jueves, 4 de agosto de 2022

MONS. ANGELELLI - UNA VOZ QUE GRITA: "JUSTICIA Y PAZ"




“…en el alma del pueblo late un recuerdo tenaz.

Su nombre como bandera de la justicia y la paz”

 

Hoy 4 de agosto, día de San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, recordamos también el martirio de Mons. Enrique Angelelli (+4 de agosto de 1976), proclamado beato el 27 de abril del año 2019 junto a sus compañeros mártires: P. Gabriel Longueville, Fr. Carlos de Dios Murias y el laico Wenceslao Pedernera.

Enrique Angelelli nació el 17 de julio de 1923 en Córdoba – Argentina. Fue ordenado sacerdote el 9 de octubre de 1949 en Roma

Mons. Enrique Angelleli fue padre conciliar participando en tres sesiones del Concilio Vaticano II (1962 – 1964 - 1965) siendo obispo auxiliar de la arquidiócesis de Córdoba.

El 24 de agosto de 1968 asumió como obispo de la diócesis de La Rioja, su lema episcopal fue: “Justicia y Paz”.

El 4 de agosto de 1976 fue asesinado en la localidad “Punta de los llanos”. Unos días antes fueron asesinados el P. Gabriel Longueville y Fr. Carlos de Dios (18 de julio) y Wenceslao Pedernera (25 de julio)  

Al cumplirse 30 años de este martirio, 4 de agosto de 2006, el cardenal Jorge Bergoglio, celebró una misa en la catedral de La Rioja en memoria de Angelelli y afirmó: "recibía pedradas por predicar el Evangelio y derramó su sangre por ello".

 

Hoy queremos recordarlo leyendo algunas de sus homilías: 

"JÓVENES, USTEDES SON LA PRIMAVERA DEL PUEBLO"

"ESTE ES EL AMIGO QUE NO FALLA"

“ORACIÓN A LA VIRGEN DEL VALLE”

"TINKUNACO RIOJANO"

"FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR"

“FELIZ DÍA DE LA MADRE”

"FELIZ DÍA DEL PADRE"

"NO AL MACHISMO"

"SOBRE EL ABORTO"

“ORACIÓN DE MI SACERDOCIO”


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miércoles, 15 de junio de 2022

"Antonietta de Jesús" - Boletín N° 3, "La alegría a pesar de todo"



Hoy compartimos con todos ustedes el boletín n° 3 de Antonietta de Jesús, la pequeña que falleció con casi 7 años y nos dejó un gran legado espiritual. En el año 2007 fue declarada venerable.

(Publicación original: Febrero, 2015 - en italiano)

 - Nuestro tiempo parece haber perdido el hilo de la alegría. Crisis tras crisis, desempleo, disminución de ingresos, a simple vista, precariedad social, seguridad permanente, incertidumbre del futuro. La tentación de “Dejarse robar por la esperanza” es fuerte. También en lo individual, dentro de la familia, las tensiones y las dificultades disminuyen la sonrisa y serenidad. Entonces allí hay laceraciones y conflictos ahí la alegría parece un sueño, especialmente para los niños.

 Para tener la sensación de felicidad es casi necesario forzar las emociones. Es difícil "Estar satisfecho", es difícil estar contento con lo poco que hay, pero que es mucho: agua y pan, salud y trabajo diario, trabajo y casa. Estamos sumergidos en protestas y quejas constantes. “Las cosas no están funcionando, salud, educación, política, servicios de transporte; lo público está mal dado, lo privado cuesta…” Tal vez hemos perdido el camino de la sonrisa, porque tenemos perdida la llave de la alegría.

"¿Cómo estás, Antonieta?" "Yo estoy bien". Expresión dicha con entusiasmo y en voz alta. Hasta en la víspera de la muerte, con lo último que le quedaba de fuerza.

"¿Estoy bien?" Antonietta, ¿cómo puedes decírmelo? Tuviste una amputación en la pierna izquierda: muy por encima de la rodilla. Tuviste que hacerte una intervención que sacó lágrimas al cirujano, profesor Marganucci, (quién está acostumbrado a todo).

Llevas una prótesis problemática que te hace caminar con un andar herido, expuesto a la mirada de todos, no siempre respetuoso. Tuviste una segunda cirugía de pulmón, abrieron el pequeño pecho para ayudarte a que respires mejor.

"¿Cómo estás, Antonietta?". "Yo estoy ¡bien!" “¿Por qué dices eso? y lo dices ¡convencida!” “Pobre Antonietta, ahora que sales del hospital, te vas con algo menos"(Abuela) “No, abuela. ¡A mí no me falta nada! " "¿Pero la pierna?" "Ah eso, se la di a Jesús".

Eso era cierto. En este doble intercambio. “A mí no me falta nada, porque tengo a Dios conmigo y Él me ama. Soy su hija, y él que es Dios, lleno de amor y fuerza, me lo da todo. Lo esencial es que me dé su Amor infinito e inagotable. Entonces en el Amor me dará cosas que necesito: salud tal vez no, pero la vida verdadera, el corazón, la bondad, felicidad, siempre, en la vida y la muerte, en el tiempo y en la eternidad. ¿Quién me separará del amor de Cristo? Estoy en sus manos; me tiene en sus brazos, como una madre que lleva a su bebé en sus brazos. Padre, Padre, que hermoso nombre. Siempre repetiría este nombre: Padre".

El segundo intercambio es su respuesta de amor: "La piernita, yo se la ofrecí". Yo también respondo al amor con amor. Mi vida, aunque sea pequeña, corta, inútil a los ojos de los hombres, en cambio plenamente realizada: es un regalo de amor total, sencillo, casi natural.

En esta pequeña, el regalo del amor es de una simplicidad y naturalidad deslumbrante, como si no le costara nada. Como si pusiera su alegría en darse a sí misma, como Jesús. Ese es su secreto.

“Orad a Jesús para que os haga un poco bajar de la Cruz". "No mamá. Quiero estar cerca de Jesús en la Cruz”. “Pero mira que sufres demasiado. Yo no puedo soportar verte en este estado.". "No mamá. Mira, yo hago como Jesús en la cruz, y tú tienes que hacer el papel de María, su madre a los pies de la cruz".

La madre – no obstante, de ser una santa madre profundamente cristiana - no conseguía seguir a su pequeña en la cruz.

“Mamá, no lo entiendes. Tú debes ser feliz también en la cruz." Y aquí se va Antonietta con una expresión que quizás ni los grandes místicos tuvieron la audacia de pronunciarse: "Mamá, tienes que sufrir riéndote".

Es la espiritualidad del Triduo Pascual, del Viernes Santo, de la liturgia que celebra la victoria de la Cruz, el árbol de la vida, las puertas de la Gracia, el tálamo real, la corona de la gloria, la alegría del nacimiento, el triunfo del amor, la exaltación de la ofrenda de uno mismo, la felicidad del don que renueva el mundo.

"Pero ¿quién te metió estas cosas en la cabeza?  Ciertamente fue tu madre.

Y Antonietta con su sonrisa ingeniosa y su sabiduría de niña del Evangelio, se confía a la mamá:

"Mamá, la tía debería comenzar a estudiar catecismo de nuevo".

Sí, porque nosotros, quizás, el catecismo lo sabemos, pero fallamos en hacerlo nuestro y encarnarlo. Antonietta en cambio allí lo creyó y lo puso en práctica sin brillo, sin sí mismo y sin peros y sin nuestras distinciones, que al final anulan el Evangelio. Era simplemente el catecismo del Amor, porque ahí está todo el mensaje de Jesús: Dios es amor y el que cree en Dios ama como Él, como Jesús en la Cruz. Y la Cruz no es una condena, ni una vergüenza, sino la plenitud de vida, y de la Gracia.

 

LOS AMIGOS DE ANTONIETTA: Caterina Prosperi

Entre los amigos de Antonietta y las personas que la han frecuentado, fuera de la familia, nadie ha estado con ella tan cerca como Caterina. La biografía de nuestra pequeña está llena de episodios de amistad y, en ocasiones, de complicidad entre ambas.

¿Quién fue Caterina? una chica de veinte años, llegada de un hermoso pueblo de los Apeninos de Umbría, Colfiorito, cerca de Foligno. Pertenecía a una familia de campesinos bastante adinerados que cultivaban los renombrados productos del altiplano: patatas, lentejas, cebollas, trigo. Pero Caterina era una niña curiosa y cariñosa, y amante de la aventura y vio la ciudad como un mundo por conocer para elevar su cultura y experiencias que le abrieron nuevos horizontes.

Llegó a Roma, a través de conocidos y aterrizó directamente en la familia Meo, quienes ya habían pasado por la pérdida de dos niños y con la presencia de dos niñas, una de diez años, Margherita y una de tres, Antonietta.

La propia Caterina me confió que lo suyo era como un contrato de acompañante, casi una niña de familia, otra más, una hija un poco mayor que participaba en todo en la vida de la familia, todo regulado por la generosidad de papá Michele y la necesidad respetuosa y un poco exigente de la dama María.

Sin embargo, Caterina inmediatamente entabló una hermosa relación con sus dos hijas. Con Margarita, delicada y un poco reservada quién poco a poco comenzó a confiar un poco más. Con Antonietta se divertía y la provocaba para probar sus reacciones de niña serena, transparente y justa



Hay varias anécdotas muy buenas, en biografías, especialmente en el diario de mamá.

La defensa de Caterina cuando había roto una copa de cristal: "Mamá, Caterina no lo hizo a propósito; la perdonas ¿verdad?"

La competencia entre Margarita y Caterina en darle salamín a Antonietta, sacando ventaja del pequeño asunto: "Que buena Margarita me da un buen trozo de salame! Pero Caterina es mejor porque me da un poco más… ¡estupendo!"

Las disputas "teológicas" entre Caterina "Fingía ser ignorante" ante las explicaciones de la "docta Antonietta": “Caterina, tú sabes que hay tres iglesias: la Iglesia militante, la triunfante y la purgante!" “Antonieta, pero la purga ¡no me gusta!" "¿Pero qué entiendes, Caterina? Purgante, ¡Por qué estás en el purgatorio!"

O, después de la Confirmación: “¡Caterina, me convertí en un soldado de Jesús!" "¡Soldado No, eres un general!" “Caterina, recuerda que hay un general, sólo hay uno: ¡es Jesús!”.

O con motivo de la fiesta de la Universidad Católica: "¡Antonietta, con este dinero vamos a comprar altramuces!" “¿Qué estás diciendo, Caterina? Así cometemos dos pecados: uno de gula y otro de egoísmo. Nos guardamos el dinero para nosotros y hay que dar a la Universidad Católica”.

 La relación entre ambas se hizo más y más cercana. Especialmente después de la amputación de la pierna, Caterina hizo todo lo posible para ayudar Antonietta, que sin embargo, quería su autonomía y conservaba su vivacidad. Cuando Caterina le ponía la prótesis ortopédica, la pequeña seguía jugando y moviéndose. “¡Antonietta, pero quieres quedarte quieta! ¡No puedo atar estas correas!" “Caterina, no te enojes, yo hago el sacrificio de usar la prótesis y tú la que tiene que ponérmela con paciencia.”

La mamá se reservaba para sí el cuidado de hacerle las cosas más intimas a Antonietta y no lo delegaba en nadie más, a veces Caterina hacía momentos de guardias, incluso de noche, en la cama de la pequeña paciente. Ella quería darle todos los servicios a la niña, llevándola también en sus brazos. Pero la niña se negaba: “No, Caterina, es mamá quien lo hace. Tú dame un beso y siéntate".

Caterina con 96 años (año 2012)



Pero la última noche Caterina relevó a los padres agotados. Y Antonietta le agradeció en particular a ella y le confesó una promesa: "Caterina, Siempre rezaré por ti”. Fue la bendición de la pequeña a su queridísima Caterina, gran amiga y confidente, quien nos reveló su aspecto juguetón y alegre de la pequeña Antonietta, que con ella se hizo aún más alegre y se permitió bromear: "¡Caterina, eres mi perdición!"   ¡Gracias, Caterina!

Traducido del italiano al español por: Viviana Tejada. (Con autorización del Hno Dino De Carolis, vice presidente de la Asociación "Nennolina")

Fuente: http://www.antoniettameo.it/ (Pagina web oficial de la Asociación Antonietta Meo)


Boletines anteriores:

Presentación del boletín

Boletín N° 1

Boletín N° 2


Publicaciones relacionadas:

BiografíaAntonietta la niña que invitaba a Jesús a jugar: ¡Jesús, ven a jugar conmigo! - Radio María


Más cartas de Antonietta:

"Jesús ven pronto a mi corazón" - Venerable Antonietta Meo (1° semana de Adviento)

“Querido Jesús te amo mucho… tu amada Antonietta” (2° semana de Adviento)

"Querido Jesús, quiero salvar a muchos pecadores" - Antonietta (3° semana de Adviento)

"Querida Virgencita, te quiero mucho" - Antonietta (4° semana de Adviento)


Oración para pedir una gracia por intercesión de la Venerable Antonietta Meo


Oh Dios, Padre de los humildes, te damos gracias porque en Antonietta Meo nos has dado una imagen viva de tu Amor y de tu Sabiduría, revelada a los sencillos. Tú, que le concediste la Gracia de unirse a la Cruz de nuestro Señor Jesucristo y de sufrir con fortaleza y alegría, haz que ahora su gozo en la tierra sea para todos un ejemplo luminoso de fidelidad al Evangelio, concédenos su amor sencillo y ardiente a la Eucaristía y a la Iglesia; socórrenos en nuestra pobreza y por su intercesión, según tu santa voluntad concédenos la gracia que confiados te pedimos. Amén


Padre nuestro, Ave María, Gloria.



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sábado, 28 de mayo de 2022

Homilía de Monseñor Angelelli - Ascensión del Señor




Solemnidad de la Ascensión del Señor

Hechos 1, 1-11 - Salmo 47(46),2-3.6-7.8-9. - Hebreos 9,24-28.10,19-23

Evangelio según San Lucas 24,46-53

Jesús dijo a sus discípulos: "Así esta escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la  conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto." Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto". Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

Homilía de Monseñor Angelelli, Solemnidad de la Ascensión del Señor                                            (La Rioja, 26 de mayo de 1974)

 

Hermanos y amigos radio oyentes de L.V. 14:

Celebramos hoy, la fiesta de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. Esta celebración nos ayuda a comprender mejor nuestra Fe cristiana.

Para nosotros, riojanos, está puesta al final de una semana llena de celebraciones y acontecimientos que han tomado toda nuestra vida como pueblo: La celebración de la fundación de La Rioja, la celebración del día patrio, la celebración del día del Olivo, la celebración de fiestas patronales: Santa Rita de Chilecito y de Catuna; el delicado problema de los docentes; el lanzamiento oficial de CREAR-DINEA. En el corazón de estos hechos, entre otros, Cristo que nos dice: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado... sepan que estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo... vayan y proclamen el Evangelio a toda la creación... el que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer, será condenado... sean testigos de todo esto... les enviaré al Espíritu Santo... quédense en la ciudad hasta que se revistan de la fuerza de lo alto... y mientras los bendecía... se separó de ellos subiendo hasta el cielo... volvieron con alegría y bendecían a Dios...”

Y mientras meditaba todo esto, preparando estas reflexiones para la Misa Radial, no me resistí a pensar en algo que me tocó muy de cerca vivirlo. Era la muerte de una anciana de noventa y dos años; murió, también durante esta semana. Y reflexionaba: cuando la Fe ilumina y penetra hondamente en una persona, le hace descubrir el sentido profundo que tiene la vida; le da la verdadera sabiduría y la convierte en eso que nos manda Cristo: “sean testigos... con la fuerza del Espíritu Santo que les enviaré”. Se dejó evangelizar por Dios a través del ministerio de la Iglesia – Madre - hasta el último instante de su prolongada vida. Su muerte se convertía así en un testimonio viviente de Fe y dejaba, antes de partir, como herencia a sus hijos y a su pueblo, un mensaje de sabiduría enriquecida con pequeños-grandes gestos, hechos en silencio y con gran conciencia de fidelidad. Me tocó ungirla con los óleos de los enfermos, me tocó recoger sus últimos gestos, me tocó celebrar la misa de despedida, me tocó vivir con sus familiares y con su pueblo todo lo que significa una partida de quién muere y se despide así, como coronamiento de una larga vida. “La Virgen sabe lo que debe hacer de mi vida, que haga lo que Ella quiere... que bendiga a mis ‘changos’, y que bendiga a mi barrio... yo estoy lista para irme... decía entre otras cosas, antes de partir...”. Y como ella, cuántas y cuántos así prepararán una partida definitiva de este mundo, después de haber vivido la propia vida comprometidos y fieles a las exigencias de la Fe y de las necesidades de sus hermanos. Después de haber vivido la vida comprometida con su pueblo.

Me parecía oír que decía lo mismo que Jesús: “Vayan hijos y hermanos de mi pueblo. Vivan así para que Dios les regale una muerte como me la regaló a mí”. Así se fue la abuela Atanasia.

Y volví a la reflexión de la Ascensión de Cristo, Nuestro Señor. Muchas cosas nos deja antes de su partida para volver junto a su Padre y nuestro Padre Dios. Nos deja su Vida de Hombre-Dios, desde su Encarnación y Nacimiento en Belén, hasta su Ascensión; nos deja su Evangelio con la muerte en la Cruz y la Resurrección; nos deja la Iglesia y en ella al Espíritu Santo que la anima y la rejuvenece permanentemente; nos deja el sentido nuevo de la vida y de las cosas; nos deja el regalo de la Fe, de la Esperanza y del Amor; nos deja el sentido de caminantes en la vida y la certeza de un encuentro definitivo en la Vida que no tiene término en Dios; nos deja la gran tarea de realizar una sociedad nueva, distinta de aquella que se construye en el egoísmo, ésta hay que construirla en el Amor; nos deja la tarea de ser EVANGELIZADORES Y ANUNCIADORES de esta BUENA NUEVA que es Él – Cristo; nos deja la tarea de convocar a los hombres a la fraternidad y a trabajar para que la justicia sea vivida entre los hombres; nos deja la tarea de ser constructores de la Paz; nos deja su Vida y su presencia permanente entre nosotros, para que en Él y con Él construyamos un pueblo nuevo, una raza elegida, un pueblo santo. Nos deja la clave para ser felices, en las Bienaventuranzas; nos deja como una especie de código, que de acuerdo a él seremos juzgados al término de nuestra vida, como a la abuela Atanasia.

Nos deja a nuestro hermano, el hombre, para que en él reconozcamos su rostro y su presencia. Nos deja al samaritano para que en él aprendamos a descubrir las exigencias del Evangelio; nos deja el don del sacerdocio y de la consagración total de la vida, como signos de servicio al hombre y al pueblo, alabando y glorificando a Dios, con y desde él; nos deja la capacidad para no quedarnos “establecidos en la vida”, porque así se debilita y muere; por eso nos llama permanentemente a superarnos como individuos y como pueblo, a crecer, renovarnos, madurarnos, a no perder el rumbo y la meta definitiva. Así podríamos seguir desentrañando todo lo que esta celebración contiene y exige de nosotros, especialmente, cristianos, hijos de la Iglesia; aunque va mucho más allá; es un “acontecimiento” que mira a todos los tiempos y a todos los pueblos. Mira y es respuesta a todo el hombre y a todos los hombres de todos los tiempos. Muerte - Resurrección y Ascensión de Cristo, es la clave para interpretar la historia y los grandes interrogantes de los hombres. La abuela Atanasia, en su sencillez de hija de su pueblo, la interpretó con gran sabiduría para darle sentido a toda su vida y a su muerte.

Así también, se convierte en “clave”, como en la música, para interpretar y darle sentido a nuestras celebraciones como pueblo y para buscar las verdaderas soluciones a los problemas que plantean nuestros conflictos cuando están en juego la justicia, la paz y la respuesta que debemos dar los adultos a nuestros niños y a nuestra juventud. Así, también, celebramos e interpretamos bien las expresiones de Fe que un pueblo vive en sus fiestas patronales. Decíamos que en la lectura de los textos de la Ascensión, Cristo nos envía a EVANGELIZAR a todos los pueblos y a toda la creación. Por eso, también, en este Año Santo, se celebrará lo que se llama Sínodo Universal de los Obispos, es decir: un encuentro de Obispos, sucesores de los apóstoles, con el Papa, sucesor de Pedro, para seguir reflexionando y sacar las orientaciones para toda la Iglesia.

El tema para este gran acontecimiento es: LA EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO DE HOY. Vale decir: cómo seguir anunciando el Evangelio de Cristo, el mismo de siempre a nuestro mundo actual, siendo fieles a su contenido; con qué medios nuevos y de qué forma debe ser anunciado para que el hombre actual, nosotros, sepamos descubrir que ese Evangelio es la gran respuesta de Dios a la vida del hombre y del mundo actual. Reconciliarnos verdaderamente como hermanos y asumir toda la renovación y cambios profundos que exige el mundo en que vivimos, supone que, primero, nosotros los cristianos, sintamos vivamente la permanente necesidad de ser re-evangelizados, catequizados, actualizados, iluminados por el Evangelio de Cristo y, segundo, presentar a nuestros hermanos ese Evangelio con la palabra, pero especialmente con la vida, comprometida en la construcción de un mundo más justo y más fraternal.

Este gran acontecimiento de Año Santo, que es el Sínodo de los Obispos, al haberse escogido el tema de la EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO DE HOY, es también para nosotros, el gran objetivo de la diócesis. No como una necesidad impuesta de afuera, sino como una necesidad surgida de nuestra realidad riojana. Porque si es una exigencia permanente del Espíritu Santo en toda la Iglesia Universal, lo es más para nosotros, pueblo bautizado y cristiano, en su casi totalidad, pero necesitado de mayor profundización de la Fe y de sus exigencias en la vida, privada y pública. Porque todo el pueblo de Dios es comunidad del Evangelio y es responsable de su transmisión con palabras y obras.

Si fuéramos lo suficientemente evangelizados, no tendríamos que constatar hechos dolorosos en la vida de la comunidad diocesana. Es exigencia de vida y de tarea a realizar, para todos; para nosotros, sacerdotes; para los consagrados en la vida religiosa y para todos los fieles cristianos de la diócesis. Comenzamos la preparación de la festividad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo.

Que toda la diócesis entre en un clima de cenáculo como entraron los apóstoles y María, después de la Ascensión para que encuentre en nosotros acogida humilde y sincera el Espíritu Santo con el regalo de sus Dones. Con su Luz y con su fuerza comprenderemos mejor qué es evangelizar y ser evangelizador, y nos lanzaremos más a ser los testigos del Evangelio de Cristo por las palabras y por las obras. Que María Santísima y San Nicolás nos ayuden a vivir en plenitud, Pentecostés.



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domingo, 15 de mayo de 2022

Homilía de Monseñor Angelelli - 5° Domingo de Pascua - Ciclo C






Lecturas del día: Hechos de los Apóstoles 14, 21b-27 /Sal 113B,1-2.3-4.15-16  / Apocalipsis 21, 1-5a

Evangelio según San Juan 13, 31-33a. 34-35

Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará. Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos’’.

Homilía de Monseñor Enrique Angelelli - 5° domingo de Pascua (12 de mayo de 1974)

Hermanos y amigos radioyentes de L.V. 14.

El domingo pasado, por la gracia de Dios hemos vivido una jornada verdaderamente privilegiada para quienes la vean con sentido de pueblo y con sentido cristiano. Estos fueron los hechos vividos diocesanamente: 1- En este Año Santo hubo un gesto de esta Madre Iglesia que busca por todos los medios “reconciliar a los hombres necesitados de ella”. 2- Tres jóvenes se ordenaron de diáconos y una religiosa hace sus “promesas religiosas” en el día mundial de las vocaciones. 3- Fue un día mariano porque celebramos como cristianos y como argentinos la fiesta de la Virgen del Valle.

En apariencia sin importancia y sin embargo con trascendencia de futuro. En medio de las dificultades que a diario vivimos porque aún no logramos vivir una verdadera fraternidad como pueblo, estos hechos nos ayudan a reflexionar y a hacer un alto en el camino para repensar nuestra vida, así como la llevamos.

Porque existe un verdadero hambre de reconciliación y de paz. Por eso nos desubicamos como hombres, y si tenemos Fe, como cristianos, si decimos que no necesitamos ser perdonados, ni de qué arrepentirnos. En este caso, si así pensamos y obramos, somos víctimas de la soberbia y de la ceguera de mente y de corazón, haciéndonos daño a nosotros mismos y nos empequeñecemos negativamente ante Dios y ante los demás. Dios quiera que nunca caigamos en esta actitud interior, porque significaría que rechazamos la “luz” y “gracia” de Dios. De las lecturas de este domingo que acabamos de escuchar, hacemos esta reflexión:

La Comunidad Cristiana, que somos nosotros, como pueblo y como cuerpo, debe ir creciendo siempre interiormente en la VIDA que nos viene de Cristo. Esto nos dice que nuestra condición es de peregrinos y que caminamos hacia una meta que es Dios, nuestro Padre. Este crecimiento sólo es verdadero si se hace con el AMOR; - “En esto conocerán que son mis discípulos, si se aman los unos con los otros...”. En esto entenderemos bien lo que busca lograr en nosotros este Año Santo. Tres palabras lo resumen: RENOVAR - RECONCILIAR - AMAR. Esto lo comprendemos mejor si lo comparamos con lo que hacemos y vemos todos los días en nuestros campos; si el árbol tiene mucha savia tendrá mucha vida y dará buenos frutos y abundantes; pero el cuidado hay que tenerlo desde que preparamos la tierra hasta que recogemos los frutos. Lo decimos en nuestro lenguaje familiar: “al árbol se lo conoce por su fruto”. De un árbol malo no se puede sacar buenos frutos. Y esto que es fruto de la sabiduría popular, apliquémoslo a la vida personal de cada uno de nosotros y a la vida de un pueblo. Daremos como individuos y como pueblo buenos frutos, si somos capaces de ir trabajando, a pesar de todas las dificultades, hasta lograr hacer un pueblo que vive muy en serio el amor fraterno.

Ahora, esta es una frase muy linda y de tanto repetirla casi no le damos toda la importancia que tiene y sin embargo nos dice Cristo: “En esto conocerán los hombres que son mis discípulos”. En esta ley del amor fraterno debemos regular toda la vida privada y pública. El AMOR debe regular la política, la economía, la educación y la cultura, las relaciones sociales entre los hombres, la vida familiar, la vida interior de una comunidad cristiana. Ahora bien, nos dice San Pablo que el amor es: “paciente, es servicial, no tiene envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre la agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, lo espera y todo lo soporta. El amor nunca pasará... Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé atrás las cosas de niño…Hermanos no se queden como niños en su modo de pensar. En el camino del mal, sí sean como niños, pero adultos en su manera de pensar.

A la luz de esto que acabamos de decir necesitamos crecer y madurar en nuestra vida personal y en nuestra vida como pueblo. No cualquier cambio hace madurar, pero es ley de la vida ir cambiando para que, como dice San Pablo, cuando niño obre como niño y como hombre obre como adulto.

Esto es vivir el amor. Exige de nosotros muchas renuncias y sacrificios. Renovar no es fácil; por eso renovarnos cuesta mucho; por eso fraternalmente nos trae muchos dolores de cabeza. Aparentemente es más fácil vivir encerrados en nuestro egoísmo y en nuestros “intereses   individuales” pero así ni tendremos paz ni habrá paz en la comunidad, ni en la vida familiar, ni en las relaciones humanas.

Hemos dicho que este Año Santo es para nosotros argentinos un año también eucarístico. No miremos tanto la exterioridad de un Congreso Eucarístico Nacional, sino todo lo que nos exige la Eucaristía en la vida y en un proceso que ayude a liberar a un pueblo. No puede haber Eucaristía si no hay reconciliación. No habrá reconciliación si no se funda en la justicia y en la caridad o el amor.

Por eso, a veces, da pena, observar en la búsqueda de la felicidad como pueblo, lo queramos hacer con la pública difusión de la mentira, con el agravio, con el juego mezquino de intereses de grupos, con la desconfianza a quienes en la vida de una comunidad tenemos el ministerio de entregar el Evangelio y la fuente del AMOR que son los sacramentos. Así no se construye nada sólido.

En todo proceso de crecimiento, así como lo quiere Dios, nunca perdamos el don que nos ha dado el mismo Dios, de ser autocríticos de nuestros propios actos. Sólo así maduramos. Sólo así crecemos y vencemos las dificultades de toda marcha. Así será verdadera la renovación; así será sincera la reconciliación; así será efectivo el amor fraterno.

A ustedes, las comunidades parroquiales, a ustedes de los pueblos del interior y de los barrios de la ciudad, los grandes objetivos de este Año Santo y de este Año Eucarístico, más allá de las sospechas ridículas que pudiesen existir, que el “gran árbol” que es nuestra Rioja, pueda ir recogiendo verdaderos frutos de fraternidad, de trabajo, con sentido de pueblo, de compromiso cristiano con sentido de tarea y de misión.

Tienen muchísimas ocasiones para reflexionar en todo esto: tienen ya próximas la fiesta de Pentecostés, del Corpus; del Sagrado Corazón, las fiestas patronales, los encuentros decanales y diocesanos, las reuniones o encuentros más pequeños de pueblo o de barrios; los encuentros familiares. Ustedes hermanos que están en el importantísimo campo educacional, tienen valores grandes para reflexionar; especialmente ustedes los que están en Institutos, que tienen una mayor dependencia de la Diócesis, reexaminen toda vida educacional a la luz de los grandes objetivos del Año Santo: Renovar, Reconciliar, Amor. Hay mucho que corregir y mucho por hacer. Por otra parte, sean lugares oficiales como privados, todos deben ser considerados al mismo pueblo. No son dos pueblos ni dos comunidades. Y en este sentido, para efectivizar más el amor fraterno, la Iglesia, en su fundamental misión educadora del pueblo, deberá evaluar las formas concretas cómo la realiza en nuestra diócesis. Y para nosotros, que tenemos una identidad propia y una misión específica dada por Cristo, tanto en la vida sacerdotal, como en la consagración en la vida religiosa, debe seguir siendo en este Año Santo por la vivencia y la labor que realicemos. En esto se plantea qué es EVANGELIZAR HOY EN NUESTRO MUNDO ACTUAL. De esto hablaremos en lo sucesivo. El gran tema del Sínodo Mundial de los Obispos en Roma.


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viernes, 22 de abril de 2022

"Pascua Joven" - Testimonio de Laura Pimentel


Queridos amigos, en este viernes de la octava pascual, compartimos con todos ustedes, el testimonio de Laura Pimentel, una joven venezolana de 20 años que desde el año 2019 vive en Buenos Aires, Argentina.

- "Después de dos años de lo que me gusta llamar “Virtualidad Pastoral”, pude en este 2022 volver a lo presencial para la Semana Santa, gracias a la Pascua Joven que organizaron los jóvenes y el seminarista de la parroquia.

Diría que esta fue distinta a todas las que viví antes: tuve menos tiempo disponible por todas las responsabilidades que van llegando cuando te vas haciendo grande; sin embargo, hace mucho no vivía con tanta profundidad los días de la Pasión y no me daba cuenta de lo mucho que lo necesitaba hasta que me encontré delante de la cruz, llorando a mares y con el corazón necesitado de Dios. Pero esa parte la contaré más adelante…

Una de las primeras preguntas con las que arrancó el retiro fue ¿En qué parte de mi mundo está Dios? ¿Está acaso en mis debilidades, fortalezas o afectos? ¿Solo en los momentos de necesidad o en el 100% de mi mundo?

Pensando un buen rato llegué a la conclusión de que aunque Jesús está en toda mi existencia, yo lo había limitado a una sola parte que se hacía cada vez más pequeña por algo que venía arrastrando desde hace un tiempo: Desierto Espiritual.

Para una persona creyente, con vida parroquial y demás es difícil reconocer cuando no estás conectando mucho con Dios y eso era lo que me estaba pasando. El ego de pensar que podía hacer mi camino por mí misma me estaba haciendo sentir lejos de Él (aunque siempre supe que estaba cerca) e incluso llegué a encontrar cierta “comodidad” en esa lejanía.

Aunque estaba yendo a la parroquia de vez en cuando, mi fe no tenía esa chispa de antes y honestamente no había hecho mucho para recuperarla, pero fue entonces cuando Jesús volvió a llamar y recordé que las cosas no suceden cuando yo quiero sino cuando Él hace que sucedan.

El viernes santo fui al templo (parroquia Santa Maria, Buenos Aires - Argentina) para el segundo día del retiro. Se estaba rea la celebración que terminaría con la adoración de la cruz. Me dediqué a mirar ese crucifijo, donde el Hijo de Dios estaba maltratado y con heridas abiertas. Empecé a llorar. A mi mente llegó la idea de cuánto de aquel daño que tenía su cuerpo había sido causado por mí, y que sabiendo la respuesta igual fue al madero. Fue como mirar el amor directo a los ojos, un amor que sentí no merecer.

Parroquia Santa María, Buenos Aires - Argentina

Después de llorar y contemplar la cruz, miré la imagen de María Dolorosa. Lloré más. Que difícil debió ser para ella y que fortaleza de quedarse al pie de la cruz. Pensé también en mi mamá, a quién no veo desde hace tres años pero sigue abrazándome desde la distancia y enviándome su bendición día tras día.  

Luego por la mente pasó el pensamiento de todas las madres que habían perdido a sus hijos y en ese momento redescubrí que si algo tienen en común muchas madres es que son lo más cercano al amor de Dios; entrega y amor incondicional incluso en los momentos más dolorosos y de oscuridad.

Con la imagen de Jesús en la cruz, la Virgen María y alto playlist para los momentos de reflexión seguí transitando el camino de la Pascua Joven. Alguien dijo que “La cruz es una victoria” y hay tantísima verdad en tan pocas palabras que ahora puedo pensar en cuántas veces en mi propia vida me quedé solo en la cruz y la muerte. ¿Te ha pasado?

Reflexionando sobre eso hice conciencia de que solo con Dios puedo hacer de mi propia vida un testimonio de la Resurrección. Sí, hay oscuridad y momentos de dolor, pero Jesús no venció la muerte para que quedemos en la pena y el duelo. Recordar esto dentro del retiro fue un punto importante porque ahora esa era (y es) la misión: Aprender a descubrir la alegría de Resucitar con Él dentro de nuestras propias cruces.

Las pregunta que decidí empezar a hacerme a mí misma -y que te comparto ahora por si te sirve- es:  ¿Cruz, o Resurrección?

¿Desde dónde voy a mirar y vivir? Nunca antes cobraron tanto sentido las palabras de Santa Teresa de Ávila “Todo se pasa, Dios no se muda”.


Esto que acabo de contarte junto con el amor reflejado también en los otros (la comunidad) y otras experiencias, hicieron de mi Semana Santa un verdadero reencuentro con Dios. Espero que tú también puedas encontrarlo cada día más. ¡Felices Pascuas de Resurrección!"

Laura Pimentel



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