martes, 17 de febrero de 2026

Escuchar y ayunar: una Cuaresma para volver a lo esencial

Comenzamos este tiempo con un signo sencillo y fuerte a la vez: la ceniza en la frente. Un gesto que nos sacude y nos recuerda algo fundamental que muchas veces olvidamos en medio del ritmo diario: no somos eternos, no lo controlamos todo y necesitamos volver a Dios. No para huir del mundo, sino para habitarlo mejor.

La Cuaresma es un tiempo de 40 días de camino hacia la Pascua, inspirado en los 40 días que Jesús pasó en el desierto. No es un paréntesis triste ni una pausa incómoda en el año. Es una invitación clara y actual: frenar un poco, ordenar la vida y volver a lo esencial.

La Iglesia nos propone para este camino tres pilares que siguen siendo actuales y necesarios:

  • Oración, para profundizar nuestra relación con Dios y darle espacio real en la vida.
  • Ayuno, para aprender a desprendernos, ordenar deseos y ser más libres.
  • Caridad, para amar de manera concreta, saliendo de nosotros mismos.

No se trata solo de “dejar cosas”, sino de dejar espacio. Espacio para Dios, para los demás y para lo que realmente importa.

En este contexto, el Papa León XIV nos invita a vivir la Cuaresma desde dos actitudes clave: escuchar y ayunar.

Primero, escuchar. En un mundo lleno de notificaciones, audios, reels, mensajes y opiniones cruzadas, escuchar de verdad se volvió casi revolucionario. Escuchar a Dios en su Palabra, darle tiempo, dejar que nos hable sin apurarlo. Pero también escuchar la realidad: el dolor que nos rodea, las injusticias que muchas veces naturalizamos, las personas que sufren cerca nuestro.
La fe no se vive con auriculares puestos ignorando el mundo, sino con el corazón abierto.

Escuchar es el primer paso para cambiar. Porque cuando escuchamos de verdad, algo se acomoda por dentro y empezamos a mirar la vida con otros ojos.

Después, ayunar. Y no solo de comida. El ayuno nos ayuda a descubrir de qué tenemos hambre de verdad: hambre de sentido, de vínculos sanos, de justicia, de paz. Por eso el Papa nos propone un ayuno muy concreto y necesario hoy: ayunar de palabras que lastiman.
Menos juicio rápido.
Menos hablar mal del otro.
Menos violencia y agresión en redes.

Y más palabras que construyan, acompañen y den esperanza. Porque nuestras palabras también pueden sanar o herir, acercar o alejar, levantar o destruir.

La Cuaresma tampoco es un camino solitario. Se vive en comunidad. En la familia, con amigos, en la parroquia, en los grupos. Escuchar juntos, ayunar juntos y ayudarnos a volver a lo esencial. Porque cuando caminamos acompañados, la conversión se vuelve más real, más concreta y más posible.

Este tiempo de Cuaresma no es solo “empezar de nuevo”. Es una invitación concreta y actual: bajar un cambio, escuchar más, hablar mejor y vivir con más verdad, caminando con esperanza hacia la Pascua.

Con Cariño Maru.

Mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma


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