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sábado, 21 de marzo de 2020

4° Domingo de Cuaresma - CELEBRACIÓN Y HOMILÍAS


Queridos amigos debido a la propagación del Coronavirus, en muchos países se suspendieron las misas, dispensando el precepto dominical de la misa presencial y recomendando la participación en la misa a través de distintos medios de comunicación. Aquí te proponemos las lecturas del día, una celebración familiar (elaborada por la Conferencia Episcopal Argentina) y algunas homilías para reflexionar y rezar en este cuarto domingo de Cuaresma

Lecturas del día: Samuel 16,1b.6-7.10-13a. / Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6. / Efesios 5,8-14.


Evangelio según San Juan 9,1-41.


Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?". "Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo". Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?". Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo". Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?". El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi". Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé". El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo". Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos.
Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta". Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?". Sus padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta". Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: "Tiene bastante edad, pregúntenle a él". Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador". "Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo". Ellos le preguntaron: "¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?". El les respondió: "Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?". Ellos lo injuriaron y le dijeron: "¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este". El hombre les respondió: "Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada". Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?". El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?". Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando". Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él. Después Jesús agregó: "He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven". Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Acaso también nosotros somos ciegos?". Jesús les respondió: "Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: 'Vemos', su pecado permanece".

Descargar Celebración Familiar IV Domingo de Cuaresma


Homilías:


"Yo soy la Luz del mundo" - Cardenal Eduardo Pironio, Siervo de Dios



"La perspectiva sigue siendo la Pascua" - José Aldazabal,  SDB   


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martes, 12 de marzo de 2019

42° Aniversario del martirio del Padre Rutilio Grande

Hoy, 12 de marzo se conmemora el 42 Aniversario del martirio del padre Rutilio Grande y sus compañeros mártires. Compartimos datos sobre la vida, obra y legado del "Padre Tilo". 





Venerable Siervo de Dios Padre Rutilio Grande S.J. (1977-2019)


Rutilio Grande García S.J., – el protomártir salvadoreño y precursor del profeta Mons. Romero – nació el 5 de julio de 1928, en una pequeña población de Aguilares, llamada El Paisnal. Fue su padre, el señor Salvador Grande y su madre, Cristina García. Tuvo tres hermanos: Luis, José, Mario; y una hermana: Cristina; entre los cuales, le correspondió ser el menor. Con apenas cuatro años, fallece su madre, quedando al cuidado principalmente de su abuela que no sólo se encargó de prodigarle los cuidados necesarios. Asentó, en palabras del Padre Rodolfo Cardenal S.J, – uno de sus máximos biógrafos – las bases de su espíritu piadoso y su vocación al sacerdocio.

VIDA

Su vida, en medio de las muchas dificultades e incomprensiones que enfrentó, fue un constante hacer la voluntad de Jesús y; por ende, del Padre. Hacer, que se traduce en frutos a través de los cuales, los conoceréis dijo Jesús (cfr. Mt 7, 16):

ATENDIÓ EL LLAMADO

Sintiendo la voz de Dios que un día escuchara Pedro y Andrés, en boca del Maestro, invitándoles a ir tras su seguimiento radical: Vengan conmigo y les haré llegar a ser pescadores de hombres (Mc 1, 17), el Padre Rutilio Grande S.J., ingresó al Seminario San José de la Montaña en 1941, con la ayuda de Dios y el apoyo de Mons. Luis Chávez y González, al que conoció a muy temprana edad; y por quien siempre sintió un gran aprecio. Cuatro años más tarde, descubrió su vocación jesuita e ingresó a la Compañía de Jesús; recibiendo su ordenación sacerdotal en Oña, España en 1959. A su regreso al país, colaboró hasta 1970, con el Seminario San José de la Montaña en la formación de los futuros sacerdotes que atenderían a la Grey salvadoreña. En 1972, fue nombrado párroco del Señor de las Misericordias en Aguilares. Pescador experimentado, pescó hombres para el sacerdocio; mientras permaneció en el Seminario. Tomada la posesión de su parroquia, pescó hombres y mujeres que se convertirían en sal y levadura del pueblo salvadoreño. ¡Pesca milagrosa – hermanas y hermanos míos– que le conduciría al martirio!

SE SABÍA ENVIADO

En ningún momento, el Padre Rutilio S.J., actuó a título personal. Al revisar los Principios que inspiraban al Equipo Misionero de Aguilares se comprende – queridas hermanas y hermanos– que este mártir se sabía enviado por Jesucristo Nuestro Señor: Somos misioneros para toda la comunidad; es decir enviados… según el mandato de Jesús a sus apóstoles: Vayan y anuncien el Evangelio a todas las gentes.

SEGUÍA LA ÚNICA IDEOLOGÍA DEL CRISTIANISMO: LA DEL REINO

Por aquellos días, acusaciones, imputaciones e inventivas contra el Padre Rutilio Grande S.J., sobraban. La intención era justificar su asesinato al que se trató de colorear con tintes de ideología. La queja del Padre Ignacio Ellacuría S.J., al respecto, resulta ahora muy clara: Ya se sabe el pretexto: son comunistas que están soliviantando al campesinado contra los terratenientes. Y no era así. Tal y como se explicita en un clásico documento: Los militares y la oligarquía enloquecieron… vieron un enemigo comunista hasta en sus alcobas y en casi cada ciudadano. ¡Ceguera que impidió ver a quienes teniendo ojos no supieron o no quisieron ver la verdad! El Padre Rutilio no apoyó jamás ideología alguna. Prueba de ello son los Principios ya citados: No tenemos nada que ver con agrupaciones políticas de ninguna clase o partido… nuestra única política es la de ser anunciadores fieles del Evangelio. Su meta como – él la llama – era realizar al lado de su rebaño: Una comunidad de hermanos, comprometidos a construir un mundo nuevo, sin opresores ni oprimidos, según el plan de Dios. No era ideología ni utopía del mundo. Era identificarse con la visión de Cristo sobre el Reino: Miren, el Reino de Dios está entre ustedes (Lc 17, 21). ¿Dónde estaban los vulgares partidarismos o las nocivas ideologizaciones del Padre Rutilio Grande S.J.? ¿No serían otras las verdaderas razones que provocaron el odio contra él?.




ANUNCIÓ LA BUENA NUEVA


El Padre Rutilio Grande S.J., estableció junto a su equipo misionero, como meta Pastoral, la Evangelización al estilo jesuánico de los Santos Evangelios: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor (Lc 4, 18-19). Evangelización, queridos hermanos y hermanas, que tan pronto encendió en la sinagoga de Nazaret, encontró rechazo: Al oírlo, todos en la sinagoga se indignaron. Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco del monte… con intención de despeñarlo (Lc 4, 28-30). La reacción es comprensible. La Buena Nueva es buena para unos; pero nociva para otros: Por un lado, promete una mejora de vida para pobres y sufrientes, y por otro, amenaza la situación de privilegio de los satisfechos.


El Padre Rutilio y su equipo de misión se propusieron: Crear una Iglesia de comunidades vivas de hombres nuevos, agentes de pastoral y conscientes de su vocación humana que se conviertan en gestores de su propio destino que los lleve al cambio de su realidad, según los lineamientos del Vaticano II y de Medellín… animarles a ser co-creadores de una comunidad dinámica, profética y descentralizada, para que lleguen a una promoción que vaya detectando agentes de cambio, hombres y mujeres claves, agentes multiplicadores de pastoral. En otras palabras, iban a hacer que los ciegos y las ciegas vieran su realidad personal; y, social empecatada, injusta y opresiva; iban a dar libertad a los oprimidos por medio de la denuncia del pecado opresor; iban a liberar a los oprimidos devolviéndoles su dignidad humana y con ella, les animarían a ser actores-constructores de su historia y no meros agentes pasivos. Les convertirían en sal y fermento de la sociedad.


Les enseñó entre otras cosas: A Jesús de Nazaret: Muchos prefieren un Cristo mudo y sin boca para pasearlo en andas por la calle. Un Cristo con bozal, fabricado a nuestro antojo y según nuestros mezquinos intereses ¡Ese no es el Cristo del Evangelio, el Jesús joven de 33 años! El que se jugó la vida y murió por la causa más noble de la humanidad. Al Dios de Jesús: Unos se santiguan: ¡En el nombre del padre- el pisto, y del hijo -el café-, y del espíritu -mejor que sea de caña! Ese no es el Dios – Padre de nuestro hermano y Señor Jesús que nos da su Buen Espíritu para que seamos hermanos por igual, y para que, como seguidores cabales de Jesús, trabajemos por hacer presente aquí y ahora su Reino. La fraternidad de hijos e hijas de Dios: Todos somos hermanos. Los Caínes también son nuestros hermanos, aunque sean un aborto en el plan de Dios. El cristiano no tiene enemigos, sino hermanos, y por más que sean hermanos Caínes o Judas que venden a Cristo, no los odiamos. La coherencia entre fe y vida: Jesús como las páginas que lo anuncian, deben de estar bien enraizadas en la vida, no en un libro que se queda trepado por las nubes… muchos se apuntan a un evangelio que deje las cosas como están, por muy mal que estén, y que no traiga problemas. Una fe encarnada en la historia humana y no evasiva: No sean cohetones: tronazón y humo allá arriba, allá arriba. ¡Aquí abajo, aquí abajo hay que hacer reventar el Evangelio! Una cultura de solidaridad, incluso, en la salvación: ¡Nos tenemos que salvar en racimo, en mazorca, en matata, o sea en comunidad! Una Iglesia al servicio de la vida: La Iglesia no es museo de tradiciones muertas, de enterradores que sólo se preocupan de cargar la urna el Viernes Santo para enterrar a Jesús. Debe ser un puño de comunidades vivas, portadoras de vida y esperanza para nuestra gente más humilde. Podrían seguir mencionándose más enseñanzas suyas en una interminable lista. Lo importante a considerar es que, con el anuncio de la Buena Nueva, liberó a quienes estaban oprimidos ya fuere por el pecado personal; o bien, por las cadenas de la injusticia. Sin aplicar ideología alguna, les enseñó que, la convivencia fraterna y la solidaridad pueden hacer presente el Reino en este mundo. En este intento, como humanidad nueva y redimida les animó a tomar la historia en sus manos para transformarla, humanizarla y; por supuesto, cristianizarla.


DENUNCIÓ EL PECADO


La alegría inundaba el corazón del Padre Rutilio S.J., al ver los frutos del anuncio; sin escapar a sus sagaces ojos de buen pastor, el dolor que provocaba el anuncio, en las heridas de las ovejas descarriadas al tratar de curarlas con el ungüento de la Palabra: Para unos será Buena Nueva; para otros, puño de sal que arde en gangrena abierta, pero que les puede sanar. El buen médico sana aplicando medicinas y tratamientos muchas veces dolorosos. Igual toca al Pastor: Sale a buscar a la oveja descarriada, la cura, la carga sobre sus hombros y la reintegra al redil. Tal vez, la oveja bale de dolor al ser curada y se resista, hasta que, restablecida salte de gozo. La motivación del Padre Rutilio S.J., era encontrar y sanar a esas ovejas. La denuncia del pecado era la forma de llamarles a la conversión; era su forma de botarles las escamas de los ojos para que vieran con los ojos de Cristo.


Con tan sano objetivo denunció: El anti reino: ¡Los campesinos no tienen tierra, ni pisto, ni derecho a organizarse, a que se oiga su voz y defender sus derechos y privilegios y dignidad de hijos de Dios y de esta Patria…! ¡Esto no es el Reino de Dios, sino el reino de la maldad, de la mentira y del diablo! La incoherencia entre fe y vida: ¡Ay de ustedes que se dicen católicos del diente al labio, por dentro son inmundicia de maldad! El desinterés por Cristo al mostrar desinterés por el hermano y la hermana: Son Caínes que crucifican al Señor cuando camina con el nombre de Toño, de Licha o del humilde trabajador del campo. El individualismo: No vale decir ¡Sálvese quien pueda con tal de que a mí me vaya bien! La avaricia: Al pobre campesino no le dejan ni un conacaste, ni un puño de tierra para vivir o para que le entierren. La idolatría del poder y del dinero: ¡En el nombre del café, en el nombre del café y en el nombre del café…! ¡En el nombre de la caña, en el nombre de la caña y en el nombre de la caña! Lo he dicho otras veces, pero hay que repetirlo hasta la saciedad. A los poderosos los hizo destrepar de sus puestos; a los autosuficientes, ¡porque tienen dioses aquí! La lista podría seguirse ampliando porque fue extensa. Denunció porque era un buen pastor en búsqueda de la salvación de pobres y ricos, sin excepción. Los poderosos no comprendieron que la Palabra quema porque es fuego que acrisola. ¡Lástima hermanas y hermanos que algunos, perdieron lo sumo por lo menos, al desoír la voz del protomártir Rutilio en cuyos labios resonaba la voz de Jesús!.


ENCARNADO EN LA REALIDAD


Ni su anuncio ni su denuncia hubiera tenido tanto efecto si el Padre Rutilio Grande S.J., no se hubiera encarnado en la realidad de su Parroquia y de su país. Era una de sus aspiraciones: Partir de la realidad para concientizarnos primero nosotros, por una sensibilización y toma de conciencia de su mundo que nos llevará a encararnos y a identificarnos con sus problemas. No instrumentalizar su religiosidad. Reconocía las duras condiciones de vida de sus ovejas matizadas con la vida apoltronada de las ovejas más gordas del rebaño: Los que tienen voz, pisto y poder se organizan y disponen de todos los medios a su alcance. Vivir con los pobres le llevó a comprender esa realidad de dolor. No elogió ni sublimó esa miseria indigna de todo ser humano. Luchó por cambiarla animando a sus ovejas a tomar las riendas de su vida porque esa pobreza no es querida por Dios. La pobreza en esos términos roba la dignidad de los hijos e hijas de Dios.


MUERTE MARTIRIAL

La pasión del Padre Rutilio comenzó años antes de su martirio; e incluso, antes de su llegada al Paisnal. Intentando hacer la voluntad de Dios, encontraba a su paso incomprensión y rechazo. Sus homilías eran consideradas de alta peligrosidad. Subvertían, en opinión de sus asesinos, el orden; o sea, el orden social, político y económico que habían construido a su alrededor para defender sus intereses de clase. La verdad es que tenían oídos; pero, no oían; y ojos; pero, no veían. No entendieron que su malestar era provocado por la divina Palabra que el Padre Rutilio S.J., predicaba. Palabra que les cuestionaba su comportamiento injusto, egoísta y violento para con los más pobres de este país; cuestionaba su falta de coherencia entre fe y vida; cuestionaba su actitud de encubrir la verdad con la mentira y la impunidad; cuestionaba su afanoso trabajo en pro del lucro personal olvidando el bien común de la nación; cuestionaba su fin último ante Dios. Se sentían amenazados por las palabras del Evangelio. El protomártir acabó siendo acusado como Jesús ante Pilato: Solivianta al pueblo con sus enseñanzas por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó hasta aquí (Lc 23, 5). Sus asesinos, posiblemente, habrán dicho frente al Pilato salvadoreño: El Padre Rutilio S.J., solivianta al pueblo con sus homilías por todo el Paisnal, desde San Salvador, donde comenzó hasta en Apopa.
En San Salvador, donde todo comenzó, pronunció la primera de esas homilías que originarían su pasión. El 6 de agosto de 1970, en ocasión de la solemnidad de la Transfiguración del Señor en catedral y en un contexto de reforma agraria vacilante, el Padre Rutilio S.J., después de presentar a Jesucristo como mediador ante Dios; palabra de Dios hecha carne; y nuestro libertador, concluyó animando a los obispos y gobernantes de la nación a “ver con los ojos de Cristo”. Realidad que podía ser transformada con firme voluntad política; y por supuesto, con la guía de la Iglesia: La Iglesia dentro de su esfera y el Gobierno en la suya propia, con el mutuo respeto dentro de sus ámbitos legítimos, han de colaborar eficazmente, audazmente y urgentemente a fin de propiciar “leyes justas, honestas y convenientes, según lo exige la soberanía del pueblo en el artículo 1 de nuestra constitución ¿Cuál es ese pueblo soberano? ¿La gran mayoría o la pequeña minoría? ¿Cuál de los dos es el realmente alienado en esta nación? La Iglesia y el gobierno han de colaborar eficazmente, audazmente y urgentemente para transfigurar al pueblo salvadoreño que vive en los valles, junto a los hermosos lagos, junto al río Lempa, a la orilla de los cafetales y cañales en flor, en las faldas de nuestros montes y volcanes, en los pueblitos y caseríos y en las grandes y explosivas concentraciones urbanas y junto a los grandes latifundios… y solamente entonces, Cristo Salvador Transfigurado, será realmente nuestro Patrono, al estar transfigurados todos nosotros, los bautizados en su nombre, por haber sido fieles al mandato del Padre, según lo hemos escuchado en el Evangelio de este día: Este es mi Hijo muy amado, escuchad y poned por obra su mensaje.

Su homilía no agradó a los Caínes. Sólo consiguió levantar sospechas y resquemores. Cuánto habrá sufrido, hermanas y hermanos míos, al ver que su mensaje había sido mal comprendido. Un mensaje preparado en aras de mejorar las condiciones de vida de un pueblo que, se debatía entre la miseria y la falta de libertad, era usado en su contra sin percatarse de su alto sentido evangélico. No importaba que lo explicara de variadas formas. Siempre eran tergiversadas. Un claro ejemplo de esto es su homilía del domingo 16 de septiembre de 1973, pronunciada en Aguilares en ocasión de la Independencia, sobre el buen samaritano. En la interpretación del pasaje lucano, similar a Jesús, utilizó una figura “marginada, despreciable” desde la óptica civil-política; y contraria a Dios, desde la óptica religiosa: Un hombre a quien llamaban “comunista” en la región acertó a pasar por aquel sitio de la Troncal y al verlo sintió compasión. Entonces se acercó al hombre, le curó las heridas lo mejor que pudo y le puso vendas. Luego lo subió en su propio carro, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó ahí. Al día siguiente, cuando el hombre a quien llamaban “comunista” se iba, sacó algunos dineros y los dio al dueño del alojamiento y le dijo: “Cuida a este hombre, y si gastas algo más, te lo pagaré cuando yo vuelva”. Pues bien ¿Cuál de estos personajes te parece que fue el prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones? El católico salvadoreño dijo: el que tuvo compasión de él. Entonces, Jesús le dijo: Anda y haz tú lo mismo.

La interpretación es creativa y encarnada en la situación convulsa del país por aquellos años. Sin embargo, es muy probable que no todos la aprobaran. Sobre todo, aquellas y aquellos ideologizados que solían idolatrar su organización o partido político. La lección que el Padre Rutilio S.J., les dio fue clara: La política no es para beneficio personal. Es para propiciar el bien común del pueblo salvadoreño sumido en miseria, injusticia, persecución e ignorancia. El Padre Rutilio, al aplicar la parábola a la realidad salvadoreña, no veía a un solo hombre herido. El herido era el pueblo completo: Al pueblo lo dejaron todos atrás, tendido en el camino, moribundo y sin voz. Dejemos de hablar tanto del pueblo y demostremos realmente con hechos que tenemos amor a Dios y al pueblo, ya que eso es tener fe en Dios y en su imagen, el hombre. Amaba al pueblo, deseaba lo mejor. Había entendido que misericordia es como nos explica San Gregorio de Niza una pena o dolor voluntario que nace de los males ajenos. No para condolernos junto a ellos o aplicar un poco de asistencialismo que calme nuestra conciencia. La misericordia es acción transformadora; lo contrario es inacción, mutismo y; quizá, conformismo que lacera la dignidad humana impidiéndole su desarrollo: Si la compasión no ablanda el alma para que socorra a su prójimo, no hay manera de que nadie dé un paso para aliviar la desgracia ajena. Quiso, el Padre Rutilio demostrar que el buen samaritano no se conformó con acercarse al herido. Lo recogió, lo cargó, lo llevó a lugar seguro devolviéndole la posibilidad de recuperar su salud, y con ello, la vida.

Su compasión no se detenía ante nada. En Apopa, el 13 de febrero de 1977, pronunció una homilía en solidaridad con el Padre Bernal que acababa de ser expulsado del país aclarando que, no se trataba de un mitin ni mucho menos de una marcha violenta. Era una manifestación de fe en la que clarividentemente habló del sello martirial de la Iglesia salvadoreña en agiornamento y del amor que le caracterizaba: El símbolo de una mesa compartida, con el taburete para cada uno y con manteles largos para todos. El símbolo de la Creación, y para eso hace falta la redención. ¡Ya está sellándose con el martirio!… No veníamos aquí con machetes. No es esta nuestra violencia. La violencia está en la Palabra de Dios, que nos violenta a nosotros y que violenta a la sociedad y que nos une y nos congrega, aunque nos apaleen. Por lo tanto, el código se resume, en una palabra: Amor: contra el anti amor, contra el pecado, contra la injusticia, contra la dominación de los hombres, contra la destrucción de la fraternidad.

Mis hermanas y hermanos, en estas homilías se descubre a un Rutilio plenamente identificado con Jesús: Veía con los ojos de Cristo; juzgaba la realidad a la luz de la Palabra, Tradición y Magisterio; y, actuaba como Cristo lo hubiera hecho; es decir, con misericordia, anunciando la Buena Nueva y denunciando el pecado. Un ver, juzgar y actuar que le llevó a padecer incomprensiones, intolerancias, acusaciones, burlas, persecución de espías, entre otras más. Sufrimientos de los cuales siempre estuvo consciente: Es peligroso ser cristiano en nuestro país ¡Prácticamente es ilegal ser cristiano cabal en nuestro medio! ¿por qué? Porque estamos basados en un orden establecido ante el cual la mera proclamación del Evangelio resulta subversiva ¿Cómo no va arder que les descubran la maldad?. Sabía que su pasión en los Olivos tenía un final: El asesinato, que nosotros agradecidos por su testimonio llamamos hoy: Muerte martirial.

Aproximadamente a las cinco de la tarde del 12 de marzo de 1977, ocurrió su muerte en cruz. No estaba sólo. Junto a él murieron dos mártires más: Don Manuel Solórzano, de setenta y dos años; y Nelson Rutilio Lemus, de quince. El Padre Rutilio Grande S.J., se dirigía a celebrar la eucaristía y a continuar la novena a San José, en el Paisnal. Nunca llegó. En el camino fueron emboscados y su carro ametrallado brutalmente como si se tratara de un malhechor. El Padre Rodolfo Cardenal S.J., relata en la biografía del Padre Rutilio que poco antes de morir, éste dijo en voz baja: Debemos hacer lo que Dios quiere. Si hermanas y hermanos míos, como Jesús en el huerto de los Olivos, cuando obediente hasta la muerte exclamó: No se haga mi voluntad sino la tuya (Lc 22, 42). No es que la voluntad de Dios fuera ver morir al Padre Rutilio de forma macabra ni mucho menos a su Hijo. Hacer su voluntad implica en este caso ser fieles a la misión encomendada aun cuando esto conlleve la posibilidad de morir en su cumplimiento. Es el pecado que mata, el que dio muerte a este santo sacerdote, nuestro amadísimo protomártir; y fue el pecado, el que mató a Jesús en la cruz. El perdón a sus asesinos lo había dado tiempo antes de morir: El odio no cabe en un cristiano. Aunque nos apaleen y nos quiten la vida tenemos que seguir amando y perdonando. Así nos enseñó Jesús ¿verdad? ¡Padre, perdónales, sepan o no sepan lo que hacen!.

En la noche, su cuerpo fue lavado y vestido junto al de sus hermanos de martirio. Mons. Romero pidió que los tres fueran trasladados a Catedral Metropolitana donde se celebraría una misa de cuerpo presente. Presidió la misa Mons. Luis Chávez y González; y junto a él Mons. Romero – nuestro querido Beato y profeta – y, Mons. Rivera y Damas, acompañados de muchos sacerdotes. Posteriormente sus cuerpos fueron colocados al interior del templo del Paisnal. Murieron víctimas del pecado de idolatría al poder, a la riqueza y la autocomplacencia practicada por un reducido grupo de la élite política y empresarial del país, que no resistió oír el anuncio de la Buena Nueva que auguraba la llegada del Reino, desde el ya; y la destrucción del anti reino lleno de injusticia, mentira y odio. Sus muertes no fueron en vano. Hoy a cuarenta años de su martirio debemos acercarnos a la figura del Padre Rutilio, a sus escritos para conocerle y motivarnos a seguir a Cristo en la forma comprometida que él lo hizo. Hagamos nuestra, amadísimas hermanas y hermanos míos, la invitación del Venerable Siervo de Dios Padre Rutilio Grande García S.J.: Debemos hacer lo que Dios quiere.

Tomado de la II carta pastoral de Monseñor José Luis Escobar Alas: “Ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio (Jn 15, 27).




MISA DE EXEQUIAS 



El 14 de Marzo de 1977 se celebró la misa de exequias del Padre Rutilio Grande y sus dos compañeros mártires en la catedral de San Salvador, esta celebración fue presidida por Monseñor Romero (canonizado el 14 de Octubre de 2018 por el papa Francisco), también estuvieron presentes 150 sacerdotes y más de 100.000 fieles. Palabras de Monseñor Romero: 

"El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama, y es significativo que mientras el Padre Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la Misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camino a su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos" (Monseñor Romero, misa de exequias, 14 de Marzo, 1977)




Fuente: Facebook Arzobispado de San Salvador

Más información en facebook: Padre Rutilio Grande, S.J

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lunes, 8 de octubre de 2018

"Apuntes para una recepción eclesial de los martirios de Romero y Angelelli" - P. Quique Bianchi




“Si el mundo los odia, recuerden que primero me odió a mí”
(Jn 15,18)

Cuando Juan Pablo II en 1994 convocaba a celebrar el Gran Jubileo para recibir el tercer milenio de cristianismo nos hacía caer en la cuenta de que, así como la Iglesia del primer milenio nació de la sangre de los mártires, “al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires”.[1] Por eso invitaba a las comunidades a hacer todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido la muerte por ser testigos de Cristo.

Hoy con Francisco la Iglesia de América Latina recoge dos frutos maduros de esa iniciativa al celebrar la canonización de Romero en El Salvador y la inminente beatificación de Angelelli y sus compañeros mártires en Argentina. A los que presumiblemente podrían sumarse otros en todo el continente.

Pero debemos ser realistas y aceptar que en un cuerpo eclesial complejo como el de Latinoamérica la recepción de estos nuevos santos tendrá sus particularidades. Habrá quienes los reciban prontamente y con entusiasmo y otros que necesiten tiempo para entender e internalizar los argumentos en los que se apoya la Iglesia para reconocer estos martirios. En todos los casos, nos parece que puede resultar de utilidad una breve presentación de una noción teológica actual de martirio.

La Iglesia crece permanentemente en la profundización de lo que Cristo reveló,[2] y la comprensión que ésta tiene del martirio no es una excepción. En el siglo XX pudo verse claramente un progreso en esta dimensión del pensamiento teológico y es lo que intentaremos presentar desde la perspectiva de la realidad latinoamericana. Para ello, lo primero que haremos es un breve esbozo de la noción posconciliar de martirio (1). Luego diremos algo sobre el martirio en América Latina (2). En tercer lugar, explicaremos qué se entiende por martirio “en odio de la fe” (odium fidei) (3) y por último haremos algunas puntualizaciones sobre la dimensión política de estos martirios (4).

Somos conscientes de que para muchos resulta una piedra de escándalo el hecho de que las muertes de estos obispos se hayan dado en el marco de convulsiones políticas que siguen sin resolverse del todo. Es una dificultad que resulta inevitable y que cada uno afrontará según la lectura que tenga de los procesos históricos de América Latina.

No presentamos estas reflexiones desde una pretendida asepsia histórica. Cosa además imposible. Lo hacemos tomando partido por los perseguidos. Para esto hay una razón de fondo que tiene que ver con una dimensión constitutiva de la Iglesia. Ésta, enseña el Concilio, está llamada a comunicar los frutos de la salvación recorriendo un camino de pobreza y persecución como el de Cristo.[3] En la medida en que ella da verdadero testimonio de Cristo la persecución le resulta inevitable. Por eso donde quiera que se dé una situación histórica de opresión, odio, muerte, la Iglesia para ser fiel a sí misma se pondrá del lado de las víctimas y verá en ellas la imagen de su Fundador.[4] Desde ese lugar intentamos pensar las muertes violentas de estos cristianos. Manteniendo la premisa de que se trate de una reflexión teológica. Esto es, una lectura de los desenlaces de las vidas de estos obispos desde la fe cristiana en el marco de la Tradición de la Iglesia.   




[1] Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente 37.
[2] Cf. DV 8.
[3] Cf. LG 8: “como Cristo realizó la obra de la redención en pobreza y persecución, de igual modo la Iglesia está destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvación a los hombres”.
[4] Cf. LG 8: “también la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo”


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Muchas gracias P. Quique Bianchi!!!

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sábado, 7 de julio de 2018

"EL PROFETA, PRESENCIA DE DIOS EN LA SOCIEDAD" - MONSEÑOR ROMERO



DÉCIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Ezequiel 2, 2-5

2° Corintios 12, 7-10

Evangelio según San Marcos 6,1-6. 

Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

EL PROFETA ES INSTRUMENTO DE DIOS

Yo creo que aquí es donde se explayan más las divinas Escrituras que se han leído hoy.

a) Breve explicación del "profetismo": anuncia el pensamiento de otro

Siempre existió el profetismo, era una necesidad de toda religión sentir hombres intérpretes de la voluntad de sus dioses aunque fueran falsas religiones. Hubo también profetas -falsos, tal vez- aunque muchas veces -ya lo hemos repetido aquí- la salvación no es exclusiva de la Biblia ni de la Iglesia. Dios tiene mil caminos más, aún valiéndose de las religiones naturales, para llevar, por medio de los hombres inspirados, el mensaje que fue salvación para muchos que no fueron bautizados y que sin duda disfrutarán el cielo, tal vez, hasta más alto que muchos bautizados, porque fueron fieles a escuchar lo que la voz del Espíritu hablaba por medio de esos hombres. Pero aquí nos referimos de manera especial a los profetas clásicos, a los que Dios llamó y nos consta en la Sagrada Biblia: el instrumento de Dios.

b) Dios sigue siendo el principal

Efectos del Espíritu

- Pone en pie al Hijo de Hombre

Miremos como se presenta Ezequiel hoy: "El Espíritu entró en mí y me puso en pie". Este es el primer efecto. El hombre no es más que hijo de Adán, barro, criatura, mezclado con las mentiras de l atierra. Si Dios llama a un hijo de la tierra para que abra su capacidad de recibir el Espíritu de Dios, lo primero que este barro siente es que se pone en pie, que se eleva, que hay una dimensión vertical que lo une con un Dios en nombre del cual tiene que hablar.

- Otro efecto: puede decir: "Esto dice el Señor". Presencia de Dios.

El profeta, lleno de Espíritu de Dios, va al mundo y realiza lo que hemos dicho como tema de esta homilía: la presencia de Dios en la sociedad, en la historia, en el mundo. Ya no podrán decir que Dios no les ha hablado: "Esto dice el Señor". Te atiendan o no te atiendan, tú eres presencia del Dios en medio de la sociedad -Dios muchas veces estorba-. No tengas miedo. Pero el pueblo dirá: "Hubo un profeta que nos anunció la presencia de Dios".

- Capacitado para la misión.

El profeta, barro de la tierra que mira la misión que Dios le manda, por ejemplo, cuando Dios le dice a Moisés: "Vete al Faraón, que deje salir a mi pueblo de Egipto". ¡Qué pequeño se sintió Moisés: "Señor, pero ¿quién soy yo para presentarme al gobernante y sacar a mi pueblo?". son misiones imposibles, son misiones que exceden exageradamente, infinitamente, algo que sólo Dios puede hacer. Cuando Dios le dice a Jonás: "Vete a predicar a Nínive", el profeta prefiere huirse. Es tan grande la misión. Y Dios lo lleva a la fuerza para cumplir la misión de predicar a Nínive. La primera impresión que el profeta siente es su pequeñez, su pequeñez ante la grandeza de la misión. Sin embargo, Dios le dice: "No digas que no puedes. Yo iré contigo". Nadie se podrá oponer a esta presencia que va con el profeta.

- Eso, naturalmente, trae un peligro de vanidad, y aquí la segunda lectura nos habla cómo el profeta conjura el peligro de la vanidad. Es tan idéntica su misión con el mensaje de Dios que muchas veces, como a Juan Bautista, creen que él es el Redentor. A Pablo lo querían adorar, a Pedro le querían ofrecer víctimas, y ellos tenían que decir: "No, cuidado, somos hombres simplemente. Adoren a Dios, obedezcan a Dios, que es el que por medio de nosotros, sus instrumentos inadecuados, es el que habla. No termine en nosotros, persona humana, el homenaje, el respeto, la obediencia; diríjanselo a Dios".

- "Una espina en mi carne"

San Pablo, defendiendo su causa profética, en la segunda carta a los Corintios, hoy, dice que tuvo visiones maravillosas que lo hacen sentirse muy superior a todos los hombres.
Ha visto tan cerca la majestad de Dios, el desenlace de la historia, el fin terrible de los malos y desenlace de los buenos. Él conoce mejor que nadie esto y se puede sentir casi un Dios; y, sin embargo, dice: "Para que no me engría, para que no me envanezca, para que no me crea más de lo que soy, barro de la tierra, entonces el Señor puso en mi carne, ha metido en mi carne, una espina, un emisario de Satanás que me apalea para que no sea soberbio". Es una de las frases más difíciles de la Biblia. ¿Qué era esta espina de la carne?. Según los comentaristas más modernos se trata de alguna enfermedad, una enfermedad crónica. Quién sabe si un dolor de vista, ataques que le daban, algún mal de estómago, algo que lo hacía sentirse tan inútil para poder decir: "Lo que se está haciendo no es obra mía, es de Dios; y para que no sea tan soberbio me ha puesto esa espina". Miren cómo se ve la enfermedad, el dolor, la humillación cuando se tiene fe: espina de Satanás, porque es el único que puede poner obstáculos al reino de Dios.

- La fuerza de la debilidad: "Te basta mi gracia"

Entonces Pablo cuenta, en el pasaje de hoy, que en vista de esta debilidad y de este estorbo, tres veces le dijo al Señor que le retirara ese estímulo de Satanás y el señor no se lo quitó, sino que le dijo: "Te basta mi gracia, la fuerza se realiza en la debilidad".
¡Qué revelación más bella para un profeta!. No es necesaria la salud. Así, todo achacoso, eres el instrumento que yo quiero, porque cuanto más débil e inútil parezcas, más lucirá la majestad y la potencia del Señor.

- Alegría de sufrir por Cristo

"Por eso -concluye San Pablo humildemente- muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo". Hermanos, ¡qué hermosa experiencia es tratar de seguir un poquito a Cristo y a cambio de eso, recibir en el mundo la andanada de insultos, de desconfianzas, de calumnias: las pérdidas de amistades, el tenerlo uno por sospechoso!. Todo eso está  profetizado y Pablo gozaba como se goza todo aquel que goza de su debilidad. Cuanto más inútil aparezca para los hombres, cuanto más despreciable me haga la persecución, cuánto más inútil sea para aquellos que tal vez me creyeron grande y ahora me creen juguete, basura, hoy me lleno de alegría -dice Pablo- porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. ¡Qué paradojas las del profeta!. ¡Cuando soy débil, entonces soy fuerte!.

La Iglesia, una misión profética

Es obra de Dios, y por eso no tenemos miedo a la misión profética que el Señor nos ha encomendado. Ya me imagino que alguno dice: "¡Ah, se está creyendo profeta!". No es que me crea profeta, es que ustedes y yo somos un pueblo profético, es que todo bautizado ha recibido participación en la misión profética de Cristo.

- Cristo lo entrega a los apóstoles y estos a sus sucesores

Cristo, el gran profeta que vino a traer la consumación de la misión profética, se constituye en el mensajero, en el que envía a los mensajeros, a los apóstoles y, estos, a sus sucesores, para que el encargo de Cristo llegue hasta el último confín del mundo. Pero no sólo es la jerarquía, sino que también el Concilio Vaticano II, y quiero que reflexionen, queridos hermanos, esta palabra tan hermosa para ustedes: "...El Pueblo Santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo, sobre todo con la vida de fe y caridad, y ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza que es fruto de los labios que confiesan su nombre. La totalidad de los fieles que tienen la unción del Santo no pueden equivocarse cuando creen, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando desde el obispo hasta el último laico, presta su consentimiento universal a las cosas de fe y costumbre". Quiere decir que en ustedes, pueblo de Dios, todo eso que es: obispos, sacerdotes, religiosas, instituciones católicas, fieles, familias cristianas, formamos el pueblo de Dios y Cristo, profeta, nos ha hecho participantes de su misión profética. El Espíritu de Cristo nos ha ungido desde el día de nuestro bautismo y formamos entonces un pueblo que no se puede equivocar en creer. ¡Qué consuelo me da esto, hermanos!. Ustedes no se equivocan cuando escuchan a un obispo y cuando acuden -con una constancia que a mí me emociona- a la Catedral, a escuchar mi pobre palabra; y no hay un rechazo, sino al contrario, siento que se acrecienta más en el corazón del pueblo la credibilidad a la palabra de su obispo. Siento que el pueblo es mi profeta, a mí me está enseñando con la unción que el espíritu ha hecho en su bautismo y que los hace incapaces de aceptar una doctrina equivocada o errónea; ustedes como pueblo la rechazarían, como rechaza el organismo esos cuerpos extraños que se le meten a veces.

Fragmento de la homilía de Monseñor Romero del día 8 de Julio de 1979

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domingo, 20 de mayo de 2018

"Pentecostés es una fiesta de juventud" - Mons. Romero




Queridos hermanos:

Pentecostés es una fiesta de juventud.

- Dos expresiones de juventud. Por eso me alegro de poner en el altar de la celebración de esta
mañana como dos magníficos ramos de juventud: los jóvenes que se han preparado para recibir hoy ¡el don del Espíritu Santo! y ¡la juventud del Seminario! –Cerca de 400 muchachos en el Seminario Mayor Interdiocesano y en los diversos seminarios menores de la diócesis y de las congregaciones religiosas -.

Todo esto nos está diciendo que la Iglesia es siempre joven y que la juventud, tanto la que ha sido llamada a la vida consagrada –que llena seminarios, noviciados, casas de formación- como la juventud que no siente ese llamamiento pero que tiene que seguir en el mundo un compromiso para el cual ha recibido su vida, es signo de una Iglesia siempre joven, siempre en fase de renovación. Y el Espíritu Santo es el alma de esa renovación, de esa espiritualidad.

- Corresponde al anhelo de los hombres hoy: justicia, verdad, trascendencia. Si en algún año la
fiesta de Espíritu Santo recobra una actualidad urgente, creo que es hoy cuando vemos tanta confusión, tantas voces falsas de redención, tanto materialismo, tanto egoísmo, tanto odio, tanta violencia. Es un momento precioso para sentir que esa ansia de justicia, de verdad, de absoluto, de trascendencia, corresponde a un anhelo profundo del hombre que nadie lo puede llenar si no es el Espíritu mismo de Dios que viene a tomar posesión y a llenar ese inmenso vacío que –el hombre- como San Agustín va buscando en el mundo soluciones y no puede encontrar: “Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón anda inquieto hasta descansar en Ti”.

Se explica que ustedes, queridos jóvenes, busquen muchas veces esos caminos de lo espiritual en
doctrinas que en vez de llenara hacen más misteriosa la sed de infinito que todos llevamos. Cuántos buscan en falsos gnosticismos, en espiritualismos de tipo oriental; o quién sabe lo que es peor: en evasiones de las drogas, del vicio, del placer, o buscando en las luchas falsas de la violencia, de la revolución, de la guerrilla. ¡Cuanta juventud se pierde! que lleva el ansia de la justicia, de lo absoluto, de lo espiritual, que está como intoxicada en medio de un mundo que no se levanta más allá de las tejas. ¡No pierdan esa ansia, nunca!, pero no la busquen por caminos torcidos.


Leer Homília completa
Escuchar Homília

Fuente: "Liturgia y Espiritualidad Dominical"

Monseñor Romero será canonizado junto con Pablo VI el 14 de Octubre del corriente año

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sábado, 24 de marzo de 2018

Monseñor Romero - Última homilia (Texto y audio)






El 24 de Marzo de 1980 fue asesinado Monseñor Óscar Arnulfo Romero, quién fue canonizado el 14 de octubre del año 2018.

A continuación podrán leer y escuchar (último parrafo) las últimas palabras de este obispo, minutos antes de su asesinato:

Por nuestras múltiples relaciones con la Editorial del periódico El Independiente, he pedido asomarme tanto a sus sentimientos filiales en el aniversario de la muerte de su mamá, como sobre todo, a ese espíritu noble que fue doña Sarita, que puso toda su formación cultural, su fineza, al servicio de una causa que ahora es tan necesaria: la verdadera liberación de nuestro pueblo.

Yo creo que sus hermanos, esta tarde, deben no solamente orar por el eterno descanso por nuestra querida difunta, sino sobre todo, recoger este mensaje que hoy todo cristiano debía de vivir intensamente. Muchos nos sorprenden, piensan que el cristianismo no se debe de meter en estas cosas, cuando es todo lo contrario. Acaban de escuchar en el evangelio de Cristo que es necesario no amarse tanto a sí mismo, que se cuide uno para no meterse en los riesgos de la vida que la historia nos exige, y, que el quiera apartar de sí el peligro, perderá su vida. En cambio, al que se entrega por amor a Cristo al servicio de los demás, éste vivirá como el granito de trigo que muere, pero aparentemente muere. Si no muriera se quedaría solo. Si la cosecha es, porque muere, se deja inmolar esa tierra, deshacerse y sólo deshaciéndose, produce la cosecha.

Desde su eternidad, Doña Sarita fue confirmando maravillosamente en esa página que yo he escogido para ella, del Concilio Vaticano II. Dice:

"Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad de sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde así mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Pero ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al Reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: "reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz". El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección".

Esta es la esperanza que nos alienta a los cristianos. Sabemos que todo esfuerzo por mejorar una sociedad, sobre todo cuando está tan metida esa injusticia y el pecado, es un esfuerzo que Dios bendice, que Dios quiere, que Dios nos exige. Y cuando se encuentra uno, pues, gente generosa como doña Sarita, y su pensamiento encarnado en Jorgito y en todos aquellos que trabajan por estos ideales, hay que tratar de purificarlos en el cristianismo, eso sí, vestirlos de esta esperanza del más allá; porque se hacen más fuertes, porque tenemos la seguridad que todo esto que plantamos en la tierra, si lo alimentamos en una esperanza cristiana, nunca fracasaremos, lo encontraremos purificado en ese reino, donde precisamente, el mérito está en lo que hayamos trabajado en esta tierra.

Yo creo que será aspirar en balde, a horas de esperanza y de lucha en este aniversario. Recordamos pues, con agradecimiento, a esta mejor generosa que supo comprender las inquietudes y esfuerzos de su hijo y de todos aquellos que trabajan por un mundo mejor, y supo también poner su parte de granito de trigo en el sufrimiento. Y no hay duda, que esta es la garantía de que su cielo tiene que ser también a la medida de este sacrificio y de esa comprensión que falta a muchos en este comento, en El Salvador.

Yo les suplico a todos, queridos hermanos, que miremos estas cosas desde el momento histórico, con esta esperanza, con este espíritu de entrega, de sacrificio, y hagamos lo que podamos. Todos podemos hacer algo: desde luego un sentimiento de comprensión. Esta santa mujer que estamos recordando hoy, pues, no pudo hacer cosas tal vez directamente, pero animando a aquellos que pueden trabajar, comprendiendo su lucha, y sobre todo, orando y aún después de su muerte diciendo con su mensaje de eternidad que vale la pena trabajar porque todos esos anhelos de justicia, de paz y de bien que tenemos ya en esta tierra, los tenemos formados si los iluminamos de una esperanza cristiana porque sabemos que nadie puede para siempre y que aquellos que han puesto en su trabajo un sentimiento de fe muy grande, de amor a Dios, de esperanza entre los hombres, pues todo esto está redundando ahora, en esplendores de una corona que ha de ser la recompensa de todos los que trabajan así, regando verdades, justicia, amor, bondades en la tierra y no se queda aquí, sino que purificado por el espíritu de Dios, se nos recoge y se nos da en recompensa.

De esta Santa Misa, pues, esta Eucaristía, es precisamente un acto de fe: Con fe cristiana parece que en este momento la voz de diatriba se convierte en el cuerpo del Señor que se ofreció por la redención del mundo y que en ese cáliz el vino se transforma en la sangre que fue precio de la salvación. Que este cuerpo inmolado y esta Sangre Sacrificada por los hombres nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo. Unámonos pues, íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración por Doña Sarita y por nosotros.


(En este momento sonó el disparo...)

HOMILIA DEL PRIMER ANIVERSARIO DE LA SRA. SARA DE PINTO (ULTIMA HOMILIA DE MONSEÑOR OSCAR A. ROMERO) - San Salvador, 24 de Marzo de 1980, a las 17'00 horas, en la Capilla del Hospital de la Divina Providencia.








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miércoles, 21 de marzo de 2018

Triduo de "Monseñor Romero, pastor perseguido y mártir"

“Monseñor Romero, pastor perseguido y mártir”

1° Día de Triduo – "Un pastor comprometido con los dolores de su rebaño"



“El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.  El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.  Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.  Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí” (Juan 10, 2-4. 11. 14)


Breve relato de la vida de Monseñor Óscar Romero:

El 3 de febrero de 1977, fue nombrado por el Papa Pablo VI como Arzobispo de San Salvador. Monseñor Romero denunció en sus homilías los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes, y de todas las personas que recurrieran a él, en el contexto de violencia y represión militar que vivía el país. En sus homilías transmitidas por la radio diocesana YSAX, denunciaban la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda. Señaló especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad.

Palabras de Monseñor Romero:

“Con este pueblo no cuesta ser un buen pastor. Es un pueblo que empuja a su servicio a quienes hemos sido llamados para defender sus derechos y para ser su voz” (Homilía 18 de noviembre de 1979)

“Como Pastor y como ciudadano salvadoreño me apena profundamente que se siga masacrando el sector organizado de nuestro pueblo sólo por el hecho de salir ordenadamente a la calle para pedir justicia y libertad” (Homilía 27 de enero de 1980)

Rezamos pidiendo una gracia a Dios por intercesión del Beato Monseñor Óscar Romero: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.




2° Día de Triduo – "Perseguido por denunciar las injusticias"


“Jesús dijo: «¿No han leído nunca en las Escrituras: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta(Mateo 21, 42-46)

Breve relato de la vida de Monseñor Óscar Romero:

 

El día 9 de marzo de 1980, en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús se encontró un portafolio de color negro colocado debajo del Altar Mayor, la persona que notó su presencia, identificada como el sacerdote Ramiro Jiménez, notificó inmediatamente a la extinta Policía Nacional. El detective Juan Francisco Alas, experto en explosivos de la Policía Nacional, desactivó la bomba. Según investigaciones, la bomba se accionaría en el momento que Monseñor Oscar Arnulfo Romero oficiaría una misa.

Monseñor nos decía que estaba amenazado, pero tenía muy claro su camino. Nos decía: "Puedo morir pero tengo que vivir con los pobres. Y vosotros también tenéis que vivir con los pobres" 



Palabras de Monseñor Romero:

“Hermanos, no nos debe de extrañar cuando se habla de Iglesia perseguida. Muchos se escandalizan y dicen que estamos exagerando, que no hay Iglesia perseguida. ¡Pero si es la nota histórica de la Iglesia! Siempre tiene que ser perseguida. Una doctrina que va contra las inmoralidades, que predica contra los abusos, que va siempre predicando el bien y atacando el mal, es una doctrina puesta por Cristo para santificar los corazones, para renovar las sociedades. Y, naturalmente, cuando en esa sociedad o en ese corazón hay pecado, hay egoísmo, hay podredumbres, hay envidias, hay avaricias, pues el pecado salta, como la culebra cuando tratan de apelmazarla, y persigue al que trata de perseguir el mal, el pecado. Por eso, cuando la Iglesia es perseguida es señal de que está cumpliendo su misión”(Homilía 25 de noviembre de 1977).

Rezamos pidiendo una gracia a Dios por intercesión del Beato Monseñor Óscar Romero: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.




3° Día de Triduo  – "Asesinado por defender a su pueblo"

"Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.” (Juan 12, 24-26)

Breve relato de la vida de Monseñor Óscar Romero:

El lunes 24 de marzo de 1980 Monseñor Romero fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo realizado por un francotirador desde un auto con capota de color rojo, impactó en su corazón .Tenía 62 años.

“Fue asesinado porque con su palabra él defendía al pueblo de El Salvador que estaba siendo oprimido, y muchos habían sido asesinados vilmente por la gente que estaba en ese momento en el poder” (Palabras del Cardenal Jorge Urosa)

“Estuvo dedicado a trabajar por la defensa de los desposeídos, trabajar por la instalación de la justicia y la dignidad convirtiéndose en la voz y en un mártir por amor a los pobres” (Palabras de Carlos Calles, embajador de El Salvador en Venezuela)

Palabras de Monseñor Romero:

“Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco mi sangre por la redención y resurrección de El Salvador. El martirio es una gracia que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad. Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro. Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quienes lo hagan.”  (En una entrevista concedida al periodista José Calderón dos semanas antes de su asesinato)

Rezamos pidiendo una gracia a Dios por intercesión del Beato Monseñor Óscar Romero: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Monseñor Romero fue canonizado por Francisco el 14 de cotubre del año 2018 y su festividad se celebra el 24 de marzo


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