sábado, 7 de febrero de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Josué González Rivera OP


Lecturas del día:
Libro de Isaías 58,7-10. Salmo 112(111),4-5.6-7.8-9. Carta I de San Pablo a los Corintios 2,1-5.

Evangelio según San Mateo 5,13-16.

Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Homilía por Fray Josué González Rivera, OP

“Que su luz brille ante los demás”

Queridos hermanos:

En nuestro mundo nos encontramos con situaciones de tinieblas, con circunstancias en las que parece apagarse la vida, donde no vemos con claridad qué decisión tomar, qué camino o qué rumbo seguir, ya sea en el ámbito personal, familiar o social. Nuestro mundo se vuelve complejo. Al mismo tiempo, aquello que antes brindaba seguridad y confianza muchas veces se ve deformado o, dicho en otras palabras, pierde su sentido; aquello que le daba sabor se desvanece.

Mientras pensaba en esta reflexión, quería enumerar muchas de estas situaciones; sin embargo, me di cuenta de que la lista sería interminable, porque son innumerables las realidades que hoy nos preocupan, nos alteran, nos entristecen y nos atemorizan.

Con las lecturas de hoy damos continuidad al discurso de Jesús en la montaña. Después de las bienaventuranzas, Jesús sigue instruyendo a los discípulos, aquellos que ya lo han seguido, y les ofrece dos imágenes para que descubran cuál debe ser su actitud frente al mundo. Esos discípulos que lo escucharon en su tiempo, los que lo han escuchado a lo largo de la historia, y nosotros, que lo escuchamos hoy, somos también discípulos-misioneros que nos ponemos a los pies del Maestro y salimos al mundo no para luchar con una fuerza semejante a la de Dios, porque no existe un dios de las tinieblas ni un dios de la oscuridad, sino para enfrentar la violencia, maldad, corrupción e inseguridad. Dios es la fuente de luz que, desde el origen de la creación puso orden al caos. Si somos capaces de ser canales y conductores de la gracia de Dios en medio de este mundo, contribuimos a que brille esa luz en la vida, a que el orden, la paz, la justicia y el amor tengan un lugar en nuestra realidad.

El profeta Isaías nos recuerda que la luz en la vida de los creyentes, antes que los discursos abstractos y las prácticas religiosas ostentosas, surge de la justicia concreta: compartir el pan con el hambriento, acoger al pobre, vestir al desnudo y atender a los hermanos. La claridad nace de la caridad efectiva; la fe se vuelve luminosa y adquiere sabor cuando se conjuga con obras concretas.

Como la luz, iluminamos las tinieblas; como la sal, damos sabor y sazón a las situaciones de la vida para que no queden insípidas. Para nosotros, discípulos-misioneros, no es indiferente creer o no creer en Dios. Si creemos, sabemos que la vida adquiere otro sabor y otra iluminación si estamos con Dios, y aprendemos a descubrir cómo nos acompaña la Gracia y bendición que nos concede en nuestras vidas.

La sal y la luz nunca son protagonistas. Se nota su ausencia cuando faltan, pero resultan muy llamativas y distractoras cuando se exceden; si están en una justa medida, casi no se perciben, pero son importantes. De igual modo, estamos llamados a dar sabor e iluminar, no para ser protagonistas, sino porque deben resplandecer el amor, la compasión y la misericordia de Dios en las distintas situaciones de la vida.

En nuestro mundo faltan estos elementos, y se nota. También existen quienes se creen más de lo que son y buscan protagonismo, ocultando el verdadero sabor o cegándonos ante la realidad.

El anuncio cristiano no depende del protagonismo personal ni de estrategias sofisticadas; se funda, ante todo, en el poder del Espíritu. El discípulo-misionero no busca lucirse, sino transparentar a Cristo. Como dice san Pablo en la segunda lectura del día: no es la fuerza humana la que sostiene la misión, sino la fuerza de Dios, que se manifiesta por su gracia, gracia que recibimos y compartimos. No por privilegios individuales, sino como fruto de una vida recta, misericordiosa y confiada en Dios, somos luz y sal: no por fuerza propia, sino como reflejo de Él.

Entonces, como afirma el salmo, brillaremos en las tinieblas, podremos ofrecer una luz que aclare los caminos y daremos un sabor que nos permita gustar y disfrutar la vida. Pidamos al Señor que nos conceda los dones que necesitamos en nuestra vida y que nos ayude, pues, a compartirlos con nuestros prójimos en el mundo de hoy.


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sábado, 31 de enero de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Diácono Jose Torres, LC

Lecturas del día: Libro de Sofonías 2,3.3,12-13. Salmo 146(145),7.8-9.10. Carta I de San Pablo a los Corintios 1,26-31.

Evangelio según San Mateo 5,1-12.

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."

Homilía por Diac. Jose Torres, LC

Las Bienaventuranzas: El GPS de la Felicidad según Jesús

Hermanos y hermanas, ¿cuántos de ustedes han usado Google Maps para llegar a un lugar? Ahora imaginen que el GPS les dice: "Para llegar a tu destino, toma el camino más empinado, el más estrecho y el que nadie más está tomando". Probablemente pensarían que la app está fallando, ¿verdad?

Pues bien, eso es exactamente lo que Jesús hace hoy en el Evangelio. Nos da las direcciones para llegar a la felicidad verdadera, pero son direcciones que van totalmente en contra de lo que el mundo nos vende.

Un manifiesto revolucionario

Jesús sube al monte —como Moisés en el Sinaí— y nos entrega no diez mandamientos, sino ocho bienaventuranzas. Y déjenme decirles algo: esto no es un discurso motivacional tipo "tú puedes lograrlo si lo deseas". Esto es pura dinamita espiritual.

Miren lo que dice:

  • "Felices los pobres en el espíritu"
  • "Felices los que lloran"
  • "Felices los perseguidos"

¿En qué mundo ser pobre, llorar o ser perseguido te hace feliz? En el mundo de Instagram, definitivamente no. Ahí todos quieren mostrarse exitosos, sonrientes, con el auto del año y las vacaciones en la playa. Nadie sube stories diciendo: "Hoy elegí ser humilde y me fue increíble".

La lógica de Dios vs. la lógica del mundo

Pablo nos lo aclara en la segunda lectura. Nos dice: "Mírenles la cara, hermanos. En esta comunidad no hay muchos influencers, ni CEOs, ni gente de abolengo". Dios escogió precisamente a los que el mundo descarta para demostrar que Su poder no depende de nuestros méritos, sino de Su gracia.

Es como cuando un equipo de fútbol que nadie tomaba en serio llega a la final. No ganó porque tenía a los mejores jugadores o el presupuesto más alto, sino porque jugó con corazón, con hambre de triunfo, con humildad para aprender.

¿Qué significa realmente ser "pobre en el espíritu"?

Aquí viene lo bueno. Ser pobre en el espíritu no significa ser conformista o tener baja autoestima. Para nada. Significa reconocer que no lo tenemos todo bajo control, que necesitamos a Dios, que no somos autosuficientes.

Piénsenlo así: ¿Cuándo fue la última vez que realmente oraron con el corazón? Probablemente cuando algo se salió de su control, cuando el plan A, B y C fallaron. Ahí es cuando nos volvemos "pobres en el espíritu" —cuando reconocemos: "Señor, yo solo no puedo".

Y esa es la puerta de entrada al Reino de los Cielos. No la arrogancia de "yo puedo con todo", sino la humildad de "Señor, te necesito".

Las bienaventuranzas en la vida real

Permítanme traducir algunas de estas bienaventuranzas a nuestra vida diaria:

"Bienaventurados los mansos" no significa ser trapo de nadie. Significa tener la fuerza suficiente para no responder con violencia, para no desquitarte con el mozo que se equivocó en tu orden, para no destruir a alguien en redes sociales solo porque puedes.

"Bienaventurados los que lloran" nos recuerda que está bien no estar bien. Que el duelo, la tristeza y las lágrimas son parte de ser humano. Dios no nos pide ser robots felices 24/7. Nos pide ser auténticos, y promete consolarnos.

"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia" es para todos los que no pueden quedarse callados ante la injusticia, ante la corrupción, ante el abuso. Los que no se conforman con el "así son las cosas". Esos van a ser saciados.

El resto fiel que menciona Sofonías

La primera lectura nos habla de un "resto", un pueblo humilde que busca refugio en Dios. Y hermanos, ese resto somos nosotros. En un mundo donde parece que todo vale, donde la mentira se viste de "estrategia", donde la codicia se llama "ambición", estamos llamados a ser ese resto que no negocia sus valores.

Como dice Sofonías: este resto "no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca". Traducción: nada de mentiras "piadosas" en el trabajo, nada de "hacer como que trabajas" mientras scrolleas en el cel, nada de aparentar lo que no eres.

¿Y la recompensa?

Jesús termina diciendo: "Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo". Pero ojo, no es que tengamos que esperar a morirnos para experimentar esta felicidad. El Reino de los Cielos empieza AHORA, cuando vivimos según estas bienaventuranzas.

Porque hay una paz inexplicable cuando vives alineado con lo que Dios quiere de ti. Hay una alegría que no depende de las circunstancias externas cuando tu identidad está fundada en Cristo, no en tus logros o tu cuenta bancaria.

El desafío para esta semana

Los invito a algo concreto: escojan UNA bienaventuranza y pregúntense: ¿Cómo puedo vivirla esta semana?

  • Si escogen "pobres en el espíritu": reconozcan ante Dios un área donde necesitan ayuda
  • Si escogen "misericordiosos": perdonen a alguien que les debe una disculpa
  • Si escogen "limpios de corazón": sean honestos en algo donde han estado guardando apariencias
  • Si escogen "pacificadores": sean puente en un conflicto familiar o laboral

Hermanos, las bienaventuranzas no son un manual de autoayuda para sentirnos bien. Son el blueprint, el plano de construcción de una vida que vale la pena vivir. Una vida que puede parecer absurda para el mundo, pero que tiene sentido eterno para Dios.

Como dice Pablo: "El que se gloríe, que se gloríe en el Señor". Nuestra felicidad, nuestro éxito, nuestra identidad no dependen de lo que logramos, sino de a Quién pertenecemos.

Así que esta semana, cuando el mundo les grite "sé exitoso, sé poderoso, sé admirado", recuerden el GPS de Jesús: sé humilde, sé manso, sé misericordioso. Porque ahí, justo ahí donde el mundo no busca, está el tesoro del Reino.

Que así sea. Amén.


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