Lecturas del día: Libro del Éxodo 34,4b-6.8-9. Libro de Daniel 3,52.53.54.55.5 Carta II de San Pablo a los Corintios 13,11-13.
Evangelio según
San Juan 3,16-18.
Sí, Dios amó tanto al mundo,
que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que
tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se
salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque
no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Homilía por Fray Cristian Yturre OP.
La lógica del amor
Este
domingo celebramos juntos el misterio central de nuestra fe, el misterio de un
Dios que es UNO en comunión de TRES PERSONAS.
Para
acercarnos a comprender este misterio, antes debemos comprender de qué hablamos
cuando hablamos de amor. Normalmente confundimos el concepto amor con el
enamoramiento, por eso escuchamos muchas veces la frase “se acabó el amor.”
¿Has escuchado esta frase alguna vez? ¿Has sentido que el “amor se acabó”?
Déjame decirte, es propio del enamoramiento acabar, y dar paso a algo más
grande… o no. El amor es algo más profundo, no es una simple atracción, es una
elección.
Permíteme
hacer una breve aclaración: si hablamos de elecciones tenemos que hablar de
voluntad. Nuestra voluntad siempre está esta inclinada al bien y busca la
felicidad. Santo Tomás distinguía dos aspectos de ella: la voluntas ut natura y
la voluntas ut ratio. Si bien en nosotros hay una sola voluntad podemos
distinguirlas en el modo en como obramos. La primera es más espontanea, no
requiere deliberación, nos inclina necesariamente hacia lo que percibimos como
bueno. Dicho de otra manera, no lo pienso tanto. Luego entra el otro aspecto,
más racional, más deliberativo.
A
esta altura te estarás preguntando que tiene que ver todo esto con el misterio
de la Santísima Trinidad o con el amor. Déjame decirte que el amor empieza como
esa inclinación primera al bien, pero debe ser elegido, sopesado, abrazado.
Para poder amar total y plenamente debo elegir el amor, no es un sentimiento
pasajero, es una elección que perdura. Déjame preguntarte, ¿Dónde crees que hay
más amor? Imagina una pareja de recién casados, saliendo de la iglesia,
besándose bajo una lluvia de granos de arroz. Ahora imagina a una pareja de
ancianos que están juntos sentados en un banco de la plaza, ves los años que
cargan encima, ves el peso de las decisiones que han tenido que tomar a lo
largo de su matrimonio, ves el peso de las ilusiones y de las desilusiones… y ves que están tomados de las manos. Tal vez
haya mucho amor en la primera imagen, pero hay más plenitud en la segunda. Hay
casos incluso en que el amor que se veía en la primera pareja no prospera, se
rompe, se quiebra. Tal vez no había un conocimiento real del otro al momento de
decir el sí.
Ahora
bien, ya aclaramos que el amor verdadero requiere no solo una inclinación hacia
lo que me agrada, lo que me hace sentir bien, sino una elección, a pesar de que
no todo sea “color de rosas”. Pues si llevamos ese amor al extremo, esa
elección hasta las últimas consecuencias y un poco más allá, estaremos cerca de
balbucear lo que es el verdadero AMOR con mayúsculas. El amor de Dios que,
siendo comunión plena de amor nos invita, nos elige, nos llama a participar de
su propio amor.
A
ti, a mi… que a veces nos cuesta aceptar todo lo nuestro. Dios nos AMA, te ama.
Y lo da todo para que comprendas que te ha elegido desde toda la eternidad y
que solo espera de ti que puedas devolver algo de ese amor.
San
Bernardo nos decía en su sermón 83: “El amor basta por sí solo, satisface por
sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo.
El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho;
su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa
es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que
vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre
todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con
que la criatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy
inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da.
En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es
para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los
que se aman entre sí.”
Esta
es la raíz del misterio que celebramos. Un dios que es Amor, que nos ama, que
te ama… y que espera ser amado. Es ese que da todo por nosotros, que SE DA todo
por nosotros. No se guarda nada, nos lo entrega todo.
¡Que
tristeza sentía San Francisco de Asís cuando contemplando el amor del Señor
Encarnado gritaba “El amor no es Amado”! Este es el día en que debemos
preguntarnos cómo estamos respondiendo a ese amor. Si es que hemos dado una
respuesta. Él nos amó primero, eso siempre ha estado claro. Y lo muestra en la
Cruz donde da hasta la última gota de su sangre por ti. Este es el día en que
nos dejamos conmover por ese amor que nos busca y nos preparamos a dar una
respuesta. Una respuesta que implica aceptar cada día la cruz y llevarla con
él.
El
Evangelio de este día termina con una frase terrible: “El que cree en él, no es
condenado; el que no cree, ya está condenado…” Y es verdad. Sin conocer la
medida del amor verdadero, sin sabernos amados, ya en esta tierra comenzamos a
vivir el infierno. Pero si realmente hemos conocido el amor con el que Él nos
ama, cada paso es un paso más cerca del encuentro con el amado. Nuestra vida es
una preparación para el amor.
Por
eso te pregunto hoy… ¿Cómo y dónde está tu corazón?
Podes seguir este blog a través de facebook: AÑO DE LA FE. (Grupo) Vivamos juntos la Fe (FanPage), Instagram en X: @VivamoslaFe y en nuestro canal de Telegram

No hay comentarios:
Publicar un comentario