domingo, 14 de junio de 2026

Meditamos el Evangelio de este Domingo con Fray Josué González Rivera OP



Lecturas del día Libro del Éxodo 19,2-6. Salmo 100(99),2.3.5. Carta de San Pablo a los Romanos 5,6-11.

Evangelio según San Mateo 9,36-38.10,1-8.

Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan;
Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo;
Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos.
"Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente."

Homilía por Fray Josué Jordán González Rivera, OP

Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha

En el Tiempo Ordinario estamos siguiendo la lectura del Evangelio de san Mateo, donde Jesús es presentado como el nuevo Moisés. No obstante, está claro que Jesús va a ser más que un simple profeta: es el Hijo de Dios mismo, como confesará aquel centurión romano al final del Evangelio después de atravesar su costado.

Nos encontramos, igual que el domingo anterior, en estos “evangelios del llamado y la misión”, donde Jesús va configurando su grupo de doce elegidos, que son los nuevos patriarcas del nuevo Israel, del nuevo Reinado de Dios. Hoy leemos una misión intermedia. Antes de mandarlos a todo el mundo después de resucitar, Jesús los envía primero a su país, dentro de las fronteras de Judea, para que quienes forman parte de la alianza de Moisés sean los primeros en experimentar la salud que viene de Dios. Así como Yahvé se compadeció de su pueblo sacándolo de Egipto, ahora Jesús se compadece de su pueblo al verle como “ovejas sin pastor”. Él va a ser el nuevo Pastor y, cuando ya no lo veamos físicamente, sus apóstoles ejercerán ese pastoreo, no por sus propias fuerzas, sino por la fuerza que les viene de lo alto, por la fuerza que brota de la nueva alianza realizada por Jesús, como nos lo recordaba san Pablo.

Desde hace algún tiempo me hace ruido esta frase “vocacional” que todos conocemos: “La mies es mucha y los trabajadores pocos”, porque pienso que nadie puede desentenderse de ser trabajador para esta cosecha. Todos los cristianos tienen que ser esos trabajadores. Como lo he dicho en otros espacios, aunque este es un texto que relacionamos con las vocaciones específicas al sacerdocio o a la vida consagrada, también es un llamado a la vocación universal de todos los cristianos. Los padres y madres de familia son los trabajadores que tienen la misión de cosechar frutos con sus hijos y familiares. Aquellos solteros profesionistas tienen la misión de ejercer su trabajo con honradez y esfuerzo. Niños, jóvenes, adultos y mayores: todos los cristianos estamos llamados a ser esos trabajadores en medio de este mundo, donde a veces nuestros prójimos también están como ovejas sin pastor.

Si nos sentimos parte del Reino de Dios, también nosotros somos llamados a compartir la Buena Noticia con todas las encomiendas que hemos leído en el Evangelio: expulsando males, curando enfermedades y actuando por compasión. Después vienen las misiones específicas de aquellos que se vuelven esposos, sacerdotes, consagrados o permanecen solteros, pero hay una vocación fundamental tememos todos. Todos somos llamados a servir y construir este Reino.

Este tema vocacional se conecta con el Evangelio de la semana pasada, donde veíamos una vocación específica: la de Mateo. Escribiendo en esta época del año y desde México, te comparto que la semana pasada, en el catecismo de mi convento, tratando de explicar estos evangelios a los niños, sentimos claramente en el ambiente una analogía que nos ayudó mucho: la convocatoria de un equipo o de una selección. Dios nos convoca y nos llama para ser parte de su equipo, para jugar de su lado. A diferencia de los equipos del mundial, que llaman al más famoso, al más fuerte o al mejor preparado, Dios te llama, así como estás. Ya te irá mejorando en el camino, pero ahora te llama, así como estás. No necesariamente llama a los mejores, pero sí a los que están dispuestos a escucharlo y a formar parte de su equipo.

El mundo de hoy hace oídos sordos y aparta la mirada de aquello que le duele e incómoda, de aquello que no necesariamente es bello o alegre. Se oculta lo débil y se ignora lo honesto. No somos ingenuos. Junto a la fiesta y la alegría de un acontecimiento global, también vemos los dolores y las angustias que provocan las distintas realidades del mundo en cada uno de nuestros países.

Ante eso, Dios nos llama a dar gratis lo que hemos recibido gratis: gratia gratis data. El nos lo da gratis cuando nos acercamos al altar a escuchar su Palabra y comer su Cuerpo. Así, mis espíritus inmundos son expulsados, mis impurezas y enfermedades van siendo sanadas, mi vida es resucitada, y después soy enviado a dar a los demás aquello que he recibido, les conduzco a que también vivan esto.

Pidámosle al Señor que nos haga sentirnos parte de su equipo; que sintamos el llamado a estar en su pueblo y a ser de su rebaño; y que podamos descubrir que Él es bueno, que su misericordia permanece para siempre y que su fidelidad dura por todas las generaciones. Amén.

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