sábado, 30 de mayo de 2026

Meditamos el Evangelio del Domingo con Fray Cristian Yturre OP.


Lecturas del día: Libro del Éxodo 34,4b-6.8-9. Libro de Daniel 3,52.53.54.55.5 Carta II de San Pablo a los Corintios 13,11-13.

Evangelio según San Juan 3,16-18.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Homilía por Fray Cristian Yturre OP.

La lógica del amor

Este domingo celebramos juntos el misterio central de nuestra fe, el misterio de un Dios que es UNO en comunión de TRES PERSONAS.

Para acercarnos a comprender este misterio, antes debemos comprender de qué hablamos cuando hablamos de amor. Normalmente confundimos el concepto amor con el enamoramiento, por eso escuchamos muchas veces la frase “se acabó el amor.” ¿Has escuchado esta frase alguna vez? ¿Has sentido que el “amor se acabó”? Déjame decirte, es propio del enamoramiento acabar, y dar paso a algo más grande… o no. El amor es algo más profundo, no es una simple atracción, es una elección.

Permíteme hacer una breve aclaración: si hablamos de elecciones tenemos que hablar de voluntad. Nuestra voluntad siempre está esta inclinada al bien y busca la felicidad. Santo Tomás distinguía dos aspectos de ella: la voluntas ut natura y la voluntas ut ratio. Si bien en nosotros hay una sola voluntad podemos distinguirlas en el modo en como obramos. La primera es más espontanea, no requiere deliberación, nos inclina necesariamente hacia lo que percibimos como bueno. Dicho de otra manera, no lo pienso tanto. Luego entra el otro aspecto, más racional, más deliberativo.

A esta altura te estarás preguntando que tiene que ver todo esto con el misterio de la Santísima Trinidad o con el amor. Déjame decirte que el amor empieza como esa inclinación primera al bien, pero debe ser elegido, sopesado, abrazado. Para poder amar total y plenamente debo elegir el amor, no es un sentimiento pasajero, es una elección que perdura. Déjame preguntarte, ¿Dónde crees que hay más amor? Imagina una pareja de recién casados, saliendo de la iglesia, besándose bajo una lluvia de granos de arroz. Ahora imagina a una pareja de ancianos que están juntos sentados en un banco de la plaza, ves los años que cargan encima, ves el peso de las decisiones que han tenido que tomar a lo largo de su matrimonio, ves el peso de las ilusiones y de las desilusiones…  y ves que están tomados de las manos. Tal vez haya mucho amor en la primera imagen, pero hay más plenitud en la segunda. Hay casos incluso en que el amor que se veía en la primera pareja no prospera, se rompe, se quiebra. Tal vez no había un conocimiento real del otro al momento de decir el sí.

Ahora bien, ya aclaramos que el amor verdadero requiere no solo una inclinación hacia lo que me agrada, lo que me hace sentir bien, sino una elección, a pesar de que no todo sea “color de rosas”. Pues si llevamos ese amor al extremo, esa elección hasta las últimas consecuencias y un poco más allá, estaremos cerca de balbucear lo que es el verdadero AMOR con mayúsculas. El amor de Dios que, siendo comunión plena de amor nos invita, nos elige, nos llama a participar de su propio amor.

A ti, a mi… que a veces nos cuesta aceptar todo lo nuestro. Dios nos AMA, te ama. Y lo da todo para que comprendas que te ha elegido desde toda la eternidad y que solo espera de ti que puedas devolver algo de ese amor.

San Bernardo nos decía en su sermón 83: “El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la criatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.”

Esta es la raíz del misterio que celebramos. Un dios que es Amor, que nos ama, que te ama… y que espera ser amado. Es ese que da todo por nosotros, que SE DA todo por nosotros. No se guarda nada, nos lo entrega todo.

¡Que tristeza sentía San Francisco de Asís cuando contemplando el amor del Señor Encarnado gritaba “El amor no es Amado”! Este es el día en que debemos preguntarnos cómo estamos respondiendo a ese amor. Si es que hemos dado una respuesta. Él nos amó primero, eso siempre ha estado claro. Y lo muestra en la Cruz donde da hasta la última gota de su sangre por ti. Este es el día en que nos dejamos conmover por ese amor que nos busca y nos preparamos a dar una respuesta. Una respuesta que implica aceptar cada día la cruz y llevarla con él.

El Evangelio de este día termina con una frase terrible: “El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado…” Y es verdad. Sin conocer la medida del amor verdadero, sin sabernos amados, ya en esta tierra comenzamos a vivir el infierno. Pero si realmente hemos conocido el amor con el que Él nos ama, cada paso es un paso más cerca del encuentro con el amado. Nuestra vida es una preparación para el amor.

Por eso te pregunto hoy… ¿Cómo y dónde está tu corazón?

Podes seguir este blog a través de facebook:  AÑO DE LA FE.  (Grupo)  Vivamos juntos la Fe  (FanPage),  Instagram  en X:  @VivamoslaFe y en nuestro canal de  Telegram   


No hay comentarios:

Publicar un comentario