Lecturas del día: Libro de Sofonías 2,3.3,12-13. Salmo 146(145),7.8-9.10. Carta I de San Pablo a los Corintios 1,26-31.
Evangelio según
San Mateo 5,1-12.
Al ver a la multitud, Jesús
subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de
los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les
pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie
en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en
el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los
precedieron."
Homilía por Diac.
Jose Torres, LC
Las
Bienaventuranzas: El GPS de la Felicidad según Jesús
Hermanos y hermanas, ¿cuántos de ustedes han usado
Google Maps para llegar a un lugar? Ahora imaginen que el GPS les dice:
"Para llegar a tu destino, toma el camino más empinado, el más estrecho y
el que nadie más está tomando". Probablemente pensarían que la app está
fallando, ¿verdad?
Pues bien, eso es exactamente lo que Jesús hace hoy en
el Evangelio. Nos da las direcciones para llegar a la felicidad verdadera, pero
son direcciones que van totalmente en contra de lo que el mundo nos vende.
Un manifiesto revolucionario
Jesús sube al monte —como Moisés en el Sinaí— y nos
entrega no diez mandamientos, sino ocho bienaventuranzas. Y déjenme decirles
algo: esto no es un discurso motivacional tipo "tú puedes lograrlo si lo
deseas". Esto es pura dinamita espiritual.
Miren lo que dice:
- "Felices los pobres en el espíritu"
- "Felices los que
lloran"
- "Felices los
perseguidos"
¿En qué mundo ser pobre, llorar o ser perseguido te
hace feliz? En el mundo de Instagram, definitivamente no. Ahí todos quieren
mostrarse exitosos, sonrientes, con el auto del año y las vacaciones en la
playa. Nadie sube stories diciendo: "Hoy elegí ser humilde y me fue
increíble".
La lógica de Dios vs. la lógica del mundo
Pablo nos lo aclara en la segunda lectura. Nos dice:
"Mírenles la cara, hermanos. En esta comunidad no hay muchos influencers,
ni CEOs, ni gente de abolengo". Dios escogió precisamente a los que el
mundo descarta para demostrar que Su poder no depende de nuestros méritos, sino
de Su gracia.
Es como cuando un equipo de fútbol que nadie tomaba en
serio llega a la final. No ganó porque tenía a los mejores jugadores o el
presupuesto más alto, sino porque jugó con corazón, con hambre de triunfo, con
humildad para aprender.
¿Qué significa realmente ser "pobre en el
espíritu"?
Aquí viene lo bueno. Ser pobre en el espíritu no
significa ser conformista o tener baja autoestima. Para nada. Significa
reconocer que no lo tenemos todo bajo control, que necesitamos a Dios, que no
somos autosuficientes.
Piénsenlo así: ¿Cuándo fue la última vez que realmente
oraron con el corazón? Probablemente cuando algo se salió de su control, cuando
el plan A, B y C fallaron. Ahí es cuando nos volvemos "pobres en el
espíritu" —cuando reconocemos: "Señor, yo solo no puedo".
Y esa es la puerta de entrada al Reino de los Cielos.
No la arrogancia de "yo puedo con todo", sino la humildad de
"Señor, te necesito".
Las bienaventuranzas en la vida real
Permítanme traducir algunas de estas bienaventuranzas
a nuestra vida diaria:
"Bienaventurados los mansos" no significa ser trapo de nadie. Significa tener la
fuerza suficiente para no responder con violencia, para no desquitarte con el mozo
que se equivocó en tu orden, para no destruir a alguien en redes sociales solo
porque puedes.
"Bienaventurados los que lloran" nos recuerda que está bien no estar bien. Que el
duelo, la tristeza y las lágrimas son parte de ser humano. Dios no nos pide ser
robots felices 24/7. Nos pide ser auténticos, y promete consolarnos.
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
justicia" es para
todos los que no pueden quedarse callados ante la injusticia, ante la
corrupción, ante el abuso. Los que no se conforman con el "así son las
cosas". Esos van a ser saciados.
El resto fiel que menciona Sofonías
La primera lectura nos habla de un "resto",
un pueblo humilde que busca refugio en Dios. Y hermanos, ese resto somos
nosotros. En un mundo donde parece que todo vale, donde la mentira se viste de
"estrategia", donde la codicia se llama "ambición", estamos
llamados a ser ese resto que no negocia sus valores.
Como dice Sofonías: este resto "no hará más el
mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca". Traducción: nada de mentiras
"piadosas" en el trabajo, nada de "hacer como que trabajas"
mientras scrolleas en el cel, nada de aparentar lo que no eres.
¿Y la recompensa?
Jesús termina diciendo: "Alégrense y regocíjense,
porque su recompensa será grande en el cielo". Pero ojo, no es que
tengamos que esperar a morirnos para experimentar esta felicidad. El Reino de
los Cielos empieza AHORA, cuando vivimos según estas bienaventuranzas.
Porque hay una paz inexplicable cuando vives alineado
con lo que Dios quiere de ti. Hay una alegría que no depende de las
circunstancias externas cuando tu identidad está fundada en Cristo, no en tus
logros o tu cuenta bancaria.
El desafío para esta semana
Los invito a algo concreto: escojan UNA
bienaventuranza y pregúntense: ¿Cómo puedo vivirla esta semana?
- Si escogen "pobres en el espíritu": reconozcan ante Dios
un área donde necesitan ayuda
- Si escogen "misericordiosos": perdonen a alguien que les
debe una disculpa
- Si escogen "limpios de corazón": sean honestos en algo
donde han estado guardando apariencias
- Si escogen "pacificadores": sean puente en un conflicto
familiar o laboral
Hermanos, las bienaventuranzas no son un manual de
autoayuda para sentirnos bien. Son el blueprint, el plano de construcción de
una vida que vale la pena vivir. Una vida que puede parecer absurda para el
mundo, pero que tiene sentido eterno para Dios.
Como dice Pablo: "El que se gloríe, que se gloríe
en el Señor". Nuestra felicidad, nuestro éxito, nuestra identidad no
dependen de lo que logramos, sino de a Quién pertenecemos.
Así que esta semana, cuando el mundo les grite
"sé exitoso, sé poderoso, sé admirado", recuerden el GPS de Jesús: sé
humilde, sé manso, sé misericordioso. Porque ahí, justo ahí donde el mundo no
busca, está el tesoro del Reino.
Que así sea. Amén.

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