Lecturas del día: Libro de los Hechos de
los Apóstoles 2,14.36-41. Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6. Epístola I de San Pedro 2,20-25.
Evangelio según San
Juan 10,1-10.
Jesús dijo a los
fariseos: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de
las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante.
El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su
nombre y las hace salir.
Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen,
porque conocen su voz.
Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su
voz".
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería
decir.
Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.
Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las
ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y
encontrará su alimento.
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para
que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia."
Homilía por Fray Emiliano Vanoli, OP
“Escuchar la voz del Buen Pastor en
medio del ruido del mundo”
El Evangelio de
este domingo, en la Jornada del Buen Pastor (Jn 10,1-10), nos presenta una
imagen sencilla, cercana a la experiencia de sus oyentes, pero muy profunda.
Jesús habla del pastor que entra por la puerta y es reconocido por sus ovejas,
porque ellas conocen su voz. No es un extraño, ni un ladrón que salta por otro
lado para aprovecharse del rebaño. El pastor verdadero llama a cada oveja por
su nombre, las conduce y camina delante de ellas. Y en medio de esta enseñanza,
Jesús da un paso decisivo: no solo dice que es el pastor, sino también que es
la puerta. Es decir, Él mismo es el acceso a la vida, el lugar seguro por donde
entrar y salir, donde encontrar alimento y libertad.
Esto ¿qué
significa?, cuando decimos que Jesús es el Buen Pastor —y, como nos recuerda la
segunda lectura, el guardián de nuestras vidas— afirmamos algo muy concreto:
nuestra vida no está librada al azar. No estamos solos frente a las
dificultades ni abandonados en medio de un mundo incierto. Jesús nos conoce
personalmente, sabe quiénes somos, cuáles son nuestras heridas, nuestras
búsquedas y nuestras caídas. Y no solo nos conoce: nos cuida. No lo hace desde
la distancia, sino desde una cercanía que llega hasta dar la vida por nosotros.
Ser “guardados” por Él no significa perder libertad, sino encontrar una guía
verdadera. No es un control que oprime, sino una presencia que orienta protege
y hace crecer. Él no nos quita nada esencial; al contrario, nos conduce hacia
una vida más plena.
¿Cómo lo
aplicamos?, ahora bien, ¿dónde escuchamos hoy la voz de este Pastor? La
escuchamos, ante todo, en la Sagrada Escritura, donde su Palabra sigue viva y
eficaz. Pero también la escuchamos en la enseñanza de los pastores que Él mismo
ha querido para su Iglesia, llamados a guiar y cuidar al pueblo de Dios en su
nombre. Por eso es tan importante cultivar un corazón dócil, capaz de escuchar,
de dejarse orientar, de no cerrarse en la propia opinión o en las propias
seguridades. Reconocer la voz del Pastor implica también aprender a confiar en
los caminos concretos por los que Él nos habla hoy.
Hoy, para
nosotros. Esta palabra se vuelve especialmente significativa en el contexto que
vivimos. Un mundo marcado por guerras, conflictos, violencia cotidiana,
tensiones sociales y dificultades económicas genera incertidumbre y, muchas
veces, miedo. En medio de tantas voces —opiniones, ideologías, promesas de
soluciones rápidas— no siempre es fácil discernir a quién seguir. Por eso,
reconocer a Jesús como puerta y guardián de la propia vida es una decisión
fundamental. Significa elegir conscientemente que sea su voz la que oriente
nuestros pasos. Significa no dejar que el miedo, la angustia o la desesperanza
ocupen el centro de nuestro corazón.
Aceptar a Jesús
como Pastor no elimina las dificultades, pero cambia profundamente la manera de
vivirlas. Nos permite atravesar los problemas sin perder el rumbo, sin caer en
el aislamiento o la dureza del corazón. Nos invita a confiar, incluso cuando no
entendemos todo, sabiendo que Él va delante y abre caminos. También nos
compromete: escuchar su voz implica aprender a vivir como Él, cuidando a los
demás, siendo instrumentos de paz en medio de la violencia, de solidaridad en
medio de la necesidad, de esperanza en medio de la incertidumbre.
En definitiva,
la invitación de este domingo es clara: volver a centrar la vida en Cristo.
Escuchar su voz, entrar por Él, dejarnos guiar. Porque solo en Él encontramos
una vida que no se agota, una seguridad que no depende de las circunstancias, y
una esperanza que permanece incluso en medio de las pruebas.
Podes seguir este blog a través de facebook: AÑO DE LA FE. (Grupo) Vivamos juntos la Fe (FanPage), Instagram en X: @VivamoslaFe y en nuestro canal de Telegram
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario