domingo, 18 de octubre de 2020

BOLETÍN MONS. ORZALI, Siervo de Dios: N° 14 "Acción Católica"

El 22 de enero de 1922 fallecía en Roma el Papa Benedicto XV. 15 días más tarde, Pio XI era el nuevo Papa de la iglesia de Roma. Fue él quien, “no sin divina inspiración”, instituyó la Acción Católica.

Mons. Orzali había acompañado a la Unión Popular Católica Argentina, en ella, los católicos, habían entendido que se podía hacer obra social, y la hicieron. La Acción Católica llegó providencialmente, en el momento oportuno.

En 1924, Orzali visitó a Pio XI y se empapó de su espíritu. A su regreso, fue uno de los primeros en trabajar en la formación de la nueva institución en nuestro país. El 1° de mayo de 1927 escribe una pastoral sobre el espíritu que debe animar las obras de Acción Católica.

El 1° de diciembre de 1928, al terminar las conferencias episcopales, los obispos argentinos firmaron una pastoral colectiva en la que expresan el deseo de que la Acción Católica se forme en Argentina.

El Obispo de Cuyo designó al Pbro. Silvino Martínez para que viajara a Roma a especializarse en Acción Católica. En febrero de 1931, el Papa envía una carta a los obispos argentinos sobre la nueva entidad y el 5 de abril de ese año aparece la pastoral colectiva con que se funda definitivamente la Acción Católica Argentina.

Al regresar el Pbro. Martínez, Orzali lo nombró asesor diocesano de la Acción Católica y puso manos a la obra en su diócesis.

Del 18 al 24 de Junio de 1931 se realizó en San Juan la Semana de Acción Católica para seglares. Luego siguieron estas iniciativas en Mendoza y San Luis. Así iniciaba la marcha en la diócesis la nueva institución.

Mons. Orzali gozaba y agradecía. Él había sido un gran animador de todos los movimientos sociales, desde los Círculo de Obreros hasta la Acción Católica. «¡Era el labriego que después de las rudas jornadas de invierno, contempla complacido los silos henchidos del buen grano!» (Entraigas, 1949).




Bibliografía:

CALATAYUD, Ángel (1960). Rosas. Ediciones Rosarinas. Buenos Aires, Argentina.
CASTRO, Ana E. (1998) José Américo Orzali. Fundador, Obispo y misionero. Arzobispado de San Juan de Cuyo. San Juan, Argentina.
DE JESÚS, María Araceli. (2012). Padre y Pastor: Vida y obra de Mons. Américo Orzali. Ágape Libros. Buenos Aires, Argentina.
ENTRAIGAS, Raúl A. (1949) El Buen Pastor de Cuyo. 2da edición. Editorial Difusión. Buenos Aires, Argentina. 

Martín Sillero (Seminarista de la Arquidiocesis de San Juan de Cuyo)




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"ORACIÓN A LA VIRGEN MADRE" - CARDENAL PIRONIO


En este día de la madre, compartimos con todos ustedes una oración del cardenal Eduardo Pironio, siervo de Dios, pide a la Virgen María que proteja a su madre.


Madrecita del cielo:

Madre de Dios y Madre mía.

¡Cómo me gusta llamarte así!

Como llamo a mi mamá todos los días. 

Con la misma sencillez, con la misma seguridad,

Con el mismo cariño.

 

¡Qué lindas las palabras de Jesús

cuando te dijo: ¡"Aquí tienes a tu hijo"!

Ese hijo era Juan, el amigo predilecto,

y era también yo. Y mi compañero de escuela,

y los chicos de mi barrio,

y todos los hombres del mundo.

¡Qué lástima que muchos no lo saben!

Y qué pena que a veces olvidamos

lo que Jesús nos dijo:

¡"Aquí tienes a tu Madre"!

 

Hoy te rezo con más confianza que nunca.

Es el día de tu fiesta y también la fiesta de la madre. 

Quiero agradecerte que seas mi Madre,

que me acompañes y cuides,

que me sostengas y formes.

 

¡Ya sabes cómo te necesito! 

Me siento a veces tan pobre

que sólo la seguridad de tu cariño

me tranquiliza.

¡No me dejes Madre mía!

Yo quiero tener siempre la sencillez

y la alegría de los niños.


 Te pido por mamá, hoy que es su día. 

Dios la hizo tan buena

que juntó en su corazón

la ternura de todas las cosas.

Cuando quiero pensar que Dios me ama,

yo me fijo en el amor que ella me tiene.

 

Yo sé que ella sufre por nosotros.

Lo adivino en su mirada un poco triste,

pero siempre tan profunda y tan serena. 

No sé cómo pedirte por mamá. 

Pero tú lo sabes, porque entiendes 

mi silencio y su problema.

 

Dale un poco de tu fuerza

cuando esté cansada.

Un poco de tu alegría cuando sufre. 

Un poco de tu serenidad

cuando esté preocupada por nosotros.

 

Cuídala mucho.

Yo no tengo cosas lindas para darle

porque lo más lindo que tengo

es ella misma.

Pero le doy mi corazón sencillo y pobre,

sincero y generoso, dispuesto a seguir 

siempre sus consejos.

 

Y te pido por la mamá de todos los chicos. 

Y por los chicos que ya no tienen mamá. 

Que todos sintamos

que tú eres nuestra Madre.

Que nos guardas en tu corazón,

que nos tomas de la mano y nos conduces

a la Casa del Padre que nos espera.

 

Madrecita del cielo:

caminaremos juntos en la vida,

Dame un corazón de hijo, límpio y bueno. 

Y cuando sea grande

que tenga siempre un corazón de niño:

sencillo y transparente,

alegre y generoso.

 

Para mí y para mí mamá,

para todos los chicos,

y todas las mamás del mundo,

te pido en este día

la ternura de tu protección,

la alegría de tu presencia entre nosotros,

la seguridad de tu bendición,

y la delicadeza de tu cariño.

 

Amén.  Que así sea.

(Cardenal Eduardo Pironio)


Te invitamos a participar de esta conferencia para conocer más de la vida del Cardenal Pironio:

Se transmitirá en el siguiente link: 
https://www.youtube.com/channel/UCsL5LktSDDhy75XriO4baEw/live


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domingo, 11 de octubre de 2020

Natalicio del beato y mártir Carlos de Dios Murias - "Carta abierta a mi amigo"



Este 10 de octubre se cumplió el 75° aniversario del natalicio del beato y martír Carlos de Dios Murias y  queremos recordar este aniversario con una carta abierta de Laura Camaño:

Carta abierta a mi amigo..Carlos Murias Beato Martir Riojano

Hoy se celebra un año más de tu Natalicio..

Y sabes que siento Carlitos? Tengo ganas de expresar la felicidad de haber compartido tu vida con nosotros..

La felicidad de hoy, después de tu beatificación, leer relatos que nos muestran tu fortaleza, tu impronta y esa valentía que te caracterizó..

Me da felicidad haberte conocido, aunque no fue en persona, tu vida, tu persona, tu historia toco mi corazón..

Cuando una Señora, que, por cierto, no está de más contarte que la quiero mucho y pido a vos protección para ella, esa tarde, mates de por medio, ella empezó a contarme "la historia de los curitas"; y me cautivó, me atrapó de tal manera, que desde ese día no pare de averiguar, yo quería conocer más de "los curitas de Chamical".

Cada vez que algo me enteraba, más quería saber de la vida de esos curitas valientes.. Como bien me conoces, primero me mataba la curiosidad, y a medida que paso el tiempo me fui comprometiendo con la historia para transformarla en mi corazón, como enseñanza, como legado..

Y así el tiempo fue pasando, entre testimonios, entre libros y actividades referidas a vos y en honor a los mártires riojanos, un día, cuando oraba, cuando hablaba con vos, sentí esa alegría de sentirte mi amigo..

En las caminatas a la gruta, vivir con los demás ese momento de compartida y celebración, siempre es tan lindo.. porque vos nos invitas a eso, a celebrar la vida, a encontrarnos con Jesús..

Y Jesús va obrando, y la amistad va creciendo día a día, xq aunque venimos de lugares distintos, de épocas distintas, nos une la fe, el amor a Jesús..

Ojo, bien sabes que nos desencontramos algunas veces, por el trajín de la vida, de mi vida.. Pero vos siempre allí, firme esperando que te vuelva a contar de mi, que vuelva a pedir tu intercesión y agradecerte por siempre ayudarme a seguir adelante..

Es por eso que hoy, en esta carta abierta te agradezco haberme mostrado que la fe se vive con valentía, que callarse no es una opción para el cristiano.. que la fe debemos vivirla desde la solidaridad y el amor al prójimo.. que el evangelio siempre habla y mejor si esa voz sale por medio de nuestros actos..

Hoy, vuelvo a pedirte como cada día, Amigo querido, intercede por nosotros ante Jesús.. Amén

¡BEATOS Y MÁRTIRES RIOJANOS RUEGUEN POR NOSOTROS!

María Laura Camaño




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domingo, 23 de agosto de 2020

Feliz de ti Simón! Es la bienaventuranza de la fe. - P. Diego Fares, sj






Evangelio según San Mateo 16,13-20.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. 

Feliz de ti Simón! Es la bienaventuranza de la fe. 

De lo feliz que hace tener fe en Jesús. La alegría que da hacerle caso a la fe cuando algo la despierta en nuestro corazón y sentimos el impulso a adherirnos sin peros a una certeza, que tiene que ver con un bien común, con algo que nos hace sentir plenamente humanos. Algo especial se ilumina en los ojos de Jesús, mientras les va preguntando: “quién dice la gente que soy yo, quien dicen ustedes que soy yo…” y Simón le hace caso a lo que le dice su corazón. Me pregunto si todos sentimos la voz del Padre cuando nos indica quién es Jesus, cuando nos revela que es su predilecto, el que esperamos, el Ungido…

El Señor dirá que el Padre se hace oír mejor por los pequeñitos y no por los que se complacen en escucharse a si mismos y en escuchar a los que los aplauden. En todo caso, escuchar la voz del Padre e interpretarla como algo especial requiere ayuda, confirmación. Esto es lo que hace Jesús con Simón: lo confirma, lo consolida en esa confianza que hace que se juegue y que lo convierte en Pedro, en piedra para confirmar la fe de sus hermanos, de todos nosotros. Desde entonces, Simón Pedro -siempre con sus dos nombres, como hoy Jorge Bergoglio/Francisco- tiene la misión de confirmar personalmente la fe de los que queremos ser discípulos de Jesús.

Me gusta la idea evangélica de una fe en Jesús que necesita confirmación. Una confirmación que no viene de la carne ni de la sangre, que no es cultural ni genética, sino que viene del Padre, del Altísimo, del Misericordioso, del que siempre está, estuvo y estará (que es una forma cercana de decir que es eterno). Nuestra fe necesita esta confirmación de nuestro Padre y Él nos la hace llegar por dos vías, ambas eclesiales: por Pedro y por los pequeñitos del pueblo fiel, infalible en su modo de creer y de vivir la fe en su vida cotidiana.

Una fe que necesita confirmación es una fe pobre, es una “poca fe”. Una “poca fe” que grita: Señor! Auméntanos la fe. El plural indica que no se trata de una pobreza individual, de esas de las que uno podría salir por esfuerzo propio, sino de una pobreza que nos orienta hacia los demás, que nos hace salir de nosotros mismos y pedir ayuda. A Jesús , a Pedro y a las personas que vemos que tienen más fe que nosotros.

Volviendo a Simón Pedro, diría que él y todos los que con su nombre propio reciben el nombre de Pedro, solo se entienden desde esta fe. No se los entiende desde categorías meramente políticas, sicológicas, sociológicas… Si se los elige es porque son gente que se deja confirmar y que se hace cargo de la tarea de confirmar a los demás. Desde esta perspectiva se puede decir que Simón buscó ser Pedro, quería ser Pedro, fue siempre un Pedro, uno que era piedra para los demás, uno que se dejaba confirmar y que confirmaba a los demás en la fe, ya se tratara de tirar la red una vez más , aunque no hubieran pescado nada en toda la noche, o de caminar sobre las aguas en dirección a lo que para los demás era solo un fantasma.

Desear ser Pedro, desear ser confirmado para poder confirmar, es un deseo que regala el Padre a quien quiere. Suele dárselo a los que se animan a caminar sobre las aguas (y no a los que quieren trepar), a los que se dejan corregir y saben pedir perdón, a los que se juegan por sus hermanos sin miedo a quemarse…

Dejarse confirmar es disponerse a recibir el fruto de una acción conjunta: del Padre que pone a Jesús bajo la Luz del Espíritu Santo y lo transfigura ante nuestros ojos. Confirmar a los demás también implica una tarea compleja, mas compleja que la que conlleva definir un dogma o escribir una encíclica. Esta es solo una cara, la cara intelectual de la fe. Pero confirmar requiere también acompañamiento, conducción pastoral a lo largo del tiempo, cariño y misericordia para perdonar las caídas, paciencia y fortaleza para iniciar un proceso y llevarlo a buen fin…

Es decir: confirmar en la fe es cosa de Padre. Va más allá de decirle a un hijo “tienes que hacer esto” o “esto está bien y esto está mal”. La fe se confirma bancando a los hijos. Hijos que, como Simón Pedro, a veces dicen cosas geniales y otras cualquier pavada, que se tiran al agua porque quieren caminar sobre el mar y después piden ayuda porque se hunden, que se entusiasman y también a veces niegan cobardemente, que se arrepienten y regresan…

Jesús elige a Pedro porque se anima a pasar por todas estas cosas escuchando la voz interior del Padre que le hace ver desde adentro quién es Jesús a quien tiene delante. Confía en el. Fíate. Es mi Hijo. Es tu Amigo, tu Señor, escúchalo: es uno que te puede enseñar, tu maestro (tu director espiritual, tu rabí, tu imán, tu sensei, tu shifu…, como quiera llamarlo tu cultura). Pero, como decíamos, no se trata de una fe individual sino comunitaria, eclesial. Es una fe misionera, que responde quién es Jesus en medio de la gente y para ir a confirmar a la gente. Una fe que escucha lo que dicen los medios -que Jesus es esto y lo otro-, y dice: para mí Jesus es el Hijo De Dios y esto salgo a anunciarlo y a compartirlo con los demás. En el conflicto de las interpretaciones, la fe resuena -Jesus quiere que resuene- con el tono de voz único y personal de cada uno. El Señor no le interesa sacar un promedio estadístico de lo que la gente piensa de él para que uno se quede con ese tanto por ciento. Le interesan voces que se jueguen por el el cien por ciento. Le interesa lo que yo pienso y elijo cultivar de mi relación con él en lo íntimo de mi corazón, no que yo tenga una opinión promedio acerca de quién es él.

Nadie puede decir Jesús es mi Señor si el Espíritu no le mueve el corazón. Y el Espíritu no mueve sino corazones que quieren confirmar la fe de sus hijos pequeñitos, de los pobres mas pobres y de los que quieren aprender las enseñanzas del evangelio.

Diego Fares sj



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sábado, 8 de agosto de 2020

Homilía de Monseñor Angelelli - Domingo XIX - Ciclo A

 Evangelio según San Mateo 14,22-33.

Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

Homilía de Monseñor Enrique Angelelli (10 de Agosto 1975)

Ayer finalizamos un encuentro sacerdotal. Quisimos, en un primer momento que fuera sólo y profundamente sacerdotal para reflexionar ante el Señor nuestra misión de pastores, en las presentes circunstancias que vivimos. No tenía nada de especial y misterioso. Simplemente orar y ahondar nuestra responsabilidad ante la realidad de nuestro pueblo. Luego invitamos, también, a las religiosas por las responsabilidades que tienen en barrios y pueblos de la diócesis. No puedo dejar de comunicarles este hecho en la vida de la diócesis, porque ha constituido una verdadera bendición del Señor este encuentro para bien de La Rioja. El clima de oración, fraternidad y profundidad de reflexión, en quienes tenemos responsabilidades, así graves, significan un bien para una comunidad. Es muy importante, en circunstancias como las que vivimos, tener la serenidad y la lucidez suficientes para tratar de ver claro cuál debe ser nuestro ministerio sacerdotal y religioso. Quizás, podrá significar, para algunos, sin importancia; esto sin mala voluntad; pero sin percibir su dimensión en la comunidad.

Cuando cada sacerdote, pastor de su pueblo, trae a una mesa común no sólo su propia vida consagrada sino la de su pueblo, con todo lo que ella significa, para rezarla y reflexionarla con sus otros hermanos, es una realidad que honra y alienta a una comunidad como lo es la diócesis. Y si esto se hace con gran espíritu de profundizar de buscar juntos las soluciones, nos debe llenar de alegría, como la tengo yo.

Precisamente el texto del Evangelio de hoy (Mt 14, 22-33) nos ilumina desde la fe el camino que venimos haciendo como pueblo y como comunidad cristiana. En el Evangelio se nos habla del mar sacudido por el viento; en él, una débil barca metida muy adentro; en ella Jesús y el grupito de los apóstoles; Jesús dormido, por el cansancio de haber estado todo el día con la gente; los apóstoles asustados por no saber qué hacer con el mar sacudido por las olas; ... luego los diálogos; antes el miedo de los apóstoles, Jesús que es despertado les dice: ¡Animo... no tengan miedo...” ...y a Pedro que se hundía en el agua... ¡hombre de poca fe, porque has dudado -despuntaba el alba después de una noche de angustias y desorientación. Jesús había buscado el silencio de la noche para orar.

La sola lectura de este pasaje del Evangelio nos pinta nuestra realidad personal y las circunstancias en que vivimos con tantos problemas de todo tipo. Se nos acaba la esperanza; nos entra el miedo; nos angustiamos; perdemos el sentido de la vida; no sabemos qué hacer; se nos vienen abajo nuestros proyectos. A todo esto no es fácil la respuesta concreta para buscar solución a todos los problemas que tenemos. También, quienes tenemos la misión sacerdotal de ser pastores de nuestros pueblos, necesitamos oír en el silencio de la oración y de la búsqueda en común, la palabra de Jesús: “Animo... no tengan miedo...”; lo necesita cada sacerdote para confirmar la fe de sus hermanos. Necesitamos profundizar el Evangelio de Cristo, descubrirlo mejor a él, para iluminar la vida de las comunidades confiadas.

¿Qué hicimos en el encuentro? Sentirnos, una vez más, necesitados de orar en común; de ahondar la fraternidad sacramental y sacerdotal; revisar juntos nuestra delicada misión religiosa en la vida concreta de nuestros hermanos; poder ser mejor servidores de ustedes. Quisimos prepararnos, juntos, para la “visita de San Nicolás” por La Rioja. A este “paso jubilar de Dios” por toda nuestra diócesis, lo queremos preparar con la oración y con el estudio meditado de la Palabra de Dios. Esa misma Palabra que deberemos anunciarles a ustedes en toda esta gran misión diocesana.

Además de lo organizativo, nos interesa fundamentalmente que La Rioja, sienta en este Año Santo la realidad reconciliadora y renovadora exigida por Cristo. Por eso profundizamos los Sacramentos de Cristo: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Unción de los Enfermos, Matrimonio, Penitencia -especialmente este último-, la penitencia, llamada hoy, el sacramento de la reconciliación. Descubrir mejor y más hondo que nosotros los hombres necesitamos de la Misericordia de Dios y de su Perdón y que nosotros somos débiles y pecadores si él no nos “libera-perdona-salva-ayuda.

Sentimos la necesidad, una vez más, de ponernos en actitud de “escucha” ante Dios, para recoger en nuestro corazón lo que nos dice a nosotros como pastores y lo que le dice a su pueblo. Sentirnos que pastores y pueblo, necesitamos de su luz, de su misericordia, de su perdón, de su gracia. Cuando nos ponemos en esta actitud, entonces nos sentiremos libres interiormente; no miraremos solamente lo personal e individual, sino que nuestra mirada y nuestra preocupación será abierta y hacia todos.

Hablar del sacramento de la reconciliación en una “visita de San Nicolás a La Rioja”: no es suficiente “arreglármelas” a solas con Dios, es necesario descubrir los pecados personales y sociales que tenemos. Cristo nos urge a remover los obstáculos personales y seculares para que de veras seamos una comunidad fraternal.

Ser discípulo de Cristo; miembro vivo y consciente de su Iglesia es procurar que unidos procuremos infatigablemente, que todo hombre sea plenamente hombre como lo quiere y lo ha creado Dios. No anunciamos ni anunciaremos a nuestro pueblo un Dios y un Cristo separado y descolgado del hombre y de un pueblo; lo repetimos una vez más; es el Dios vivo y eterno, que ya ha elegido en cada hombre su propia casa y que al rostro de Cristo hay que descubrirlo en el rostro de cada hombre. Por eso decimos que Cristo es cuestionador de toda nuestra vida. Cristo se nos ha metido en la vida y está más presente de lo que pensamos.

Hombres de poca fe... ¿por qué tienen miedo?.... Nos lo repite a todos. Qué gracia de Dios es poder mirar la vida y los problemas de la vida con los ojos y la mirada de Dios. Qué responsabilidad tenemos quienes tenemos por pura gracia de Dios el don de la Fe. Más obligados estamos a construir una sociedad nueva; una fraternidad verdadera entre los hombres.

Hermanos de los Llanos y hermanos del Oeste: este año tendrán ustedes la “visita” de San Nicolás. Prepárense bien; dispónganse a acoger la palabra de Dios y a concretar en la vida de cada uno, de cada hogar y de cada pueblo con Palabra de Dios. Debemos celebrarlo con sentido festivo, pero lo importante es que luego de su paso quedan reconciliados y renovados cristianamente, las personas, las familias, los pueblos.

 Que San Nicolás interceda por La Rioja. 


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