sábado, 31 de marzo de 2018

"Canto a la luz" - Monseñor Angelelli


Voy buscando una luz en el cerro...
con senderos... silbidos... silencios
mi guitarra sueña un encuentro
en cada piedra preñada del eco.

Llora el algarrobo su secreto,
me cuenta el arroyo su pena...
la vida madura en la cuesta,
la esperanza termina en el cerro.

Andar y andar... me grita el arroyo;
el sol ya calienta... ¡qué dura es la cuesta!
Arriero amigo, camina hasta el cerro
hay música en la pirca... ecos de fiesta.

La luz hace día el sendero,
música y canto el lamento,
la marcha se convierte en término...
hay un abrazo en la punta del cerro.

El valle está preñado de luz
con rumbos de marcha hacia el cerro
cara pirca es una meta
y la tranquera un encuentro.

La luz se esconde en el cardón,
la quebrada es su misterio,
el silencio es fecundo en el cerro,
el agua canto en el encuentro.

Hay una tranquera abierta
en cada punta del cerro,
la luz se hace silencio,
la marcha acaba su término.

Cada valle es un misterio
y cada marcha un despego
el arriero silba en el monte,
la luz le sale al encuentro.

¡Aleluya! cantan los cerros.
¡Aleluya! canta el arriero.
La luz se hace silencio
con música de cencerros.

Enrique Angelelli, Enero de 1968


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sábado, 24 de marzo de 2018

Monseñor Romero - Última homilia (Texto y audio)






El 24 de Marzo de 1980 fue asesinado el beato Monseñor Óscar Arnulfo Romero (Muy pronto será canonizado) A continuación podrán leer y escuchar (último parrafo) las últimas palabras de este obispo, minutos antes de su asesinato:

Por nuestras múltiples relaciones con la Editorial del periódico El Independiente, he pedido asomarme tanto a sus sentimientos filiales en el aniversario de la muerte de su mamá, como sobre todo, a ese espíritu noble que fue doña Sarita, que puso toda su formación cultural, su fineza, al servicio de una causa que ahora es tan necesaria: la verdadera liberación de nuestro pueblo.

Yo creo que sus hermanos, esta tarde, deben no solamente orar por el eterno descanso por nuestra querida difunta, sino sobre todo, recoger este mensaje que hoy todo cristiano debía de vivir intensamente. Muchos nos sorprenden, piensan que el cristianismo no se debe de meter en estas cosas, cuando es todo lo contrario. Acaban de escuchar en el evangelio de Cristo que es necesario no amarse tanto a sí mismo, que se cuide uno para no meterse en los riesgos de la vida que la historia nos exige, y, que el quiera apartar de sí el peligro, perderá su vida. En cambio, al que se entrega por amor a Cristo al servicio de los demás, éste vivirá como el granito de trigo que muere, pero aparentemente muere. Si no muriera se quedaría solo. Si la cosecha es, porque muere, se deja inmolar esa tierra, deshacerse y sólo deshaciéndose, produce la cosecha.

Desde su eternidad, Doña Sarita fue confirmando maravillosamente en esa página que yo he escogido para ella, del Concilio Vaticano II. Dice:

"Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad de sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde así mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Pero ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al Reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: "reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz". El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección".

Esta es la esperanza que nos alienta a los cristianos. Sabemos que todo esfuerzo por mejorar una sociedad, sobre todo cuando está tan metida esa injusticia y el pecado, es un esfuerzo que Dios bendice, que Dios quiere, que Dios nos exige. Y cuando se encuentra uno, pues, gente generosa como doña Sarita, y su pensamiento encarnado en Jorgito y en todos aquellos que trabajan por estos ideales, hay que tratar de purificarlos en el cristianismo, eso sí, vestirlos de esta esperanza del más allá; porque se hacen más fuertes, porque tenemos la seguridad que todo esto que plantamos en la tierra, si lo alimentamos en una esperanza cristiana, nunca fracasaremos, lo encontraremos purificado en ese reino, donde precisamente, el mérito está en lo que hayamos trabajado en esta tierra.

Yo creo que será aspirar en balde, a horas de esperanza y de lucha en este aniversario. Recordamos pues, con agradecimiento, a esta mejor generosa que supo comprender las inquietudes y esfuerzos de su hijo y de todos aquellos que trabajan por un mundo mejor, y supo también poner su parte de granito de trigo en el sufrimiento. Y no hay duda, que esta es la garantía de que su cielo tiene que ser también a la medida de este sacrificio y de esa comprensión que falta a muchos en este comento, en El Salvador.

Yo les suplico a todos, queridos hermanos, que miremos estas cosas desde el momento histórico, con esta esperanza, con este espíritu de entrega, de sacrificio, y hagamos lo que podamos. Todos podemos hacer algo: desde luego un sentimiento de comprensión. Esta santa mujer que estamos recordando hoy, pues, no pudo hacer cosas tal vez directamente, pero animando a aquellos que pueden trabajar, comprendiendo su lucha, y sobre todo, orando y aún después de su muerte diciendo con su mensaje de eternidad que vale la pena trabajar porque todos esos anhelos de justicia, de paz y de bien que tenemos ya en esta tierra, los tenemos formados si los iluminamos de una esperanza cristiana porque sabemos que nadie puede para siempre y que aquellos que han puesto en su trabajo un sentimiento de fe muy grande, de amor a Dios, de esperanza entre los hombres, pues todo esto está redundando ahora, en esplendores de una corona que ha de ser la recompensa de todos los que trabajan así, regando verdades, justicia, amor, bondades en la tierra y no se queda aquí, sino que purificado por el espíritu de Dios, se nos recoge y se nos da en recompensa.

De esta Santa Misa, pues, esta Eucaristía, es precisamente un acto de fe: Con fe cristiana parece que en este momento la voz de diatriba se convierte en el cuerpo del Señor que se ofreció por la redención del mundo y que en ese cáliz el vino se transforma en la sangre que fue precio de la salvación. Que este cuerpo inmolado y esta Sangre Sacrificada por los hombres nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo. Unámonos pues, íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración por Doña Sarita y por nosotros.


(En este momento sonó el disparo...)

HOMILIA DEL PRIMER ANIVERSARIO DE LA SRA. SARA DE PINTO (ULTIMA HOMILIA DE MONSEÑOR OSCAR A. ROMERO) - San Salvador, 24 de Marzo de 1980, a las 17'00 horas, en la Capilla del Hospital de la Divina Providencia.








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miércoles, 21 de marzo de 2018

Triduo de "Monseñor Romero, pastor perseguido y mártir"

“Monseñor Romero, pastor perseguido y mártir”

1° Día de Triduo – "Un pastor comprometido con los dolores de su rebaño"



“El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.  El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí” (Juan 10, 2-4. 11. 14)

Breve relato de la vida de Monseñor Óscar Romero:

El 3 de febrero de 1977, fue nombrado por el Papa Pablo VI como Arzobispo de San Salvador. Monseñor Romero denunció en sus homilías los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes, y de todas las personas que recurrieran a él, en el contexto de violencia y represión militar que vivía el país. En sus homilías transmitidas por la radio diocesana YSAX, denunciaban la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda. Señaló especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad.

Palabras de Monseñor Romero:

“Con este pueblo no cuesta ser un buen pastor. Es un pueblo que empuja a su servicio a quienes hemos sido llamados para defender sus derechos y para ser su voz” (Homilía 18 de noviembre de 1979)

“Como Pastor y como ciudadano salvadoreño me apena profundamente que se siga masacrando el sector organizado de nuestro pueblo sólo por el hecho de salir ordenadamente a la calle para pedir justicia y libertad” (Homilía 27 de enero de 1980)

Rezamos pidiendo una gracia a Dios por intercesión del Beato Monseñor Óscar Romero: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.



2° Día de Triduo – "Perseguido por denunciar las injusticias"


“Jesús dijo: «¿No han leído nunca en las Escrituras: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta. (Mateo 21, 42-46)

Breve relato de la vida de Monseñor Óscar Romero:

El día 9 de marzo de 1980, en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús se encontró un portafolio de color negro colocado debajo del Altar Mayor, la persona que notó su presencia, identificada como el sacerdote Ramiro Jiménez, notificó inmediatamente a la extinta Policía Nacional. El detective Juan Francisco Alas, experto en explosivos de la Policía Nacional, desactivó la bomba. Según investigaciones, la bomba se accionaría en el momento que Monseñor Oscar Arnulfo Romero oficiaría una misa.

«Monseñor nos decía que estaba amenazado, pero tenía muy claro su camino. Nos decía: 'Puedo morir pero tengo que vivir con los pobres. Y vosotros también tenéis que hacer algo por ellos'». (Palabras de Juana Portillo, colaborado de Monseñor Romero)

Palabras de Monseñor Romero:

“Hermanos, no nos debe de extrañar cuando se habla de Iglesia perseguida. Muchos se escandalizan y dicen que estamos exagerando, que no hay Iglesia perseguida. ¡Pero si es la nota histórica de la Iglesia! Siempre tiene que ser perseguida. Una doctrina que va contra las inmoralidades, que predica contra los abusos, que va siempre predicando el bien y atacando el mal, es una doctrina puesta por Cristo para santificar los corazones, para renovar las sociedades. Y, naturalmente, cuando en esa sociedad o en ese corazón hay pecado, hay egoísmo, hay podredumbres, hay envidias, hay avaricias, pues el pecado salta, como la culebra cuando tratan de apelmazarla, y persigue al que trata de perseguir el mal, el pecado. Por eso, cuando la Iglesia es perseguida es señal de que está cumpliendo su misión”(Homilía 25 de noviembre de 1977).

Rezamos pidiendo una gracia a Dios por intercesión del Beato Monseñor Óscar Romero: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.



3° Día de Triduo  – "Asesinado por defender a su pueblo"

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.” (Juan 12, 24-26)

Breve relato de la vida de Monseñor Óscar Romero:

El lunes 24 de marzo de 1980 Monseñor Romero fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo realizado por un francotirador desde un auto con capota de color rojo, impactó en su corazón .Tenía 62 años.

“Fue asesinado porque con su palabra él defendía al pueblo de El Salvador que estaba siendo oprimido, y muchos habían sido asesinados vilmente por la gente que estaba en ese momento en el poder” (Palabras del Cardenal Jorge Urosa)

“Estuvo dedicado a trabajar por la defensa de los desposeídos, trabajar por la instalación de la justicia y la dignidad convirtiéndose en la voz y en un mártir por amor a los pobres” (Palabras de Carlos Calles, embajador de El Salvador en Venezuela)

Palabras de Monseñor Romero:

“Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco mi sangre por la redención y resurrección de El Salvador. El martirio es una gracia que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad. Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro. Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quienes lo hagan.”  (En una entrevista concedida al periodista José Calderón dos semanas antes de su asesinato)

Rezamos pidiendo una gracia a Dios por intercesión del Beato Monseñor Óscar Romero: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


Muy pronto será canonizado Monseñor Romero:



El Santo Padre Francisco ha recibido el 6 de Marzo en audiencia al Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y ha autorizado a la Congregación a promulgar los Decretos concernientes los milagros atribuidos a la intercesión del Beato Pablo VI y del Beato Óscar Arnulfo Romero.

Leer:"San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro" - Pedro Casaldáliga




Descargar Triduo-Romero.pdf



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sábado, 17 de marzo de 2018

Homilía V Domingo de Cuaresma - Monseñor Angelelli

Evangelio según San Juan 12,20-33. 

Entre los que habían subido para adorar durante la fiesta, había unos griegos que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: "Señor, queremos ver a Jesús". Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. El les respondió: "Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. 
Mi alma ahora está turbada, ¿Y qué diré: 'Padre, líbrame de esta hora'? ¡Si para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!". Entonces se oyó una voz del cielo: "Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar". La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: "Le ha hablado un ángel". Jesús respondió: "Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes. Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí".  Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir.




Hoy, quinto domingo de cuaresma, ya nos indica la proximidad de la Semana Santa. Toda nuestra atención está centrada en ella. A ella nos preparamos más inmediatamente, con la oración, con la meditación de la Palabra de Dios y con el examen de nuestra propia vida. El comienzo de la cuaresma, lo recordamos, se nos dijo: “CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO.” Todos necesitamos, en estos momentos que vivimos, tener una gran serenidad de espíritu; humildad de corazón y fortaleza interior, para saber escuchar la Voz de Dios, que nos habla de diversas maneras, también desde lo más hondo de nuestro corazón, para serle fiel y no perder la esperanza en la vida. Con mucha confianza nos llegamos hasta la Cruz del Cristo de esta Semana Santa para descubrir mejor el valor redentor de nuestros sufrimientos; para valorar mejor el precio de nuestra esperanza; para comprender mejor el valor de la vida.

Nos dice San Cipriano, obispo y mártir de la primitiva Iglesia que los preceptos evangélicos, no son sino enseñanzas divinas, fundamentos para edificar la esperanza, medios para consolidar la fe, alimento para robustecer el corazón en el amor, guía para el camino, amparo para obtener la salvación eterna.

Los acontecimientos que estamos viviendo en nuestra Patria, con tanta intensidad, nos reclaman que con serenidad y esperanza miremos el futuro. Es una exigencia cristiana. Más allá de los problemas que nos puedan afligir, está la seguridad de la presencia del Señor que teje la vida con nosotros. Por eso dije que sentimos la necesidad de vivir con mucha piedad y recogimiento esta Semana Santa.

 “El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar...” (Sal. 22) “Señor te alabaré con toda mi alma y cantaré tus maravillas...” (Sal. 19). “Crea en mí, Oh Dios, un corazón puro, por en mí un espíritu firme. No me rechaces lejos de tu rostro... presta oído a mis plegarias; no desatiendas mis súplicas, atiéndeme y escúchame…” (Sal 50 y 55). La oración de estos salmos, nos ayudan a prepararnos a la Semana Santa.

Sepamos unir nuestros sufrimientos a la Cruz de Cristo para que se conviertan en purificadores y redentores. No perdamos la confianza en el Señor, que es Padre de todos. Sepamos descubrir todo lo bueno y positivo que hay en nosotros y en nuestros hermanos para ser muy solidarios y con valor cristiano y esperanza seguir construyendo todo aquello que nos haga verdaderamente felices. 

Soy consciente que no es fácil comprender y aceptar esta actitud; pero es la verdadera; la que aprendemos del Evangelio de Cristo. No permitamos que los rumores, la mentira y la desconfianza se nos meta en el corazón; esto nos hace daño. Aprendamos a discernir bien para no equivocarnos en la vida.

Pidamos mucho en esta Semana Santa que Cristo Nuestro Señor nos dé la luz y la fuerza para no desfallecer. Pidamos mucho para que nuestra Patria sea una tierra de bendición y de paz. Pidamos mucho por nuestra Rioja para que superemos felizmente nuestros problemas.


Mons Angelelli, 4 de abril de 1976 - Homilía Radial 



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sábado, 10 de marzo de 2018

Homilía IV Domingo de Cuaresma - Monseñor Romero

 


Evangelio según San Juan 3,14-21. 


Dijo Jesús: De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios. 



El signo de la serpiente levantada en alto... Cristo Salvador y Juez...

Hubo una figura bellísima mientras Moisés conducía al pueblo por el desierto y esa figura la recuerda Cristo en el Evangelio de hoy. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre para que todo el que cree en Él, tenga vida eterna.
¿Qué fue esto de la serpiente? Dicen que cuando los israelitas conducidos por Moisés se adentraban ya en el camino pesado del desierto, murmuraron contra él. ¡Qué difícil es conducir un pueblo! prefieren muchas veces la esclavitud de Egipto: "allá estábamos mejor, las ollas, los amos, las serpientes; todo aquello de Egipto, era más bonito que este desierto donde nos estás matando de hambre y de sed". ¡Qué cuesta que el pueblo comprenda el camino de la liberación! Muchas veces son aquellos por quienes se trabaja más, los que menos comprenden ese esfuerzo de amor que inspira ese sacrificio, que pide sacrificio de colaboración.

La fe de los hombres.

Esta murmuración fue castigada en el desierto. Aparecieron unas serpientes venenosas que mordían y el que era mordido de la serpiente, moría. Ante esta calamidad corrieron a Moisés a contarle lo que estaba pasando. Moisés, como de costumbre, ora al Señor y el Señor le da la respuesta: "Construye una serpiente de bronce, levántala en un palo, todo aquel que mire con fe la serpiente, quedará libre de la ponzoña de esas serpientes venenosas". Esta es la imagen de Cristo crucificado que Cristo recuerda ya, realizándose en Él; así como Moisés levantó la serpiente y todo el que miraba se libraba de aquellas mordeduras, así el que ve al Cristo crucificado con fe, será libre también, porque el Hijo del Hombre ha venido a dar su vida para la salvación del mundo.

Yo quisiera recoger en esta mañana, ese misterio que se llama el Misterio Pascual, o sea, el misterio de la muerte y de la resurrección de Jesucristo; porque para allá caminamos en la Cuaresma, para celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor. El Sábado Santo en la noche, es la gran noche del misterio pascual: yo quisiera que todos los que hemos seguido esta Cuaresma, este peregrinar espiritual de la historia de Dios con su pueblo, la fuéramos a terminar en esa noche luminosa. Hago un llamamiento especialmente a los jóvenes, para que esa noche miremos con fe al Cristo resucitado, levantado en alto más que la serpiente en el desierto, con todo el mérito de su cruz para dar salvación vida nueva a cada uno de los salvadoreños y a todo El Salvador en general.

En qué consiste la reconciliación de Cristo

Este es el misterio de la reconciliación, no importa el pasado, no importa cómo estemos de hundidos en nuestra situación económica, social o política, no importa lo que hayamos odiado, no importa lo violentos que hayamos sido: ni siquiera importa tener las manos manchadas de secuestros, de sangre, de torturas. Ojalá esta voz estuviera llegando a esos lugares donde Dios está usando su azote, valiéndose de hombres sin corazón y sin conciencia, para que el Señor tenga misericordia de ellos y anhelen en esta Pascua no ser el triste papel de azote de Dios sino convertirse en palabra de esperanza...

Sí, queridos hermanos, desde el Señor Presidente hasta los policías -todos los que constituyen ese orden bajo el cual nuestro pueblo se siente tan miedoso, tan tímido-, no sean azote de Dios; sean gobierno de esperanza, sean cuerpo de seguridad, sean hombres del orden, sean verdaderamente instrumentos de Dios para la liberación de nuestro pueblo.

No usemos, queridos capitalistas, la idolatría del dinero, el poder del dinero para explotar al hombre más pobre. Ustedes pueden hacer tan felices a nuestro pueblo si hubiera un poquito de amor en sus corazones. ¡Qué instrumentos de Dios serían ustedes con sus arcas llenas de dinero, con sus cuentas bancarias, con sus fincas, con sus terrenos, si no los usaran para el egoísmo, sino para hacer feliz a este pueblo tan hambriento, tan necesitado, tan desnutrido...! Y esto no es demagogia para arrancar aplausos, es que el pueblo siente y ama, ama también a los que lo azotan, ama también a los que lo explotan. Nuestro pueblo salvadoreño no está hecho para el odio, está hecho para la colaboración, para el amor y quiere encontrar fraternidad en todos los sectores que constituimos un pueblo tan bendecido de Dios, que ha recibido de Dios bienes abundantes pero que se hacen causa de tanta tristeza por la mala distribución, por el pecado de los hombres.

Fragmento de la Homilía de Monseñor Romero 25 de Marzo 1979

Monseñor Romero será canonizado muy pronto: Este milagro permitirá canonización de Mons. Oscar Romero



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miércoles, 7 de marzo de 2018

"San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro" - Pedro Casaldáliga




El Santo Padre Francisco ha recibido ayer (6 de Marzo) en audiencia al Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y ha autorizado a la Congregación a promulgar los Decretos concernientes los milagros atribuidos a la intercesión del Beato Pablo VI y del Beato Óscar Arnulfo Romero.

Hoy podemos decir que se cumplieron las palabras de Monseñor Pedro Casaldáliga (El 31 de mayo de 1952 fue ordenado sacerdote en Montjuïc (Barcelona) y se unió a la congregación de los claretianos. En junio de 1968 se trasladó como misionero al estado del Mato Grosso en Brasil. El 23 de octubre de 1971 fue ordenado obispo de São Felix do Araguaia. Ha sido siempre un defensor de los derechos de los menos favorecidos. El pasado 16 de Febrero cumplió 90 años) quien escribió un poema que se titula "San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro" publicado en el libro "Cantares de la Eterna Libertad" en el año 1984. A continuación podrán leer este poema:



                El ángel del Señor anunció en la víspera...  

El corazón de El Salvador marcaba

24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!
El ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.
¡Y se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!
Estamos otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.
Como Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa...!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).
Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.
Como un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!
Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares...
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!
San Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!
Pedro Casaldáliga





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