viernes, 16 de agosto de 2024

Caminar con otros en la oración


Estamos transitando el año de la oración, y desde Vivamos Juntos la Fe queremos acompañarte a vivirlo plenamente. Nos gustaría saber, ¿Qué es lo que más te interesaría saber de la oración? ¡A través de nuestras redes sociales estaremos atentos a tus sugerencias!

Nuestra propuesta hoy es “caminar con otros en la oración”. Y buscando por ahí, googleando como se dice ahora, encontré aspectos muy interesantes. Algunos de ellos están relacionados con caminar alrededor del barrio mientras se reza por los vecinos y sus necesidades, para lo cual se puede usar el rosario u otras oraciones. Otro ejemplo es el que te presentamos en “El camino del Resucitado - Via Lucis” , sería el más adecuado para nuestro tiempo litúrgico, teniendo en cuenta que el Vía Crucis está más adaptado para el tiempo de cuaresma.



Cuando hablamos de los elementos necesarios para hacer de la oración una experiencia de encuentro (Silencio) decíamos que la oración “No es un encuentro conmigo mismo en mi soledad, todo lo contrario. Es un encuentro con la Palabra y la Iglesia misma.” Y como ejemplo de ello mencionamos los retiros espirituales, podemos agregar las novenas, las peregrinaciones y procesiones. Especialmente de estas últimas, quisiéramos saber ¿cuál es la procesión o peregrinación que tradicionalmente realizan en el lugar donde te encuentras?

Hay una fina y debatible diferencia entre procesión y peregrinación. Para simplificar, podemos afirmar que las procesiones tienen un sentido específicamente comunitario, público y religioso. En las peregrinaciones estas características no son tan claras. Lo importante en ellas es la intención de vivir el camino, ya sea con motivos de agradecimiento, súplica o penitencia. 

Caminar no solo es salir de nuestro lugar o espacio cotidiano, es salir de nuestra comodidad, también es salir en la búsqueda de algo, ya sea el bienestar físico o psíquico o simplemente para pasear y conocer un lugar. También puede ayudarnos a mantener nuestro bienestar espiritual. Todo va a depender de nuestra intención, para lo cual contamos con la disposición del Espíritu Santo.

Ya sea que se trate de peregrinaciones o procesiones, lo importante es tomar conciencia que no se trata de una carrera, que lo importante no es llegar primero, lo realmente importante es que no caminamos solos. Recorremos un camino en compañía de personas con más o menos necesidades, con más o menos entusiasmo de agradecer favores recibidos, pero todos caminamos juntos. Muchas de esas personas estarán a nuestro lado durante un tiempo o a lo largo de todo el camino. 

Junto a este camino, entre todos iremos padeciendo o disfrutando del clima, haciendo que la solidaridad se manifieste espontáneamente para que el tránsito sea lo más seguro y agradable posible. Sin proponernos compartimos el cansancio hasta la meta final. 

Caminar juntos en la oración, es la metáfora mas adecuada para referirnos a la vida y nuestra forma de vivirla. Caminamos hacia la esperanza, hacia un lugar de descanso y providencia. 

En aquellas procesiones o peregrinaciones que llevan varios días, como las de Lujan en Buenos Aires, la virgen del valle en Catamarca o la del señor y señora del milagro en salta, se puede vivir la virtud de la solidaridad y la empatía en cada posta, donde muchos peregrinos reciben alimentos, agua e incluso atención médica.

Queremos invitarte a hacer de tu vida una verdadera peregrinación de fe. Que cada paso que des, ya sea en una procesión o en tu rutina diaria, esté guiado por la intención de buscar a Dios y servir a los demás. Con cada oración compartida y cada paso dado siendo acompañado o acompañando a otros, estamos construyendo una comunidad de fe más fuerte y solidaria. Por eso te animamos a participar en las actividades de la vida de tu comunidad. Recuerda que al caminar juntos, no solo buscamos la cercanía con Dios, sino también el fortalecimiento de los lazos con nuestros hermanos. 

Compartí tus experiencias y vivencias en nuestras redes sociales y juntos formemos una comunidad unida en la oración y el apoyo mutuo. ¿Cómo vives tú tu camino de oración? ¡Queremos escucharte!


Autor: Víctor Ramirez.


Fuentes: 

https://www.mercaba.org/LITURGIA/NDL/P/procesion.htm

https://es.catholic.net/op/articulos/1680/cat/92/historia-de-las-peregrinaciones.html#modal

https://www.mercaba.org/Rialp/P/procesiones.htm

https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7818407.pdf



Información sobre el año de la oración (2024):


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sábado, 10 de agosto de 2024

Meditamos el Evangelio del Domingo con Fr. Josué González Rivera OP


Primer Libro de los Reyes 19,1-8. Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9. Carta de San Pablo a los Efesios 4,30-32.5,1-2.

Evangelio según San Juan 6,41-51.

Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo". Y decían: "¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: 'Yo he bajado del cielo'?" Jesús tomó la palabra y les dijo: "No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.E stá escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".

Homilía de Fr. Josué González Rivera OP.

Este año me he encontrado con dos titulares que decían: “Comulgar no es un derecho”. En primer lugar, un obispo en Estados Unidos, y luego una joven española, utilizaron estas palabras para defender la dignidad del “Pan de Vida” que nos reunimos a recibir cada domingo (o diario) al escuchar la Palabra de Dios y comulgar en el sacramento de la Eucaristía. 

Estos titulares destacan que “comulgar no es un derecho” porque algunas personas han sido exhortadas a abstenerse de comulgar debido a que sus estilos de vida no están en consonancia con los valores y virtudes que se desprenden del Evangelio y del seguimiento de Jesús. Algunos entonces reclaman una discriminación por parte de la Iglesia. 

A nivel personal, estoy convencido de que Dios está dispuesto a dar sus dones a todas y a todos quienes estén dispuestos a aceptar el ofrecimiento de su Gracia, de su presencia misma. Dios no discrimina; es un Padre, un Hermano y un Amigo que nos ama profundamente. Él siempre está dándose, ofreciéndose y queriendo regalarnos la Vida plena, la vida auténtica. Sin embargo, muchas veces somos nosotros los que desconfiamos, nos desviamos y cerramos ese canal de vida y amor con nuestras malas acciones. Somos nosotros quienes murmuramos contra Él y huimos de su presencia. Deseamos una vida placentera donde las cosas sucedan de inmediato.

En esta relación, la Iglesia es Madre y Maestra, sacramento de mediación, administradora y dispensadora de aquellos misterios de salvación que Dios nos ofrece. Considero que la Iglesia, hoy en día, sigue siendo católica, es decir universal, y no está completamente cerrada, dando lugar a cada realidad, aunque exista un seguimiento más personal y adecuado. Pero, en líneas generales, al recordarnos que “comulgar no es un derecho”, esto nos debería enseñarnos que “comulgar es una gracia, un regalo, un don”, siempre inmerecido y desbordante. Nadie lo merece y todos lo necesitamos. En su maternidad y maestría, la Iglesia desea que recibamos este regalo de la mejor manera posible, disponiendo nuestras vidas para la recepción de este misterio tan grande. ¿Y qué mejor manera de recibirlo que orientar nuestras vidas con los valores y virtudes que se desprenden del Evangelio? A quienes se les pide abstenerse de la comunión no se les excomulga, sino que se les pide una coherencia de vida y un acercamiento a los pastores para el acompañamiento cercano.

No se trata de una mera burocracia institucional; debemos superar esa visión tan formalista: “pase a la ventanilla 1 para confesarse y luego a la ventanilla 2 para comulgar”. Tanto la Reconciliación como la Eucaristía son sacramentos que nos ofrecen Gracia, nos vivifican y nos fortalecen en la fe, la esperanza y el amor. También debemos reconocer que la misma Iglesia ha contribuido a esta visión reductiva. Sin embargo, es esencial recordar que estos sacramentos son mucho más que rituales y fórmulas repetitivas impersonales y sin sentido, sino que son rituales y fórmulas para el encuentro personal con Dios, donde se nos invita a renovar nuestra relación con Él y a abrirnos a la acción transformadora de su gracia. Al alejarnos de una visión meramente procedimental, podemos redescubrir la profundidad y el valor de estos dones sagrados, permitiéndonos vivir nuestra fe de manera más auténtica y comprometida con el seguimiento del Señor, según los valores y las virtudes que se nos ofrecen en el Evangelio.

Este domingo seguimos con la lectura del capítulo 6 del evangelio según San Juan, el discurso del Pan de Vida. La sección que se lee en este día comienza con una crítica de quienes escuchan a Jesús. Los murmullos de los judíos aparecen por primera vez en el relato que hemos venido escuchando. ¿Serán los mismos que le querían hacer rey?, ¿o serán los que le seguían y, después del milagro de los panes, piden otro signo para creer? Ahora los judíos murmuran contra Jesús, pues se preguntan quién es este hombre para decir que Él puede dar vida. Si, además, lo conocen a él, conocen a su padre y a su madre, cómo dice ahora que ha bajado del cielo. El origen humano de Jesús les es muy conocido y no pueden ver su lado “divino” al hablar como enviado del Padre. 

Para los judíos que creían en la resurrección, los fariseos principalmente, la resurrección era un reconocimiento a la fidelidad de la Ley, pero Jesús menciona que la resurrección no es una retribución o un pago, sino un regalo dado a quienes se adhieren a Él. De la misma manera, la Eucaristía no es un derecho que podamos exigir, sino un don inmerecido que se nos ofrece con abundancia. Es un recordatorio de que la vida eterna y la unión con Dios son regalos que se reciben con humildad y gratitud, no por nuestros méritos, sino por la inmensa misericordia de Dios. Al entender y aceptar esto, somos invitados a vivir una vida que refleje esa gracia, orientada por los valores del Evangelio y en comunión con la Iglesia que nos guía en este camino hacia la plenitud de la vida en Cristo. Así, cada vez que nos acercamos a comulgar, debemos hacerlo con un corazón dispuesto, reconociendo que lo que recibimos no es solo un pedazo de pan en una reunión social, sino la Vida misma ofrecida para nuestra salvación en medio de la comunidad de hermanos.

Si queremos ese Pan que nos sacia profundamente, con el cual no tendremos más hambre, tenemos que creer en Él, que es el enviado de Dios Padre. Creer en Jesús es adherirse a Él; es tratar de imitar a Dios como sus hijos muy queridos, tal como dice San Pablo en la segunda lectura. Dejando que Él nos dé vida para que luego nosotros también nos hagamos pan y nos repartamos para dar vida en medio del mundo. Y aunque nos parezca que algunos de los que nos rodean no tienen “el derecho” de recibir algún bien, debemos ofrecer nuestros dones y oraciones para la vida como un don generoso, así como Dios se nos ofrece a nosotros. Al entender y vivir esta verdad, reconocemos que la Eucaristía no es un derecho, sino un don inmerecido que se nos otorga para transformar nuestra vida y la de quienes nos rodean. Así, al acercarnos a comulgar, lo hacemos con la conciencia de que participamos en el misterio de la vida divina, llamados a ser reflejo de ese amor generoso y abundante en el mundo, ordenando y orientando la vida hacia ese fin.



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jueves, 8 de agosto de 2024

¿Qué significa ser Laico Dominico?


En un día tan especial, el día de Santo Domingo de Guzmán, me gustaría responder a una pregunta que me hacen con frecuencia: ¿Qué es ser Laico Dominico?

Dice la Regla de las Fraternidades Laicales de Santo Domingo:

Entre los discípulos de Cristo, hay hombres y mujeres que viven en el mundo, participando, por el bautismo y la Confirmación, activamente en la misión Real, Sacerdotal y Profética de N.S. Jesucristo, y tienen como vocación hacer brillar la presencia de Cristo en el corazón de la humanidad de forma que, a través de ellos el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres. 

Algunos de entre ellos, movidos por el Espíritu Santo a vivir según el espíritu y el carisma de Santo Domingo, se incorporan a la Orden dominicana mediante un compromiso especial conforme a los estatutos que les son propios.

Se caracterizan por una espiritualidad peculiar y por la dedicación al servicio de Dios y del prójimo en la Iglesia y, en cuanto miembros de la Orden, participan en su misión apostólica mediante la oración, el estudio y la predicación, según su condición de seglares. (cf. Regla, I).



Y esto qué significa… 

Como laicos dominicos, vivimos nuestra vocación en el mundo, integrando nuestra vida de fe con las responsabilidades cotidianas en el trabajo, la universidad, en casa con la familia. Nuestro cariño por Santo Domingo, la vida de contemplación y oración forman parte de la identidad dominica, son la base de nuestro camino espiritual y de nuestro compromiso con la misión de la Orden.

Santo Domingo, con su pasión por la verdad y su dedicación a la predicación, nos inspira profundamente. Su vida nos muestra cómo vivir una fe activa y comprometida, llevando el Evangelio a todos los rincones. Su entrega y su amor por la verdad son un faro que guía nuestra misión como laicos dominicos. A través de su ejemplo, aprendemos la importancia de la predicación y la necesidad de ser testigos de la fe en todos los ámbitos de nuestra vida.

La contemplación, aunque a menudo asociada con la vida monástica, tiene un lugar vital en la vida del laico dominico porque nos ofrece una fuente constante de renovación espiritual, fortaleciendo nuestra fe y dándonos la claridad y la fortaleza necesarias para enfrentar los desafíos del mundo. En medio de nuestras actividades diarias, encontrar momentos de silencio y oración para conectar con Dios nos permite verlo en lo ordinario, encontrar Su presencia en nuestras familias, amigos, trabajos y comunidades. 

En nuestra vida laica, ser dominico significa vivir con una intención consciente de ser luz y sal en el mundo. Nos comprometemos a ser agentes de paz, justicia y compasión en nuestras comunidades. Esto implica un compromiso activo con los valores del Evangelio, trabajando por la justicia social, defendiendo la dignidad humana y mostrando compasión hacia los más vulnerables. Nuestra vida está marcada por un profundo sentido de responsabilidad hacia los demás y un deseo ferviente de hacer presente el amor de Cristo en todas nuestras acciones.

La comunidad es un regalo invaluable y un don en nuestro camino, ofreciéndonos un espacio para crecer espiritualmente y fortalecer el sentido de nuestra misión. La comunidad nos permite compartir la alegría de vivir nuestra vocación, y también es ayuda y contención en los momentos de dudas y tristeza, para ser fieles a nuestro llamado. Nuestro cariño por Santo Domingo, alimentado por la contemplación, el estudio y la vida en comunidad, nos impulsa a ser discípulos comprometidos y fervientes. 

En resumen, ser laico dominico es un compromiso profundo y significativo con la fe y la misión de la Orden. Es una vida de oración, contemplación, y acción, guiada por el ejemplo de Santo Domingo y animada por el deseo de llevar el amor de Cristo al mundo. En este día especial, renovamos nuestro compromiso de ser auténticos testigos del Evangelio, siguiendo el camino que Santo Domingo nos ha trazado.

Feliz Fiesta de Santo Domingo.

Con cariño Maru. 

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miércoles, 7 de agosto de 2024

Homilía en la fiesta de San Cayetano - P. Diego Olivera




Queridos hermanos, reunidos en este día de fiesta, en la primera lectura escuchamos “yo seré el Dios de todas las familias”, no de algunos. No es un Dios de elite pero ¿por qué nosotros hacemos diferencias? Muchas veces, creyéndonos dueños de la Iglesia nos convertimos en una aduana, como dice el papa Francisco. El pan de la Eucaristía es para todos, el pan de vida es para todos.

En el Evangelio vemos a una mujer que le ruega a Jesús, insiste y así Jesús  descubre la gran fe de esa mujer. Cuantos hermanos hoy gritan, insisten porque no tienen pan. Con mucha fe venimos a pedir a San Cayetano por paz, pan y trabajo y seguramente Dios lo concederá por su intercesión. Pero la fe va de la mano de la caridad, tenemos mucha fe en nuestro patrono San Cayetano, sin lugar a dudas,  por eso este templo está lleno y algunos se quedaron afuera, esta e debe ir acompañada de obras de caridad, tenemos que poner de nuestra parte, la providencia de Dios necesita de corazón generosos, todos los días rezamos: “danos Señor el pan nuestro de cada día” pero ¿pido el pan solo para mí o también para mis hermanos? No basta con pedir, hay que ponerse a trabajar,  manos a la obra como lo hizo San Cayetano, él nos enseña que se puede llevar el pan a todos nuestros hermanos, en estos días escuchamos que Jesús realizó la multiplicación de los panes pero esa multiplicación no hubiera sido posible si alguien no ofrecía cinco panes y dos pescados, es muy importante poner de nuestra parte también.

Hoy nos toca trabajar a nosotros, no podemos ser flojos y dejar todo el laburo para Dios y San Cayetano, nosotros tenemos que llevar el pan a los hermanos que no lo tienen. El pan que ellos no tienen nos convoca y nos impulsa a misionar. Tenemos que compartir, somos responsables del pan de nuestros hermanos. En la procesión escuchamos esta pregunta ¿Dónde está tu hermano?, ¿Dónde está tu hermano que no tiene trabajo? Y yo agrego ¿Dónde está tu hermano que no tiene pan? Una pregunta que tiene que calar bien hondo en nuestro corazón




Es muy fácil criticar y no ayudar: “miralo al vago que no trabaja” pero ¿alguien le enseñó a trabajar? ¿Alguien le ofreció por lo menos una changuita? Qué fácil es decir: “mirá como se drogan, están perdidos” pero mucho mejor es acercarse y darles comida, quizás muchos se drogan para no sentir hambre porque no tienen nada para comer. ¿Visitamos a los enfermos y a los abuelos que tienen hambre de ser escuchados? Tenemos que llevar el pan de la compañía y de la escucha?  Y que decimos de los que están presos: ¿Qué se mueran ahí por el daño que hicieron? O ¿Somos capaces de llevar un pedazo de pan a los privados de libertad? ¿Somos capaces de acércarnos a la alcaidía y llevar un pedacito de pan?



Cuánto daño hacemos nosotros al no compartir el pan, pero Dios es misericordioso y nos invita a tener misericordia entre nosotros también.

Esta puede ser la misión para todo el año como preparación para la próxima fiesta patronal: Que cada uno de nosotros ayudemos a una persona pobre, que no tiene el pan en su mesa cada día. Quizás no podemos ayudar a muchos o quizás no podemos ayudar ni a uno pero podemos generar una red de contención, de ayuda, pedir donaciones, acercarnos a las autoridades que tienen los medios para brindar esta ayuda. Ahí también se ve reflejado nuestro compromiso como ciudadanos, no se trata de elegirlos y que ellos hagan lo que puedan y quieran hacer. Tenemos que exigir y pedir por nosotros y por nuestros hermanos, sobre todo pedir el pan para que no falte en la mesa de ningún hogar.

El domingo pasado nuestro obispo Monseñor Dante, nos invitó a poner a los pobres en el centro de nuestra pastoral, socialmente ya están marginados, sumergidos en la pobreza de barrios carenciados, alejados de la ciudad y sin oportunidades de trabajo. Como Iglesia no hagamos lo mismo,  no los dejemos afuera, que ellos estén con nosotros, que los pobres sean protagonistas en las celebraciones, que los más pobres también puedan leer una lectura en la misa.

Que los más pobres se encuentren con Dios en la providencia que es posible gracias a los hermanos que les llevan el pancito de San Cayetano, que esa sea la misión con este pancito que nos llevamos, no dejemos que se ponga duro este pan bendecido y que quede ahí en la casa hasta el año que viene, que este pan sea de alimento para alguien que lo necesita y Dios multiplicara mucho más nuestros bienes

Que San Cayetano nos guie para que seamos pan para los demás y así poder saciar el pan material espiritual de aquellos que lo necesitan


P. Diego Olivera, Chilecito, La Rioja



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sábado, 3 de agosto de 2024

Meditamos el Evangelio del Domingo con el P. Juan Manuel Gómez


Lecturas del día: Libro del Éxodo 16,2-4.12-15. Salmo 78(77),3.4bc.23-24.25.54. Carta de San Pablo a los Efesios 4,17.20-24.

Evangelio según San Juan 6,24-35.

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?".

Jesús les respondió: "Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.

Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello".

Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?". Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado".

Y volvieron a preguntarle: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo".

Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo".

Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan".

Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

Homilía Pbro. Juan Manuel Gómez:

En este Domingo, la Palabra de Dios es clarísima en un signo tan visible y presente para cualquiera de nosotros porque es parte misma de nuestra vida cotidiana: el Pan.

En la primera lectura del libro del Éxodo se nos propone mirar al pueblo de Israel, luego de ser liberados y salvados de la esclavitud en Egipto, peregrinan en el desierto y comienzan a protestar contra Moisés y desde su humanidad frágil  a dudar de la obra de Dios. Pareciera que no fue suficiente todo lo que Dios les demostró de su presencia y de su amor por ellos con todos los signos y grandes milagros que realizó. Quizás también nosotros podamos identificarnos en ellos cuando en nuestra vida cotidiana aún habiendo conocido el amor de Dios y experimentado su poder salvador, cuando aparece alguna privación o prueba, nuestra fe parece nublarse y perderse.

Sin embargo, Dios escucha a su pueblo y no lo abandona, siempre nos da lo que necesitamos, tal vez no lo que queremos, observemos bien, sino lo que necesitamos. Al pueblo de Israel le da la carne de las codornices y hace caer el pan desde lo alto del cielo en esa “cosa tenue y granulada” que aparece sobre la superficie del desierto con la cual ellos luego elaboran el “Maná”. Es el pan que el Señor les ha dado como alimento para que sigan peregrinando en su camino.

Dios da el pan de cada día en nuestro camino cotidiano. Él nos provee el sustento necesario en cada paso. Ese pan es sinónimo de vitalidad y fuerza para caminar, para que cuando creamos que ya no podemos seguir adelante renueve nuestras fuerzas y sigamos andando en nuestra vida porque Dios va con nosotros.

Nuestro querido Beato Monseñor Enrique Angelelli en una de sus homilías nos ayudaba a iluminar esta idea, donde nos decía:

“La Eucaristía es el Sacramento de lo cotidiano. Lo primero que recogemos de nuestra experiencia es el PAN, lo cotidiano es el pan, lo decimos diariamente: "el pan nuestro de cada día..." El pan alimenta, da vida. El maná es un ejemplo de ello; es necesario un pan que pudiera convertirse, mientras vivimos aquí en la tierra, en el tiempo, de errante en peregrino; un pan "espiritual"; un pan que alimente para la vida definitiva; que lleve hasta el encuentro con el Padre de los cielos.” (Homilía del Beato Monseñor Enrique Angelelli 28 de mayo de 1970 Celebración de de Corpus Christi) 

Cada vez que comemos de este Pan en cada Misa, Dios se vuelve nuestro  alimento de vida. Pero preguntémonos ¿Dios es mi alimento? ¿Busco a Dios porque me da algo o porque lo necesito?

Y así llegamos hasta el relato del Evangelio de este Domingo. Nos encontramos en un pasaje del capítulo 6 del Evangelio según San Juan (que les aconsejo que si pueden lean todo el capítulo en su oración personal durante la semana). Después del gran acontecimiento y el milagro de la multiplicación y fracción de los panes, donde esta multitud de personas había comido hasta saciarse, al no ver a Jesús en ese lugar salen a buscarlo. ¡Buscan que Jesús les dé más! Y allí el Señor revela estas palabras: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre…”

Estas personas parecen no ver más allá del signo maravilloso de Jesús y no llegan a entender lo más profundo, se quedan en lo superficial. Quieren que Jesús les facilite el alimento, que les de comida hasta hartarse. 

Nosotros también podemos tener muchas veces esas actitudes si buscamos en Dios solamente que me de aquello que quiero y perder de vista que Él es todo lo que necesito. Como decía Santa Teresa de Ávila: “No buscar los consuelos de Dios sino al Dios de todos los consuelos”. 

Venimos al encuentro con Jesús que es nuestro alimento de vida. Dios es nuestro alimento, nuestra vida. Jesús es  el gran signo de que Dios no abandona nunca a su pueblo.

Las palabras de Jesús en este Evangelio son iluminadoras y muy compasivas, pero a la vez exigentes. Jesús nos pide dar un paso más allá de lo superficial: que trabajemos no sólo por el pan que perece, que se acaba, que se agota, que nos satisface el hambre pero no nos llena el corazón, sino por el que permanece hasta la Vida eterna. ¿Cuál es ese pan?

Me parece que una vez más el Beato Monseñor Angelelli nos da una pista clara:

“Lo cotidiano es pan, o sea, el vivir. Pero vivir es una forma de estar con el "otro", vivir es convivir, vivir es ser solidarios. Así como el pan se lo come con otro, se lo recibe de otro, se lo come conversando con otro. Comer el pan es un acto de participación en el otro.” (Homilía del Beato Monseñor Enrique Angelelli 28 de mayo de 1970 Celebración de de Corpus Christi)

Ciertamente no podemos buscar en un intimismo encerrado el Pan de la vida, es en comunidad, es en el compartir, partir con el otro el Pan de la vida, llevar el pan que el otro no tiene nos convoca a la Misión de la Vida Eterna. 

Dice Jesús: “ La obra de Dios es que ustedes crean en Aquél que él ha enviado”.

¿Cuántos hermanos no tienen esto?

Somos llamados a anunciar y compartir lo que hemos oído y aprendido como nos decía el Salmo. Tenemos que evitar la frivolidad de una búsqueda de Dios sin un encuentro con el otro. Al partir el pan con el hermano se hace presente la verdadera Comunión, el pan de Vida: Jesús.

Por eso sus palabras cobran sentido en nuestra vida cuando tomamos conciencia de que recibirlo nos capacita para llevarlo a los demás. Dice el Señor: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.”

Sólo hace falta que abramos el corazón para que veamos y creamos en sus signos amorosos, descubriendo también en el hermano esa presencia viva y real.

Pidamos con fe y confianza: “Señor, danos siempre de ese pan”.

Providencialmente este Domingo celebramos también el día de los sacerdotes. Antiguamente era el día del párroco en honor a la figura de San Juan María Vianney, el “santo cura de Ars”, quien se santificó en el ejercicio de su sacerdocio, pero el Papa Benedicto XVI en el Año Sacerdotal lo modificó como el día de todos los sacerdotes, sin distinción de rango. Así también como Iglesia en Argentina celebramos el Martirio del Beato Monseñor Enrique Angelelli quien fue Obispo de la Diócesis de La Rioja.

Dos grandes ejemplos de vida cristiana entregada:

San Juan María Vianney, el santo cura de Ars, nombrado desde el año 2010 por el Papa Benedicto XVI al cierre del año sacerdotal no sólo como patrono de los párrocos sino como patrono de todos los sacerdotes. Vivió despojado de todo, humilde en todo sentido, no se guardó nada para sí mismo sino que dio todo a los demás.

Y nuestro Beato y querido padre obispo Enrique Angelelli, pastor y obispo de nuestro pueblo riojano que no mezquinó nada por el anuncio del Evangelio y la fe de la Iglesia hasta incluso dar su vida en el martirio por la defensa de los humildes y los más postergados.

Nos enseñan a hacernos pan partido y repartido para dar vida a todos.  Dios Padre nuestro, ayúdanos a imitar el amor de Cristo Jesús Pan de Vida para todos…. todos… todos los que tienen hambre y sed de justicia, de paz y de libertad, que manifestaron y vivieron tus servidores y santos. Que seamos siempre mártires, que significa testigos, de la Eucaristía y del servicio de la Comunión.

¡FELIZ DÍA A TODOS NUESTROS SACERDOTES! Tomando estas palabras que decía Pedro Casaldáliga: “El vino de sus venas nos provoca. El pan que ellos no tienen nos convoca a ser contigo el pan de cada día.” Y como decía Monseñor Enrique Angelelli que aprendamos a ser con los hermanos el pan de cada día porque “hay que seguir andando nomás”. Amén.


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