domingo, 4 de agosto de 2019

“Cuídense de toda avaricia” - Homilía dominical de Monseñor Angelelli




Eclesiastés 1,2.2,21-23. / Salmo 90(89),3-4.5-6.12-13.14.17ab /  Colosenses 3,1-5.9-11.


Evangelio según San Lucas 12,13-21.


En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?". Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas". Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'. Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'. Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".

Homilía de Monseñor Enrique Angelelli:



Amigos y hermanos radioyentes de L.V. 14.-
En este domingo tenemos dos acontecimientos gratísimos para celebrar y que nos van a ayudar para hacer la reflexión que habitualmente hacemos. Uno más universal: El DIA DEL NIÑO, el otro más restringido y que dice directamente a la comunidad de la Iglesia: El DIA DEL PÁRROCO.

De las lecturas que hemos acabado de escuchar: la primera del Libro del Eclesiastés (c.1 y c.2), la segunda de San Pablo a los Colosenses (c.3, 1-5 y 9-11) y San Lucas (c.12, 13-21) podríamos sintetizarlos así: Dios nos enseña cuál debe ser la escala de valores que debemos tener en la vida; en otras palabras: cuáles son las verdaderas razones y motivaciones que debemos tener para vivir
y ser verdaderamente felices y cuáles son las cosas que nos engañan y no autoengañarnos.
1. “Vanidad de vanidades y todo es vanidad...”
2. “Despójense de la vieja condición humana, con sus obras; y revístanse de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo.”
3. “Necio: esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de qué te servirá? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.”

Pero para poder comprender bien esto es necesario comenzar por algo que es fundamental tener presente, lo que dijimos el domingo pasado: “Dios es mi Padre y nosotros somos sus hijos, todos nos debemos sentir necesitados los unos de los otros, así se construye la fraternidad y la felicidad. Pero, también es bueno aclararlo, esto no significa que debemos cruzarnos de brazos; ni considerar que la creación que Dios ha puesto en nuestras manos es mala; ni que debemos ser unos evadidos y alienados de la realidad en que vivimos. Lo importante es ir haciendo opciones en la vida de la que mañana no tengamos que arrepentirnos; esas opciones en la que se juega el sentido y el destino de
la vida.

San Marcos en su Evangelio en el c.10 nos dice: “...dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que se parecen a los niños. Les aseguro que quien no reciba el Reino de Dios como ellos, no entrará en él...y bendecía y ponía sus manos sobre las cabezas de los niños...”.

Hoy todos nos sentimos necesitados de brindarle algo al niño. Puede ser el hijo; los chicos del barrio o del pueblo; los chicos más abandonados y solitos... el chico enfermo, o el ahijadito... Pareciera que nosotros los adultos necesitáramos reflejarnos en ellos; necesitamos acariciarlos y abrirles el corazón para descubrirles “eso” que llevamos adentro... sentimos necesidad de hacernos un poco niños... nos hace bien. Por eso es bueno reflexionar sobre este personaje que es el niño. Le vemos inocente... frágil... limpio en sus ojos y en su corazón... lo vemos inacabado... es el signo de la esperanza... del futuro... de la sencillez... de la sorpresa... es el hijo... el fruto del amor... es también un poco misterio.

No nos ponemos sentimentales... nos damos cuenta que ese niño a quien hoy festejamos es también un cuestionador de nuestra vida... él es el que siempre pregunta: ¿por qué...? y algunas veces le sabemos responder y otras evadimos la respuesta de muchas maneras. Hoy ese niño, a lo mejor es como el ángel enviado por Dios para reconstruir un amor y un vínculo resquebrajado de sus padres a quienes quiere mucho... a lo mejor arregla tantas situaciones que para nosotros los adultos nos es casi imposible. El lo hace con una pregunta que nos deja sin palabra... con una mirada triste que interroga mucho... con un beso y una caricia... con una linda nota traída del colegio... con un gesto o una respuesta que nos hace repensar nuestra fe cristiana o nuestra relación con los demás. Me parece que es un canto el que dice esto: “...mientras los adultos se matan con cañones y destruyen la felicidad de los hombres... se juntan los chicos y robándoles los cañones los llenan de pan y de flores para que los hombres mayores sean felices”. Creo que no es una simple poesía, es mucho más... hace pensar mucho.

Estos chicos nos enseñan cuál debe ser la escala de valores que debemos tener en la vida. Por eso Jesús nos dice: “debemos dar acogida al Reino de Dios con la sencillez y limpieza interior de un niño...” A ese niño, Dios lo asemeja al pobre, al débil, al desvalido, al hombre frágil, al recto de corazón. En esta óptica están las llamadas Bienaventuranzas. El secreto de la verdadera grandeza está en “hacerse como niño”, tal es la verdadera “humildad, sin la cual no se puede ser “hijo del Padre celestial”. Los verdaderos discípulos son precisamente los “pequeñuelos” a quienes el Padre ha tenido a bien revelar sus secretos ocultos a los “sabios“. Le llama bienaventurado a quien acoja a estos “pequeñuelos”.

En esta óptica hay que reflexionar sobre las llamadas “Obras de Misericordia”, que no significa “compasión” ni “lástima” sino compromiso con quienes están allí descriptos y señalados. No son los valores ni la óptica de la sociedad de consumo la que Jesús señala como el camino que hace felices a los hombres ni construye fraternidad entre ellos. Es otra la mirada, la actitud y la conducta a seguir. “Necio, nos dice hoy en el evangelio: esta noche te van a exigir la vida... lo que has acumulado ¿de qué te sirve?”. Si hoy insistimos en todo esto, no significa que hayamos renunciado a ser vigilantes y servidores de nuestro pueblo; todo lo contrario; pero sí es oportuno repetirlo: hay enfoques y contenidos que es bueno recordarlos para que no nos sorprenda esa admonición demasiado dura: “necio”.

Por eso chicos que me escuchan... o a lo mejor no... porque tienen derecho a seguir durmiendo... pero quiero en este día decirles a todos los niños de La Rioja que aquí desde el Santuario de San Nicolás, estamos pidiendo por ustedes para que en la vida sean siempre felices. Especialmente quiero hacerles llegar a ustedes, niños del campo que están solitos con sus familiares, a ustedes chicos de nuestros barrios que a lo mejor no les llega un juguete, a ustedes los chicos del hospital de niños, a ustedes chicas del hogar del Carmen, a ustedes chicos que más necesitan de un cariño y de un recuerdo de amigo de ustedes y de padre... recíbanlo ahora que se los hago llegar con todo el corazón. Les pido que recen por La Rioja y por la Patria... lo necesitamos mucho... por los que los hacemos sufrir a ustedes sin darnos cuenta del mal que les hacemos... recen por el papá y la mamá... aprovechen lo que les enseñan en la escuela y hagan felices a sus padres... cuando el papá o la mamá andan tristes... acérquense y denle un beso... lo necesitan y cuiden ustedes para que ellos siempre se quieran mucho...

El otro hecho es: El DIA DEL PÁRROCO. Los dos acontecimientos tienen mucha relación. Padre de una gran familia y el niño es el hijo que recibe en esa gran familia, que es la parroquia, la vida de Dios a través de la Palabra de Dios, el que hemos hecho, peregrinando, desde la ciudad hasta estos cerros esta mañana. Nacimos de esta Madre la Iglesia; somos sus hijos y seremos sus hijos hasta llegar a la casa de nuestro Padre Dios. Este Niño Alcalde, que es el Cristo de la Cruz y de la Resurrección, es el que nos marcó en el bautismo para siempre, como pueblo enviado a construir la justicia entre los hombres para que la paz pueda ser el fruto que nos haga felices a todos. Hoy, aquí, en Las Padercitas, sentimos la necesidad de llamarnos hermanos y de darnos un abrazo de reconciliación y de paz. Pero este abrazo no puede ser fingido ni cerrando los ojos a todas las cosas que nos separan.

En el corazón de cada mujer y de cada hombre; en cada hogar; en cada barrio y en cada ciudad y pueblo de nuestra Rioja debe hoy renacer la necesidad de seguir trabajando ese TINKUNACO que hace cuatro siglos se comenzó, aquí en Las Padercitas con la proclamación del Evangelio por San Francisco Solano. Pero no construiremos el ENCUENTRO anunciado e iniciado por San Francisco Solano si lo pretendemos construir con criterios mezquinos y sectarios; con resentimientos y ambiciones personales, egoístas; con la postergación de la juventud y de los pobres; con la calumnia y la injuria; con el silencio ante las reales necesidades y problemas de nuestro pueblo.

La celebración de Las Padercitas que hoy estamos viviendo en este Año Santo, nos reclama que es hora de decir ¡basta! al lodo que se viene sembrando sobre el rostro de la Rioja. Nuestras actitudes deberán ser muy evangélicas para impedir que se siga enlodando a personas e Instituciones; pero, a la vez, muy firmes. A quienes utilizan sus vidas en esta triste tarea les sugerimos que recapaciten porque esa manera de obrar es una grave ofensa a Dios; es un grave agravio al pueblo y una injuria a la FE CRISTIANA a quien dicen defender. Es hora de que los ojos vigilantes sean puestos más sobre quienes enlodan a La Rioja que sobre quienes están entregando sus vidas para servirla leal, generosa y noblemente para que ella brinde la felicidad que le reclaman sus hijos.

Que lo que hoy está viviendo La Rioja en las Padercitas, lo podamos vivir todo el año en toda su extensión geográfica. Le pedimos a San Francisco Solano que él nos ayude a seguir construyendo lo que él comenzó, aquí en las Padercitas.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pag 143s4
La Rioja, 4 de agosto de 1974

Hoy celebramos el 43° aniversario del martirio de Mons. Angelelli


 Monseñor Angelelli y compañeros mártires rueguen por nosotros!!!


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jueves, 1 de agosto de 2019

¿POR QUÉ CREO EN DIOS? - P. Sergio Romera




H
ace unos días, al terminar la última misa en uno de los pueblos de las Hurdes (Extremadura, España), al salir de la iglesia se me acercó un joven español de unos 24 años aproximadamente. Había estado presente durante la celebración en uno de los últimos bancos del templo. David, un tanto dubitativo y con cara de nerviosillo me dijo: “Disculpe Padre ¿le puedo hacer una pregunta?”. Por supuesto, le dije. De forma concisa y lacónica David replicó: “Usted Padre, ¿por qué cree en Dios?”. Inmediatamente, y por poco a borbotones, pensé en darle las usuales respuestas y las típicas razones que los cristianos solemos dar casi por inercia desde una estúpida actitud apologética. Pero en ese mismo instante, la pregunta de David que podía parecer superflua e ingenua, caló tan hondo en mí que se transformó en un interrogante sumamente profundo y extremadamente delicado. No es mi intención relatar el largo diálogo que tuvimos con David con la sola mediación de un par de cañas en el bar del pueblo. Pero sí quisiera responderme a mí mismo esta fontal pregunta que muchas veces nos hacen y que pocas veces, con seriedad y absoluta honestidad, somos capaces de hacernos a nosotros mismos.
Creo que la mayoría de las veces quienes nos decimos ser cristianos estamos tan convencidos de nuestra fe que ni siquiera nos tomamos el trabajo de cuestionar o al menos de pensar lo que creemos. Hacemos de la fe y de Dios algo que defender, justificar y demostrar olvidándonos que en realidad Dios es alguien al que más que demostrar en su existencia debemos mostrar que es capaz de ser creíble. Más que demostrar la existencia de Dios estoy convencido que lo realmente importante es mostrar que Dios es alguien verdaderamente creíble. Esto fue lo primero que David con su pregunta me enseñó. Aun cuando aparentemente no se cree, o se está lejos de Dios y de la religión, e incluso cuando la crítica va dirigida a lo estrictamente eclesiástico, la pregunta por Dios sigue siempre latente y patente en el corazón del hombre, incluso, en el más reo, ateo y renegado. Ahora bien, como en una suerte de acto de sincericidio me atrevo a preguntarme: “A ver Sergio, ¿por qué crees en Dios?”. Esta pregunta me tuvo a tras perder varios días rondándome por mi cabeza. Pero finalmente, esta vez no a borbotones ni por inercia, sino con reposo y con mesura, hoy puedo decir que son varias las razones por las que creo y me entrego a Dios. ¿Cuáles?

En primer lugar creo en Dios porque hay no creyentes. Pues sí, porque hay, hubo y habrá siempre gente que libre y deliberadamente no cree y no quiere creer. Esto me enseña que la afirmación de Dios no es coactiva, no fuerza ni obliga, solo es posible en el más radical y soberano ejercicio de la libertad. Pensar en esto me genera una profunda serenidad: saber que mi confesión de fe es una opción personal, un acto de libertad, un auténtico acto humano y que no podría resistir ni por un segundo la idea de un Dios que se impone, infringe y obliga. Por ello una vez más agradezco a los que no tienen fe, porque son ellos quienes me enseñan que la fe es el fruto maduro de mi libertad que puede entregarse a un Dios que pese a todo siempre respeta mi condición creatural y mi decisión en la libertad. Si Dios me obligase a creer, ciertamente sería el primero y el más empedernido de los ateos.

Otra de las razones que descubro es aquella realidad que muchas veces no vemos (o que no queremos ver) los que nos decimos ser creyentes. Pienso que todo creyente lleva en el hondón más profundo de su ser un “no creyente”. Dicho de otro modo, aunque creo y me entrego a Dios, muchas veces experimento la duda, la sospecha, la inquietud y hasta el enojo con Dios. Francamente ¿quién no ha tenido esta experiencia? ¿Quién de los cristianos tiene la osadía y el coraje de reconocerlo? Descubro que aun siendo creyente hay en mí un “no creyente”. Esto que seguramente para algunos es falta de fe o para otros un pecado mortal, para mí es una gracia, más aún, creo que es un signo de madurez y una oportunidad kairológica (momento favorable, tiempo de Dios) para confrontarnos con Dios y consigo mismo. ¿Qué creyente no se ha preguntado alguna vez si realmente Dios está, si Dios escucha, si Dios actúa? Hasta el más santo de los santos tuvo siempre esta noche oscura de la duda y la incertidumbre de la fe. Por eso, creo que la duda y la fe hacen honor tanto a la realidad de Dios como a nuestra frágil condición humana. Dios respeta nuestra libertad hasta el extremo de poderla negar. Por ello la debilidad humana no es una vergüenza, es una realidad que nos permite abrirnos con sinceridad a la gracia de Dios y a uno mismo. La debilidad y el pecado lejos de ser reprimidos deben ser afrontados si es que queremos que nuestra fe sea verdadera, real y honesta.

Otra lección y una especial razón de mi fe la encuentro nuevamente en quienes no creen. Pienso que a menudo los no creyentes son más exigentes que los que nos decimos ser cristianos. Aunque ciertamente no creen, esto no les impide tener una idea mucha más elevada de Dios que el común de los creyentes. Esto se puede corroborar, por ejemplo, ante la evidente y patente realidad del mal. Mientras que los cristianos, especialistas en apología, sin atinar a pensar ni una pisca sobre este misterio defienden ciegamente a Dios, los no creyentes prefieren pensar en un Dios tan grande que es imposible que exista ante tanto sufrimiento, dolor y pasión. Queridos amigos ¡una vez más los ateos del mundo nos enseñan e interpelan! Los cristianos vivimos preocupados por la existencia de Dios sin más. Los no creyentes se preocupan y se preguntan por lo realmente esencial: ¿cuál es la naturaleza de Dios? ¿Cómo es Dios? ¿Dónde está Dios? Estoy convencido que ya es tiempo que nos despojemos de las especulaciones escolásticas que no interesan a nadie, que nos liberemos de una apología barata, que nos desprendamos de la estúpida obsesión por justificar la existencia de Dios y que de una vez por todas los cristianos nos ocupemos del Dios que es Alguien, y que como Alguien es creíble, y que por ser creíble existe. Esto me hace pensar que los cristianos muchas veces tenemos una idea de Dios un tanto perezosa y que los no creyentes son mucho más exigentes y coherentes. Por eso, más que “demostraciones” de la existencia de Dios, lo que nos exige el no creyente es que le “mostremos” en qué Dios creemos. Dios es realmente creíble pero tristemente reducido a mera existencia. ¿De qué sirve al no creyente la existencia de Dios si solo se comprueba la existencia de alguien que nada hace frente al dolor? Si Dios existe así ¿puede ser creíble? Pues yo creo que no. Sin embargo, si confieso a Dios en su ser de amor y de misericordia, si irradio su ternura y compasión, si asumimos nuestras fragilidades con sinceridad de corazón, nuestra vida se hace más humana y verdadera, y a su vez, traslucimos un Dios que existe, pero porque es creíble.

Otra de las razones por las que creo en Dios es porque me ofrece el más puro y verdadero humanismo. La historia es testigo de cómo los cristianos hemos manipulado y reducido la idea de Dios. Mientras que algunos hablaban de un Dios Semper maior, trascendente, inaccesible, impenetrable, otros proclaman una filantropía que hacen del hombre el único Dios y del mundo el único cielo. Por supuesto que ambos extremos son inadmisibles, sin embargo, es aquí donde se reconoce que en Dios los extremos se tocan, se rozan y se abrazan. Es aquí donde el cristianismo se presenta como la religión que es a la vez afirmación radical de Dios y afirmación radical del hombre. Por ello creo en el Dios cristiano: Cristo se entregó a Dios y se entregó a los hombres; totalmente filial y trascendente, plenamente humano y fraterno; apasionado por la causa de Dios y apasionado por la cusa de los hombres. Con este doble y paradójico apasionamiento de Cristo, el cristianismo me dice que no son realidades absolutamente contradictorias sino que cada una remite a la otra y la respalda. Esta es para mí una intuición y una realidad tan maravillosa que causa en mí una razón para creer en Dios, pero no en cualquier Dios, sino en el Dios cristiano.

Queridos amigos, estas son algunas de las razones que hoy descubro en mi corazón y por las cuales creo en Dios. Con el correr del tiempo indudablemente iré descubriendo otras. Seguramente habrá otro David que Dios ponga en mi camino. Pero hoy estoy convencido que la fe, cual fuego encendido que emerge desde la oscuridad, surge paradójicamente también desde el fuego ardiente de los que no creen. Por ello le doy gracias al Dios vivo y creíble que es capaz de arrancar de la más profunda de mis oscuridades el esplendor de la luz de la fe. Y por supuesto, le doy las gracias a David, quien desde su incrédula fe avivó y despertó mi fe incrédula.


Padre Sergio Romera Maldonado

Otros escritos del mismo autor:





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domingo, 21 de julio de 2019

BOLETÍN MONS. ORZALI, Siervo de Dios. N° 5 "Párroco de Santa Lucía"



En diciembre de 1886, el Padre Orzali es nombrado Cura titular de Santa Lucía, en Barracas. Llegado a su nueva parroquia, en 1890, José Américo la observo con alegría y entusiasmo: al sur, chimeneas de fábricas, edificios, carreteras; al oeste, chacras, quintas y nuevos edificios que avanzaban sobre ellas; al este, el puerto, y los barcos que arribaban desde distintos puntos del mundo; finalmente, al norte, “la Gran Aldea” «con sus palacios rococó y sus casonas que parecían suspirar por los rascacielos de hogaño» (Entraigas, 1949). 94ooo pobladores, en su gran mayoría extranjeros. Orzali debía fundir todas esas razas en su parroquia.

Se propone, primeramente, la formación de los niños de la parroquia. Todos los días so le ve al párroco recorrer las 32 escuelas de la comunidad. Esperando a que los niños salgan de clases, para regalarles un caramelo e invitarlos a la catequesis y la misa.

Toma, desde el primer momento, la capellanía de la Casa de Expósitos. En José Américo, encontraron aquellos infantes un padre y maestro. Las asociaciones parroquiales reciben un nuevo impulso.

En 1982, prepara y realiza la primera peregrinación a Roma y Tierra Santa, con motivo del jubileo episcopal de León XIII.

                                                                                                                Martín Sillero

Bibliografía:

CALATAYUD, Ángel (1960). Rosas. Ediciones Rosarinas. Buenos Aires, Argentina.
CASTRO, Ana E. (1998) José Américo Orzali. Fundador, Obispo y misionero. Arzobispado de San Juan de Cuyo. San Juan, Argentina.
DE JESÚS, María Araceli. (2012). Padre y Pastor: Vida y obra de Mons. Américo Orzali. Ágape Libros. Buenos Aires, Argentina.
ENTRAIGAS, Raúl A. (1949) El Buen Pastor de Cuyo. 2da edición. Editorial Difusión. Buenos Aires, Argentina.





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martes, 16 de julio de 2019

NOVENA DE LOS BEATOS MÁRTIRES RIOJANOS - 9° DÍA, “Desafío de ser una Iglesia martirial"




9° Día: " Desafío de ser una Iglesia martirial"

En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.

Breve acto penitencial. Luego de un momento de silencio rezar el “pésame”


Iluminación bíblica del 9° día:


Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?». Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible». Pedro le dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros». (Marcos 10, 26 -31)


Tú, en cambio, has seguido de cerca mi enseñanza, mi modo de vida y mis proyectos, mi fe, mi paciencia, mi amor y mi constancia, así como también, las persecuciones y sufrimientos que debía soportar en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones no he tenido que padecer! Pero de todas me libró el Señor. Por lo demás, Jesús, tendrán que sufrir persecución. Los pecadores y los impostores, en cambio, irán de mal en peor, y engañando a los demás, se engañarán a sí mismos. Pero tú permanece fiel a la doctrina que aprendiste y de la que estás plenamente convencido: tú sabes de quiénes la has recibido. Recuerda que desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien. (2" Timoteo 3, 10 – 16)

Meditación del 9° día:

“Un oído en el Evangelio y otro oído en el pueblo” Es la expresión que nos desafía, personal y comunitariamente, para ser una Iglesia auténticamente comprometida, dispuesta a sembrar el Reino de Dios en todo momento. “Nuestros beatos son modelo de vida cristiana. Ellos vivieron y murieron por amor. El significado de los mártires hoy reside en el hecho de que su testimonio anula la pretensión de vivir de forma egoísta o de construir un modelo de sociedad cerrada y sin referencia a los valores morales y espirituales. Los mártires nos exhortan, tanto a nosotros como a las generaciones futuras, a abrir el corazón a Dios y a los hermanos, a ser heraldos de paz, a trabajar por la justicia, a ser testigos de solidaridad. El ejemplo y la oración de nuestros mártires nos ayudan a ser hombres y mujeres de fe, testigos del Evangelio, constructores de comunidad y promotores de una iglesia comprometida” (Cardenal Ángelo Becciu. Prefecto de la Congregación para la Causa de Los Santos. Homilía en la Solemne Beatificación de los Mártires Riojanos).

Reliquias de los cuatro mártires


FRAGMENTO DE UNA HOMILÍA DE MONSEÑOR ANGELELLI  (Mensaje de Año Nuevo. 1 de enero de 1974):

“Se nos exige, también, mirar a la Iglesia con otros ojos; serenos, limpios y evangélicos; se nos va exigiendo como Iglesia, que no es el prestigio humano lo que tenemos que buscar, sino que nuestro pueblo riojano se ame más y sea, por tanto, feliz; esto es más que un simple discurso; es tarea y difícil. Aún más, algunos hermanos nuestros, que parecieran tener como objetivo injuriarla y ultrajarla, nos están revelando que están muy necesitados de esta “gracia especial” (…) La Iglesia tuvo el coraje evangélico de realizar un gesto de profunda reflexión y revisión a la luz de la Palabra de Dios y de los “signos de los tiempos” en que vivimos, también la Diócesis de La Rioja ha realizado y seguirá realizando una seria y detenida reflexión y revisión para que en su vida y en su pastoral cada vez más aparezcan los signos de ser servidora de su pueblo “desde y con” la luz y la
fuerza del evangelio. Reafirmamos la “opción pastoral” que hicimos, que no es otra que la que nace del evangelio y del Magisterio de la iglesia”.



Recemos en este día por nuestra diócesis de La Roja. Para que seamos auténtico pueblo evangelizado y evangelizador, que no tenga miedo de jugarse por un Evangelio siempre nuevo y comprometido.  

- Rezamos: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

 - Rezamos la oración para pedir la canonización:




ORACIÓN PARA PEDIR LA CANONIZACIÓN

DE LOS BEATOS MÁRTIRES RIOJANOS

Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en Él y por Él manifestaste bienaventurados
a los que tienen hambre y sed de justicia,
y a los perseguidos y ultrajados por causa suya,
te imploramos que la Iglesia en Argentina
recoja y siga haciendo fecunda
la siembra evangélica de los Beatos
Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias,
Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera.
Te pedimos la gracia
de ver proclamados sus nombres
entre los santos mártires de tu Iglesia.
Que sus vidas y muertes, como testigos de la fe en Jesús,
afiancen por tu Espíritu la esperanza
en el corazón de tu pueblo,
para que, peregrinando hacia el Tinkunaco final,
construya la paz en la justicia y el amor. Amén  



Beatos mártires riojanos. Rueguen por nosotros!!!


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lunes, 15 de julio de 2019

NOVENA DE LOS BEATOS MÁRTIRES RIOJANOS - 8° DÍA, “La familia: un don de Dios para el hombre"

Wenceslao Pedernera y su esposa "Coca", junto a Monseñor Angelelli


8° Día: "La familia: un don de Dios para el hombre "

En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.

Breve acto penitencial. Luego de un momento de silencio rezar el “pésame”

Iluminación bíblica del 8° día:


“El Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre». Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne”. (Génesis 2, 21,24)

Meditación del 8° día:


Wenceslao Pedernera, padre de familia enseña a los laicos a distinguirse por la transparencia de la fe, dejándose guiar por ella en las decisiones más importantes de la vida. Hombre dedicado al trabajo honesto. Nos enseña el trabajo incansable en pos de una vida familiar comprometida completamente con el anuncio del Reino.  


Fotos de Wenceslao Pedernera y su familia







FRAGMENTO DE UNA HOMILÍA DE MONSEÑOR ANGELELLI  (Misa Radial del 7 de octubre de 1973):

“Porque a la familia se la llama, también, “Iglesia Doméstica”, es esta Iglesia Doméstica, la que tiene que experimentar los frutos de la Reconciliación y de la Renovación. (…) Es en esta Iglesia Doméstica en donde tiene que ir creciendo más la Fe, la Esperanza y el Amor, entre los esposos; entre padres e hijos; entre los hijos, que son el fruto de un encuentro hecho sacramento de Cristo, en la unión matrimonial. (…)La familia es la primera escuela de las virtudes sociales; es la primera experiencia de sana sociedad humana; luego los hijos se introducen poco a poco en la sociedad civil y en la Iglesia. (…)

Hoy, cobra de nuevo la
realidad divorcio, problema que necesita lugar especial por ser complejo. Pero lo señalamos. Como señalamos otro mal que es verdadero crimen: El Aborto, las consecuencias personales y sociales son funestas. Quien paga las consecuencias es la Familia. Quisiera señalar, también, que llega a tanto la ceguera, a veces, que no advertimos cómo se derrumba el edificio de la familia y los valores de nuestra comunidad. Hoy seguimos por desgracia, hasta aplaudiendo a quienes pareciera tener como misión corromper nuestras familias, nuestra juventud y escandalizar a nuestra niñez. Más le valiera que se atara una rueda de molino al cuello que escandalizar... dice el Señor. 
La droga, el juego, la usura, el comercio de la mujer, hoy se lo quiere cubrir con la defensa de la Fe y con la lucha contra toda ideología extrema. Amigos: los llamamos a la conversión, no dañen a nuestro pueblo utilizando los factores de poder de que gozan” 

Recemos en este día por todas nuestras familias: padres e hijos. Para que puedan ser ejemplo de “iglesia doméstica” donde reinen los valores del evangelio. Recemos especialmente por tantas familias que sufren la falta de trabajo, de unidad, de reconciliación, para que encuentren en la comunidad el apoyo necesario para salir adelante, en pos de una vida cada vez más digna.  

- Rezamos: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

 - Rezamos la oración para pedir la canonización:




ORACIÓN PARA PEDIR LA CANONIZACIÓN

DE LOS BEATOS MÁRTIRES RIOJANOS

Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en Él y por Él manifestaste bienaventurados
a los que tienen hambre y sed de justicia,
y a los perseguidos y ultrajados por causa suya,
te imploramos que la Iglesia en Argentina
recoja y siga haciendo fecunda
la siembra evangélica de los Beatos
Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias,
Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera.
Te pedimos la gracia
de ver proclamados sus nombres
entre los santos mártires de tu Iglesia.
Que sus vidas y muertes, como testigos de la fe en Jesús,
afiancen por tu Espíritu la esperanza
en el corazón de tu pueblo,
para que, peregrinando hacia el Tinkunaco final,
construya la paz en la justicia y el amor. Amén  



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