Evangelio según San Mateo 28,16-20.
En aquel tiempo, los
once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en
la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con
ustedes hasta el fin del mundo".
Homilía por el Pbro. Diego Olivera.
Querida comunidad hoy celebramos la fiesta de la Ascensión de Jesús, comienza una nueva etapa en el plan de salvación de Dios. A simple vista parece una despedida, pero en realidad es un envío, una presencia nueva y una esperanza firme.
En la primera lectura se relata la misión de Jesús después de su resurrección, misión que tiene como eje central manifestar la victoria sobre la muerte y el anuncio de la vida eterna para todos. Esta misión realizada durante 40 días concluye con una promesa: “recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén”.
En el Evangelio esta promesa se traduce como misión que Jesús encomienda a sus discípulos: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado”. Esta misión va de la mano de una nueva presencia de Jesús, se manifiesta como el compañero de camino de todos: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”
Por lo tanto, Jesús no desaparece, cambia su modo de estar, desde ahora estará acompañando a toda la humanidad en todo momento. Es un Dios bien cercano a nuestra vida cotidiana.
Con esta misión comienza el tiempo del Espíritu, también llamado el tiempo de la Iglesia. Hoy nosotros somos llamados y enviados a dar testimonio. La vida del cristiano no se resume solo en creer y rezar, sino que también implica la misión de anunciar la Buena Nueva.
Está misión de Jesús consta de tres elementos: anuncio, sacramento y enseñanzas. Para lograr esta misión necesitamos ser una comunidad activa, dónde cada uno de sus miembros pone sus dones y talentos al servicio de todos, preferentemente para quienes están más alejados y heridos. La misión de la Iglesia se expresa en el compromiso de transmitir una vida nueva en Cristo.
Cristo es la fuente de nuestra Esperanza, cómo lo afirma San Pablo en la segunda lectura de hoy, como síntesis de fe de todos los cristianos. Nadie tiene más poder sobre nosotros que Cristo, quien ha triunfado sobre la muerte y hoy quiere triunfar en nuestros corazones para alejarnos de todas las situaciones de muerte.
Hoy podríamos preguntarnos:
¿Dónde descubro la presencia de Jesús en mi vida diaria?
¿A quién estoy
llamado a acercar a Dios con mi testimonio?
¿Vivo con
esperanza o me dejo vencer por el desánimo?
Pidamos al Espíritu Santo la gracia de no quedarnos “mirando al cielo”, sino de ser discípulos misioneros en camino, llevando a Cristo a los demás. Amén
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