sábado, 6 de marzo de 2021

3° Domingo de Cuaresma - Homilía del Cardenal Eduardo Pironio




Exodo 20,1-17. / Salmo 19(18),8.9.10.11. / Corintios 1,22-25.

Evangelio según San Juan 2,13-25.

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

Homilía del Cardenal Eduardo Pironio (10 de Marzo, 1985)

Tercer domingo de Cuaresma. Nos vamos acercando hacia la Pascua. El Evangelio nos habla de Jesús que estaba en Jerusalén para la Pascua. A medida que nos vamos acercando tiene que crecer en nosotros la disponibilidad para escuchar la palabra del Señor. Así nos metemos en el corazón de la Virgen de la Cuaresma para que nos haga gozar de una Pascua muy honda, muy fecunda, muy nueva. A medida que pasa la Cuaresma vamos intensificando la alegría de nuestra caridad, la profundidad de nuestra oración, la autenticidad de nuestra penitencia, de nuestra conversión.

Todo es pascual en la liturgia de hoy. Pascual es este versículo que hemos rezado antes del evangelio que es el que ilumina todo el misterio pascual de Jesús -su muerte y resurrección- y es lo que ilumina también la luz de Dios con nosotros y lo que tiene que iluminar también nuestra vuelta cada día mas honda y generosa al Señor. Dios ha amado tanto al mundo que la ha dado a su Hijo, el que cree en él tiene la vida eterna. Dios no lo ha mandado al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Estas palabras de Jesús dichas a Nicodemo en la noche iluminan el misterio pascual, la muerte y la resurrección de Jesús. ¿Por qué? Porque Dios amó tanto al mundo que le dio a su Hijo, lo dio, es decir, lo envió; lo dio, lo mandó a la muerte; lo dio, lo entregó a cada uno de nosotros para que ese misterio de muerte y resurrección de Jesús naciera en nosotros, se hiciera vida en nosotros.

Un don pascual es la ley. La primera lectura nos cuenta la ley. Dios le habla a Moisés y le da el decálogo, la ley. La ley no es una imposición, la ley es una forma de entrar en comunión con Dios. Dios habla a su pueblo y le dice: ¿estás dispuesto a hacer esto? El pueblo responde: sí, lo haremos. Y entonces se hace la alianza, la comunión.

La alianza que está hecha de palabra de Dios y de respuesta del hombre, por eso el salmo responsorial nos está diciendo: Señor, tu tienes palabras de vida eterna. La ley es una palabra de Dios que nosotros acogemos, realizamos. Supone una propuesta de Dios y una respuesta nuestra, y entonces se hace la comunión entre Dios y nosotros.

Esa alianza se hace mucho más honda y nueva con la sangre de Jesús en la cruz mediante su misterio pascual. La alianza entonces reviste otra forma en el Nuevo Testamento. La alianza se presenta así: amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, con todo tu espíritu, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo, ¿estás dispuesto a hacer esto? Sí, estoy dispuesto. Entonces Cristo sella esa alianza con su sangre, y entramos en comunión con el Cristo muerto y resucitado. Por eso la primera lectura no es una simple imposición externa; es un anuncio, un signo, un principio de esa alianza que Jesús va a sellar mediante el misterio pascual en la cruz. Señor, tú tienes palabras de vida eterna. La alianza supone una propuesta de Dios, una aceptación nuestra, una respuesta nuestra.

Del misterio pascual nos habla la segunda lectura. El hermosísimo texto de la primera carta de Pablo a los corintios. Mientras los judíos andan buscando milagros y los griegos andan buscando sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado que es escándalo para los judíos, es locura para los paganos pero para aquellos que han sido llamados, para nosotros, es potencia de Dios y sabiduría de Dios. Toda nuestra vida está centrada en el misterio de Cristo crucificado pero no un Cristo derrotado, sino un Cristo Pascual, un Cristo muerto y resucitado. La gran sabiduría y la gran fuerza nuestra es Cristo y Cristo crucificado, no sabemos otra cosa, no predicamos otra cosa mas que el misterio pascual de Jesús, su muerte y resurrección. Por eso nuestra vida es una predicación y una celebración constante del misterio pascual. Está marcada por la cruz y la esperanza. Cristo crucificado y resucitado, sabiduría de Dios, potencia de Dios.

El Evangelio nos habla de la Pascua a través de la imagen del templo. Jesús dice: destruid este templo y yo lo voy a reedificar en tres días. Jesús había reivindicado la paz, la limpieza, con respecto al templo. Había echado del templo material a todos aquellos cambistas y negociantes. Los echó, tenían que respetar el templo. Ellos le preguntan con qué autoridad hace eso y Jesús les responde simplemente con esta alusión a su resurrección: destruid este templo y yo lo voy a resucitar, a componer en tres días; hablaba del templo de su cuerpo. Del templo material Jesús pasa al verdadero templo que es nuestro propio cuerpo, nuestro propio ser. Jesús era el templo donde habitaba la divinidad.

Nosotros, los bautizados, los ungidos, somos el templo donde habita la Trinidad. Por eso Pablo nos dirá: no destruyáis el templo de Dios que sois vosotros. Porque Dios os va a destruir a vosotros si destruís vuestro templo. ¿Cómo destruís vuestro cuerpo? Profanándolo con el pecado. Jesús dice: destruid este templo -es decir, destruidme a mí- y yo lo voy a resucitar.

Cuando fue resucitado de entre los muertos sus discípulos se acodaron de que lo había dicho. Así que esta imagen del templo se está refiriendo claramente a la resurrección, es decir, al templo de su cuerpo que fue destruido por los judíos en la pasión y fue resucitado por él en el día de la gloria.

Que el Señor nos vaya metiendo cada vez más hondamente en el misterio pascual de Jesús muerto y resucitado, que nos haga vivir la alegría de la cruz cotidiana y haga crecer en nosotros la esperanza. Que el camino de cambio, de conversión, se vaya obrando con mucha serenidad, pero con mucha profundidad y con mucha autenticidad en nosotros a fin de que el día de la Pascua podamos cantar verdaderamente “aleluya, Cristo resucitó”, porque nosotros también nos sentimos criatura nueva en Él. Nos lo conceda María, la humilde servidora del Señor, virgen de la Cuaresma y de la Pascua.



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domingo, 21 de febrero de 2021

1° Domingo de Cuaresma - Homilía del Cardenal Eduardo Pironio


Queridos lectores de este blog, los invitamos a caminar esta cuaresma con las palabras del Cardenal Eduardo Pironio, siervo de Dios:


"Señor, enséñame tus caminos. Es algo que vamos diciendo desde que se despertó en nosotros la voz del Señor que nos llamaba: Enséñame tus caminos: porque cada día son los mismos y son nuevos; son caminos idénticos, son los caminos de hacer siempre la voluntad de Dios. Pero todos los días hay una realidad nueva, una realidad distinta, tal vez de una manera muy gozosa un día y de una manera desconcertante y dolorosa, otro día. De una manera clara y de una manera también oscura.

Señor, enséñame tus caminos. Porque no sabemos qué es lo que nos puede suceder el día de mañana, o qué es lo que Dios tiene planeado adorablemente para nosotros en el día de mañana. Yo tengo una experiencia personal muy evidente. "Enséñame tus caminos". Pero no es únicamente mostrar por dónde se va y por dónde nos quiere llevar el Señor, sino también el modo como tenemos que ir realizando con serenidad, con paz interior, con alegría, ir haciendo de nuevo el camino del Señor: este camino del Señor exige en nosotros una continua conversión. Es la conversión que Jesús -el Evangelio del Padre- predica como tema central en el Evangelio de hoy: Convertíos, creed en la Buena Noticia. Y esta conversión no consiste en hacer cosas extraordinariamente grandes, sino en ser cada día más sencillamente fieles a lo que hemos ido repitiendo: Señor, enséñame tus caminos.

La conversión no es algo trágico. La conversión es un proceso sereno de vuelta a Dios, en la alegría de hacer, realizar, su voluntad: Convertíos. Como se convirtieron los primeros discípulos. En definitiva, toda nuestra vida de santidad en santidad, es una continua conversión. Cierto, hay una primera conversión: es el Bautismo; y otra conversión que es nuestra penitencia, nuestra confesión: un momento fuerte de nuestra vida en que el Señor nos muestra algo que quiere de nosotros y lo recibimos con alegría. Pero la conversión es un volver cada día serenamente al Señor y mostrarlo en la alegría y en la transparencia de nuestra vida.

¿Qué es convertirnos? Yo he pensado mucho en estos días si no es en transmitir en medio del pequeño sufrimiento o de los variados sufrimientos, mostrar la alegría: ser alegres. Mostrarla a pesar del sufrimiento y del dolor. No es hacer cosas grandes, es hacer cosas sencillas siempre con alegría nueva.

Hay algunos momentos en que uno piensa que el tiempo es breve para uno, después se olvida tal vez. Pero siempre, cada día que pasa, el tiempo va siendo más breve y va siendo más cercana la Eternidad y la consumación del Reino. Entonces, la apariencia de este mundo es pasajera: es decir, la figura de este mundo es pasajera; hay que vivir con fidelidad lo que Dios nos va pidiendo cada día. Y lo que nos va pidiendo, para terminar, es lo que Jesús en el Evangelio de hoy -tan completo, tan hermoso- nos va pintando. Primero, el tema central de la Buena Noticia, el Reino de Dios: El Reino de Dios está cerca.

Mejor todavía: El Reino de Dios ya llegó, porque el Reino de Dios es Jesús y el Reino de Dios está cerca porque está cerca la segunda venida del Señor. Entonces es necesario ir cambiando, ir convirtiéndonos, creer en la Buena Noticia: creer en el Evangelio. Y la Buena Noticia es que el Padre nos ama, que Jesús se adentra cada vez más profundamente en nosotros y nos comunica el Espíritu. La Buena Noticia es que nada pasa en nuestra vida que Dios no lo haya dispuesto por amor, aunque nos duela y nos desconcierte.

Y para vivir este Reino, para convertirnos, para creer en la Buena Noticia, Dios llama, Dios nos llamó: nos llamó en el Bautismo, nos llamó en la vocación religiosa consagrada, en la vocación sacerdotal. El Señor nos llama, y nos llama con nombre: Simón, Andrés, Juan, Santiago… Nos llama: lo importante es dejar enseguida, inmediatamente, las redes y seguirlo. Pero seguirlo inmediatamente todos los días y dejar las redes todos los días; también en las redes podemos enredarnos. Y seguir al Señor. Termina el Evangelio de Marcos: Y lo siguieron. Y antes, Simón y Andrés lo siguieron. Conviene que pensemos un poco si lo seguimos: la manifestación más clara de que lo vamos siguiendo es la serenidad y la alegría con que vivimos pequeños y grandes acontecimientos, gozos y dolores en nuestra vida.

Que María, la que siguió a Jesús la primera, nos enseñe a decir que sí y a seguir al Señor con alegría."

Homilía pronunciada por Cardenal Eduardo Pironio, siervo de Dios, en la Abadía de Santa Escolástica del 26 de Enero de 1997

También les proponemos rezar con el salmo 24 interpretado por Athenas y Tobias Buteler:


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jueves, 11 de febrero de 2021

El Beato Carlo Acutis y su devoción por la Virgen de Lourdes




Hoy celebramos el día de la Virgen de Lourdes. Nuestra Madre, la Virgen María manifestó de manera directa y cercana su profundo amor hacia nosotros apareciéndose ante una niña de 14 años, llamada Bernardita. Hoy queremos recordar también la devoción mariana que tenía el joven Carlo Acutis, beatificado el 10 de octubre del año pasado, un gran ejemplo de santidad para niños y jóvenes especialmente.

Breve relato de las apariciones de la Virgen de Lourdes

El 11 de febrero de 1858, tres niñas, Bernadette Soubirous, de 14 años, su hermana Marie Toinete, de 11 y su amiga Jeanne Abadie, de 12 años, salieron de su casa en Lourdes para recoger leña. Camino al río Gave, pasaron por una gruta natural donde Bernardita escuchó un murmullo y divisó la figura de una joven vestida de túnica blanca, muy hermosa, ceñida por una banda azul y con un rosario colgado del brazo. Se acercó y comenzaron a rezar juntas.

Testimonio de Bernardita: “Sentí como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza. Volví a mirar y vi que las ramas de espinas que rodeaban la gruta de la roca de Masabielle se estaban moviendo. En ese momento apareció en la gruta una bellísima Señora, tan hermosa. Ella venía toda vestida de blanco, con un cinturón azul, un rosario entre sus dedos y una rosa dorada en cada pie. Me saludó inclinando la cabeza. Yo, creyendo que estaba soñando, me refregué los ojos; pero levantando la vista vi de nuevo a la hermosa Señora que me sonreía y me hacía señas de que me acercara. Pero yo no me atrevía. No es que tuviera miedo, porque cuando uno tiene miedo huye, y yo me hubiera quedado allí mirándola toda la vida. Entonces se me ocurrió rezar y saqué el rosario y me arrodillé. Terminando el rosario, me sonrió otra vez y retrocediendo hacia las sombras de la gruta, desapareció".

Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, la Virgen María se manifestó en 18 apariciones a la pequeña Bernardita.

El 25 de marzo de 1858, la Virgen revela su identidad dándole a Bernardita la prueba que tanto pedía su párroco para creerle. La Virgen le dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Bernardita no comprendía estas expresión, pero emprendió camino hacia la parroquia mientras repetía en voz baja estas palabras. Al llegar afirmó frente al párroco: “Ella ha dicho: ‘Yo soy la Inmaculada Concepción”. El párroco se emocionó ante la evidencia de lo sobrenatural. Cabe destacar que unos años antes, el 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX definió el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María en la bula “Ineffabilis Deus”. Esta manifestación de la Virgen se considera como una confirmación de esta declaración dogmática.

Gruta de la Virgen de Lourdes
(Sanagasta, La Rioja - Argentina)



Carlo Acutis y la Virgen de Lourdes

El joven beato Carlo Acutis, quien falleció con 15 años en el año 2006, fue un gran devoto de la Virgen María, de manera particular en las advocaciones de Lourdes y Fátima. En él la iglesia católica reconoce un ejemplo de santidad, a una corta edad se aferró a una fuerte devoción por la Eucaristía y por la Virgen María.  Algunos autores nos brindan información sobre esta devoción de Carlo:

- El autor Francesco Occhetta afirmó en su libro “La vida más allá del confín”: “Carlo es un apasionado de las historias de apariciones de la Virgen de Lourdes y Fátima. Visitó estos lugares con sus padres y compartió con sus amigos vídeos de estas visitas.”

- Nicola Gori, autor de “Un genio de la informática en el Cielo” y postulador de la causa de canonización del beato Carlo Acutis, relata en su libro que el joven Carlo visitó la gruta de la Virgen de Lourdes en el mes de febrero del año 2005, junto con sus padres y su abuela materna. "Delante de la gruta, Carlo hizo el voto a la Virgen María de permanecer siempre fiel al rezo del Rosario." También afirma Gori, que uno de los primeros rosarios que tuvo Carlo fue uno que le regalo una tía lejana, este rosario tenía símbolos de la Virgen de Lourdes.

En esta oportunidad quiero recordar una de las frases de Carlo: “La Virgen María es la única mujer de mi vida”, expresión que manifiesta el gran amor que Carlo tenía por la Virgen María, era su gran confidente con la que diariamente se encontraba al rezar el rosario.


Pidamos la intercesión del beato Carlo Acutis y de nuestra madre la Virgen María, confiamos a nuestra señora de Lourdes la salud de todos los enfermos.

Diego Olivera


Otras publicaciones sobre la Virgen de Lourdes:




Otras publicaciones sobre Carlo Acutis:




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jueves, 14 de enero de 2021

"Una niña muy pequeña de alma muy grande", Venerable Anne de Guigné


Hoy se cumplen 99 años del fallecimiento de la pequeña Anne de Giugné, falleció cuando tenia tan solo casi 11 años, una corta vida marcada por un gran camino de santidad. Los invitamos a conocer la vida de esta pequeña en esta publicación, que acompañamos con fotos y vídeos para profundizar más en la vida de la venerable Anne de Guigné.

Biografía de la Venerable Anne de Guigné

Anne nació el 25 de abril de 1911 en el Château de La Cour en Annecy-le-Vieux (Francia), hija de Jacques y Antoinette de Guigné. Ella fue la mayor de los cuatro hijos de este matrimonio. Desde muy pequeña fue una niña de mal carácter, caprichosa y desobediente que peleaba con sus hermanos; esto le preocupaba a sus padres y familiares; en una navidad Anne discutió con una de sus primas porque quería el regalo que había recibido ella y no el suyo, su madre tuvo que intervenir por la actitud de la niña y uno de sus abuelos expresó: “Compadezco a su madre cuando esta niña tenga 20 años”. Pero estas actitudes de Anne no durarían mucho tiempo, comenzó a cambiar desde su pronta y repentina conversión..

Voluntad y Gracia de Dios

El 29 de julio de 1915, la señora Antoinette de Guigné recibió la triste noticia de que su esposo murió en la guerra (1° guerra mundial). Anne tenía solo 4 años y medio, su madre le dijo: «Anne, si quieres consolarme, tienes que ser buena»

A partir de ese día, Anne decidió que se volvería amable y obediente, para complacer a su madre y consolarla por la pérdida de su papá. El cambio fue inmediato: ahora cumplía con sus deberes de la manera más perfecta posible, y sobre todo se esforzó por no ser tan orgullosa y caprichosa. A menudo se quedaba despierta por la noche esperando el beso de buenas noches de la madre para poder decir algunas palabras para hacer feliz a su madre. Le decía a su madre: "Madre, solo piensa, papá ahora puede vernos; nos ama y un día también nos reuniremos con él. Así que no lo estés triste."

Mientras jugaba, Anne corría hacia su madre, si la veía triste, y le susurraba al oído: "Madre querida, no llores, papá está en el cielo. Él está tan feliz. Él es feliz para siempre. Nunca volverá a estar triste".

Amiga de Jesús

 Dos semanas después de la muerte de su padre, se celebró una misa solemne en la iglesia de Annecy-le-Vieux. Anne estaba con su abuela y su tía Jeanne. Después de la Misa, su tía se detuvo a rezar por un largo tiempo y en un momento recordó que estaba con Anne y le preguntó: “Quizás hemos estado aquí demasiado tiempo; quieres que te dé mi ¿Rosario?" Anne respondió con franqueza: “Oh no, tía Jeanne, estoy hablando con el pequeño Jesús.” Y su tía vio que estaba mirando fijamente al Tabernáculo. Ella tenía tan solo un poco más de cuatro años en ese momento, nació dentro de ella el deseo de demostrarle a Jesús cuánto amor le tenía, ofreciéndole muchas sacrificios.

Anne tenía un gran deseo de hacer su primera Comunión había ya comprendido perfectamente que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesús en la Santa Misa. Un día, ella estaba caminando con su abuelo y le explicó todo esto:

Pasaron por un almacén de trigo y Anne vio que había muchos granos esparcidos en el suelo. El abuelo le preguntó: "Ana, ¿sabes qué se hace con el trigo?" Ana respondió: "Dime, abuelo". Su abuelo comenzó: “El agricultor recoge el trigo y luego lo muele y luego hace harina para nosotros. Usamos esta harina para hacer pan y también para hacer las Hostias que el sacerdote nos ofrece en la Misa. ¿Sabes en qué se convierten las Hostias? Ana respondió: "El pequeño Jesús viene y se esconde en las Hostias blancas, y se convierten en Jesús".

Primera Comunión y Confirmación

En octubre de 1916, la pequeña Anne, inició su catequesis en preparación para la primera comunión con las Religiosas Auxiliadoras de Cannes. Para su primera confesión le recomiendan no tener miedo y ella exclamó: “¿Por qué debería tener miedo? El sacerdote ocupa el lugar de Dios, nuestro Señor.”

La Superiora de las Auxiliadoras del Purgatorio considera que Anne está lista para su primera comunión. El obispo, reacio, solicita un severo examen antes de admitirla para realizar la primera comunión. Un Sacerdote Jesuita la examina. Estas son algunas de sus brillantes respuestas:

– ¿Qué sacramentos ha recibido? – El bautismo y la penitencia.

– ¿Y cuáles va a recibir? – La Eucaristía y la confirmación.

– ¿Y más tarde? – Tal vez el matrimonio.

– ¿Cuáles son tus defectos dominantes? – El orgullo y la desobediencia.”

¡No sólo sabe el catecismo, se conoce a sí misma, y puede hacer su primera comunión!

El 26 de marzo de 1917, Anne recibió su Primera Comunión. Ese día escribió: “Jesús mío, te amo y para complacerte, resuelvo obedecerte siempre”. A su madre le escribió: "Lo intentaré, ser obediente siempre para agradar a Jesús y a nuestra Madre celestial. Me parece que Jesús ha puesto este deseo en mi corazón. Le dije que quería ser muy obediente y me pareció oírle decir: "¡Pues bien, obedece!"

La capilla donde Anne
recibió su primera Comunión


Su catequista, la hermana Germaine, un día le hizo estas preguntas: “¿Cuál es tu secreto? Y ¿Cuál es la mayor felicidad en la tierra, según tú? Anne respondió: “Jesús me ama mucho y lo amo mucho; este es mi secreto y mi mayor felicidad es sufrir mucho por nuestro Dios misericordioso ".

"Jesús en la pequeña hostia como te amo"
Dibujo y texto de la pequeña Anne
"Jesús en la pequeña hostia como te amo"

martes, 5 de enero de 2021

“Aquello que la pandemia no nos robó”



Se terminó el año 2020, el año donde nos encontramos privados de muchas cosas debido a la cuarentena que realizamos por la pandemia del COVID-19. Nos vimos privados de tener una libre circulación, de compartir encuentros con familiares y amigos, de celebrar cumpleaños, de ir a la escuela, de hacer deportes y de participar de las misas y en algunos casos también privados de despedir a los seres queridos difuntos que fallecieron por esta enfermedad. Pero hay algo que la pandemia no nos robó y es el encuentro con Dios a través de la creación, él Creador siguió hablando a través de las creaturas.  De la grandeza y hermosura de las creaturas, se llega, por analogía, a contemplar a su Autor” (Sab 13, 5)

Ante la difícil situación que atravesamos por esta pandemia, nos preguntamos ¿Dónde está Dios? Pero Dios no nos abandonó, al abrir nuestros ojos cada día nos dice: “estoy con ustedes”, tan solo basta abrir la ventana o salir al patio para encontrarnos con el mensaje de Dios en su hermosa creación; "el Dios invisible se hace presente desde la creación del mundo, por medio de sus obras" (cf. Rom 1, 19-20)

San Agustín también se preguntó: ¿Dónde está Dios? y esta búsqueda lo llevo a interrogar a la creación hasta encontrarse con el Creador.

Pregunté a la tierra y me dijo: «No soy yo»; y todas las cosas que hay en ella me confesaron lo mismo. Pregunté al mar y a los abismos y a los reptiles de alma viva, y me respondieron: «No somos tu Dios; búscale sobre nosotros». Interrogué a las auras que respiramos, y el aire todo, con sus moradores, me dijo: «Se engaña Anaxímenes: yo no soy tu Dios». Pregunté al cielo, al sol, a la luna y a las estrellas. «Tampoco somos nosotros el Dios que buscas», me respondieron. Dije entonces a todas las cosas que están fuera de las puertas de mi carne: «Decidme algo de mi Dios, ya que vosotras no lo sois; decidme algo de él». Y exclamaron todas con grande voz: Él nos ha creado” (San Agustín, “Las Confesiones”, Libro X, VI, 9)

Estas palabras de San Agustín nos pueden ayudar a encontrarnos con Dios en la belleza de todo aquello que percibimos con nuestros sentidos y así podremos descubrir que Dios está cerca de nosotros. Con los ojos podemos observar la belleza del cielo, las nubes, la luna y el sol, también la firmeza de los árboles y los hermosos colores de las flores, todo esto lo ha creado Dios y es un regalo para nosotros. Con nuestros oídos podemos escuchar la melodía del canto de las aves y tantas palabras positivas y de esperanza que los demás desean para nosotros, todo esto lo ha creado Dios y es un regalo para nosotros. Desde el olfato podemos percibir y deleitarnos con aromas y fragancias que acompañan nuestro día, todo esto lo ha creado Dios y es un regalo para nosotros.

El mismo San Agustín, en el sermón 241 nos invita a interrogar a la creación explorando las capacidades de nuestros sentidos: “ Pregunta a la hermosura de la tierra, pregunta a la hermosura del mar, pregunta a la hermosura del aire dilatado y difuso, pregunta a la hermosura del cielo, pregunta al giro ordenado de los astros; pregunta al sol, que ilumina el día con fulgor; pregunta a la luna, que mitiga con su resplandor la oscuridad de la noche que sigue al día; pregunta a los animales…pregunta a todos los seres visibles. Todos te responderán: «Mira, somos bellos». Su hermosura es su confesión. ¿Quién hizo estas cosas bellas, aunque mudables, sino el inmutablemente bello? (S. Agustín, Sermón 241, 2.2)

Si todavía te preguntas ¿Dónde estás Dios?, te animo a dejarte interpelar por el grito de la creación, todas las creaturas proclaman: fuimos creadas por Dios.

Toda la creación que nos rodea es un gran regalo de Dios, que debemos descubrir y proteger para compartir esta tierra con nuestros hermanos y con las futuras generaciones. Estamos llamados a recibir con alegría todas las maravillas de Dios y a preservarlas, haciendo uso de ellas, sin explotarlas.

Deseo que todos nos encontremos con Dios a través de su hermosa creación y juntos proclamemos como lo hizo San Francisco:

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento. Alabado seas, mi Señor por la hermana Agua, la cual es muy humilde, preciosa y casta. Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.” (Fragmento del “Cantico de las Criaturas” compuesto por San Francisco de Asís)


¿Vos como te encontras con Dios? - Dejá tu comentario


Diego Olivera


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