe. Pero confirmar requiere también acompañamiento, conducción pastoral a lo largo del tiempo, cariño y misericordia para perdonar las caídas, paciencia y fortaleza para iniciar un proceso y llevarlo a buen fin…

Es decir: confirmar en la fe es cosa de Padre. Va más allá de decirle a un hijo “tienes que hacer esto” o “esto está bien y esto está mal”. La fe se confirma bancando a los hijos. Hijos que, como Simón Pedro, a veces dicen cosas geniales y otras cualquier pavada, que se tiran al agua porque quieren caminar sobre el mar y después piden ayuda porque se hunden, que se entusiasman y también a veces niegan cobardemente, que se arrepienten y regresan…

Jesús elige a Pedro porque se anima a pasar por todas estas cosas escuchando la voz interior del Padre que le hace ver desde adentro quién es Jesús a quien tiene delante. Confía en el. Fíate. Es mi Hijo. Es tu Amigo, tu Señor, escúchalo: es uno que te puede enseñar, tu maestro (tu director espiritual, tu rabí, tu imán, tu sensei, tu shifu…, como quiera llamarlo tu cultura). Pero, como decíamos, no se trata de una fe individual sino comunitaria, eclesial. Es una fe misionera, que responde quién es Jesus en medio de la gente y para ir a confirmar a la gente. Una fe que escucha lo que dicen los medios -que Jesus es esto y lo otro-, y dice: para mí Jesus es el Hijo De Dios y esto salgo a anunciarlo y a compartirlo con los demás. En el conflicto de las interpretaciones, la fe resuena -Jesus quiere que resuene- con el tono de voz único y personal de cada uno. El Señor no le interesa sacar un promedio estadístico de lo que la gente piensa de él para que uno se quede con ese tanto por ciento. Le interesan voces que se jueguen por el el cien por ciento. Le interesa lo que yo pienso y elijo cultivar de mi relación con él en lo íntimo de mi corazón, no que yo tenga una opinión promedio acerca de quién es él.

Nadie puede decir Jesús es mi Señor si el Espíritu no le mueve el corazón. Y el Espíritu no mueve sino corazones que quieren confirmar la fe de sus hijos pequeñitos, de los pobres mas pobres y de los que quieren aprender las enseñanzas del evangelio.

Diego Fares sj



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sábado, 8 de agosto de 2020

Homilía de Monseñor Angelelli - Domingo XIX - Ciclo A

 Evangelio según San Mateo 14,22-33.

Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

Homilía de Monseñor Enrique Angelelli (10 de Agosto 1975)

Ayer finalizamos un encuentro sacerdotal. Quisimos, en un primer momento que fuera sólo y profundamente sacerdotal para reflexionar ante el Señor nuestra misión de pastores, en las presentes circunstancias que vivimos. No tenía nada de especial y misterioso. Simplemente orar y ahondar nuestra responsabilidad ante la realidad de nuestro pueblo. Luego invitamos, también, a las religiosas por las responsabilidades que tienen en barrios y pueblos de la diócesis. No puedo dejar de comunicarles este hecho en la vida de la diócesis, porque ha constituido una verdadera bendición del Señor este encuentro para bien de La Rioja. El clima de oración, fraternidad y profundidad de reflexión, en quienes tenemos responsabilidades, así graves, significan un bien para una comunidad. Es muy importante, en circunstancias como las que vivimos, tener la serenidad y la lucidez suficientes para tratar de ver claro cuál debe ser nuestro ministerio sacerdotal y religioso. Quizás, podrá significar, para algunos, sin importancia; esto sin mala voluntad; pero sin percibir su dimensión en la comunidad.

Cuando cada sacerdote, pastor de su pueblo, trae a una mesa común no sólo su propia vida consagrada sino la de su pueblo, con todo lo que ella significa, para rezarla y reflexionarla con sus otros hermanos, es una realidad que honra y alienta a una comunidad como lo es la diócesis. Y si esto se hace con gran espíritu de profundizar de buscar juntos las soluciones, nos debe llenar de alegría, como la tengo yo.

Precisamente el texto del Evangelio de hoy (Mt 14, 22-33) nos ilumina desde la fe el camino que venimos haciendo como pueblo y como comunidad cristiana. En el Evangelio se nos habla del mar sacudido por el viento; en él, una débil barca metida muy adentro; en ella Jesús y el grupito de los apóstoles; Jesús dormido, por el cansancio de haber estado todo el día con la gente; los apóstoles asustados por no saber qué hacer con el mar sacudido por las olas; ... luego los diálogos; antes el miedo de los apóstoles, Jesús que es despertado les dice: ¡Animo... no tengan miedo...” ...y a Pedro que se hundía en el agua... ¡hombre de poca fe, porque has dudado -despuntaba el alba después de una noche de angustias y desorientación. Jesús había buscado el silencio de la noche para orar.

La sola lectura de este pasaje del Evangelio nos pinta nuestra realidad personal y las circunstancias en que vivimos con tantos problemas de todo tipo. Se nos acaba la esperanza; nos entra el miedo; nos angustiamos; perdemos el sentido de la vida; no sabemos qué hacer; se nos vienen abajo nuestros proyectos. A todo esto no es fácil la respuesta concreta para buscar solución a todos los problemas que tenemos. También, quienes tenemos la misión sacerdotal de ser pastores de nuestros pueblos, necesitamos oír en el silencio de la oración y de la búsqueda en común, la palabra de Jesús: “Animo... no tengan miedo...”; lo necesita cada sacerdote para confirmar la fe de sus hermanos. Necesitamos profundizar el Evangelio de Cristo, descubrirlo mejor a él, para iluminar la vida de las comunidades confiadas.

¿Qué hicimos en el encuentro? Sentirnos, una vez más, necesitados de orar en común; de ahondar la fraternidad sacramental y sacerdotal; revisar juntos nuestra delicada misión religiosa en la vida concreta de nuestros hermanos; poder ser mejor servidores de ustedes. Quisimos prepararnos, juntos, para la “visita de San Nicolás” por La Rioja. A este “paso jubilar de Dios” por toda nuestra diócesis, lo queremos preparar con la oración y con el estudio meditado de la Palabra de Dios. Esa misma Palabra que deberemos anunciarles a ustedes en toda esta gran misión diocesana.

Además de lo organizativo, nos interesa fundamentalmente que La Rioja, sienta en este Año Santo la realidad reconciliadora y renovadora exigida por Cristo. Por eso profundizamos los Sacramentos de Cristo: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Unción de los Enfermos, Matrimonio, Penitencia -especialmente este último-, la penitencia, llamada hoy, el sacramento de la reconciliación. Descubrir mejor y más hondo que nosotros los hombres necesitamos de la Misericordia de Dios y de su Perdón y que nosotros somos débiles y pecadores si él no nos “libera-perdona-salva-ayuda.

Sentimos la necesidad, una vez más, de ponernos en actitud de “escucha” ante Dios, para recoger en nuestro corazón lo que nos dice a nosotros como pastores y lo que le dice a su pueblo. Sentirnos que pastores y pueblo, necesitamos de su luz, de su misericordia, de su perdón, de su gracia. Cuando nos ponemos en esta actitud, entonces nos sentiremos libres interiormente; no miraremos solamente lo personal e individual, sino que nuestra mirada y nuestra preocupación será abierta y hacia todos.

Hablar del sacramento de la reconciliación en una “visita de San Nicolás a La Rioja”: no es suficiente “arreglármelas” a solas con Dios, es necesario descubrir los pecados personales y sociales que tenemos. Cristo nos urge a remover los obstáculos personales y seculares para que de veras seamos una comunidad fraternal.

Ser discípulo de Cristo; miembro vivo y consciente de su Iglesia es procurar que unidos procuremos infatigablemente, que todo hombre sea plenamente hombre como lo quiere y lo ha creado Dios. No anunciamos ni anunciaremos a nuestro pueblo un Dios y un Cristo separado y descolgado del hombre y de un pueblo; lo repetimos una vez más; es el Dios vivo y eterno, que ya ha elegido en cada hombre su propia casa y que al rostro de Cristo hay que descubrirlo en el rostro de cada hombre. Por eso decimos que Cristo es cuestionador de toda nuestra vida. Cristo se nos ha metido en la vida y está más presente de lo que pensamos.

Hombres de poca fe... ¿por qué tienen miedo?.... Nos lo repite a todos. Qué gracia de Dios es poder mirar la vida y los problemas de la vida con los ojos y la mirada de Dios. Qué responsabilidad tenemos quienes tenemos por pura gracia de Dios el don de la Fe. Más obligados estamos a construir una sociedad nueva; una fraternidad verdadera entre los hombres.

Hermanos de los Llanos y hermanos del Oeste: este año tendrán ustedes la “visita” de San Nicolás. Prepárense bien; dispónganse a acoger la palabra de Dios y a concretar en la vida de cada uno, de cada hogar y de cada pueblo con Palabra de Dios. Debemos celebrarlo con sentido festivo, pero lo importante es que luego de su paso quedan reconciliados y renovados cristianamente, las personas, las familias, los pueblos.

 Que San Nicolás interceda por La Rioja. 


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martes, 28 de julio de 2020

"CARLO ACUTIS: EL RECUERDO DE UN GRAN AMIGO" (ENTREVISTA)




La vida de Carlo Acutis continúa despertando interés y devoción en jóvenes alrededor del mundo. Por eso, gracias a la Asociación "Amici di Carlo Acutis" tuvimos la oportunidad de dialogar con uno de los mejores amigos de Carlo, con quien compartió cuatro años en la escuela, además de su pasión por el fútbol y los videojuegos. Se conocieron cuando ambos tenían 11 años y para él, el paso de Carlo en su adolescencia dejó una huella.

El entrevistado nos pidió que reserváramos su identidad, pero te podemos contar algunos datos de él: Tiene 29 años, es ingeniero espacial y reside en Milán, trabaja con helicópteros y le gusta viajar en moto. Afirmó que "por fortuna conoció a Carlo" y lo recuerda como “un verdadero cristiano en cada detalle”.

1) ¿A qué edad y donde conociste a Carlo?

Conocí a Carlo cuando teníamos 11 años, fuimos compañeros de clase en la escuela de las religiosas, el “Instituto Tommaseo”.

2) ¿Recordas algunos momentos junto a Carlo en la escuela?

Por supuesto, entre algunos de los mejores recuerdos, recuerdo reírnos mucho por todo lo remotamente divertido, le encantaba hacer bromas e imitar a los maestros. También recuerdo que estudiábamos juntos para rendir el examen final.

Carlo junto a sus compañeros, en el patio de la escuela

3) ¿Jugaban al fútbol juntos, verdad? ¿De qué equipo era Carlo?

Jugamos al fútbol juntos, siendo del mismo equipo de clase para algunos torneos. Sin embargo, el fútbol no era su mejor habilidad. Carlo era un gran seguidor del A.C. Milán, como yo, recuerdo que también tenía una camiseta de Inglaterra con el nombre de Paul Scholes, jugador del Manchester United, que le gustaba mucho.. (ver foto al final de la entrevista)

4) He leído que a Carlo le gustaba jugar a la playstation ¿Recuerdas cuál era su juego favorito? ¿Y su película favorita?

Carlo era un gran fanático de los videojuegos, tenía GambeCube, Xbox y Playstation y amaba muchos géneros, desde clásicos como SuperMario hasta aquellos de autos como NeedForSpeed. Vimos muchas películas, no recuerdo una película o género favorito, pero vimos muchas comedias.


5) ¿Recordas alguna anécdota muy graciosa junto a Carlo?

Sí, fue súper divertido cuando se hizo pasar por la maestra de francés, con su típica voz de anciana francesa. Por alguna razón, a menudo llegaba tarde a sus clases y, por lo tanto, le gritaba constantemente, sus interacciones eran fantásticas y luego nos reíamos mucho. 

6) ¿Carlo alguna vez se enamoró o tuvo novia?

No, éramos muy jóvenes. Demostró interés por una joven, compañera de la escuela, pero ese período de la vida es difícil para las interacciones con el sexo opuesto.

7) Carlo hablaba mucho de Dios, ¿recordás algo que te haya impactado?

No, no hablaba mucho de Dios. Los muchachos de nuestro grupo de amigos teníamos un promedio de 12 años y no estábamos muy comprometidos con la religión ni con un profundo sentido de Dios, hablar de eso habría sido aburrido e inútil para nosotros. Creo que comportarse como un buen cristiano tanto como sea posible fue su manera de hablar de Dios con nosotros. Sabíamos que era una persona extremadamente profunda y que era un ejemplo y eso es todo. Lo siento, pero no sé mucho sobre su intimidad con Dios.

8) Algunos testimonios afirman que Carlo era un genio en informática, ¿sabes que programas o aplicaciones usaba?

Programaba con Java, también quería que aprendiera con él, pero era demasiado difícil y no podía mantener el ritmo. Me enseñó un poco de HTML que fue mucho más fácil. Supongo que también podría usar C ++ y Visual Basic, pero no estoy seguro de eso. Era un genio absoluto con la programación.


Los libros de Carlo, su madre afirma que era autodidacta

9) ¿Qué significó para vos y para los otros amigos, la enfermedad y la muerte de Carlo?

Fue algo increíble, en realidad no podía creerlo ya que todo sucedió en muy poco tiempo. Traté de llamarlo por Hangouts un fin de semana, pero no pude contactarlo. En cuestión de días se había ido. Nos dimos cuenta durante la vigilia de lo que sucedió, muchos lloraron mucho, yo estaba completamente sin palabras.

Carlo y sus amigos en la casa del entrevistado.

10) ¿Cuál es la frase o la obra de Carlo que quedó grabada en tu corazón?

Siempre recordaré cuando preparó una presentación fantástica de Power Point (usando programación avanzada, no cosas simples que yo podría haber hecho fácilmente) para mi examen oral final de la escuela secundaria. Estudiamos juntos y él conocía mis temas, eso me sorprendió de la nada, dejándome más tiempo para estudiar en los últimos días.

11) ¿Qué profesión crees que habría elegido Carlo?

Tuvo muchos intereses: videojuegos, autos, programación, filmación de vídeos y religión, por supuesto. Creo que es imposible saberlo: probablemente podría haber sido cualquier tipo de ingeniero, programador, cineasta, economista o gerente. Pero definitivamente no un profesor de francés.

12) ¿Te gustaría agregar algo más de la vida de Carlo? 

Recuerdo que una vez que estuvimos juntos y vimos un vagabundo en la calle y preguntamos ¿cómo es posible ayudar a todos los que están en problemas?. Él sabía que era imposible, yo también, pero su mentalidad no era rendirse de todos modos.

13) ¿Qué mensaje deja Carlo para los jóvenes de hoy?

Lo recuerdo como una persona fantástica, nunca amarga, siempre positiva. Era simplemente lo mejor posible y se esforzó en eso. Ser de esa manera no es imposible de lograr, el no tenía un halo ni hablaba como el Papa. Era una persona normal, hizo todo lo posible para ser lo más bueno y generoso posible: un verdadero cristiano en cada detalle. Es tan simple que es muy difícil de lograr en realidad, pero no imposible.

sábado, 25 de julio de 2020

"El Tesoro de la Fe" - Monseñor Angelelli



Evangelio según San Mateo 13,44-52.

Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró." El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron. Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".


Homilía de Monseñor Enrique Angelelli:

Hermanos y Amigos Radioyentes de L.V. 14.-

El 24 de diciembre pasado el Santo Padre Pablo VI, abrió en la Basílica de San Pedro, la Puerta Santa, como símbolo de la apertura del Año Santo Universal, invitando al mundo cristiano y no cristiano a la Reconciliación de los hombres y de los pueblos, y a la Renovación interior y estructural querida y propiciada por el Concilio Vaticano II. Millones de personas de todos los pueblos y razas, lenguas y culturas siguen pasando por ella buscando los fines señalados por el Santo Padre en este año santo. 

En esta “Puerta Santa” desde siglos, hay todo un simbolismo muy profundo. Lo que está cerrado se abre; lo que separaba se comunica. Cristo mismo quiso llamarse la PUERTA DE LA VIDA... “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida...” Por Cristo llegamos a nuestro Padre Dios; por Cristo nos viene la Vida de Dios a los hombres; por Cristo somos hijos de Dios; por Cristo podemos construir verdaderas fraternidades entre los hombres; por Cristo reencontramos, los hombres y los pueblos, el verdadero sentido de la vida. En este “año santo universal”, queremos, como diócesis, buscar y vivir más profundamente los fines señalados por el Santo Padre, RENOVARNOS y RECONCILIARNOS. Reencontrarnos más intensamente con Cristo y entre nosotros, los hombres. Buscaremos infatigablemente a esta “Puerta de la Vida” que es Cristo.

A esto apuntamos con la visita de San Nicolás a toda La Rioja: “Reconciliar y renovar cristianamente a las personas, a las familias, a los barrios, a los pueblos... a toda La Rioja...” decía en la Carta Pastoral. En este sentido aún nos queda mucho camino por andar. El análisis de la vida diaria, privada y pública, nos indica que nos falta mucho. Hablando en la carta pastoral de las comunidades parroquiales, les decía: “deberán ser comunidades orantes, misioneras, renovadas conciliarmente, comprometidas con el proceso de cambio de La Rioja según el Evangelio. Estupenda y difícil tarea para todo el laicado que quiere ser consecuente con su fe cristiana en la responsabilidad que tiene como constructor de la sociedad. A veces, por las razones que fueren, buscamos pretextos para evadir esta urgente responsabilidad cristiana de comprometernos seriamente con la vida y en la vida para hacer una Rioja mejor.

El texto evangélico de hoy (Mateo 13,44-52), en forma sencilla nos ilumina cual debe ser nuestra escala de valores; buscar el “tesoro escondido”, buscar la “perla preciosa”. Supone dejar en la vida todo lo que no es importante y fundamental; es saber discernir bien para elegir el camino que nos haga felices como personas y como pueblo; es tomar determinaciones, aunque sean difíciles, si en ellas está en juego nuestra felicidad y la de nuestros hermanos. Este es el reino de Dios; al tesoro escondido y a la perla fina se asemeja. Llevamos dentro de nosotros mismos el tesoro y la perla fina de nuestra Fe Cristiana y la presencia viva de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Llevamos en nosotros el tesoro de ser hijos de Dios y la capacidad para ser hermanos. Si bien es cierto que es un Don o Regalo de Dios, la Fe que recibimos en nuestro bautismo, sin embargo es también una tarea a la que no debemos ni podemos renunciar si no queremos ser infieles a Dios y a nuestros hermanos. Nuestra Confirmación nos llama y nos exige ser “testigos” operantes de la Vida de Dios que llevamos dentro de nosotros mismos. La confirmación nos exige que seamos y obremos como cristianos maduros en la Fe y la hagamos fructificar en la vida de todos los días.

Decía el Sínodo de los Obispos recientemente celebrado en Roma: 

1- La Religiosidad Popular constituye un valioso punto de partida para una evangelización más profunda; pero exige que sea purificada, interiorizada, madurada y comprometida con la vida.

2- Se requiere una pedagogía pastoral que cultive y purifique sin destruirla, procurando un mayor conocimiento vivencial de Dios, de la Persona de Cristo, y del misterio pascual de la Iglesia.

3- La Evangelización intensa que deseamos realizar debe tender a que los bautizados conozcan más plenamente la Palabra de Dios y sus exigencias; y aspiren a una más plena inserción en la vida del Señor Resucitado, por la participación de los sacramentos. Ayudará a lograrlo principalmente, la adecuada pastoral sacramental o catecumenado.

4- En el contexto actual de corrientes y situaciones contrastantes, que pueden destruir o desviar la religiosidad popular, es urgente encontrar evangelizadores que puedan dinamizar y ayudarla en el máximo respeto a las personas y a las comunidades.

 5- Una Religiosidad Popular en la que la adhesión a la Iglesia sea más débil y en que la evangelización no se haga más profunda, podrá producir una quiebra de la identidad cristiana.

 6- La pastoral popular puede constituir un apreciable signo de evangelización de los pobres y puede ayudar a que los pobres por su disponibilidad a la Palabra de Dios y por las virtudes cristianas que  poseen sean también evangelizados.

Todo esto significa, como ven, que, una visita de San Nicolás por La Rioja, nos debe hacer cristianos no sólo de “fiestas patronales” sino fieles a lo que nos comprometimos por nuestro bautismo y nuestra confirmación, les decía, también, en la carta pastoral.

Finalmente, también les decía, en la misma carta pastoral que esta visita nos debe ayudar a discernir bien lo que debemos hacer en esta hora difícil en que vive la Patria. Hoy el texto de la lectura en el Libro de los Reyes (3,5.7-12) nos ayuda a discernir, especialmente a quienes tenemos la  responsabilidad de conducir: “Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido sabiduría para gobernar bien y Dios le dijo: por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga, ni riquezas, ni la vida de tus enemigos; sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente como no lo ha habido antes ni lo habrá...”

Amigos: cuánta necesidad tenemos de pedirle al Señor de que dé un corazón sabio e inteligente y la sabiduría para servir a nuestro pueblo, para quienes hoy tienen la difícil misión de gobernar. Porque el desacierto acarrea grandes males para quienes son, especialmente, más pobres y desprotegidos.

Le pedimos al Señor, que también, siga derramando a su Iglesia la sabiduría y la fortaleza cristiana para saber acompañar y guiar en la Fe a su pueblo que en este caso es el nuestro, el pueblo riojano.

Que San Nicolás nos ayude y nos proteja, que su paso por La Rioja sea de bendición.



Homilía de Monseñor Enrique Angelelli, 27 de Julio de 1975  


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sábado, 18 de julio de 2020

BOLETÍN MONS. ORZALI, Siervo de Dios: N° 13 "Sinodalidad"



El 10 de abril de 1915, Mons. Orzali anunció la realización del Primer Sínodo Diocesano en San Juan. En aquella oportunidad se fijaron los temas y se designaron las comisiones de estudio. Hubieron quienes tuvieron una actitud pusilánime y escéptica ante este anuncio: “¡Pero realizar un sínodo es una cosa muy seria!” “Si otros que tienen más medios no lo celebran, ¿por qué nos vamos a meter nosotros en camisa de once varas?”, son algunas expresiones que se escucharon y que Entraigas recoge en su biografía del Obispo de Cuyo. Éste no prestaba oídos a estas locuciones y sin demora puso todas las manos a trabajar.

El 30 de agosto de 1916, con Mons. Orzali a la cabeza, los miembros del cabildo, vicarios foráneos, curas párrocos y superiores de congregaciones religiosas, se congregan en la Catedral para celebrar la Misa del Espíritu Santo, iniciándose luego las reflexiones. 

El 1 de septiembre, Monseñor oficiaba el Te Deum, dando gracias a Dios por el sínodo y, de esta forma, concluía solemne y públicamente el sínodo. Aquellos que en un principio se mostraron pesimista ante esta empresa, se mudaron en animosos participantes y se unieron al valor de quienes desde el principio creyeron que en Cuyo era posible realizar un sínodo.

El 1 de enero de 1917, se presentó el documento final impreso en San Juan, con las resoluciones del Sínodo; un volumen de más de cuatrocientas páginas. Según el Derecho Canónico vigente en aquella época, el Sínodo Diocesano debe celebrarse cada 10 años. Antes de cumplirse la década, entre el 15 y el 18 de junio de 1926, Mons. Orzali presidía el Segundo Sínodo Diocesano. El 25 de diciembre, dicta el decreto que establece la obligatoriedad de todas las disposiciones y preceptos del sínodo desde el 19 de marzo de 1927.Era intención del prelado que se celebrase un tercer sínodo. Sin embargo, no pudo hacerlo.

Bibliografía:

CALATAYUD, Ángel (1960). Rosas. Ediciones Rosarinas. Buenos Aires, Argentina.
CASTRO, Ana E. (1998) José Américo Orzali. Fundador, Obispo y misionero. Arzobispado de San Juan de Cuyo. San Juan, Argentina.
DE JESÚS, María Araceli. (2012). Padre y Pastor: Vida y obra de Mons. Américo Orzali. Ágape Libros. Buenos Aires, Argentina.
ENTRAIGAS, Raúl A. (1949) El Buen Pastor de Cuyo. 2da edición. Editorial Difusión. Buenos Aires, Argentina. 

Martín Sillero (Seminarista de la Arquidiocesis de San Juan de Cuyo)




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