En este encuentro, los sacerdotes reflexionaron sobre la sinodalidad en la
tarea formativa.
Coordinado por la Organización de Seminarios de Argentina (OSAR), se
realizó el 32º Encuentro Nacional de Formadores de seminarios en la
arquidiócesis de San Juan de Cuyo, en la semana del 30 de enero al 3 de
febrero, y contó con la presencia de 70 formadores. También estuvieron
presentes Mons. Ricardo Araya (obispo de Cruz del Eje), Mons. Cesar Daniel
Fernández (obispo de Jujuy), Mons. Roberto Ferrari (obispo auxiliar de Tucumán)
y Mons. Gustavo Larrazábal (obispo auxiliar de San Juan) quien estuvo a cargo
de la meditación inicial del primer día del encuentro.
Este encuentro se realizó bajo el lema: “La tarea formativa en una Iglesia
Sinodal”. Las exposiciones estuvieron a cargo de Marcela Mazzini, miembro del
equipo de la síntesis argentina del sínodo y
delegada para la etapa continental, el Pbro. Gerardo José Söding y el
Pbro. Dario Vitali, quienes a lo largo de estos días invitaron a reflexionar a
los formadores sobre la recepción del proceso sinodal, la autoridad y el poder
como servicio, la sinodalidad como modo de ser y hacer Iglesia en Argentina.
En estos días se vivió un clima de fraternidad con espacios de oración,
formación y recreación en las instalaciones del seminario Arquidiocesano
Nuestra Señora de Guadalupe y San José.
Los organizadores expresaron que estos encuentros se realizan con el
objetivo de brindar un espacio en que los formadores puedan profundizar en la
formación del acompañamiento a los candidatos al sacerdocio.
“Uno de los momentos
más emotivos fue el gesto del lavatorio de los pies, que realizamos entre
nosotros mismos, como signo de que compartimos la misma vocación de servicio”
expresó uno de los formadores.
En la celebración de la presentación del Señor, imitando a la Virgen María y a San José, los formadores presentaron un listado con los nombres de los seminaristas de sus diócesis que colocaron sobre el altar. Y también se realizó una oración por todas las congregaciones de vida consagrada en Argentina.
En la última
celebración eucarística, Mons. Araya expresó: “La sinodalidad en los seminarios
es una gran llamada a la escucha”. Invitó a los formadores a escuchar a los
seminaristas, al obispo, a todo el clero, a la comunidad educativa y a los
otros formadores con los que se comparte la misión de acompañar a los
candidatos al sacerdocio.
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2° Día: Meditamos sobre la vida sacerdotal y religiosa. "Agradeciendo a Dios por la vida y testimonio de los sacerdotes: Carlos de Dios Murias OFM Conv. y Gabriel Longeville."
Primera jornada pastoral con el clero en 1969
LA PALABRA DE DIOS ILUMINA NUESTRA VIDA
Del Evangelio según San Marcos (6, 6-13)
Jesús recorría las ciudades, enseñando a la gente. Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir» (…) Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
Palabra del Señor.
---Meditamos en silencio el gran misterio de servicio que es
el Sacerdocio. Recemos por nuestros sacerdotes y por los
jóvenes que se preparan para serlo.---
LA VOZ DEL PASTOR
Nos enseñaba Mons. Enrique:
“El sacerdote ha sido consagrado y ungido para ser enviado. Nunca seremos lo suficientemente conscientes de lo que Dios obra en la ordenación sacerdotal. El sacerdocio que recibimos no es para nosotros; no es una dignidad solamente personal; no es fin en sí mismo; está destinado al mundo; a la Iglesia, a la comunidad, a los hombres. El sacerdocio es apostólico; es misionero; es ejercicio de mediación; es esencialmente social; el sacerdocio es caridad; es amor; pobres de nosotros si lo convertimos para nuestra propia utilidad y provecho; es donación total de la vida; es “crucificante” y a la vez signo de vida; de la Pascua; de la esperanza; deberá estar inmerso en la agitada y multiforme experiencia y vida de los hombres: “ustedes son sal y luz del mundo...”; es constituido en ministro de la Palabra de Dios, de la Gracia y del Amor. La misión sacerdotal deberá estar siempre marcada por la caridad de Cristo que nos urge; ningún otro estímulo la podrá sustituir y superar.”
(Homilía del 9 de Noviembre de 1975)
VIDA DE LOS TESTIGOS DE NUESTRA IGLESIA
Padre Gabriel Longeville: Nació en Francia en 1931 donde fue ordenado sacerdote en 1957. Ingresó en la Organización del apostolado francés que preparaba sacerdotes para ser enviados a América Latina. En 1971 llegó a La Rioja, donde Mons. Angelelli lo destina a la parroquia El Salvador de Chamical.
Fray Carlos de Dios Murias: Nació en Córdoba en 1945. Fue fraile franciscano conventual. En 1972 Mons. Angelelli lo ordenó sacerdote en Buenos Aires. Atraído por la pastoral que había en La Rioja pidió a sus superiores servir en esta diócesis, a la que llegó en 1975 siendo destinado a la parroquia de Chamical, donde lo recibió el padre Gabriel.
Identificados profundamente con Jesús sacerdote, emprendieron una pastoral comprometida con la construcción de una sociedad más fraterna, justa e igualitaria. Ambos vivían la pobreza evangélica con la naturalidad de quienes han nacido para eso. Durante la noche del 18 de julio de 1975 ambos fueron secuestrados de su casa, torturados y asesinados. Sus cuerpos fueron arrojados en la orilla de las vías del tren.
- Rezamos: Padre Nuestro. Ave María y Gloria.
- Testigos de la Iglesia riojana.
- Rueguen por nosotros.
- Rezamos la oración pidiendo la glorificación de nuestros testigos:
Evangelio según
San Mateo 23,1-12. (Domingo 5 de Noviemnbre)
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: "Los
escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les
digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan
pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos
no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean:
agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar
los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente. En cuanto
a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en
el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se
dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el
Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque
el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado"
Catecismo
de la Iglesia Católica - - "El Sacerdocio es un servicio"
876 El carácter de servicio del ministerio
eclesial está intrínsecamente ligado a la naturaleza sacramental. En efecto,
enteramente dependiente de Cristo que da misión y autoridad, los ministros son
verdaderamente "esclavos de Cristo" (Rm 1, 1), a imagen de Cristo
que, libremente ha tomado por nosotros "la forma de esclavo" (Flp 2,
7). Como la palabra y la gracia de la cual son ministros no son de ellos, sino
de Cristo que se las ha confiado para los otros, ellos se harán libremente
esclavos de todos (cf. 1 Co 9, 19).
877 De igual modo es propio de la
naturaleza sacramental del ministerio eclesial tener un carácter colegial . En
efecto, desde el comienzo de su ministerio, el Señor Jesús instituyó a los
Doce, "semilla del Nuevo Israel, a la vez que el origen de la jerarquía
sagrada" (AG 5). Elegidos juntos, también fueron enviados juntos, y su unidad
fraterna estará al servicio de la
comunión fraterna de todos los fieles; será como un reflejo y un testimonio de
la comunión de las Personas divinas (cf. Jn 17, 21-23). Por eso, todo obispo
ejerce su ministerio en el seno del colegio episcopal, en comunión con el
obispo de Roma, sucesor de San Pedro y jefe del colegio; los presbíteros
ejercen su ministerio en el seno del presbiterio de la diócesis, bajo la dirección
de su obispo.
878 Por último, es propio también de la
naturaleza sacramental del ministerio eclesial tener carácter personal. Cuando
los ministros de Cristo actúan en comunión, actúan siempre también de manera
personal. Cada uno ha sido llamado personalmente ("Tú sígueme", Jn
21, 22;cf. Mt 4,19. 21; Jn 1,43) para ser, en la misión común, testigo
personal, que es personalmente portador de la responsabilidad ante Aquél que da
la misión, que actúa "in persona Christi" y en favor de personas :
"Yo te bautizo en el nombre del Padre ..."; "Yo te
perdono...".
879 Por lo tanto, en la Iglesia, el
ministerio sacramental es un servicio
ejercitado en nombre de Cristo y tiene una índole personal y una forma
colegial. Esto se verifica en los vínculos entre el colegio episcopal y su jefe,
el sucesor de San Pedro, y en la relación entre la responsabilidad pastoral del
obispo en su Iglesia particular y la común solicitud del colegio episcopal
hacia la Iglesia Universal.
"Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su Liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición" P. Carlos Mugica
Jesús dijo a los fariseos:
"Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas,
sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es
el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz.
Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a
todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca
seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz".
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería
decir. Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos
aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas
no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará;
podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino
para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan
Vida, y la tengan en abundancia."
Catecismo de la
Iglesia Católica
754 "La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y
necesaria es Cristo (Jn 10, 1-10). Es también el rebaño cuy pastor será el
mismo Dios, como él mismo anunció (cf. Is 40, 11; Ez 34, 11-31). Aunque son
pastores humanos quienes gobiernan a las ovejas, sin embargo es Cristo mismo el
que sin cesar las guía y alimenta; El, el Buen Pastor y Cabeza de los pastores
(cf. Jn 10, 11; 1 P 5, 4), que dio su vida por las ovejas (cf. Jn 10,
11-15)".
2609 Decidido así el corazón a convertirse, aprende a orar en la
fe. La fe es una adhesión filial a Dios, más allá de lo que nosotros sentimos y
comprendemos. Se ha hecho posible porque el Hijo amado nos abre el acceso al
Padre. Puede pedirnos que "busquemos" y que "llamemos"
porque él es la puerta y el camino (cf Mt 7, 7-11. 13-14).
764 "Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras,
en las obras y en la presencia de Cristo" (LG 5). Acoger la palabra de
Jesús es acoger "el Reino" (ibid.). El germen y el comienzo del Reino
son el "pequeño rebaño" (Lc 12, 32), de los que Jesús ha venido a
convocar en torno suyo y de los que él mismo es el pastor (cf. Mt 10, 16; 26,
31; Jn 10, 1-21). Constituyen la verdadera familia de Jesús (cf. Mt 12, 49). A
los que reunió así en torno suyo, les enseñó no sólo una nueva "manera de
obrar", sino también una oración propia (cf. Mt 5-6).
2656 Se entra en oración como se entra en la liturgia: por la
puerta estrecha de la fe. A través de los signos de su presencia, es el rostro
del Señor lo que buscamos y deseamos, es su palabra lo que queremos escuchar y
guardar.
1465 Cuando celebra el sacramento de la Penitencia, el sacerdote
ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida, el del Buen
Samaritano que cura las heridas, del Padre que espera al Hijo pródigo y lo
acoge a su vuelta, del justo Juez que no hace acepción de personas y cuyo
juicio es a la vez justo y misericordioso. En una palabra, el sacerdote es el
signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador.
Buenas queridos amigos seguidores y lectores de este blog, estuve unos días de vacaciones pero ahora vuelvo a compartir con ustedes una nueva entrada sobre nuestra Fe Católica.
En este caso les quiero presentar la vida de San Juan Bosco mas conocido como "Don Bosco" (Mañana), y para esta ocasión le pedí a un amigo religioso de la congregación de Salesianos de Don Bosco que nos escriba algunos detalles de la vida de este gran santo.
Don Bosco, un santo lleno
de Dios y apasionado por la salvación de las almas. Jonathan Plazas, sdb.
La bondad de Dios está reflejada en los
modelos de santidad que posee la Iglesia desde los inicios de su trabajo
apostólico en el mundo. Dios desea que todos sus hijos estén con Él, y que, el
fruto de esta unión sea la santidad para la Iglesia y para el mundo entero. Una
estela innumerable de vidas y testimonios llenan los libros de las “Vidas de
los Santos” escrita y recopilada por muchos hombres y mujeres apasionados por
comunicar a los demás la acción de Dios en la existencia de aquellos hermanos
que han asumido el bautismo de una manera radical, en el seguimiento al Señor.
Entre esta estela luminosa que Dios ha
ofrecido por medio de la Iglesia a la humanidad se encuentra un santo valiente,
luchador, lleno de Dios y apasionado por las almas, en especial la de la
porción más delicada de la humanidad: la juventud; alegre y siempre dispuesto a
llevar con su vida el Evangelio de Dios, que es el mismo Evangelio de la
Alegría, nos referimos a San Juan Bosco, conocido más familiarmente como “Don
Bosco”. Hablar de Don Bosco es mostrar la acción de Dios en un hombre que fue
dócil a la voluntad del Señor, es una vida compleja, pero en este sencillo
artículo veremos cosas elementales para conocer de una manera concreta una vida
llena de Dios y dedicada a la salvación de los demás.
Juan Melchor Bosco Occhiena nace el 16
de agosto de 1815, hijo de Francisco Bosco y Margarita Occhiena (actualmente
Venerable de la Iglesia Católica). Desde su infancia cultivó una sana y fuerte
unión con Dios y sensible por las necesidades de sus coterráneos. Formado en
una familia sencilla, trabajadora, sacrificada y fuerte. Conoció desde muy
joven las dificultades que cualquier familia atraviesa, pero siempre fue
educado para aprender a superar con fe y constancia todas las adversidades. En
su formación, su madre, Margarita, desempeñó un papel importante, pues le
inculcó la necesidad de hacer todo bien, siempre con la mirada puesta en Dios
para la santificación de la vida. Tuvo un sueño profético a los nueve años, en
el cual se le delineaba la voluntad del Señor, acompañado siempre por el Señor
y por aquella mujer bella, María Santísima, de la cual en su vida dirá
constantemente “Ella lo ha hecho todo”
Su vida de joven fue bastante
sacrificada, pero siempre tenía la esperanza de poder ayudar a los demás en un
estado de vida especial: la vida sacerdotal. Ingresa al seminario de Chieri
(Italia), se destaca por su disciplina, su sabiduría e inteligencia, su
cercanía con los compañeros y su fuerte vida sacramental y de oración. Al
tiempo que aprendía y asimilaba las ciencias sagradas, también formaba en su
corazón un proyecto de vida dedicado a los jóvenes más pobres, ir a las
periferias para ayudar a los más necesitados.
Ordenado sacerdote en 1841, acompañado
de un gran santo, San José Cafasso, Don Bosco empieza a clarificar su opción
por los jóvenes menos favorecidos. Para ellos, funda el “oratorio”, un lugar
donde se favorece un sano ambiente para los jóvenes, bajo la protección de San
Francisco de Sales, el santo de la bondad y la amabilidad. Su vida sacerdotal
es modelo para cualquier ministro del altar, pues no se limitó solamente a los
chicos de las obras que emprendió, sino que iba a todos, de todas las maneras
posibles, pues su celo apostólico ardía fuertemente. Después de algún tiempo,
bajo la inspiración del Espíritu Santo, decide fundar la “Sociedad de San
Francisco de Sales” –comúnmente llamada “Salesianos de Don Bosco”- en 1859 con
17 socios, motivados a llevar una vida religiosa según el Evangelio, que
llevara a la santidad personal y trabajar por los jóvenes más pobres. Con su
ejemplo, comunica a sus hijos y jóvenes un estilo de vida religiosa con la
espiritualidad salesiana, llena de caridad, amabilidad, alegría, estudio,
piedad, trabajo y sobre todo, familiaridad y centralidad en Dios.
También funda el Instituto de las Hijas
de María Auxiliadora en 1872, con la ayuda de Santa María Mazzarello, como un
“monumento vivo de agradecimiento a María Auxiliadora” dedicado al apostolado
salesiano entre las jóvenes de su tiempo. Con los bienhechores y colaboradores
de sus obras funda la Asociación de Salesianos Cooperadores, y con los devotos
de María Auxiliadora, funda la Asociación de María Auxiliadora.
Después de una vida dedicada al
apostolado juvenil, muere el 31 de enero de 1888 a los 72 años, rodeado de sus
hijos espirituales y sus jóvenes, siempre convencido de que en el mundo estén sus amados
destinatarios, habrá trabajo para sus hijos.
Hombre lleno de Dios, apasionado por los
jóvenes, amante de la oración, sacerdote original, misionero, profeta, fiel al
Romano Pontífice, de una vida austera y sencilla, educador, incansable apóstol
de las buenas lecturas, del trabajo y la templanza. Amante de los patios de
recreo para los chicos de todo el mundo, que comenzó con nada, sus obras
nacieron en lugares pobres y sencillos, y que con la bendición de Dios y el
auxilio de María, los Salesianos estamos en 132 naciones del mundo en:
parroquias, colegios, centros de formación para el mundo del trabajo,
universidades, oratorios, casas de espiritualidad juvenil, estudiantados,
centros para chicos con problemas de calle, misiones ad gentes, imprentas y
otras obras que el Señor suscite en medio de nuestro carisma.
Creo que Don Bosco más que un sacerdote,
era un apasionado por Dios, digno hijo de la Iglesia, entusiasta y decidido a
que sus destinatarios y todos aquellos que se encuentren con sus obras, se
decidan por la santidad juvenil salesiana, un hombre que siempre confió en Dios
y en la divina providencia, y de la cual ha recibido no solo él, sino todos sus
hijos e hijas, destinatarios y obras en todos los tiempos de existencia de su
obra, abundantes bendiciones y trabajo por cantidades.
Don Bosco, un hombre que cumplió la
voluntad del Señor, que con su vida llevó a Jesucristo a muchos hombres y
mujeres, que con su sistema educativo ha cautivado los corazones de muchas
generaciones, y que, siempre decidido por sus jóvenes, como lo dijo antes de
morir: “Nos espera a todos, en el paraíso”.
Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y sólo en la oración pueden perseverar y fructificar. Me gusta subrayarlo hoy, que es la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”. (Francisco, 21/04/2013)
No nos olvidemos que todos tenemos la tarea de rezar por las vocaciones
y colaborar para la formación nuestros seminaristas
"La ordenación sacerdotal no se administra como un medio de salvación para el individuo sino para toda la Iglesia" (Santo Tomas de Aquíno)
Porque no ser sacerdote???
Te prometo una vida apasionante
"Hoy, aquí en la Plaza hay muchos jóvenes. Quisiera preguntarles: ¿han escuchado a veces la voz del Señor que a través de un deseo, una inquietud, les invitaba a seguirlo más de cerca ? ¿Han tenido ganas de ser apóstoles de Jesús? Es necesario jugarse la juventud por grandes ideales.¡Pregunta a Jesús qué cosa quiere de ti y sé valiente! Detrás y antes de cada vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, está siempre la oración fuerte e intensa de alguien: de una abuela, de un abuelo, de una madre, de un padre, de una comunidad." (Francisco, 21/04/2013)
¿Como nace un sacerdote?
"También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. (1. Pedro 2,5)"
Sacerdote, regalo para el mundo
«Sean pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios». (Francisco, 21/04/2013)
Sacerdote para ti
"Nadie podría haber sido mejor sacerdote de lo que fue María. Ella podía decir sin dudar: Esto es mi cuerpo, porque ella dio verdaderamente a Jesús su propio cuerpo. Y sin embargo, María continuó siendo la sencilla sierva del Señor, de forma que siempre nos podemos dirigir a ella como nuestra Madre. Es una de nosotros y siempre estamos unidos a ella. Después de la muerte de su Hijo continuó viviendo en la tierra para fortalecer a los apóstoles en su ministerio, para ser su Madre hasta que la joven Iglesia hubo tomado forma" (Beata Teresa de Calcuta)
Hola queridos amigos quiero compartir con ustedes las tres primeras catequesis del Papa Francisco en la audiencia general de los días miércoles, la verdad considero que vale la pena rescatar estas palabras
1°) AUDIENCIA GENERAL - Plaza de San Pedro - Miércoles 27 de marzo de 2013
Hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Me alegra acogeros en mi primera audiencia general. Con gran reconocimiento y veneración tomo el «testigo» de manos de mi amado predecesor Benedicto XVI. Después de la Pascua retomaremos las catequesis del Año de la fe. Hoy quisiera detenerme un poco sobre la Semana Santa. Con el Domingo de Ramos hemos iniciado esta Semana —centro de todo el Año litúrgico— en la que acompañamos a Jesús en su Pasión, Muerte y Resurrección.
¿Qué quiere decir para nosotros vivir la Semana Santa? ¿Qué significa seguir a Jesús en su camino al Calvario hacia la Cruz y la Resurrección? En su misión terrena, Jesús recorrió los caminos de Tierra Santa; llamó a doce personas sencillas para que permanecieran con Él, compartieran su camino y continuaran su misión. Las eligió entre el pueblo lleno de fe en las promesas de Dios. Habló a todos, sin distinción; a los grandes y a los humildes, al joven rico y a la viuda pobre, a los poderosos y a los débiles; trajo la misericordia y el perdón de Dios; curó, consoló, comprendió; dio esperanza; trajo para todos la presencia de Dios que se interesa por cada hombre y por cada mujer, como hace un buen padre y una buena madre hacia cada uno de sus hijos. Dios no esperó que fuéramos a Él, sino que Él se puso en movimiento hacia nosotros, sin cálculos, sin medida. Dios es así: él da siempre el primer paso, Él se mueve hacia nosotros. Jesús vivió las realidades cotidianas de la gente más sencilla: se conmovió ante la multitud que parecía un rebaño sin pastor; lloró ante el sufrimiento de Marta y María por la muerte del hermano Lázaro; llamó a un publicano como discípulo suyo; sufrió también la traición de un amigo. En Él Dios nos dio la certeza de que está con nosotros, en medio de nosotros. «Las zorras —dijo Él, Jesús—, las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20). Jesús no tiene casa porque su casa es la gente, somos nosotros, su misión es abrir a todos las puertas de Dios, ser la presencia de amor de Dios.
En la Semana Santa vivimos el vértice de este camino, de este designio de amor que recorre toda la historia de las relaciones entre Dios y la humanidad. Jesús entra en Jerusalén para dar el último paso, en el que resume toda su existencia: se dona totalmente, no se queda nada, ni siquiera la vida. En la Última Cena, con sus amigos, comparte el pan y distribuye el cáliz «para nosotros». El Hijo de Dios se ofrece a nosotros, entrega en nuestras manos su Cuerpo y su Sangre para estar siempre con nosotros, para habitar en medio de nosotros. En el Huerto de los Olivos, como en el proceso ante Pilato, no opone resistencia, se dona; es el Siervo sufriente anunciado por Isaías que se despoja a sí mismo hasta la muerte (cf. Is 53, 12).
Jesús no vive este amor que conduce al sacrificio de modo pasivo o como un destino fatal; ciertamente no esconde su profunda turbación humana ante la muerte violenta, sino que se entrega con plena confianza al Padre. Jesús se entregó voluntariamente a la muerte para corresponder al amor de Dios Padre, en perfecta unión con su voluntad, para demostrar su amor por nosotros. En la Cruz, Jesús «me amó y se entregó por mí» (Ga 2, 20). Cada uno de nosotros puede decir: Me amó y se entregó por mí. Cada uno puede decir esto: «por mí».
¿Qué significa todo esto para nosotros? Significa que éste es también mi camino, el tuyo, el nuestro. Vivir la Semana Santa siguiendo a Jesús no sólo con la emoción del corazón; vivir la Semana Santa siguiendo a Jesús quiere decir aprender a salir de nosotros mismos —como dije el domingo pasado— para ir al encuentro de los demás, para ir hacia las periferias de la existencia, movernos nosotros en primer lugar hacia nuestros hermanos y nuestras hermanas, sobre todo aquellos más lejanos, aquellos que son olvidados, que tienen más necesidad de comprensión, de consolación, de ayuda. ¡Hay tanta necesidad de llevar la presencia viva de Jesús misericordioso y rico de amor!
Vivir la Semana Santa es entrar cada vez más en la lógica de Dios, en la lógica de la Cruz, que no es ante todo aquella del dolor y de la muerte, sino la del amor y del don de sí que trae vida. Es entrar en la lógica del Evangelio. Seguir, acompañar a Cristo, permanecer con Él exige un «salir», salir. Salir de sí mismos, de un modo de vivir la fe cansado y rutinario, de la tentación de cerrarse en los propios esquemas que terminan por cerrar el horizonte de la acción creativa de Dios. Dios salió de sí mismo para venir en medio de nosotros, puso su tienda entre nosotros para traernos su misericordia que salva y dona esperanza. También nosotros, si queremos seguirle y permanecer con Él, no debemos contentarnos con permanecer en el recinto de las noventa y nueve ovejas, debemos «salir», buscar con Él a la oveja perdida, aquella más alejada. Recordad bien: salir de nosotros, como Jesús, como Dios salió de sí mismo en Jesús y Jesús salió de sí mismo por todos nosotros.
Alguno podría decirme: «Pero, padre, no tengo tiempo», «tengo tantas cosas que hacer», «es difícil», «¿qué puedo hacer yo con mis pocas fuerzas, incluso con mi pecado, con tantas cosas?». A menudo nos contentamos con alguna oración, una misa dominical distraída y no constante, algún gesto de caridad, pero no tenemos esta valentía de «salir» para llevar a Cristo. Somos un poco como san Pedro. En cuanto Jesús habla de pasión, muerte y resurrección, de entrega de sí, de amor hacia todos, el Apóstol le lleva aparte y le reprende. Lo que dice Jesús altera sus planes, parece inaceptable, pone en dificultad las seguridades que se había construido, su idea de Mesías. Y Jesús mira a sus discípulos y dirige a Pedro tal vez una de las palabras más duras de los Evangelios: «¡Aléjate de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» (Mc 8, 33). Dios piensa siempre con misericordia: no olvidéis esto. Dios piensa siempre con misericordia: ¡es el Padre misericordioso! Dios piensa como el padre que espera el regreso del hijo y va a su encuentro, lo ve venir cuando todavía está lejos… ¿Qué significa esto? Que todos los días iba a ver si el hijo volvía a casa: éste es nuestro Padre misericordioso. Es el signo de que lo esperaba de corazón en la terraza de su casa. Dios piensa como el samaritano que no pasa cerca del desventurado compadeciéndose o mirando hacia otro lado, sino socorriéndole sin pedir nada a cambio; sin preguntar si era judío, si era pagano, si era samaritano, si era rico, si era pobre: no pregunta nada. No pregunta estas cosas, no pide nada. Va en su ayuda: así es Dios. Dios piensa como el pastor que da su vida para defender y salvar a las ovejas.
La Semana Santa es un tiempo de gracia que el Señor nos dona para abrir las puertas de nuestro corazón, de nuestra vida, de nuestras parroquias —¡qué pena, tantas parroquias cerradas!—, de los movimientos, de las asociaciones, y «salir» al encuentro de los demás, hacernos nosotros cercanos para llevar la luz y la alegría de nuestra fe. ¡Salir siempre! Y esto con amor y con la ternura de Dios, con respeto y paciencia, sabiendo que nosotros ponemos nuestras manos, nuestros pies, nuestro corazón, pero luego es Dios quien los guía y hace fecunda cada una de nuestras acciones.
Deseo a todos vivir bien estos días siguiendo al Señor con valentía, llevando en nosotros mismos un rayo de su amor a cuantos encontremos.
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a vivir estos días siguiendo al Señor con fortaleza y siendo capaces de irradiar su amor a cuantos encontremos en el camino de la vida. Que Dios los bendiga y les conceda vivir el Triduo Pascual con fe y devoción.
LLAMAMIENTO
Sigo con atención lo que está sucediendo en estas horas en la República Centroafricana y deseo asegurar mi oración por todos los que sufren, en particular por los familiares de las víctimas, los heridos y las personas que han perdido su casa y se han visto obligadas a huir. Hago un llamamiento para que cesen inmediatamente las violencias y los saqueos, y se encuentre cuanto antes una solución política a la crisis que devuelva la paz y la concordia a ese amado país, desde hace demasiado tiempo marcado por conflictos y divisiones.
2°) AUDIENCIA GENERAL - Plaza de San Pedro - Miércoles 3 de abril de 2013
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy retomamos las catequesis del Año de la fe. En el Credo repetimos esta expresión: «Resucitó al tercer día, según las Escrituras». Es precisamente el acontecimiento que estamos celebrando: la Resurrección de Jesús, centro del mensaje cristiano, que resuena desde los comienzos y se ha transmitido para que llegue hasta nosotros. San Pablo escribe a los cristianos de Corinto: «Yo os transmití en primer lugar lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce» (1 Co 15, 3-5). Esta breve confesión de fe anuncia precisamente el Misterio Pascual, con las primeras apariciones del Resucitado a Pedro y a los Doce: la Muerte y la Resurrección de Jesús son precisamente el corazón de nuestra esperanza. Sin esta fe en la muerte y resurrección de Jesús, nuestra esperanza será débil, pero no será tampoco esperanza, y justamente la muerte y la resurrección de Jesús son el corazón de nuestra esperanza. El Apóstol afirma: «Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís en vuestros pecados» (v. 17). Lamentablemente, a menudo se ha tratado de oscurecer la fe en la Resurrección de Jesús, y también entre los creyentes mismos se han insinuado dudas. En cierto modo una fe «al agua de rosas», como decimos nosotros; no es la fe fuerte. Y esto por superficialidad, a veces por indiferencia, ocupados en mil cosas que se consideran más importantes que la fe, o bien por una visión sólo horizontal de la vida. Pero es precisamente la Resurrección la que nos abre a la esperanza más grande, porque abre nuestra vida y la vida del mundo al futuro eterno de Dios, a la felicidad plena, a la certeza de que el mal, el pecado, la muerte pueden ser vencidos. Y esto conduce a vivir con más confianza las realidades cotidianas, afrontarlas con valentía y empeño. La Resurrección de Cristo ilumina con una luz nueva estas realidades cotidianas. ¡La Resurrección de Cristo es nuestra fuerza!
Pero, ¿cómo se nos transmitió la verdad de fe de la Resurrección de Cristo? Hay dos tipos de testimonio en el Nuevo Testamento: algunos en forma de profesión de fe, es decir, de fórmulas sintéticas que indican el centro de la fe; otros, en cambio, con forma de relato del acontecimiento de la Resurrección y de los hechos vinculados a ella. El primero: la forma de la profesión de fe, por ejemplo, es la que acabamos de escuchar, o bien la de la Carta a los Romanos donde san Pablo escribe: «Si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (10, 9). Desde los primeros pasos de la Iglesia es bien firme y clara la fe en el Misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús. Hoy, sin embargo, quisiera detenerme en la segunda, en los testimonios en forma de relato, que encontramos en los Evangelios. Ante todo notamos que las primeras testigos de este acontecimiento fueron las mujeres. Al amanecer, ellas fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús, y encuentran el primer signo: la tumba vacía (cf. Mc 16, 1). Sigue luego el encuentro con un Mensajero de Dios que anuncia: Jesús de Nazaret, el Crucificado, no está aquí, ha resucitado (cf. vv. 5-6). Las mujeres fueron impulsadas por el amor y saben acoger este anuncio con fe: creen, e inmediatamente lo transmiten, no se lo guardan para sí mismas, lo comunican. La alegría de saber que Jesús está vivo, la esperanza que llena el corazón, no se pueden contener. Esto debería suceder también en nuestra vida. ¡Sintamos la alegría de ser cristianos! Nosotros creemos en un Resucitado que ha vencido el mal y la muerte. Tengamos la valentía de «salir» para llevar esta alegría y esta luz a todos los sitios de nuestra vida. La Resurrección de Cristo es nuestra más grande certeza, es el tesoro más valioso. ¿Cómo no compartir con los demás este tesoro, esta certeza? No es sólo para nosotros; es para transmitirla, para darla a los demás, compartirla con los demás. Es precisamente nuestro testimonio.
Otro elemento. En las profesiones de fe del Nuevo Testamento, como testigos de la Resurrección se recuerda solamente a hombres, a los Apóstoles, pero no a las mujeres. Esto porque, según la Ley judía de ese tiempo, las mujeres y los niños no podían dar un testimonio fiable, creíble. En los Evangelios, en cambio, las mujeres tienen un papel primario, fundamental. Aquí podemos identificar un elemento a favor de la historicidad de la Resurrección: si hubiera sido un hecho inventado, en el contexto de aquel tiempo no habría estado vinculado al testimonio de las mujeres. Los evangelistas en cambio narran sencillamente lo sucedido: las mujeres son las primeras testigos. Esto dice que Dios no elige según los criterios humanos: los primeros testigos del nacimiento de Jesús son los pastores, gente sencilla y humilde; las primeras testigos de la Resurrección son las mujeres. Y esto es bello. Y esto es en cierto sentido la misión de las mujeres: de las madres, de las mujeres. Dar testimonio a los hijos, a los nietos, de que Jesús está vivo, es el viviente, ha resucitado. Madres y mujeres, ¡adelante con este testimonio! Para Dios cuenta el corazón, lo abiertos que estamos a Él, si somos como niños que confían. Pero esto nos hace reflexionar también sobre cómo las mujeres, en la Iglesia y en el camino de fe, han tenido y tienen también hoy un papel especial en abrir las puertas al Señor, seguirle y comunicar su Rostro, porque la mirada de fe siempre necesita de la mirada sencilla y profunda del amor. Los Apóstoles y los discípulos encuentran mayor dificultad para creer. La mujeres, no. Pedro corre al sepulcro, pero se detiene ante la tumba vacía; Tomás debe tocar con sus manos las heridas del cuerpo de Jesús. También en nuestro camino de fe es importante saber y sentir que Dios nos ama, no tener miedo de amarle: la fe se profesa con la boca y con el corazón, con la palabra y con el amor.
Después de las apariciones a las mujeres, siguen otras: Jesús se hace presente de un modo nuevo: es el Crucificado, pero su cuerpo es glorioso; no ha vuelto a la vida terrena, sino en una nueva condición. Al comienzo no le reconocen, y sólo a través de sus palabras y sus gestos los ojos se abren: el encuentro con el Resucitado transforma, da una nueva fuerza a la fe, un fundamento inquebrantable. También para nosotros hay numerosos signos en los que el Resucitado se hace reconocer: la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los demás Sacramentos, la caridad, aquellos gestos de amor portadores de un rayo del Resucitado. Dejémonos iluminar por la Resurrección de Cristo, dejémonos transformar por su fuerza, para que también a través de nosotros los signos de muerte dejen espacio a los signos de vida en el mundo. He visto que hay muchos jóvenes en la plaza. ¡Ahí están! A vosotros os digo: llevad adelante esta certeza: el Señor está vivo y camina junto a nosotros en la vida. ¡Esta es vuestra misión! Llevad adelante esta esperanza. Anclad en esta esperanza: este ancla que está en el cielo; sujetad fuertemente la cuerda, anclad y llevad adelante la esperanza. Vosotros, testigos de Jesús, llevad adelante el testimonio que Jesús está vivo, y esto nos dará esperanza, dará esperanza a este mundo un poco envejecido por las guerras, el mal, el pecado. ¡Adelante jóvenes!
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a acoger la alegría que nos trae el Resucitado, para que el encuentro con Jesús abra nuestro corazón a la fe y a la esperanza, haciéndonos valientes testigos de su amor.
3°) AUDIENCIA GENERAL - Plaza de San Pedro - Miércoles 10 de abril de 2013
Queridos hermanos y hermanas:
Deseo reflexionar sobre el valor salvífico de la Resurrección de Jesús, en la que se funda nuestra fe y por la que hemos sido liberados del pecado y hechos hijos de Dios, generados a una vida nueva. Éste es el don más grande que recibimos del Misterio Pascual de Cristo. Dios nos trata como hijos, nos comprende, nos perdona, nos abraza y nos ama aun cuando nos equivocamos. Esta relación de hijos con el Señor debe crecer, ser alimentada cada día con la escucha de su Palabra, la oración, la participación en los Sacramentos y la práctica de la caridad. Comportémonos como hijos de Dios, sin desanimarnos por nuestras caídas, sintiéndonos amados por Él, sabiendo que Él es nuestra fuerza. Porque Él siempre es fiel. Ser cristianos no se reduce sólo a cumplir los mandamientos, es ser de Cristo, pensar, actuar, amar como Él, dejando que tome posesión de nuestra existencia para que la cambie, la trasforme, la libere de las tinieblas del mal y del pecado. A quien nos pida razón de nuestra esperanza, mostrémosle a Cristo Resucitado y hagámoslo con el anuncio de la Palabra, pero sobre todo con nuestra vida de resucitados. Porque nosotros también por el bautismo hemos resucitado, como Cristo.
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, provenientes de España, Argentina, México y los demás países latinoamericanos. En particular, al grupo de las diócesis de Galicia, con sus Obispos, así como a los sacerdotes del curso de actualización del Pontificio Colegio Español, y al grupo del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, de Buenos Aires: esto es muy importante. Invito a todos a dar testimonio del gozo de ser hijos de Dios, de la libertad que da el vivir en Cristo, que es la verdadera libertad. Muchas gracias.
Video de esta tercera Audiencia (Español)
Sitio Oficial del Año de la Fe: http://www.annusfidei.va/content/novaevangelizatio/es.html
Y "vamos a mejorar nuestros sacerdotes" quiere decir esto:
No vamos a permitir la murmuración. Ni cuando parece bien intencionada. Ni cuando parece que la persona necesita desahogarse. Ni siquiera cuando el crimen que señala ha sucedido. Una cosa es luchar por la erradicación de un crimen--como caso extremo, digamos, el abuso de un menor de edad--y otra cosa es que alguien se sienta con autorización para regar veneno contra la Iglesia cada vez que abra su boca. Las denuncias hay que hacerlas: claras, certeras, serenas, objetivas, y sobre todo: ante la autoridad civil o eclesiástica pertinente. Y no más. Lo que sigue de ahí se llama: darle uno la lengua a Satanás para que la use como instrumento contra Cristo y el valor de su Sangre en la Iglesia.
No vamos a permitir la indiferencia vocacional. Que haya un sacerdote ante el altar es asunto que me concierne a mí. Y a ti. Y a todos. No es "su" problema ni "su" negocio. El sacerdocio toca todas las fibras de la Iglesia. Sin sacerdotes no hay plena vida sacramental. La vitalidad de la predicación, la solidez de los principios morales, la guía de camino a la santidad, la libertad frente a la idolatría del mundo... todo ello es posible con muchos y muy buenos sacerdotes. Eso nos importa a todos, en todas partes, y siempre. La animación vocacional, la oración por las vocaciones, el apoyo económico, cuando es necesario, para los seminaristas y jóvenes religiosos, es un deber que brota del hecho mismo de ser bautizados.
No vamos a descuidar nuestros sacerdotes. Demasiado cómodo resulta para algunos sacerdotes encerrarse en su egoísmo, sus comodidades o sus miedos. Demasiado cómodo para nosotros encerrarnos en nuestros hogares, nuestros intereses o nuestros prejuicios. Y luego demasiado cómodo para ellos llevar dobles vidas, o buscar consuelos mundanos o ilícitos. Y demasiado irresponsable de nuestra parte esperar a que caigan, ellos solos, para entonces señalarlos, y juzgarlos, y hundirlos. Necesitamos un ambiente de calidez en el respeto, y de amistad en Cristo para con todos nuestros sacerdotes, para que amen su vocación, se sientan útiles, y a la vez puedan liderarnos en una vida cristiana plena.
Sí vamos a proclamar con gozo que somos rebaño de Jesucristo. Si el Señor no se avergüenza de nosotros, ¿qué tal está que nosotros nos avergoncemos de pertenecerle? Muy al contrario, proclamaremos que "somos su pueblo y ovejas de su rebaño," y diremos sin temor que los Apóstoles y sus sucesores, es decir, nuestros obispos, han recibido el encargo de alimentarnos y cuidar de nuestros corazones. Frente a un mundo que levanta la bandera de una supuesta "autonomía" para detrás de ella clavar el puñal de la soledad amarga y el absurdo, nosotros haremos frente común con nuestros diáconos, sacerdotes y obispos. Bajo el cayado del Papa, permaneceremos unidos como pueblo que confiesa la fe en el Dios uno y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
Fr. Nelson Medina, O.P.
- Con motivo del Jueves Santo de 2013. Laudetur Iesus Christus!
Fuente: http://www.bloguerosconelpapa.org
"Queridos fieles, acompañen a sus sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios." (FRANCISCO - Homilía, Misa Jueves Santo)
Sitio Oficial del Año de la Fe: http://www.annusfidei.va/content/novaevangelizatio/es.html
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