sábado, 9 de mayo de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Josué González Rivera OP


Lecturas del día:
Libro de los Hechos de los Apóstoles 8,5-8.14-17. Salmo 66(65),1-3a.4-5.6-7a.16.20. Epístola I de San Pedro 3,15-18.

Evangelio según San Juan 14,15-21.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:
el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.
Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él".

Homilía por Fr. Josué González Rivera, OP

Yo estoy en mi Padre, ustedes están en mí y Yo en ustedes

Queridos hermanos, nos encaminamos hacia la culminación de la Pascua, donde el tiempo en que Jesús estuvo con sus discípulos llegará a su entrega definitiva, en cuerpo y alma gloriosos, junto al Padre. Y esta nueva ausencia de Jesús es algo distinta de la anterior. Pensemos que la primera ausencia de Jesús, después de su crucifixión, fue un tiempo de prueba, de duelo y de dolor; pero esta segunda ausencia se da de una forma distinta, confiada, según sus propias palabras, en que Él no abandonará a sus amigos.

Las primeras comunidades seguramente se preguntaban cómo podrían ellos, que no conocieron a Jesús directamente, vincularse y relacionarse con Él, al igual que los primeros cristianos que también habían seguido el mismo destino de Jesús. Para responder esta inquietud, la comunidad recurre al testimonio de Juan: es el discurso de despedida que Jesús pronunció en la Última Cena y que ahora ellos y nosotros leemos con una visión postpascual, sabiendo que Él se levanta de la muerte con el poder de Dios.

Lo primero que debemos notar es la condición del amor: “Si me aman, guardarán mis mandamientos”. No es una amenaza; es la revelación del amor verdadero, qué diferente del sentimentalismo temporal que no transforma la vida. Ya san Agustín decía que tener los mandamientos es aprenderlos de memoria, pero guardarlos es cumplirlos en la vida y en las acciones, porque no están simplemente en el recuerdo, sino que se van grabando en el mismo corazón.

El amor no es algo vacío, sino que transforma nuestros días. Esta es una de las novedades más importantes de la nueva alianza: el pacto ya no está sostenido por cargas externas, sino como consecuencia de una vida interior, de un amor vivo que brota desde dentro de los creyentes. Es el amor que impulsa a los apóstoles a predicar la Buena Nueva, a defender lo que creen, y es ese mismo amor que nosotros también hoy estamos llamados a experimentar. Y para ello descubramos también que Jesús no nos deja solos. Nos hace una promesa audaz: el Padre enviará “otro Paráclito”, es decir, abogado, consolador e intercesor. Este es quien estará con los discípulos; es quien estará en los creyentes: el Espíritu de la verdad.

Sin duda alguna, el primer Paráclito es Jesús durante su vida histórica, la cual llegó a su culmen; pero Él no abandona a quienes siguen su camino. Su presencia cambia de forma, pero no de intensidad ni de amor. Su antagonista es el mundo, es decir, aquellos que prefieren sus propias fuerzas y su propia satisfacción sin tomar en cuenta a Dios. Los creyentes están llamados, cada vez más, a dejar de pertenecer a ese mundo.

Los primeros cristianos siguieron a Jesús a pesar de las diferencias familiares, sociales y culturales que les representó creer en Él; pero su mensaje fue una riqueza y una experiencia tan valiosa, que muchos de ellos llegaron a dar su vida defendiéndolo. Hoy en día, nosotros también estamos llamados a trabajar cada vez más por descubrir esta vida en el Espíritu, porque es una tarea; pero también a pedirla, porque no olvidemos que, ante todo, es un regalo, un don, una gracia que Dios nos concede para descubrir su acción, a veces sutil, pero real para todos.

La imagen del huérfano nos muestra una de las formas más vulnerables de la vida humana, y Jesús dice: “No los dejaré huérfanos”. Esta promesa no es sólo para el fin de los tiempos; es una promesa que se actualiza hoy, para cada tarde de oscuridad y para cada pregunta sin respuesta. Cristo resucitado es el Señor del Espíritu, y Él nos da su Espíritu para que nosotros también experimentemos hoy la fuerza de Dios que nos guía y nos acompaña.

Finalmente, esta espiritualidad pascual, que nos invita a la más íntima unión con Dios, nos revela una de las realidades más importantes del Evangelio: la mutua relación que existe entre Dios Padre y Jesús Hijo, y entre los discípulos y Jesús. No es una metáfora; para quienes tenemos fe, debe ser una descripción de nuestra realidad. La palabra técnica es “inmanencia recíproca”. Su presencia no es algo físico, pero sí interior: con su Espíritu ilumina a quienes le aman y cumplen sus mandamientos. La manifestación que promete Jesús no es un espectáculo público ni viral; es un encuentro íntimo donde la luz de Dios ilumina desde dentro y da a los creyentes la certeza de no estar solos. Esto ocurre en el silencio de nuestra oración, en el servicio a los hermanos y en la fidelidad del día a día.

Los primeros cristianos, y también nosotros hoy, no podemos ver a Jesús físicamente, ni escucharlo ni tocarlo; sin embargo, creemos en Él, porque no abandona, sino que su presencia se transforma, y el Espíritu lo hace presente en los sacramentos, en la oración, en la meditación de su palabra y en las obras de misericordia. Lo que parece pérdida se convierte en ganancia: su presencia ya no está limitada a un lugar particular, sino que se abre de forma universal.

¿En qué momento has experimentado la presencia interior de Dios, de Cristo y de su Espíritu? ¿Qué forma de amar podría ser el gesto que hoy abra la puerta a una nueva manifestación de Dios en tu vida? Caminemos con la fe y la confianza de que Él permanece con nosotros.


Podes seguir este blog a través de facebook:  AÑO DE LA FE.  (Grupo)  Vivamos juntos la Fe  (FanPage),  Instagram  en X:  @VivamoslaFe y en nuestro canal de  Telegram  



No hay comentarios:

Publicar un comentario