martes, 27 de agosto de 2019

"ENCARNACIÓN E INCULTURACIÓN (Sínodo de la Amazonia)" - Marcelo Figueroa



"Encarnación e inculturación" en base al Instrumentum Laboris del Sínodo de la Amazonía y tomando como base el libro "Hacia el Sínodo Panamazónico".

“Lo que no es asumido no es redimido”. Este principio misionológico de San Ireneo proporciona un sustrato ineludible cuando hablamos de encarnadura e incultura del Evangelio. Expresamente citado en el Instrumentum Laboris del Sínodo para la Amazonía, es un faro que ilumina los tres primeros capítulos del apartado III en donde se desarrollan extensa y profundamente estos dos pilares para una pastoral dialogante con la cosmovisión amazónica. 

Luego de un proceso de reflexión conjunto entre Amerindia y la Red Eclesial Panamazónica –REPAM, en donde participaron 28 teólogos-as y pastoralistas, principalmente de América Latina y el Caribe salió a la luz un volumen muy valioso: “Hacia el Sínodo Panamazónico – Desafíos y aportes desde América Latina y el Caribe” . Este material que considero de referencia ineludible, destina un apartado completo para profundizar sobre estos dos conceptos “Encarnación e Inculturalización”. A riesgo de pecar de reduccionista, ofrezco en este artículo algunos conceptos centrales de ese segmento, reiterando mi humilde sugerencia a que el libro sea leído y estudiado en su totalidad. En respeto a trabajo realizado, los párrafos seleccionados son citados textualmente a continuación. Las grandes distancias y diversidades de la Amazonía advierten del peligro de un neocolonialismo cultural, de la centralización administrativa y de una visión unilateral del pensamiento humano. Éstas produjeron también grandes distancias pastorales.

Una Iglesia con rostro indígena será una Iglesia postcolonial, plural y cercana a las respectivas culturas locales, teniendo en cuenta que no sólo la Amazonia, sino el mundo es una realidad pluriétnica, pluricultural y plurirreligiosa. Los grandes esfuerzos pastorales de la Iglesia posconciliar en la Amazonía no consiguieron superar plenamente su pasado colonial en sus estructuras, celebraciones y teologías, y construir Iglesias más próximas, descentralizadas y con rostro amazónico. El misterio de la encarnación, la práctica de la inculturación y la descentralización, y la política social de la solidaridad como partes integrantes de una “ecología integral” pueden guiar hacia la superación real de esas distancias e impulsar, siguiendo la propuesta del Sínodo, los “nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”.

Jesús, siguiendo su naturaleza humana, nació en Belén y fue criado en Nazaret, donde tuvo una existencia social (se enculturó) en la cultura de sus padres. Hasta aquí no hubo inculturación en una cultura extraña. Él aprendió desde la niñez su propia cultura como nosotros lo hacemos. Como persona divina, sin embargo, podemos analógicamente decir, que Él salió de su ‘patria divina’ y se inculturó en su ‘patria humana’. Su ‘patria divina’ no era sólo otro país o continente, sino otra realidad, concebida en nuestra fe como una realidad totalmente diferente, donde él fue “generado, no hecho” (genitum non factum).

En un contexto pluricultural o de hegemonía cultural, la asunción de la propia alteridad es esencial. Los pueblos amazónicos, indígenas y no indígenas, requieren continuamente de resistir contra cualquier intento de destrucción de su identidad/alteridad para la asimilación o integración bajo los patrones culturales dominantes, viciados por la perspectiva de lucro, crecimiento y aceleración.
En el plano cultural, la reducción de la diversidad de los pueblos indígenas, la integración en el proyecto hegemónico y la imitación de la cultura dominante fueron las exigencias del razonamiento colonial. Muchos pueblos no aceptaron asentar su vida en el tripié reducción-integración-imitación y fueron masacrados, otros asumieron el cristianismo como ‘religión estratégica’ para relacionarse diplomáticamente con la sociedad envolvente. 

Por la encarnación, como prototipo análogo de inculturación, Dios tejió nuevamente una interrelación rota entre el Creador y la criatura, redimió a la humanidad, a la naturaleza, al planeta Tierra y a todo el cosmos. ‘Redimir’ quiere decir, ponerse en comunicación, hacer nuevamente a la humanidad y a la naturaleza ‘cercanas’. La cercanía posibilita que todo y todos estén al servicio recíproco en el interior de una “ecología integral” . Y esto “exige sentarse a pensar y a discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo. No está de más insistir en que todo está interconectado” , incluso “la relación íntima entre los pobres y la fragilidad del planeta” . La diversidad cultural apunta hacia una inculturación o encarnación más real, concretamente para la asunción de los modos de vida y de las culturas en su diversidad.

La ‘encarnación’ y la ‘inculturación’ restablecerán una proximidad comunicativa, amorosa y servicial entre Dios, la humanidad y la naturaleza.


Publicado en el L'osservatore Romano
el 14 de Julio, 2019

Autor: Marcelo Figueroa
(Presbítero de la Iglesia Presbiteriana y columnista del L'osservatore Romano)

Todos los martes encontraran en este blog, una publicación sobre el "Sínodo de la Amazonia".

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miércoles, 21 de agosto de 2019

Kerigma y Catequesis N° 4: "Elementos constitutivos del acto catequético"


Hola Catequistas, tanto tiempo, como pasa volando y uno no se va dando cuenta, bueno espero que ahora mis publicaciones sean un poco más seguidas, porque tengo un montonazo de cosas para compartirles que son importantísimas. Comencemos con este artículo en el que les ofrezco entrar en los elementos constitutivos del acto catequístico, a la luz de los documentos latinoamericanos como fuerte sustento doctrinal de nuestra esencia latinoamericana.

Desde los principios generales de la pedagogía, de todo lo que nos puede aportar las diferentes ciencias humanas en torno al nuestros catequizandos, más adelante publicare un artículo sobre las etapas psicológicas de los chicos y cómo podemos acompañar mejor teniendo en cuenta sus procesos evolutivos. Descenderemos ahora al terreno de la praxis para descubrir qué es lo que se hace en catequesis y cómo se hace. Intentamos comprender las profundas relaciones que existen entre los diferentes momentos metodológicos y percibir su dinámica interna. Se pretende llegar al fondo de la pedagogía de la fe y no separarla de la metodología.

El acto catequético es el conjunto de acciones que posibilitan la transmisión de la palabra de Dios. Acciones educativas marcadas por la fidelidad a Dios, que es el que toma la iniciativa, y fidelidad a la persona, a sus experiencias y a su historia.

Sabiendo y comprendiendo esta definición basta para poder caminar seguros en este camino de la Catequesis, con otras palabras, es todo lo que podemos hacer para llevar a Dios a nuestros hermanos teniendo a Dios como protagonista y al hermano como receptor que tiene una experiencia, cultura, lenguaje , etc. propias e irreemplazables

Estas acciones catequéticas se desarrollan a lo largo del proceso catequético, en torno a tres elementos: 
1) la experiencia humana del educando; 2) la palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura y en la tradición viva de la Iglesia; 3) la expresión de la fe en sus diferentes lenguajes.

1. LA EXPERIENCIA. Concepto que expresa el conjunto de conocimientos adquiridos y asimilados en contacto con la realidad. Existe experiencia cuando se toma conciencia de lo vivido, se interpreta significativamente y se expresa a través de diferentes lenguajes. «La experiencia ejerce diversas funciones..., a la luz de las cuales la existencia misma debe ser siempre debidamente valorada... La iluminación y la interpretación de la experiencia a la luz de la fe se convierte en una tarea permanente de la pedagogía catequética... Esta tarea hace posible una correcta aplicación... entre las experiencias humanas... y el mensaje revelado» (DGC 153).
Es decir, se asume la experiencia humana para profundizarla y valorarla, dejándose interpelar por la propuesta y los criterios que brotan del evangelio. «La auténtica catequesis es siempre iniciación ordenada y sistemática a la revelación que Dios mismo ha hecho al hombre en Jesucristo..., pero no está aislada de la vida ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Se refiere al sentido último de la existencia y la ilumina, ya para inspirarla, ya para juzgarla, a la luz del evangelio» (CT 22).
En la misma línea, la catequesis latinoamericana en donde nosotros estamos inmersos, asume la experiencia como uno de sus postulados fundamentales. El documento de Puebla, en continuidad con Medellín, puntualiza la opción por una catequesis capaz de presentar la Revelación como la interpretación de la existencia a la luz de la palabra de Dios: «La fidelidad al hombre latinoamericano exige de la catequesis que penetre, asuma y purifique los valores de su cultura. Por lo tanto, que se empeñe en el uso y adaptación del lenguaje catequístico» (Puebla, 996).
En síntesis: “La experiencia humana entra en el proceso catequético por derecho propio”  (CC 223). Es troncal en nuestra catequesis que como hemos estado profundizando queremos que sea Kerigmática, pero si esta no tiene en cuenta la experiencia  y con lo que el catequizando vive  e interpreta de la realidad estamos remando en dulce de leche.

2. LA PALABRA DE DIOS. En el proceso catequético no es suficiente educar en la experiencia humana para vivirla conscientemente; la catequesis pretende que la palabra de Dios ilumine y ayude a interpretar la existencia, dándole sentido y orientación. «La catequesis ha de estar totalmente impregnada por el pensamiento, el espíritu y actitudes bíblicas y evangélicas» (CT 27). Por consiguiente, el primer lenguaje de la catequesis es el bíblico, porque la Sagrada Escritura contiene la experiencia religiosa de Israel y la experiencia religiosa de Jesús de Nazaret y de las primeras comunidades cristianas; estas formas de vivir la fe nos revelan el proyecto salvador de Dios, comunican las primeras experiencias cristianas; por eso son uno de los elementos fundamentales del acto catequético.
Estas experiencias cristianas han sido vividas y manifestadas de muchas maneras a lo largo de la historia. Por eso al hablar de palabra de Dios, nos referimos:
1) a la Sagrada Escritura (experiencias fundantes);
2) al Símbolo de nuestra fe (el credo o la síntesis de fe de la comunidad eclesial), y
 3) a la tradición viva de la Iglesia (en continuidad con las experiencias vividas por los apóstoles y primeras comunidades, la Iglesia universal va expresando su fe a lo largo de la historia).

La tarea de la catequesis no es repetir de forma mecánica esta palabra de Dios; es darla a conocer actualizándola, para que pueda ser conocida y confrontada con las experiencias humanas. De ahí que la catequesis sea el ámbito donde se da el encuentro entre el grupo y la palabra de Dios; sin esta propuesta de fe no puede existir catequesis.
La Palabra de Dios es nuestra brújula en el camino de la catequesis, sin ella nada podemos hacer, no podemos pensar una catequesis, llena de actividades, dinámicas, salidas, celebraciones, etc., sin que antes nuestros catequizandos tengan un encuentro vivo con la Palabra misma de Dios que les quiere hablar al corazón.
El documento de Puebla ve la Escritura como el corazón, la fuente y espina dorsal de la catequesis, «alma de la evangelización... que debe ser leída e interpretada dentro de la fe viva de la Iglesia» (Puebla, 372). En Medellín se pedía a todo el pueblo latinoamericano, «expresar incesantemente de nuevas maneras el evangelio, en relación con las formas de existencia del hombre, teniendo en cuenta los ambientes humanos étnicos y culturales y guardando siempre fidelidad a la Palabra revelada» (Medellín, 8,15).


3. LA EXPRESIÓN DE LA FE. La experiencia humana interiorizada e integrada en la estructura personal necesita ser expresada a través de los diferentes lenguajes. «Esta fe, que penetra y transforma la totalidad de la personalidad creyente, se expresa mediante la profesión o proclamación de la misma, la celebración y el compromiso cristiano » (CC 234).

Señalamos las tres expresiones fundamentales de la experiencia cristiana:
1) La profesión de fe, a través de la cual los catecúmenos «dicen su fe» (credo), tan importante para cada cristiano, porque reconoce su fe  y la profesa públicamente.
 2) La celebración litúrgica, en la que los creyentes celebran su fe. Debemos incentivar en nuestros catequizandos la importancia de la participación, pero de manera activa dentro de las celebraciones litúrgicas. Ahí también va a tener un fuerte protagonismo nuestra creatividad a la hora de presentarles el misterio que celebramos, no quiere decir esto que la misa debe ser más creativa, sino que debemos revelarles cual es la importancia  y el valor de la misma.
 3) El compromiso, que es la expresión ética de la fe, con vistas a la transformación de la sociedad, según los criterios y principios evangélicos.
Cabe decir que el acto catequético es eminentemente una acción educativa en la que se interrelacionan los elementos tratados: la experiencia humana, la palabra de Dios, la expresión de la fe. Esta última hace la síntesis de las dos anteriores, desde mi propia experiencia como niño, joven o adulto, voy a proclamar la Palabra de Dios, voy a dar testimonio de mi fe.
Esta debe ser la finalidad de la catequesis a la que tanto  empeño y amor le ponemos, no es nuestro logro el que buscamos, debemos buscar que nuestros catequizandos se encuentren mediante su experiencia con la Palabra de Dios que habla al corazón y una vez conociendo y amando a quien supo dar su vida por cada uno, salgan a  anunciar que él VIVE Y NOS QUEIRE VIVOS, como tanto ha proclamado el Papa Francisco en la Exhortación a los jóvenes, que dicho de paso es un recurso valiosísimos para quienes trabajan con adolescentes  y jóvenes.


Y ustedes dirán se ha olvidado de algo, no, no es así, FELIZ DIA DE LOS CATEQUISTAS, que decirles que no venga diciendo en la anteriores publicaciones. Gracias una y otra vez, Gracias!!! Porque ustedes son los que hacen crecer la Iglesia, mediante el empeño y el amor con que cada semana enfrentan  a un grupo de catequizandos para hacerlos  crecer  en la fe y en amor en Aquel que supo cautivar nuestro corazón  y  a quien de manera incondicional servimos. Que Dios  por la intercesión de Pio X, renueve todo en tiempo su vocación a esta tarea evangelizadora  y María  Madre de los Catequistas, que es Maestra nos cubra con su manto de sabiduría. Nos Vemos en la próxima!!!

Bibliografia:

·   Encíclica Catechesi Trandendae – Juan Pablo II, 1976 (CT)
·   Documento de Medellín, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 1968
·    Documento de Puebla, III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 1979
·  “La Catequesis de la Comunidad”, orientaciones pastorales para la catequesis en España  (CC)

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martes, 20 de agosto de 2019

"TIERRA, MADRE DE TODOS" - Marcelo Figueroa



"La importancia de las traducciones bíblicas en lenguas amazónicas y su rol en la ecología integral."

Mucho más que oportuna y urgente es la sugerencia “Incentivar la traducción de la Biblia a las lenguas originales de la Amazonía” en el Instumentum Laboris del Sínodo. Además, que ésta se enmarque dentro del capítulo de “Diálogo ecuménico e interreligioso” no solo le da un contenido ecológico integral religioso y lingüístico, sino que representa un continente ecológico integrador para el cuidado de la casa común desde una mirada antropológica y de subsistencia para estas comunidades aborígenes amazónicas.

Las ciencias de las traducciones bíblicas han debido transitar un camino integrador, inclusivo y ecuménico desde lo teológico y misionológico para volver a la misma raíz incultural de la Palabra encarnada (San Juan 1,14a) y al mismo tiempo transitar caminos para que “a partir de las Sagradas Escrituras procurar dar un testimonio común” , de una evangelización sin conquistas. 

De las antiguas traducciones que realizaban los misioneros que se esforzaban por aprender los idiomas originarios, se pasó a la imprescindible tarea de los referentes lingüísticos de esos pueblos para que sirvan como base y desarrollo del texto traducido. Entonces, la literalidad en la traducción debió por fin dejar paso a la dinámica y vitalidad idiomática de cada etnia, conservando su cosmovisión, costumbres, hábitat, cultura y costumbres. En esta tarea resulta fundamental el rol de la mujer aborigen que a menudo se constituye en la reserva idiomática de su comunidad y la garantía de conservación temporal lingüística al utilizar su propio idioma en el cuidado de los niños. Un ejemplo clave de ello es la conservación y desarrollo del guaraní en donde el lugar de la mujer que, sobreviviendo a la guerra del Chaco resistió la conquista idiomática de la lengua de su corazón y fundó las bases para que este idioma aborigen sea ahora lengua oficial de Paraguay. 

La admirable interacción de los habitantes de las comunidades aborígenes amazónicas con lo creado resultará fundamental para la correcta traducción de la enorme variedad y cantidad de elementos de la fauna, flora y cosmos en los relatos bíblicos que en sus lenguas fuentes son propias de un hábitat de origen muy diferente. Por otro lado, el concepto de distribución comunitaria de los bienes de la tierra - que a muchas traducciones bíblicas le dificultó la comprensión y traducción del término “ayuno” como privación de comer lo que se tiene hoy por la gracia de la Madre Tierra - serán desafíos maravillosos para esas traducciones. Ambos conceptos, el de un bienestar comunitario solidario y el de una Madre Tierra proveedora y acogedora expresadas en una traducción, despejarán por sí solas el avance de algunas teologías apocalípticas, dominianistas y de prosperidad individual que “impactan negativamente en grupos amazónicos”.

Por otro lado, que “otros grupos que están presentes en medio de la selva amazónica junto a los más pobres realizando una labor de evangelización y de educación…permite que ellos divulguen la Biblia traducida a las lenguas originarias ”, presenta por lo menos dos desafíos y contribuciones socio-culturales. En primer lugar, los miles de vocablos necesarios para traducir el texto bíblico - que dicho sea de paso muchas veces no superan al enorme volumen idiomático de estas comunidades - se constituirán tal la experiencia con otras traducciones aborígenes en una suerte de diccionario impreso. Este valor bibliográfico, sería un aporte fundamental en la preservación y fijación del idioma aborigen en el concierto de la ecología idiomática y una fortificación lingüística en su histórica defensa por su libertad e independencia cultural. Por otro lado, sería imprescindible abordar las traducciones aborígenes en formatos de audio-escrituras. Esto no solo contribuiría a reconocer la valoración de sus idiomas orales o ágrafos como su propio universo cultural, sino que se insertaría en las raíces mismas de las ciencias bíblicas que reconocen a la transmisión oral como inicio y fuente de conservación de los relatos sagrados. 

Por todo ello, que los biblistas, teólogos y agencias bíblicas de todas las confesiones cristianas comiencen a trazar líneas de trabajos en estas direcciones tal como lo sugiere el documento comentado, resultará fundamental para que estas traducciones, siempre realizadas a pedido de las comunidades aborígenes, se constituyan en puentes de encuentro y de integración en la ecología integral expresada en los términos del primer párrafo de este artículo. "

Publicado en en L’Osservatore Romano,
7 de Julio, 2019



Autor: Marcelo Figueroa
(Presbítero de la Iglesia Presbiteriana y editor del L'osservatore Romano en Argentina)

Todos los martes encontraran en este blog, una publicación sobre el "Sínodo de la Amazonia".

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martes, 13 de agosto de 2019

"Una Iglesia de rostro amazónico y el escándalo de la inculturación" - P. Quique Bianchi





Uno de los tantos senderos que se abrieron en el posconcilio es el de pensar la evangelización como una inculturación del Evangelio. Juan Pablo II impulsó fuertemente esta perspectiva considerando la inculturación como un “hermoso neologismo” que “expresa muy bien uno de los componentes del gran misterio de la Encarnación”.[1] Si buscamos una definición sintética, podemos tomar la expresión del Sínodo de 1985 que entiende a la inculturación como “una íntima transformación de los auténticos valores culturales por su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en todas las culturas humanas”.[2]

Hasta aquí todos de acuerdo. Cuando se trata de la inculturación como un principio teológico pastoral parecería que todas sus consecuencias pueden contenerse en consensos de escritorio. Pero este año la Iglesia está por celebrar un Sínodo sobre los desafíos que presenta la Amazonía. Se trata una región que debido a la riqueza de sus recursos y el estado de amenaza en que se encuentra entraña una problemática que es de vital importancia para el futuro de la humanidad. A esto se suma el hecho de que en su seno viven comunidades indígenas a las que la Iglesia quiere anunciarles el Evangelio y que se encuentran en un proceso de inculturación incipiente. El Sínodo quiere buscar nuevos caminos para profundizar esta misión. Pasar de una Iglesia para los indígenas a una Iglesia indígena. El cardenal C. Hummes, relator general del Sínodo, lo explica en una entrevista a La Civiltà Cattolica: “Nosotros, sobre todo a partir de las grandes Conferencias del episcopado latinoamericano, hemos buscado ser una Iglesia indigenista, que considera a los indígenas como objeto de pastoral, pero no todavía como protagonistas de la propia experiencia de fe. Pero esto no basta. Ahora sabemos que debemos dar un paso más: debemos promover una Iglesia indígena”.[3]

La inculturación engendra historia

Esta coyuntura nos pone ante la posibilidad cierta de que el planteo de la inculturación tome protagonismo no sólo en el plano de los principios o de la explicación del pasado sino en la creación de la historia. Como sabe cualquiera que siga las noticias eclesiales, la reacción a los primeros trabajos del Sínodo no se ha hecho esperar. Algunas críticas son “las de siempre”, las que ven demonios conduciendo todos los procesos posconciliares, o una pluma roja detrás de cada palabra escrita a favor de los pobres. Pero otras son más serias. Incluso -como un testimonio del clima de diálogo de este pontificado- algunas proceden de altos funcionarios de la Iglesia que no temen expresar sus posturas aunque éstas arrojen sombras sobre posicionamientos del papa Francisco.

Toda crítica bienintencionada merece ser pensada y puesta en diálogo. No lo hacemos en este caso desde el lugar de quien conoce la problemática misionera del Amazonas, sino desde la búsqueda de una profundización de la reflexión teológica sobre la inculturación desde América Latina. En concreto, sólo queremos detenernos brevemente en una idea: algunas críticas hacen pensar que la inculturación participa del escándalo de la Encarnación (entiéndase que estamos en el terreno de las analogías). Bien sabemos los cristianos que sostener que el mismo Dios Todopoderoso haya asumido la debilidad de la carne en el seno de María está lleno de consecuencias que resultan difíciles de digerir. Incluso en nuestro proceso de conversión personal se levantan permanentemente resistencias interiores frente a las nuevas facetas que nos va presentando semejante misterio. Tal vez algo análogo suceda en el interior del cuerpo eclesial cuando se quiere llevar a fondo el planteo de la inculturación del Evangelio en nuevas culturas y éstas nos muestran un nuevo modo cultural de ser Iglesia.

La inculturación choca con el eurocentrismo

Un primer escándalo que produce profundizar la evangelización en clave de inculturación es que dinamita cualquier intento de eurocentrismo. Reconocer que “ninguna cultura agota el misterio de la redención de Cristo”[4] choca con la pretensión de normatividad que a veces presenta el cristianismo de cuño europeo. Hablamos en este caso, no de Europa como hecho geográfico sino como fenómeno cultural. Se puede ser culturalmente europeo sin haber pisado el viejo continente. Para una idea general acerca de qué se entiende por cultura europea podemos tomar las palabras de Benedicto XVI: “La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma”.[5] El llamado “Occidente cristiano”. Sócrates, Cicerón y Jesucristo. Pero también Descartes, Lutero y Voltaire. Y tantos otros. Es indudable que en esta cultura la humanidad ha llegado a un alto grado de desarrollo. Incluso en el plano del pensamiento cristiano se ha logrado una rica profundización de la revelación que es un tesoro de la Iglesia. Pero este valor eminente no la hace universal ni le da derecho de presentarse como normativa. Sin embargo, de la mano de sus innegables logros -y del colonialismo de los últimos siglos-, esta cultura se ha extendido por todo el mundo exhibiendo una cierta pretensión de universalidad.

Profundizar procesos de inculturación y reconocer que otros pueblos puedan ser sujetos creadores de una cultura cristiana llevaría a “descentrar” culturalmente la Iglesia. Entenderla como un sujeto intercultural la convertiría en un mosaico donde otras culturas además de la europea tengan carta de ciudadanía cristiana. No se trata de un rechazo a la cultura europea sino de sosegar su vocación hegemónica. Eso es algo todavía pendiente y que Francisco -un papa venido de otro paradigma cultural como es el latinoamericano- reclama vehementemente. En Evangelii Gaudium hay todo un apartado sobre el tema bajo el título “Un pueblo con muchos rostros” (115-118). Allí, a partir del principio de que “la gracia supone la cultura” fundamenta teológicamente la posibilidad de un cristianismo pluricultural y reclama enfáticamente: “no podemos pretender que los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia, porque la fe no puede encerrarse dentro de los confines de la comprensión y de la expresión de una cultura.[6]

Esto lleva a pensar que tal vez muchas de las resistencias a los procesos de cambio que inicia el papa Francisco tengan que ver con esta interculturalidad que reclama para la Iglesia. Algo así afirmaba en estos días una intelectual italiana en una entrevista a L´Osservatore Romano. Decía que no recuerda un papa tan atacado desde adentro de la Iglesia como ahora y atribuye el fenómeno a “la forma eurocéntrica que el catolicismo ha tomado y que contradice su vocación universal”.[7] Según esto, Europa no está preparada para recibir el modo eclesial de América Latina que representa Francisco. Y debe convertirse.

Un ejemplo claro es la discusión sobre el perfil que tendrían que tener los sacerdotes de una Iglesia indígena. Hay quienes consideran insostenible la posibilidad que éstos no lleven en sus alforjas a San Agustín y Santo Tomás. O se rasgan las vestiduras frente a la idea de que la Iglesia indígena confiera el orden sagrado a ancianos con familia. Parecería que consideran más factible comunidades cristianas sin Eucaristía que introducir novedades en la disciplina de la Iglesia latina. A estos planteos, el cardenal Hummes les recuerda que el ministro debe ser pensado a partir de la comunidad: “Muchas veces existe la preocupación de trasplantar los modelos de los sacerdotes europeos a los eventuales sacerdotes indígenas. Pero alguien alertaba, con razón, de que hay demasiada preocupación y prioridad acerca del perfil del ministro ordenado más que de la comunidad que debe recibir al ministro. Al contrario, la comunidad no es para su ministro, sino el ministro para su comunidad”.[8] En estas afirmaciones de sentido común evangélico resuenan las palabras del Maestro: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc 2,27).

La paradoja de una acción inculturada

Otra dificultad que aparece cuando pensamos la evangelización en clave de inculturación es la que viene de considerar el principio divino-humano de la acción evangelizadora. El verdadero protagonista de la inculturación es el Espíritu Santo. La íntima transformación de los valores de las culturas, la hace el Espíritu Santo que es quien transforma los corazones. Esto no hay que perderlo de vista. A veces en pastoral hablamos más de nuestras acciones que de la acción de Dios. Nuestro trabajo evangelizador, siempre necesario en esta economía, es instrumental. Colaboramos “como instrumento de la gracia divina que actúa incesantemente más allá de toda posible supervisión”.[9]  Esto hace que en la acción pastoral con la que buscamos la inculturación siempre haya una dimensión de misterio que escapa a nuestro entendimiento y reclama la fe.

martes, 6 de agosto de 2019

"El Sínodo Amazónico" - Un nuevo sínodo, preguntas y respuestas

Queridos amigos y seguidores de este blog, faltan tan solo dos meses para que se de inicio a un nuevo sínodo de los obispos, te invitamos a conocer más sobre el sínodo de la amazonia, todos los martes compartiremos en este blog publicaciones de distintos autores que nos ayudaran a profundizar los distintos tópicos de este sínodo. A continuación compartimos un articulo como introducción al sínodo: 



Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica: 6 - 27 Octubre 2019

"Amazonía: Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral"




¿Qué es el Sínodo de los obispos y cuando se instituyó?


El Sínodo de los Obispos fue instituido por San Pablo VI el 15 de septiembre 1965 a través del Motu Proprio Apostolica Sollicitudo. Su creación tuvo lugar en el contexto del Concilio Vaticano II, que con la Constitución Dogmática Lumen gentium (21 de noviembre de 1964), se había concentrado ampliamente sobre la doctrina del episcopado, convocando a una mayor participación de los Obispos, en las cuestiones que interesan a la Iglesia Universal.

El Decreto conciliar Christus Dominus (29 de octubre de 1965) describe de esta manera el reciente Organismo instituido: «Los Obispos elegidos de entre las diversas regiones del mundo, en la forma y disposición que el Romano Pontífice ha establecido o tengan a bien establecer en lo sucesivo, prestan al Supremo Pastor de la Iglesia una ayuda más eficaz constituyendo un consejo que se designa con el nombre de sínodo episcopal, el cual, puesto que obra en nombre de todo el episcopado católico, manifiesta, al mismo tiempo, que todos los Obispos en comunión jerárquica son partícipes de la solicitud de toda la Iglesia»(n. 5).

¿Cuáles son las fases de un Sínodo?

Recientemente, el Papa Francisco, con la Constitución Apostólica Episcopalis communio (15 de septiembre de 2018), ha renovado profundamente el Sínodo de los Obispos, incluyendo en el marco de la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia, a todos los niveles de su existencia. En particular, el Sínodo viene comprendido como un proceso articulado en tres fases: la fase preparatoria, en la que tiene lugar la consulta al Pueblo de Dios sobre temas indicados por el Sumo Pontifice; la fase celebrativa, caracterizada por la reunión de los Obispos en asamblea; la fase de actuación, en la que las conclusiones del Sínodo, aprobadas por el Romano Pontífice, deben ser acogidas por la Iglesia. Por lo tanto, la fase central, cuando los pastores se dedican al discernimiento, está precedida y sucedida por fases en las que se involucran a la totalidad del Pueblo de Dios, en la pluralidad de sus componentes.

¿Por qué un Sínodo para la Amazonía?


El pasado 15 de octubre del 2017, Papa Francisco convocó una Asamblea Sinodal Especial sobre la Panamazonía, indicando que el principal objetivo es “encontrar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, sobre todo de los indígenas, muchas veces olvidados y sin una perspectiva de un futuro sereno, también por la causa de la crisis de la deforestación amazónica, pulmón de fundamental importancia para nuestro planeta”.



El Sínodo Amazónico es un gran proyecto eclesial, cívico y ecológico que mira a superar los confines y redefinir las líneas pastorales, adecuándolas a los tiempos contemporáneos. La Panamazonía está formada por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Suriname, Guayana y Guayana Francesa, se trata de una región que es una importante fuente de oxígeno para toda la tierra, donde se concentran más de un tercio de las reservas forestales primarias del mundo. Es una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta, conteniendo el 20% del agua dulce no congelada.

La primera vez que el Papa tocó territorio amazónico (en Perú) el 19 de enero del 2018, expresó su preocupación por los indígenas afirmando: “Probablemente, los pueblos originarios amazónicos, nunca estuvieron tan amenazados como ahora. La Amazonía es una tierra disputada desde varios frentes”. En esa ocasión inauguró oficialmente la preparación para el evento que tendrá lugar en octubre del 2019.

La población de este vasto territorio es de cerca de 34 millones de habitantes, de los cuales más de tres millones son indígenas, pertenecientes a más de 390 grupos étnicos. Pueblos y culturas de todos los tipos como los afrodescendientes, campesinos, colonos, que viven en una relación vital con la vegetación e con las aguas de los ríos.

La Justicia Social y los derechos de estos pueblos son una indicación prioritaria para el Papa Francisco que reiteró: “El problema esencia es cómo reconciliar el derecho al desarrollo, incluso social y cultural, con la tutela de las características propias de los indígenas y de sus territorios”. (III Fórum de los Pueblos Indígenas, el 15 de febrero del 2017)

Aunque la temática se refiera a una región específica, como la Panamazonía, las reflexiones propuestas van más allá del territorio geográfico, pues abarcan toda la Iglesia y se refieren al futuro del planeta.

Según el Documento Preparatorio (n. 12) “la Asamblea Especial para la Panamazonía está llamada a encontrar nuevos caminos para hacer crecer el rostro amazónico de la Iglesia y también para responder a las situaciones de injusticia de la región”.

¿Como está compuesto este Sínodo?

El Sínodo tiene una Secreteria General compuesta por un Secretario General, un Sub-Secretario y algunos Consejos de Obispos, que se reúnen en distintos tipos de Asambleas:

Asamblea General Ordinaria para los asuntos relacionados con el bien de la Iglesia Universal;

Asambleas Generales Extraordinarias, para cuestiones de consideración urgente;

Asambleas Especiales, que trata temas concernientes a una o más regiones determinadas.

El Consejo está compuesto por 18 miembros, nombrados el pasado 8 de marzo 2018 directamente por el Santo Padre .

Además del Secretario General y el Subsecretario los miembros son: 

1.  Card. Cláudio HUMMES, O.F.M., Arzobispo emérito de San Pablo (Brasil), Presidente de la Red Eclesial Panamazónica.

2.  Card. Peter Kodwo Appiah TURKSON, Prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral.

3.  Card. Carlos AGUIAR RETES, Arzobispo de Ciudad de México (México).

4.  Card. Pedro Ricardo BARRETO JIMENO, S.I., Arzobispo de Huancayo (Perú), Vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica.

5.  Mons. Paul Richard GALLAGHER, Arzobispo titular de Hodelm, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede.

6.  Mons. Edmundo Ponciano VALENZUELA MELLID, S.D.B., Arzobispo de Asunción (Paraguay).

7.  Mons. Roque PALOSCHI, Arzobispo de Porto Velho, Rondônia (Brasil).

8.  Mons. Oscar Vicente OJEA, Obispo de San Isidro, Presidente de la Conferencia Episcopal (Argentina).

9.  Mons. Neri José TONDELLO, Obispo de Juina, Mato Grosso (Brasil).

10. Mons. Karel Martinus CHOENNIE, Obispo de Paramaribo (Surinam).

11. Mons. Erwin KRÄUTLER, C.PP.S., Prelado emérito de Xingu, Pará (Brasil).

12. Mons. José Ángel DIVASÓN CILVETI, S.D.B., Vicario Apostólico Emérito de Puerto Ayacucho (Venezuela), Obispo titular de Bamaccora.

13. Mons. Rafael COB GARCÍA, Vicario Apostólico de Puyo, Obispo titular de Cerbali (Ecuador).

14. Mons. Eugenio COTER, Vicario Apostólico de Pando, Obispo titular de Tibiuca (Bolivia).

15. Monseñor Joaquín Humberto PINZÓN GÜIZA, I.M.C., Vicario Apostólico de Puerto Leguízamo-Solano, Obispo titular de Ottocio (Colombia).

16. Mons. David MARTÍNEZ DE AGUIRRE GUINEA, O.P., Vicario Apostólico de Puerto Maldonado, Obispo titular de Izirzada (Perú).

17. Hermana María Irene LOPES DE LOS SANTOS, S.C.M.S.T.B.G., Asesora de la Comisión Episcopal para la Amazononía de la CNBB.

18. Sr. Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la REPAM (Ecuador)

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Leer Instrumentum Laboris del Sínodo para la Amazonía


Fuente: Pagina oficial del Sínodo Amazonía: Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral

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