martes, 27 de agosto de 2019

"ENCARNACIÓN E INCULTURACIÓN (Sínodo de la Amazonia)" - Marcelo Figueroa



"Encarnación e inculturación" en base al Instrumentum Laboris del Sínodo de la Amazonía y tomando como base el libro "Hacia el Sínodo Panamazónico".

“Lo que no es asumido no es redimido”. Este principio misionológico de San Ireneo proporciona un sustrato ineludible cuando hablamos de encarnadura e incultura del Evangelio. Expresamente citado en el Instrumentum Laboris del Sínodo para la Amazonía, es un faro que ilumina los tres primeros capítulos del apartado III en donde se desarrollan extensa y profundamente estos dos pilares para una pastoral dialogante con la cosmovisión amazónica. 

Luego de un proceso de reflexión conjunto entre Amerindia y la Red Eclesial Panamazónica –REPAM, en donde participaron 28 teólogos-as y pastoralistas, principalmente de América Latina y el Caribe salió a la luz un volumen muy valioso: “Hacia el Sínodo Panamazónico – Desafíos y aportes desde América Latina y el Caribe” . Este material que considero de referencia ineludible, destina un apartado completo para profundizar sobre estos dos conceptos “Encarnación e Inculturalización”. A riesgo de pecar de reduccionista, ofrezco en este artículo algunos conceptos centrales de ese segmento, reiterando mi humilde sugerencia a que el libro sea leído y estudiado en su totalidad. En respeto a trabajo realizado, los párrafos seleccionados son citados textualmente a continuación. Las grandes distancias y diversidades de la Amazonía advierten del peligro de un neocolonialismo cultural, de la centralización administrativa y de una visión unilateral del pensamiento humano. Éstas produjeron también grandes distancias pastorales.

Una Iglesia con rostro indígena será una Iglesia postcolonial, plural y cercana a las respectivas culturas locales, teniendo en cuenta que no sólo la Amazonia, sino el mundo es una realidad pluriétnica, pluricultural y plurirreligiosa. Los grandes esfuerzos pastorales de la Iglesia posconciliar en la Amazonía no consiguieron superar plenamente su pasado colonial en sus estructuras, celebraciones y teologías, y construir Iglesias más próximas, descentralizadas y con rostro amazónico. El misterio de la encarnación, la práctica de la inculturación y la descentralización, y la política social de la solidaridad como partes integrantes de una “ecología integral” pueden guiar hacia la superación real de esas distancias e impulsar, siguiendo la propuesta del Sínodo, los “nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”.

Jesús, siguiendo su naturaleza humana, nació en Belén y fue criado en Nazaret, donde tuvo una existencia social (se enculturó) en la cultura de sus padres. Hasta aquí no hubo inculturación en una cultura extraña. Él aprendió desde la niñez su propia cultura como nosotros lo hacemos. Como persona divina, sin embargo, podemos analógicamente decir, que Él salió de su ‘patria divina’ y se inculturó en su ‘patria humana’. Su ‘patria divina’ no era sólo otro país o continente, sino otra realidad, concebida en nuestra fe como una realidad totalmente diferente, donde él fue “generado, no hecho” (genitum non factum).

En un contexto pluricultural o de hegemonía cultural, la asunción de la propia alteridad es esencial. Los pueblos amazónicos, indígenas y no indígenas, requieren continuamente de resistir contra cualquier intento de destrucción de su identidad/alteridad para la asimilación o integración bajo los patrones culturales dominantes, viciados por la perspectiva de lucro, crecimiento y aceleración.
En el plano cultural, la reducción de la diversidad de los pueblos indígenas, la integración en el proyecto hegemónico y la imitación de la cultura dominante fueron las exigencias del razonamiento colonial. Muchos pueblos no aceptaron asentar su vida en el tripié reducción-integración-imitación y fueron masacrados, otros asumieron el cristianismo como ‘religión estratégica’ para relacionarse diplomáticamente con la sociedad envolvente. 

Por la encarnación, como prototipo análogo de inculturación, Dios tejió nuevamente una interrelación rota entre el Creador y la criatura, redimió a la humanidad, a la naturaleza, al planeta Tierra y a todo el cosmos. ‘Redimir’ quiere decir, ponerse en comunicación, hacer nuevamente a la humanidad y a la naturaleza ‘cercanas’. La cercanía posibilita que todo y todos estén al servicio recíproco en el interior de una “ecología integral” . Y esto “exige sentarse a pensar y a discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo. No está de más insistir en que todo está interconectado” , incluso “la relación íntima entre los pobres y la fragilidad del planeta” . La diversidad cultural apunta hacia una inculturación o encarnación más real, concretamente para la asunción de los modos de vida y de las culturas en su diversidad.

La ‘encarnación’ y la ‘inculturación’ restablecerán una proximidad comunicativa, amorosa y servicial entre Dios, la humanidad y la naturaleza.


Publicado en el L'osservatore Romano
el 14 de Julio, 2019

Autor: Marcelo Figueroa
(Presbítero de la Iglesia Presbiteriana y columnista del L'osservatore Romano)

Todos los martes encontraran en este blog, una publicación sobre el "Sínodo de la Amazonia".

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miércoles, 21 de agosto de 2019

Kerigma y Catequesis N° 4: "Elementos constitutivos del acto catequético"


Hola Catequistas, tanto tiempo, como pasa volando y uno no se va dando cuenta, bueno espero que ahora mis publicaciones sean un poco más seguidas, porque tengo un montonazo de cosas para compartirles que son importantísimas. Comencemos con este artículo en el que les ofrezco entrar en los elementos constitutivos del acto catequístico, a la luz de los documentos latinoamericanos como fuerte sustento doctrinal de nuestra esencia latinoamericana.

Desde los principios generales de la pedagogía, de todo lo que nos puede aportar las diferentes ciencias humanas en torno al nuestros catequizandos, más adelante publicare un artículo sobre las etapas psicológicas de los chicos y cómo podemos acompañar mejor teniendo en cuenta sus procesos evolutivos. Descenderemos ahora al terreno de la praxis para descubrir qué es lo que se hace en catequesis y cómo se hace. Intentamos comprender las profundas relaciones que existen entre los diferentes momentos metodológicos y percibir su dinámica interna. Se pretende llegar al fondo de la pedagogía de la fe y no separarla de la metodología.

El acto catequético es el conjunto de acciones que posibilitan la transmisión de la palabra de Dios. Acciones educativas marcadas por la fidelidad a Dios, que es el que toma la iniciativa, y fidelidad a la persona, a sus experiencias y a su historia.

Sabiendo y comprendiendo esta definición basta para poder caminar seguros en este camino de la Catequesis, con otras palabras, es todo lo que podemos hacer para llevar a Dios a nuestros hermanos teniendo a Dios como protagonista y al hermano como receptor que tiene una experiencia, cultura, lenguaje , etc. propias e irreemplazables

Estas acciones catequéticas se desarrollan a lo largo del proceso catequético, en torno a tres elementos: 
1) la experiencia humana del educando; 2) la palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura y en la tradición viva de la Iglesia; 3) la expresión de la fe en sus diferentes lenguajes.

1. LA EXPERIENCIA. Concepto que expresa el conjunto de conocimientos adquiridos y asimilados en contacto con la realidad. Existe experiencia cuando se toma conciencia de lo vivido, se interpreta significativamente y se expresa a través de diferentes lenguajes. «La experiencia ejerce diversas funciones..., a la luz de las cuales la existencia misma debe ser siempre debidamente valorada... La iluminación y la interpretación de la experiencia a la luz de la fe se convierte en una tarea permanente de la pedagogía catequética... Esta tarea hace posible una correcta aplicación... entre las experiencias humanas... y el mensaje revelado» (DGC 153).
Es decir, se asume la experiencia humana para profundizarla y valorarla, dejándose interpelar por la propuesta y los criterios que brotan del evangelio. «La auténtica catequesis es siempre iniciación ordenada y sistemática a la revelación que Dios mismo ha hecho al hombre en Jesucristo..., pero no está aislada de la vida ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Se refiere al sentido último de la existencia y la ilumina, ya para inspirarla, ya para juzgarla, a la luz del evangelio» (CT 22).
En la misma línea, la catequesis latinoamericana en donde nosotros estamos inmersos, asume la experiencia como uno de sus postulados fundamentales. El documento de Puebla, en continuidad con Medellín, puntualiza la opción por una catequesis capaz de presentar la Revelación como la interpretación de la existencia a la luz de la palabra de Dios: «La fidelidad al hombre latinoamericano exige de la catequesis que penetre, asuma y purifique los valores de su cultura. Por lo tanto, que se empeñe en el uso y adaptación del lenguaje catequístico» (Puebla, 996).
En síntesis: “La experiencia humana entra en el proceso catequético por derecho propio”  (CC 223). Es troncal en nuestra catequesis que como hemos estado profundizando queremos que sea Kerigmática, pero si esta no tiene en cuenta la experiencia  y con lo que el catequizando vive  e interpreta de la realidad estamos remando en dulce de leche.

2. LA PALABRA DE DIOS. En el proceso catequético no es suficiente educar en la experiencia humana para vivirla conscientemente; la catequesis pretende que la palabra de Dios ilumine y ayude a interpretar la existencia, dándole sentido y orientación. «La catequesis ha de estar totalmente impregnada por el pensamiento, el espíritu y actitudes bíblicas y evangélicas» (CT 27). Por consiguiente, el primer lenguaje de la catequesis es el bíblico, porque la Sagrada Escritura contiene la experiencia religiosa de Israel y la experiencia religiosa de Jesús de Nazaret y de las primeras comunidades cristianas; estas formas de vivir la fe nos revelan el proyecto salvador de Dios, comunican las primeras experiencias cristianas; por eso son uno de los elementos fundamentales del acto catequético.
Estas experiencias cristianas han sido vividas y manifestadas de muchas maneras a lo largo de la historia. Por eso al hablar de palabra de Dios, nos referimos:
1) a la Sagrada Escritura (experiencias fundantes);
2) al Símbolo de nuestra fe (el credo o la síntesis de fe de la comunidad eclesial), y
 3) a la tradición viva de la Iglesia (en continuidad con las experiencias vividas por los apóstoles y primeras comunidades, la Iglesia universal va expresando su fe a lo largo de la historia).

La tarea de la catequesis no es repetir de forma mecánica esta palabra de Dios; es darla a conocer actualizándola, para que pueda ser conocida y confrontada con las experiencias humanas. De ahí que la catequesis sea el ámbito donde se da el encuentro entre el grupo y la palabra de Dios; sin esta propuesta de fe no puede existir catequesis.
La Palabra de Dios es nuestra brújula en el camino de la catequesis, sin ella nada podemos hacer, no podemos pensar una catequesis, llena de actividades, dinámicas, salidas, celebraciones, etc., sin que antes nuestros catequizandos tengan un encuentro vivo con la Palabra misma de Dios que les quiere hablar al corazón.
El documento de Puebla ve la Escritura como el corazón, la fuente y espina dorsal de la catequesis, «alma de la evangelización... que debe ser leída e interpretada dentro de la fe viva de la Iglesia» (Puebla, 372). En Medellín se pedía a todo el pueblo latinoamericano, «expresar incesantemente de nuevas maneras el evangelio, en relación con las formas de existencia del hombre, teniendo en cuenta los ambientes humanos étnicos y culturales y guardando siempre fidelidad a la Palabra revelada» (Medellín, 8,15).


3. LA EXPRESIÓN DE LA FE. La experiencia humana interiorizada e integrada en la estructura personal necesita ser expresada a través de los diferentes lenguajes. «Esta fe, que penetra y transforma la totalidad de la personalidad creyente, se expresa mediante la profesión o proclamación de la misma, la celebración y el compromiso cristiano » (CC 234).

Señalamos las tres expresiones fundamentales de la experiencia cristiana:
1) La profesión de fe, a través de la cual los catecúmenos «dicen su fe» (credo), tan importante para cada cristiano, porque reconoce su fe  y la profesa públicamente.
 2) La celebración litúrgica, en la que los creyentes celebran su fe. Debemos incentivar en nuestros catequizandos la importancia de la participación, pero de manera activa dentro de las celebraciones litúrgicas. Ahí también va a tener un fuerte protagonismo nuestra creatividad a la hora de presentarles el misterio que celebramos, no quiere decir esto que la misa debe ser más creativa, sino que debemos revelarles cual es la importancia  y el valor de la misma.
 3) El compromiso, que es la expresión ética de la fe, con vistas a la transformación de la sociedad, según los criterios y principios evangélicos.
Cabe decir que el acto catequético es eminentemente una acción educativa en la que se interrelacionan los elementos tratados: la experiencia humana, la palabra de Dios, la expresión de la fe. Esta última hace la síntesis de las dos anteriores, desde mi propia experiencia como niño, joven o adulto, voy a proclamar la Palabra de Dios, voy a dar testimonio de mi fe.
Esta debe ser la finalidad de la catequesis a la que tanto  empeño y amor le ponemos, no es nuestro logro el que buscamos, debemos buscar que nuestros catequizandos se encuentren mediante su experiencia con la Palabra de Dios que habla al corazón y una vez conociendo y amando a quien supo dar su vida por cada uno, salgan a  anunciar que él VIVE Y NOS QUEIRE VIVOS, como tanto ha proclamado el Papa Francisco en la Exhortación a los jóvenes, que dicho de paso es un recurso valiosísimos para quienes trabajan con adolescentes  y jóvenes.


Y ustedes dirán se ha olvidado de algo, no, no es así, FELIZ DIA DE LOS CATEQUISTAS, que decirles que no venga diciendo en la anteriores publicaciones. Gracias una y otra vez, Gracias!!! Porque ustedes son los que hacen crecer la Iglesia, mediante el empeño y el amor con que cada semana enfrentan  a un grupo de catequizandos para hacerlos  crecer  en la fe y en amor en Aquel que supo cautivar nuestro corazón  y  a quien de manera incondicional servimos. Que Dios  por la intercesión de Pio X, renueve todo en tiempo su vocación a esta tarea evangelizadora  y María  Madre de los Catequistas, que es Maestra nos cubra con su manto de sabiduría. Nos Vemos en la próxima!!!

Bibliografia:

·   Encíclica Catechesi Trandendae – Juan Pablo II, 1976 (CT)
·   Documento de Medellín, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 1968
·    Documento de Puebla, III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 1979
·  “La Catequesis de la Comunidad”, orientaciones pastorales para la catequesis en España  (CC)

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martes, 20 de agosto de 2019

"TIERRA, MADRE DE TODOS" - Marcelo Figueroa



"La importancia de las traducciones bíblicas en lenguas amazónicas y su rol en la ecología integral."

Mucho más que oportuna y urgente es la sugerencia “Incentivar la traducción de la Biblia a las lenguas originales de la Amazonía” en el Instumentum Laboris del Sínodo. Además, que ésta se enmarque dentro del capítulo de “Diálogo ecuménico e interreligioso” no solo le da un contenido ecológico integral religioso y lingüístico, sino que representa un continente ecológico integrador para el cuidado de la casa común desde una mirada antropológica y de subsistencia para estas comunidades aborígenes amazónicas.

Las ciencias de las traducciones bíblicas han debido transitar un camino integrador, inclusivo y ecuménico desde lo teológico y misionológico para volver a la misma raíz incultural de la Palabra encarnada (San Juan 1,14a) y al mismo tiempo transitar caminos para que “a partir de las Sagradas Escrituras procurar dar un testimonio común” , de una evangelización sin conquistas. 

De las antiguas traducciones que realizaban los misioneros que se esforzaban por aprender los idiomas originarios, se pasó a la imprescindible tarea de los referentes lingüísticos de esos pueblos para que sirvan como base y desarrollo del texto traducido. Entonces, la literalidad en la traducción debió por fin dejar paso a la dinámica y vitalidad idiomática de cada etnia, conservando su cosmovisión, costumbres, hábitat, cultura y costumbres. En esta tarea resulta fundamental el rol de la mujer aborigen que a menudo se constituye en la reserva idiomática de su comunidad y la garantía de conservación temporal lingüística al utilizar su propio idioma en el cuidado de los niños. Un ejemplo clave de ello es la conservación y desarrollo del guaraní en donde el lugar de la mujer que, sobreviviendo a la guerra del Chaco resistió la conquista idiomática de la lengua de su corazón y fundó las bases para que este idioma aborigen sea ahora lengua oficial de Paraguay. 

La admirable interacción de los habitantes de las comunidades aborígenes amazónicas con lo creado resultará fundamental para la correcta traducción de la enorme variedad y cantidad de elementos de la fauna, flora y cosmos en los relatos bíblicos que en sus lenguas fuentes son propias de un hábitat de origen muy diferente. Por otro lado, el concepto de distribución comunitaria de los bienes de la tierra - que a muchas traducciones bíblicas le dificultó la comprensión y traducción del término “ayuno” como privación de comer lo que se tiene hoy por la gracia de la Madre Tierra - serán desafíos maravillosos para esas traducciones. Ambos conceptos, el de un bienestar comunitario solidario y el de una Madre Tierra proveedora y acogedora expresadas en una traducción, despejarán por sí solas el avance de algunas teologías apocalípticas, dominianistas y de prosperidad individual que “impactan negativamente en grupos amazónicos”.

Por otro lado, que “otros grupos que están presentes en medio de la selva amazónica junto a los más pobres realizando una labor de evangelización y de educación…permite que ellos divulguen la Biblia traducida a las lenguas originarias ”, presenta por lo menos dos desafíos y contribuciones socio-culturales. En primer lugar, los miles de vocablos necesarios para traducir el texto bíblico - que dicho sea de paso muchas veces no superan al enorme volumen idiomático de estas comunidades - se constituirán tal la experiencia con otras traducciones aborígenes en una suerte de diccionario impreso. Este valor bibliográfico, sería un aporte fundamental en la preservación y fijación del idioma aborigen en el concierto de la ecología idiomática y una fortificación lingüística en su histórica defensa por su libertad e independencia cultural. Por otro lado, sería imprescindible abordar las traducciones aborígenes en formatos de audio-escrituras. Esto no solo contribuiría a reconocer la valoración de sus idiomas orales o ágrafos como su propio universo cultural, sino que se insertaría en las raíces mismas de las ciencias bíblicas que reconocen a la transmisión oral como inicio y fuente de conservación de los relatos sagrados. 

Por todo ello, que los biblistas, teólogos y agencias bíblicas de todas las confesiones cristianas comiencen a trazar líneas de trabajos en estas direcciones tal como lo sugiere el documento comentado, resultará fundamental para que estas traducciones, siempre realizadas a pedido de las comunidades aborígenes, se constituyan en puentes de encuentro y de integración en la ecología integral expresada en los términos del primer párrafo de este artículo. "

Publicado en en L’Osservatore Romano,
7 de Julio, 2019



Autor: Marcelo Figueroa
(Presbítero de la Iglesia Presbiteriana y editor del L'osservatore Romano en Argentina)

Todos los martes encontraran en este blog, una publicación sobre el "Sínodo de la Amazonia".

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martes, 13 de agosto de 2019

"Una Iglesia de rostro amazónico y el escándalo de la inculturación" - P. Quique Bianchi





Uno de los tantos senderos que se abrieron en el posconcilio es el de pensar la evangelización como una inculturación del Evangelio. Juan Pablo II impulsó fuertemente esta perspectiva considerando la inculturación como un “hermoso neologismo” que “expresa muy bien uno de los componentes del gran misterio de la Encarnación”.[1] Si buscamos una definición sintética, podemos tomar la expresión del Sínodo de 1985 que entiende a la inculturación como “una íntima transformación de los auténticos valores culturales por su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en todas las culturas humanas”.[2]

Hasta aquí todos de acuerdo. Cuando se trata de la inculturación como un principio teológico pastoral parecería que todas sus consecuencias pueden contenerse en consensos de escritorio. Pero este año la Iglesia está por celebrar un Sínodo sobre los desafíos que presenta la Amazonía. Se trata una región que debido a la riqueza de sus recursos y el estado de amenaza en que se encuentra entraña una problemática que es de vital importancia para el futuro de la humanidad. A esto se suma el hecho de que en su seno viven comunidades indígenas a las que la Iglesia quiere anunciarles el Evangelio y que se encuentran en un proceso de inculturación incipiente. El Sínodo quiere buscar nuevos caminos para profundizar esta misión. Pasar de una Iglesia para los indígenas a una Iglesia indígena. El cardenal C. Hummes, relator general del Sínodo, lo explica en una entrevista a La Civiltà Cattolica: “Nosotros, sobre todo a partir de las grandes Conferencias del episcopado latinoamericano, hemos buscado ser una Iglesia indigenista, que considera a los indígenas como objeto de pastoral, pero no todavía como protagonistas de la propia experiencia de fe. Pero esto no basta. Ahora sabemos que debemos dar un paso más: debemos promover una Iglesia indígena”.[3]

La inculturación engendra historia

Esta coyuntura nos pone ante la posibilidad cierta de que el planteo de la inculturación tome protagonismo no sólo en el plano de los principios o de la explicación del pasado sino en la creación de la historia. Como sabe cualquiera que siga las noticias eclesiales, la reacción a los primeros trabajos del Sínodo no se ha hecho esperar. Algunas críticas son “las de siempre”, las que ven demonios conduciendo todos los procesos posconciliares, o una pluma roja detrás de cada palabra escrita a favor de los pobres. Pero otras son más serias. Incluso -como un testimonio del clima de diálogo de este pontificado- algunas proceden de altos funcionarios de la Iglesia que no temen expresar sus posturas aunque éstas arrojen sombras sobre posicionamientos del papa Francisco.

Toda crítica bienintencionada merece ser pensada y puesta en diálogo. No lo hacemos en este caso desde el lugar de quien conoce la problemática misionera del Amazonas, sino desde la búsqueda de una profundización de la reflexión teológica sobre la inculturación desde América Latina. En concreto, sólo queremos detenernos brevemente en una idea: algunas críticas hacen pensar que la inculturación participa del escándalo de la Encarnación (entiéndase que estamos en el terreno de las analogías). Bien sabemos los cristianos que sostener que el mismo Dios Todopoderoso haya asumido la debilidad de la carne en el seno de María está lleno de consecuencias que resultan difíciles de digerir. Incluso en nuestro proceso de conversión personal se levantan permanentemente resistencias interiores frente a las nuevas facetas que nos va presentando semejante misterio. Tal vez algo análogo suceda en el interior del cuerpo eclesial cuando se quiere llevar a fondo el planteo de la inculturación del Evangelio en nuevas culturas y éstas nos muestran un nuevo modo cultural de ser Iglesia.

La inculturación choca con el eurocentrismo

Un primer escándalo que produce profundizar la evangelización en clave de inculturación es que dinamita cualquier intento de eurocentrismo. Reconocer que “ninguna cultura agota el misterio de la redención de Cristo”[4] choca con la pretensión de normatividad que a veces presenta el cristianismo de cuño europeo. Hablamos en este caso, no de Europa como hecho geográfico sino como fenómeno cultural. Se puede ser culturalmente europeo sin haber pisado el viejo continente. Para una idea general acerca de qué se entiende por cultura europea podemos tomar las palabras de Benedicto XVI: “La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma”.[5] El llamado “Occidente cristiano”. Sócrates, Cicerón y Jesucristo. Pero también Descartes, Lutero y Voltaire. Y tantos otros. Es indudable que en esta cultura la humanidad ha llegado a un alto grado de desarrollo. Incluso en el plano del pensamiento cristiano se ha logrado una rica profundización de la revelación que es un tesoro de la Iglesia. Pero este valor eminente no la hace universal ni le da derecho de presentarse como normativa. Sin embargo, de la mano de sus innegables logros -y del colonialismo de los últimos siglos-, esta cultura se ha extendido por todo el mundo exhibiendo una cierta pretensión de universalidad.

Profundizar procesos de inculturación y reconocer que otros pueblos puedan ser sujetos creadores de una cultura cristiana llevaría a “descentrar” culturalmente la Iglesia. Entenderla como un sujeto intercultural la convertiría en un mosaico donde otras culturas además de la europea tengan carta de ciudadanía cristiana. No se trata de un rechazo a la cultura europea sino de sosegar su vocación hegemónica. Eso es algo todavía pendiente y que Francisco -un papa venido de otro paradigma cultural como es el latinoamericano- reclama vehementemente. En Evangelii Gaudium hay todo un apartado sobre el tema bajo el título “Un pueblo con muchos rostros” (115-118). Allí, a partir del principio de que “la gracia supone la cultura” fundamenta teológicamente la posibilidad de un cristianismo pluricultural y reclama enfáticamente: “no podemos pretender que los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia, porque la fe no puede encerrarse dentro de los confines de la comprensión y de la expresión de una cultura.[6]

Esto lleva a pensar que tal vez muchas de las resistencias a los procesos de cambio que inicia el papa Francisco tengan que ver con esta interculturalidad que reclama para la Iglesia. Algo así afirmaba en estos días una intelectual italiana en una entrevista a L´Osservatore Romano. Decía que no recuerda un papa tan atacado desde adentro de la Iglesia como ahora y atribuye el fenómeno a “la forma eurocéntrica que el catolicismo ha tomado y que contradice su vocación universal”.[7] Según esto, Europa no está preparada para recibir el modo eclesial de América Latina que representa Francisco. Y debe convertirse.

Un ejemplo claro es la discusión sobre el perfil que tendrían que tener los sacerdotes de una Iglesia indígena. Hay quienes consideran insostenible la posibilidad que éstos no lleven en sus alforjas a San Agustín y Santo Tomás. O se rasgan las vestiduras frente a la idea de que la Iglesia indígena confiera el orden sagrado a ancianos con familia. Parecería que consideran más factible comunidades cristianas sin Eucaristía que introducir novedades en la disciplina de la Iglesia latina. A estos planteos, el cardenal Hummes les recuerda que el ministro debe ser pensado a partir de la comunidad: “Muchas veces existe la preocupación de trasplantar los modelos de los sacerdotes europeos a los eventuales sacerdotes indígenas. Pero alguien alertaba, con razón, de que hay demasiada preocupación y prioridad acerca del perfil del ministro ordenado más que de la comunidad que debe recibir al ministro. Al contrario, la comunidad no es para su ministro, sino el ministro para su comunidad”.[8] En estas afirmaciones de sentido común evangélico resuenan las palabras del Maestro: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc 2,27).

La paradoja de una acción inculturada

Otra dificultad que aparece cuando pensamos la evangelización en clave de inculturación es la que viene de considerar el principio divino-humano de la acción evangelizadora. El verdadero protagonista de la inculturación es el Espíritu Santo. La íntima transformación de los valores de las culturas, la hace el Espíritu Santo que es quien transforma los corazones. Esto no hay que perderlo de vista. A veces en pastoral hablamos más de nuestras acciones que de la acción de Dios. Nuestro trabajo evangelizador, siempre necesario en esta economía, es instrumental. Colaboramos “como instrumento de la gracia divina que actúa incesantemente más allá de toda posible supervisión”.[9]  Esto hace que en la acción pastoral con la que buscamos la inculturación siempre haya una dimensión de misterio que escapa a nuestro entendimiento y reclama la fe.

martes, 6 de agosto de 2019

"El Sínodo Amazónico" - Un nuevo sínodo, preguntas y respuestas

Queridos amigos y seguidores de este blog, faltan tan solo dos meses para que se de inicio a un nuevo sínodo de los obispos, te invitamos a conocer más sobre el sínodo de la amazonia, todos los martes compartiremos en este blog publicaciones de distintos autores que nos ayudaran a profundizar los distintos tópicos de este sínodo. A continuación compartimos un articulo como introducción al sínodo: 



Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica: 6 - 27 Octubre 2019

"Amazonía: Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral"




¿Qué es el Sínodo de los obispos y cuando se instituyó?


El Sínodo de los Obispos fue instituido por San Pablo VI el 15 de septiembre 1965 a través del Motu Proprio Apostolica Sollicitudo. Su creación tuvo lugar en el contexto del Concilio Vaticano II, que con la Constitución Dogmática Lumen gentium (21 de noviembre de 1964), se había concentrado ampliamente sobre la doctrina del episcopado, convocando a una mayor participación de los Obispos, en las cuestiones que interesan a la Iglesia Universal.

El Decreto conciliar Christus Dominus (29 de octubre de 1965) describe de esta manera el reciente Organismo instituido: «Los Obispos elegidos de entre las diversas regiones del mundo, en la forma y disposición que el Romano Pontífice ha establecido o tengan a bien establecer en lo sucesivo, prestan al Supremo Pastor de la Iglesia una ayuda más eficaz constituyendo un consejo que se designa con el nombre de sínodo episcopal, el cual, puesto que obra en nombre de todo el episcopado católico, manifiesta, al mismo tiempo, que todos los Obispos en comunión jerárquica son partícipes de la solicitud de toda la Iglesia»(n. 5).

¿Cuáles son las fases de un Sínodo?

Recientemente, el Papa Francisco, con la Constitución Apostólica Episcopalis communio (15 de septiembre de 2018), ha renovado profundamente el Sínodo de los Obispos, incluyendo en el marco de la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia, a todos los niveles de su existencia. En particular, el Sínodo viene comprendido como un proceso articulado en tres fases: la fase preparatoria, en la que tiene lugar la consulta al Pueblo de Dios sobre temas indicados por el Sumo Pontifice; la fase celebrativa, caracterizada por la reunión de los Obispos en asamblea; la fase de actuación, en la que las conclusiones del Sínodo, aprobadas por el Romano Pontífice, deben ser acogidas por la Iglesia. Por lo tanto, la fase central, cuando los pastores se dedican al discernimiento, está precedida y sucedida por fases en las que se involucran a la totalidad del Pueblo de Dios, en la pluralidad de sus componentes.

¿Por qué un Sínodo para la Amazonía?


El pasado 15 de octubre del 2017, Papa Francisco convocó una Asamblea Sinodal Especial sobre la Panamazonía, indicando que el principal objetivo es “encontrar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, sobre todo de los indígenas, muchas veces olvidados y sin una perspectiva de un futuro sereno, también por la causa de la crisis de la deforestación amazónica, pulmón de fundamental importancia para nuestro planeta”.



El Sínodo Amazónico es un gran proyecto eclesial, cívico y ecológico que mira a superar los confines y redefinir las líneas pastorales, adecuándolas a los tiempos contemporáneos. La Panamazonía está formada por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Suriname, Guayana y Guayana Francesa, se trata de una región que es una importante fuente de oxígeno para toda la tierra, donde se concentran más de un tercio de las reservas forestales primarias del mundo. Es una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta, conteniendo el 20% del agua dulce no congelada.

La primera vez que el Papa tocó territorio amazónico (en Perú) el 19 de enero del 2018, expresó su preocupación por los indígenas afirmando: “Probablemente, los pueblos originarios amazónicos, nunca estuvieron tan amenazados como ahora. La Amazonía es una tierra disputada desde varios frentes”. En esa ocasión inauguró oficialmente la preparación para el evento que tendrá lugar en octubre del 2019.

La población de este vasto territorio es de cerca de 34 millones de habitantes, de los cuales más de tres millones son indígenas, pertenecientes a más de 390 grupos étnicos. Pueblos y culturas de todos los tipos como los afrodescendientes, campesinos, colonos, que viven en una relación vital con la vegetación e con las aguas de los ríos.

La Justicia Social y los derechos de estos pueblos son una indicación prioritaria para el Papa Francisco que reiteró: “El problema esencia es cómo reconciliar el derecho al desarrollo, incluso social y cultural, con la tutela de las características propias de los indígenas y de sus territorios”. (III Fórum de los Pueblos Indígenas, el 15 de febrero del 2017)

Aunque la temática se refiera a una región específica, como la Panamazonía, las reflexiones propuestas van más allá del territorio geográfico, pues abarcan toda la Iglesia y se refieren al futuro del planeta.

Según el Documento Preparatorio (n. 12) “la Asamblea Especial para la Panamazonía está llamada a encontrar nuevos caminos para hacer crecer el rostro amazónico de la Iglesia y también para responder a las situaciones de injusticia de la región”.

¿Como está compuesto este Sínodo?

El Sínodo tiene una Secreteria General compuesta por un Secretario General, un Sub-Secretario y algunos Consejos de Obispos, que se reúnen en distintos tipos de Asambleas:

Asamblea General Ordinaria para los asuntos relacionados con el bien de la Iglesia Universal;

Asambleas Generales Extraordinarias, para cuestiones de consideración urgente;

Asambleas Especiales, que trata temas concernientes a una o más regiones determinadas.

El Consejo está compuesto por 18 miembros, nombrados el pasado 8 de marzo 2018 directamente por el Santo Padre .

Además del Secretario General y el Subsecretario los miembros son: 

1.  Card. Cláudio HUMMES, O.F.M., Arzobispo emérito de San Pablo (Brasil), Presidente de la Red Eclesial Panamazónica.

2.  Card. Peter Kodwo Appiah TURKSON, Prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral.

3.  Card. Carlos AGUIAR RETES, Arzobispo de Ciudad de México (México).

4.  Card. Pedro Ricardo BARRETO JIMENO, S.I., Arzobispo de Huancayo (Perú), Vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica.

5.  Mons. Paul Richard GALLAGHER, Arzobispo titular de Hodelm, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede.

6.  Mons. Edmundo Ponciano VALENZUELA MELLID, S.D.B., Arzobispo de Asunción (Paraguay).

7.  Mons. Roque PALOSCHI, Arzobispo de Porto Velho, Rondônia (Brasil).

8.  Mons. Oscar Vicente OJEA, Obispo de San Isidro, Presidente de la Conferencia Episcopal (Argentina).

9.  Mons. Neri José TONDELLO, Obispo de Juina, Mato Grosso (Brasil).

10. Mons. Karel Martinus CHOENNIE, Obispo de Paramaribo (Surinam).

11. Mons. Erwin KRÄUTLER, C.PP.S., Prelado emérito de Xingu, Pará (Brasil).

12. Mons. José Ángel DIVASÓN CILVETI, S.D.B., Vicario Apostólico Emérito de Puerto Ayacucho (Venezuela), Obispo titular de Bamaccora.

13. Mons. Rafael COB GARCÍA, Vicario Apostólico de Puyo, Obispo titular de Cerbali (Ecuador).

14. Mons. Eugenio COTER, Vicario Apostólico de Pando, Obispo titular de Tibiuca (Bolivia).

15. Monseñor Joaquín Humberto PINZÓN GÜIZA, I.M.C., Vicario Apostólico de Puerto Leguízamo-Solano, Obispo titular de Ottocio (Colombia).

16. Mons. David MARTÍNEZ DE AGUIRRE GUINEA, O.P., Vicario Apostólico de Puerto Maldonado, Obispo titular de Izirzada (Perú).

17. Hermana María Irene LOPES DE LOS SANTOS, S.C.M.S.T.B.G., Asesora de la Comisión Episcopal para la Amazononía de la CNBB.

18. Sr. Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la REPAM (Ecuador)

Leer el Documento preparatorio

Leer Instrumentum Laboris del Sínodo para la Amazonía


Fuente: Pagina oficial del Sínodo Amazonía: Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral

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domingo, 4 de agosto de 2019

“Cuídense de toda avaricia” - Homilía dominical de Monseñor Angelelli




Eclesiastés 1,2.2,21-23. / Salmo 90(89),3-4.5-6.12-13.14.17ab /  Colosenses 3,1-5.9-11.


Evangelio según San Lucas 12,13-21.


En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?". Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas". Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'. Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'. Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".

Homilía de Monseñor Enrique Angelelli:



Amigos y hermanos radioyentes de L.V. 14.-
En este domingo tenemos dos acontecimientos gratísimos para celebrar y que nos van a ayudar para hacer la reflexión que habitualmente hacemos. Uno más universal: El DIA DEL NIÑO, el otro más restringido y que dice directamente a la comunidad de la Iglesia: El DIA DEL PÁRROCO.

De las lecturas que hemos acabado de escuchar: la primera del Libro del Eclesiastés (c.1 y c.2), la segunda de San Pablo a los Colosenses (c.3, 1-5 y 9-11) y San Lucas (c.12, 13-21) podríamos sintetizarlos así: Dios nos enseña cuál debe ser la escala de valores que debemos tener en la vida; en otras palabras: cuáles son las verdaderas razones y motivaciones que debemos tener para vivir
y ser verdaderamente felices y cuáles son las cosas que nos engañan y no autoengañarnos.
1. “Vanidad de vanidades y todo es vanidad...”
2. “Despójense de la vieja condición humana, con sus obras; y revístanse de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo.”
3. “Necio: esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de qué te servirá? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.”

Pero para poder comprender bien esto es necesario comenzar por algo que es fundamental tener presente, lo que dijimos el domingo pasado: “Dios es mi Padre y nosotros somos sus hijos, todos nos debemos sentir necesitados los unos de los otros, así se construye la fraternidad y la felicidad. Pero, también es bueno aclararlo, esto no significa que debemos cruzarnos de brazos; ni considerar que la creación que Dios ha puesto en nuestras manos es mala; ni que debemos ser unos evadidos y alienados de la realidad en que vivimos. Lo importante es ir haciendo opciones en la vida de la que mañana no tengamos que arrepentirnos; esas opciones en la que se juega el sentido y el destino de
la vida.

San Marcos en su Evangelio en el c.10 nos dice: “...dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que se parecen a los niños. Les aseguro que quien no reciba el Reino de Dios como ellos, no entrará en él...y bendecía y ponía sus manos sobre las cabezas de los niños...”.

Hoy todos nos sentimos necesitados de brindarle algo al niño. Puede ser el hijo; los chicos del barrio o del pueblo; los chicos más abandonados y solitos... el chico enfermo, o el ahijadito... Pareciera que nosotros los adultos necesitáramos reflejarnos en ellos; necesitamos acariciarlos y abrirles el corazón para descubrirles “eso” que llevamos adentro... sentimos necesidad de hacernos un poco niños... nos hace bien. Por eso es bueno reflexionar sobre este personaje que es el niño. Le vemos inocente... frágil... limpio en sus ojos y en su corazón... lo vemos inacabado... es el signo de la esperanza... del futuro... de la sencillez... de la sorpresa... es el hijo... el fruto del amor... es también un poco misterio.

No nos ponemos sentimentales... nos damos cuenta que ese niño a quien hoy festejamos es también un cuestionador de nuestra vida... él es el que siempre pregunta: ¿por qué...? y algunas veces le sabemos responder y otras evadimos la respuesta de muchas maneras. Hoy ese niño, a lo mejor es como el ángel enviado por Dios para reconstruir un amor y un vínculo resquebrajado de sus padres a quienes quiere mucho... a lo mejor arregla tantas situaciones que para nosotros los adultos nos es casi imposible. El lo hace con una pregunta que nos deja sin palabra... con una mirada triste que interroga mucho... con un beso y una caricia... con una linda nota traída del colegio... con un gesto o una respuesta que nos hace repensar nuestra fe cristiana o nuestra relación con los demás. Me parece que es un canto el que dice esto: “...mientras los adultos se matan con cañones y destruyen la felicidad de los hombres... se juntan los chicos y robándoles los cañones los llenan de pan y de flores para que los hombres mayores sean felices”. Creo que no es una simple poesía, es mucho más... hace pensar mucho.

Estos chicos nos enseñan cuál debe ser la escala de valores que debemos tener en la vida. Por eso Jesús nos dice: “debemos dar acogida al Reino de Dios con la sencillez y limpieza interior de un niño...” A ese niño, Dios lo asemeja al pobre, al débil, al desvalido, al hombre frágil, al recto de corazón. En esta óptica están las llamadas Bienaventuranzas. El secreto de la verdadera grandeza está en “hacerse como niño”, tal es la verdadera “humildad, sin la cual no se puede ser “hijo del Padre celestial”. Los verdaderos discípulos son precisamente los “pequeñuelos” a quienes el Padre ha tenido a bien revelar sus secretos ocultos a los “sabios“. Le llama bienaventurado a quien acoja a estos “pequeñuelos”.

En esta óptica hay que reflexionar sobre las llamadas “Obras de Misericordia”, que no significa “compasión” ni “lástima” sino compromiso con quienes están allí descriptos y señalados. No son los valores ni la óptica de la sociedad de consumo la que Jesús señala como el camino que hace felices a los hombres ni construye fraternidad entre ellos. Es otra la mirada, la actitud y la conducta a seguir. “Necio, nos dice hoy en el evangelio: esta noche te van a exigir la vida... lo que has acumulado ¿de qué te sirve?”. Si hoy insistimos en todo esto, no significa que hayamos renunciado a ser vigilantes y servidores de nuestro pueblo; todo lo contrario; pero sí es oportuno repetirlo: hay enfoques y contenidos que es bueno recordarlos para que no nos sorprenda esa admonición demasiado dura: “necio”.

Por eso chicos que me escuchan... o a lo mejor no... porque tienen derecho a seguir durmiendo... pero quiero en este día decirles a todos los niños de La Rioja que aquí desde el Santuario de San Nicolás, estamos pidiendo por ustedes para que en la vida sean siempre felices. Especialmente quiero hacerles llegar a ustedes, niños del campo que están solitos con sus familiares, a ustedes chicos de nuestros barrios que a lo mejor no les llega un juguete, a ustedes los chicos del hospital de niños, a ustedes chicas del hogar del Carmen, a ustedes chicos que más necesitan de un cariño y de un recuerdo de amigo de ustedes y de padre... recíbanlo ahora que se los hago llegar con todo el corazón. Les pido que recen por La Rioja y por la Patria... lo necesitamos mucho... por los que los hacemos sufrir a ustedes sin darnos cuenta del mal que les hacemos... recen por el papá y la mamá... aprovechen lo que les enseñan en la escuela y hagan felices a sus padres... cuando el papá o la mamá andan tristes... acérquense y denle un beso... lo necesitan y cuiden ustedes para que ellos siempre se quieran mucho...

El otro hecho es: El DIA DEL PÁRROCO. Los dos acontecimientos tienen mucha relación. Padre de una gran familia y el niño es el hijo que recibe en esa gran familia, que es la parroquia, la vida de Dios a través de la Palabra de Dios, el que hemos hecho, peregrinando, desde la ciudad hasta estos cerros esta mañana. Nacimos de esta Madre la Iglesia; somos sus hijos y seremos sus hijos hasta llegar a la casa de nuestro Padre Dios. Este Niño Alcalde, que es el Cristo de la Cruz y de la Resurrección, es el que nos marcó en el bautismo para siempre, como pueblo enviado a construir la justicia entre los hombres para que la paz pueda ser el fruto que nos haga felices a todos. Hoy, aquí, en Las Padercitas, sentimos la necesidad de llamarnos hermanos y de darnos un abrazo de reconciliación y de paz. Pero este abrazo no puede ser fingido ni cerrando los ojos a todas las cosas que nos separan.

En el corazón de cada mujer y de cada hombre; en cada hogar; en cada barrio y en cada ciudad y pueblo de nuestra Rioja debe hoy renacer la necesidad de seguir trabajando ese TINKUNACO que hace cuatro siglos se comenzó, aquí en Las Padercitas con la proclamación del Evangelio por San Francisco Solano. Pero no construiremos el ENCUENTRO anunciado e iniciado por San Francisco Solano si lo pretendemos construir con criterios mezquinos y sectarios; con resentimientos y ambiciones personales, egoístas; con la postergación de la juventud y de los pobres; con la calumnia y la injuria; con el silencio ante las reales necesidades y problemas de nuestro pueblo.

La celebración de Las Padercitas que hoy estamos viviendo en este Año Santo, nos reclama que es hora de decir ¡basta! al lodo que se viene sembrando sobre el rostro de la Rioja. Nuestras actitudes deberán ser muy evangélicas para impedir que se siga enlodando a personas e Instituciones; pero, a la vez, muy firmes. A quienes utilizan sus vidas en esta triste tarea les sugerimos que recapaciten porque esa manera de obrar es una grave ofensa a Dios; es un grave agravio al pueblo y una injuria a la FE CRISTIANA a quien dicen defender. Es hora de que los ojos vigilantes sean puestos más sobre quienes enlodan a La Rioja que sobre quienes están entregando sus vidas para servirla leal, generosa y noblemente para que ella brinde la felicidad que le reclaman sus hijos.

Que lo que hoy está viviendo La Rioja en las Padercitas, lo podamos vivir todo el año en toda su extensión geográfica. Le pedimos a San Francisco Solano que él nos ayude a seguir construyendo lo que él comenzó, aquí en las Padercitas.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pag 143s4
La Rioja, 4 de agosto de 1974

Hoy celebramos el 43° aniversario del martirio de Mons. Angelelli


 Monseñor Angelelli y compañeros mártires rueguen por nosotros!!!


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jueves, 1 de agosto de 2019

¿POR QUÉ CREO EN DIOS? - P. Sergio Romera




H
ace unos días, al terminar la última misa en uno de los pueblos de las Hurdes (Extremadura, España), al salir de la iglesia se me acercó un joven español de unos 24 años aproximadamente. Había estado presente durante la celebración en uno de los últimos bancos del templo. David, un tanto dubitativo y con cara de nerviosillo me dijo: “Disculpe Padre ¿le puedo hacer una pregunta?”. Por supuesto, le dije. De forma concisa y lacónica David replicó: “Usted Padre, ¿por qué cree en Dios?”. Inmediatamente, y por poco a borbotones, pensé en darle las usuales respuestas y las típicas razones que los cristianos solemos dar casi por inercia desde una estúpida actitud apologética. Pero en ese mismo instante, la pregunta de David que podía parecer superflua e ingenua, caló tan hondo en mí que se transformó en un interrogante sumamente profundo y extremadamente delicado. No es mi intención relatar el largo diálogo que tuvimos con David con la sola mediación de un par de cañas en el bar del pueblo. Pero sí quisiera responderme a mí mismo esta fontal pregunta que muchas veces nos hacen y que pocas veces, con seriedad y absoluta honestidad, somos capaces de hacernos a nosotros mismos.
Creo que la mayoría de las veces quienes nos decimos ser cristianos estamos tan convencidos de nuestra fe que ni siquiera nos tomamos el trabajo de cuestionar o al menos de pensar lo que creemos. Hacemos de la fe y de Dios algo que defender, justificar y demostrar olvidándonos que en realidad Dios es alguien al que más que demostrar en su existencia debemos mostrar que es capaz de ser creíble. Más que demostrar la existencia de Dios estoy convencido que lo realmente importante es mostrar que Dios es alguien verdaderamente creíble. Esto fue lo primero que David con su pregunta me enseñó. Aun cuando aparentemente no se cree, o se está lejos de Dios y de la religión, e incluso cuando la crítica va dirigida a lo estrictamente eclesiástico, la pregunta por Dios sigue siempre latente y patente en el corazón del hombre, incluso, en el más reo, ateo y renegado. Ahora bien, como en una suerte de acto de sincericidio me atrevo a preguntarme: “A ver Sergio, ¿por qué crees en Dios?”. Esta pregunta me tuvo a tras perder varios días rondándome por mi cabeza. Pero finalmente, esta vez no a borbotones ni por inercia, sino con reposo y con mesura, hoy puedo decir que son varias las razones por las que creo y me entrego a Dios. ¿Cuáles?

En primer lugar creo en Dios porque hay no creyentes. Pues sí, porque hay, hubo y habrá siempre gente que libre y deliberadamente no cree y no quiere creer. Esto me enseña que la afirmación de Dios no es coactiva, no fuerza ni obliga, solo es posible en el más radical y soberano ejercicio de la libertad. Pensar en esto me genera una profunda serenidad: saber que mi confesión de fe es una opción personal, un acto de libertad, un auténtico acto humano y que no podría resistir ni por un segundo la idea de un Dios que se impone, infringe y obliga. Por ello una vez más agradezco a los que no tienen fe, porque son ellos quienes me enseñan que la fe es el fruto maduro de mi libertad que puede entregarse a un Dios que pese a todo siempre respeta mi condición creatural y mi decisión en la libertad. Si Dios me obligase a creer, ciertamente sería el primero y el más empedernido de los ateos.

Otra de las razones que descubro es aquella realidad que muchas veces no vemos (o que no queremos ver) los que nos decimos ser creyentes. Pienso que todo creyente lleva en el hondón más profundo de su ser un “no creyente”. Dicho de otro modo, aunque creo y me entrego a Dios, muchas veces experimento la duda, la sospecha, la inquietud y hasta el enojo con Dios. Francamente ¿quién no ha tenido esta experiencia? ¿Quién de los cristianos tiene la osadía y el coraje de reconocerlo? Descubro que aun siendo creyente hay en mí un “no creyente”. Esto que seguramente para algunos es falta de fe o para otros un pecado mortal, para mí es una gracia, más aún, creo que es un signo de madurez y una oportunidad kairológica (momento favorable, tiempo de Dios) para confrontarnos con Dios y consigo mismo. ¿Qué creyente no se ha preguntado alguna vez si realmente Dios está, si Dios escucha, si Dios actúa? Hasta el más santo de los santos tuvo siempre esta noche oscura de la duda y la incertidumbre de la fe. Por eso, creo que la duda y la fe hacen honor tanto a la realidad de Dios como a nuestra frágil condición humana. Dios respeta nuestra libertad hasta el extremo de poderla negar. Por ello la debilidad humana no es una vergüenza, es una realidad que nos permite abrirnos con sinceridad a la gracia de Dios y a uno mismo. La debilidad y el pecado lejos de ser reprimidos deben ser afrontados si es que queremos que nuestra fe sea verdadera, real y honesta.

Otra lección y una especial razón de mi fe la encuentro nuevamente en quienes no creen. Pienso que a menudo los no creyentes son más exigentes que los que nos decimos ser cristianos. Aunque ciertamente no creen, esto no les impide tener una idea mucha más elevada de Dios que el común de los creyentes. Esto se puede corroborar, por ejemplo, ante la evidente y patente realidad del mal. Mientras que los cristianos, especialistas en apología, sin atinar a pensar ni una pisca sobre este misterio defienden ciegamente a Dios, los no creyentes prefieren pensar en un Dios tan grande que es imposible que exista ante tanto sufrimiento, dolor y pasión. Queridos amigos ¡una vez más los ateos del mundo nos enseñan e interpelan! Los cristianos vivimos preocupados por la existencia de Dios sin más. Los no creyentes se preocupan y se preguntan por lo realmente esencial: ¿cuál es la naturaleza de Dios? ¿Cómo es Dios? ¿Dónde está Dios? Estoy convencido que ya es tiempo que nos despojemos de las especulaciones escolásticas que no interesan a nadie, que nos liberemos de una apología barata, que nos desprendamos de la estúpida obsesión por justificar la existencia de Dios y que de una vez por todas los cristianos nos ocupemos del Dios que es Alguien, y que como Alguien es creíble, y que por ser creíble existe. Esto me hace pensar que los cristianos muchas veces tenemos una idea de Dios un tanto perezosa y que los no creyentes son mucho más exigentes y coherentes. Por eso, más que “demostraciones” de la existencia de Dios, lo que nos exige el no creyente es que le “mostremos” en qué Dios creemos. Dios es realmente creíble pero tristemente reducido a mera existencia. ¿De qué sirve al no creyente la existencia de Dios si solo se comprueba la existencia de alguien que nada hace frente al dolor? Si Dios existe así ¿puede ser creíble? Pues yo creo que no. Sin embargo, si confieso a Dios en su ser de amor y de misericordia, si irradio su ternura y compasión, si asumimos nuestras fragilidades con sinceridad de corazón, nuestra vida se hace más humana y verdadera, y a su vez, traslucimos un Dios que existe, pero porque es creíble.

Otra de las razones por las que creo en Dios es porque me ofrece el más puro y verdadero humanismo. La historia es testigo de cómo los cristianos hemos manipulado y reducido la idea de Dios. Mientras que algunos hablaban de un Dios Semper maior, trascendente, inaccesible, impenetrable, otros proclaman una filantropía que hacen del hombre el único Dios y del mundo el único cielo. Por supuesto que ambos extremos son inadmisibles, sin embargo, es aquí donde se reconoce que en Dios los extremos se tocan, se rozan y se abrazan. Es aquí donde el cristianismo se presenta como la religión que es a la vez afirmación radical de Dios y afirmación radical del hombre. Por ello creo en el Dios cristiano: Cristo se entregó a Dios y se entregó a los hombres; totalmente filial y trascendente, plenamente humano y fraterno; apasionado por la causa de Dios y apasionado por la cusa de los hombres. Con este doble y paradójico apasionamiento de Cristo, el cristianismo me dice que no son realidades absolutamente contradictorias sino que cada una remite a la otra y la respalda. Esta es para mí una intuición y una realidad tan maravillosa que causa en mí una razón para creer en Dios, pero no en cualquier Dios, sino en el Dios cristiano.

Queridos amigos, estas son algunas de las razones que hoy descubro en mi corazón y por las cuales creo en Dios. Con el correr del tiempo indudablemente iré descubriendo otras. Seguramente habrá otro David que Dios ponga en mi camino. Pero hoy estoy convencido que la fe, cual fuego encendido que emerge desde la oscuridad, surge paradójicamente también desde el fuego ardiente de los que no creen. Por ello le doy gracias al Dios vivo y creíble que es capaz de arrancar de la más profunda de mis oscuridades el esplendor de la luz de la fe. Y por supuesto, le doy las gracias a David, quien desde su incrédula fe avivó y despertó mi fe incrédula.


Padre Sergio Romera Maldonado

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