viernes, 19 de marzo de 2021

Boletín de San José N° 1: "Amar al modo de José"


Queridos lectores, en el año de San José queremos ofrecer un boletín en homenaje a San José para profundizar en el conocimiento de la vida de este gran santo, se publicará el día 19 de cada mes. A continuación les compartimos el boletín N° 1:

Estamos celebrando el año de San José desde el 8 de diciembre de 2020 al 8 de diciembre de 2021, recordando los 150 años desde que fue declarado Patrono de la Iglesia. El papa nos invita a conocer más a este hombre de pocas palabras, pero mucha acción, a quien Dios confió su casa y su más grande tesoro: su Hijo amado.

Sabemos de José que es hijo de David, el carpintero de Nazaret, esposo de María, padre en la tierra del Hijo de Dios, el hombre de los sueños, a quien Dios habla a través de sus ángeles, el que no encontraba posada, el del pesebre, el que le puso al Verbo hecho carne el nombre de Jesús, el extranjero en Egipto, el providente para la familia de Nazaret, el que la sostenía con su trabajo, y hoy sigue sosteniendo espiritualmente y materialmente a la Iglesia. De allí el conocido “Ite ad Ioseph”, Id a José, como el pueblo de Egipto acudió a José, hijo de Jacob y salvó la vida del hambre, Id a José, porque quien va a él no vuelve con las manos vacías, y aún más Id a José porque quien va a él se encuentra con Jesús y María.

Podemos decir muchas cosas de San José y a su vez parece que no lo conociéramos del todo, pues bien solemos decir que a alguien se lo conoce por lo que ama, lo que le apasiona, de lo que habla a los demás, aquello por lo cual su corazón late; si nos encontramos con una madre lo más probable es que nos hable de sus hijos, si nos encontramos con un docente de sus alumnos y las clases, con un científico tal vez de su último descubrimiento, y ¿si no encontramos con José? Seguro nos habla de Jesús y María.
Y de este amor, de esta forma de amar es lo que queremos reflexionar hoy.

José ante todo es el hombre que supo amar, con profundidad, hasta el último latido, hasta el último aliento, de una forma creativa protegiendo, rezando, trabajando, en lo que Dios le pidiese y como Dios se lo pidiese. José amó sin reservas, con una afectividad sana pero también en medio de confusiones y debilidades, tuvo que ejercitarse en el amor para llegar a amar de una forma libre y no posesiva.
En medio de un mundo tan herido por la violencia, el desamor, la traición, la falta de vínculos sanos, y el deseo de posesión de los demás José aparece para nosotros como ejemplo. Podemos dirigirnos directamente a Él, con confianza para que nos ayude a nosotros a aprender a amar…
Tu modo José es siempre un ejemplo…cuando supiste del embarazo de María tu corazón se desgarró porque la amabas, pero ese mismo amor te llevó a vencerte a vos mismo para no acusarla, porque querías su bien. Sentiste en tu corazón el amargo sabor de la traición, lloraste y la desesperanza y el desconcierto te hicieron dormir, pero Dios se apiadó de tu dolor y tuvo en cuenta tu justicia y fidelidad.
Te despertó en sueños y te contó la verdad, la Verdad que te hizo libre… pero ¡que dilema era esa Verdad! Una Madre Virgen, y un Padre que no era sino la sombra del verdadero, tu esposa no era tu esposa y tu Hijo no era tu hijo, entonces ¿quién eras? Te habrá sido difícil a vos mismo saberlo, pero la Esperanza en Dios y sus promesas, la misma de tu padre David, estaba en tu corazón. 

El Ángel te dijo que no te fueras, y no te fuiste, y te alegraste de no tener que alejarte para siempre de María, no la tenías como habías pensado, pero ¡sí la tenías! La tenías en el Amor verdadero, que no es poseer sino estar, estar siempre al lado buscando el bien del otro. Te pusiste al servicio con todo lo que tenías y eras, y te convertiste querido José en el más fiel de los servidores de tu Señor.
Las dudas ciertamente no te dejaron, Dios nunca te habló sino sólo en sueños, aún así ¡tuviste fe!, aquella certeza de lo que no se ve.

Aunque más bien ¡Dios sí te habló de frente! Cuando te pedía que lo alces, que lo abraces, que le des agua, que le enseñaras a trabajar con esas manos que habían creado el mundo. José viviste con las personas que más amaron en el mundo, y estuviste a la altura de esa casa y de ese amor.

José rezaste mucho y ¡le enseñaste al mismo Dios a decir Shemá Israel!
José fuiste fiel al más puro de los amores, con todas las potencias y fragilidades de tu humanidad. El hombre más íntegro de la historia, probado con el yugo del pecado original pero siempre firme en el bien. José el soñador, como el de Egipto, el carpintero, el justo, el padre de Dios, su custodio valiente, y el castísimo esposo de la Virgen María, enséñame a ser fiel aunque no entienda, a tener fe aunque no vea claro, a escuchar con obediencia la voz de Dios, y a amar sin poseer aunque duela.

Acompáñame José cada día con tu modo, y cuando despierte del sueño como vos, pero no ya acá sino en la eternidad abrázame como verdadero Padre mío que sos y amigo, abrazo que aprendiste de Jesús y María. Amén

Que de un modo especial en este mes que lo recordamos, san José nos alcance de Dios esta gracia de saber amar y las intenciones que quedan en los latidos de nuestro corazón.

Hna. Antonella Maciel, op

Hnas. Dominicas de San José


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domingo, 14 de marzo de 2021

4° Domingo de Cuaresma - Homilía del Cardenal Eduardo Pironio




2 Cro 36,14-16.19-23 / Sal 136 / Ef 2,4-10


Evangelio según San Juan 3,14-21.

Dijo Jesús: De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

Homilía del Cardenal Eduardo Pironio (17 de Marzo, 1985)

Nos estamos acercando hacia la Pascua. Misterio central en nuestra vida cristiana, en nuestra vida de consagrados, porque nuestra vida, en definitiva, es una alegre y serena proclamación de que Cristo murió y resucitó. En la oración que acabamos de recitar hemos pedido al Señor que nos ayude a fin de que con fe viva y entrega generosa podamos disponernos a celebrar la Pascua ya muy cercana. Con fe viva y entrega generosa. O sea, viviendo en la luz, realizando la verdad, como dice Jesús en el Evangelio de hoy. Aceptando a Jesús, el enviado del Padre, el que vino para reconciliar al mundo con el Padre. Entrega generosa sobre todo en la caridad. Todo el camino de la Cuaresma está marcado por la caridad, la oración, la conversión.

Este domingo es un domingo particularmente lleno del gozo, de la confianza de la redención; antiguamente se llamaba el domingo de la alegría, domingo laetare. La antífona de entrada comienza así: festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría. Porque llega la Pascua, llega la redención. Todo el camino de Cuaresma debió ser un camino de alegría muy serena, muy honda, mucho más honda, mucho más fuerte, mucho más solemne que la alegría de la navidad. Estamos caminando hacia la plenitud de la navidad que es la Pascua. La encarnación de Jesús es encarnación redentora y tiene su punto final en el misterio de la muerte y la resurrección de Jesús, en el misterio de su exaltación.

El evangelio de hoy precisamente empieza con esa exaltación de Jesús. Jesús habla con Nicodemo y le dice: lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre para que todo el que cree en Él tenga vida. Es el misterio de la exaltación de Jesús hecho siervo, hecho hombre, hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Y por eso el Padre lo glorificó, lo exaltó, dándole un nombre superior a todo nombre, como nos dice Pablo en la carta a los Filipenses. Ilumina este domingo de la alegría la imagen pascual de Jesús levantado en la cruz para nuestra redención, para nuestra vida.

Entre tanto, de las lecturas que acabaos de hacer ¿cuáles son las ideas principales? Primera y fundamentalísima el amor gratuito, inmenso, exagerado de Dios. Amor exagerado de Dios. Lo dice Jesús en el evangelio: tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo, dio a su Hijo. El Hijo es el don del Padre así como el Espíritu Santo es el don del Hijo. Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo no para condenar sino para salvar, lo dio para que no perezca ninguno sino que todos tengan la vida eterna.

Todo el misterio de la semana santa, el misterio sobre todo de los días santos, del triduo santo, todo el misterio pascual tiene que estar iluminado con esta expresión tan simple. Hay almas que pasan años y años meditando esta expresión y de ahí no pueden salir. Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo no para condenar sino para salvar. Es el amor gratuito de Dios que aparece también en la segunda lectura, la carta a los Efesios: Dios rico en misericordia. La misericordia supone la miseria. Mirando nuestra miseria, por el gran amor con que nos amó -es decir por el excesivo amor con que nos amó- estando todavía nosotros muertos en el pecado nos ha hecho revivir con Cristo. Por pura gracia habéis sido salvados, es un amor gratuito. Y nos ha resucitado con Cristo y nos ha sentado en el cielo con Él.

Es interesante ver que el misterio realizado por Jesús ya está realizado por el Bautismo en nosotros. Por el Bautismo también nosotros vivimos, hemos sido resucitados y estamos sentados en el cielo ya. Así muestra Dios en todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Damos gracias hoy al Padre por su amor gratuito y por esta vida que ya está plantada en nosotros, por este cielo que ya está sembrado en nosotros. Vivimos resucitados, sentados a la derecha del Padre.

Y sigue todavía -por si nos queda duda- San Pablo a explicarnos que el amor de Dios es gratuito: estáis salvados por la gracia, mediante la fe. No se debe a vosotros sino que es un don de Dios. Es para saltar de alegría al pensar este amor misericordioso del Padre que en Cristo Jesús nos recrea, nos hace nuevos. Tampoco se debe a las obras para que nadie pueda presumir. Somos pues obra suya.

Entonces nos viene ciertamente a la memoria aquella imagen del profeta Jeremías que Dios nos hace como una arcilla que la modela a su gusto, nada mas que ahora nos ha modelado en Cristo Jesús. Somos obra suya. ¿Por qué? Porque Dios nos ha creado en Cristo Jesús. Esa es la primera idea fundamentalísima: Sentirnos amados profundamente por el Padre en Cristo y dejarnos amar por Él.

La segunda idea es la idea de la vida, de la vida nueva que hay en nosotros, de que somos creación nueva. En las invocaciones penitenciales recordábamos que hemos sido hechos nueva creatura por el agua y por el Espíritu Santo. El Bautismo nos hace creación nueva. Aquí Pablo dice que Dios nos ha creado en Cristo Jesús. Es una expresión que aparece mucho en Pablo: que somos creación suya. En 2 Co 5 nos dice que el que está en Cristo es una creación nueva, todo lo viejo pasó, quedó hecho el hombre nuevo. Somos creación nueva.

Y esta creación nueva, ¿cómo se da? Hemos vivido en Cristo, resucitado con Cristo y ya sentados con Él en el cielo, es decir, ya estamos glorificados. Por eso san Pablo nos dirá en la Carta a los Romanos que Dios a aquellos que amó los predestinó, a los que predestinó los llamó, a los que llamó los justificó, y a los que justificó los glorificó. O sea, sin esperar la llegada al cielo, ya estamos glorificados en la tierra porque en definitiva el cielo es Dios y Dios ya está en nosotros. Porque la vida eterna ya ha sido plantada en nosotros por el Bautismo. Vivimos la vida eterna.

Es Jesús el que nos está diciendo en el evangelio de hoy: tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo para que no perezca ninguno de los que crean, sino que tengan la vida eterna, ya ahora. Es una constante: el que cree en Él no será condenado, el que no cree en Él ya está condenado porque no tiene la vida. El que cree tiene la vida. Es una constante en el evangelio de Juan esta expresión: el que cree tiene la vida. El que come mi carne tiene la vida. Somos una nueva creación.

Hoy al mismo tiempo que damos gracias al Padre por su amor gratuito damos gracias por esta alegría inmensa de la vida nueva, de la creación nueva en nosotros por el Bautismo.

Pero ¿qué exige de nosotros esta creación nueva? Es la tercera idea. Vivir obrando la verdad. Es decir, vivir como hijos de la luz. Es Jesús el que nos habla hoy de la luz en el evangelio. Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz. El que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz. En cambio el que realiza la verdad se acerca a la luz. O sea, se trata de acoger por la fe a Jesús que es nuestra luz. Si hay todavía tanta sombra, tanta tiniebla, tanta angustia en nuestro interior es porque no ha entrado profundamente Cristo que es la luz. Dejemos que Él entre. El Padre es el que ha encendido esta luz en nuestros corazones. Dejemos que nos ilumine. Pero aceptemos a Cristo por la fe. Dejemos que entre por la fe. Pablo dirá en la Carta a los Efesios que Cristo habita por la fe en nuestros corazones. Aceptemos, acojamos a Cristo por la fe y obremos conforme a esta luz.

El amor del Padre gratuito que nos redime y nos hace vivir en Cristo Jesús. La vida nueva, nueva creación en Cristo, los que caminan ahora en la fe hacia la luz, desde la luz, con la luz adentro. Ya la primera lectura nos hablaba de este amor del Padre que nos hace nuevos, nos recrea, nos libera. La primera lectura es hermosísima. Dios que castiga al pueblo por su infidelidad y lo pasa a la esclavitud de Babilonia. Segunda gran esclavitud. Primero la de Egipto, segundo la de Babilonia. Jeremías el profeta anuncia el castigo y llama en la esperanza a la conversión. Aquí es llevado a Babilonia.

El Salmo responsorial nos cuenta hermosísimamente cómo los deportados, los exiliados en Babilonia no pueden cantar: que se me pegue la lengua al paladar, si no me acuerdo de ti, junto a los canales de Babilonia nos pedían que cantáramos, ¿cómo vamos a cantar un canto a Sión en tierra extranjera? Entonces Jeremías el profeta sigue ahondando esta esperanza y llega el momento en que Ciro, rey de Persia, los libera en nombre del Señor -Moisés los había liberado en el nombre del Señor en Egipto- y los lleva otra vez a la ciudad rehecha, al templo, a Jerusalén. El amor gratuito de Dios.

Demos gracias al Señor y que nos preparemos así para esta Pascua. Yo deseo de todo corazón una Pascua nueva, una Pascua muy honda, muy feliz. La Pascua en cierta manera que prepare en nosotros el encuentro definitivo, la Pascua definitiva. Nos lo conceda el Señor por medio de María, la que nos dio a Jesús, el Verbo encarnado.



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sábado, 6 de marzo de 2021

3° Domingo de Cuaresma - Homilía del Cardenal Eduardo Pironio




Exodo 20,1-17. / Salmo 19(18),8.9.10.11. / Corintios 1,22-25.

Evangelio según San Juan 2,13-25.

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

Homilía del Cardenal Eduardo Pironio (10 de Marzo, 1985)

Tercer domingo de Cuaresma. Nos vamos acercando hacia la Pascua. El Evangelio nos habla de Jesús que estaba en Jerusalén para la Pascua. A medida que nos vamos acercando tiene que crecer en nosotros la disponibilidad para escuchar la palabra del Señor. Así nos metemos en el corazón de la Virgen de la Cuaresma para que nos haga gozar de una Pascua muy honda, muy fecunda, muy nueva. A medida que pasa la Cuaresma vamos intensificando la alegría de nuestra caridad, la profundidad de nuestra oración, la autenticidad de nuestra penitencia, de nuestra conversión.

Todo es pascual en la liturgia de hoy. Pascual es este versículo que hemos rezado antes del evangelio que es el que ilumina todo el misterio pascual de Jesús -su muerte y resurrección- y es lo que ilumina también la luz de Dios con nosotros y lo que tiene que iluminar también nuestra vuelta cada día mas honda y generosa al Señor. Dios ha amado tanto al mundo que la ha dado a su Hijo, el que cree en él tiene la vida eterna. Dios no lo ha mandado al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Estas palabras de Jesús dichas a Nicodemo en la noche iluminan el misterio pascual, la muerte y la resurrección de Jesús. ¿Por qué? Porque Dios amó tanto al mundo que le dio a su Hijo, lo dio, es decir, lo envió; lo dio, lo mandó a la muerte; lo dio, lo entregó a cada uno de nosotros para que ese misterio de muerte y resurrección de Jesús naciera en nosotros, se hiciera vida en nosotros.

Un don pascual es la ley. La primera lectura nos cuenta la ley. Dios le habla a Moisés y le da el decálogo, la ley. La ley no es una imposición, la ley es una forma de entrar en comunión con Dios. Dios habla a su pueblo y le dice: ¿estás dispuesto a hacer esto? El pueblo responde: sí, lo haremos. Y entonces se hace la alianza, la comunión.

La alianza que está hecha de palabra de Dios y de respuesta del hombre, por eso el salmo responsorial nos está diciendo: Señor, tu tienes palabras de vida eterna. La ley es una palabra de Dios que nosotros acogemos, realizamos. Supone una propuesta de Dios y una respuesta nuestra, y entonces se hace la comunión entre Dios y nosotros.

Esa alianza se hace mucho más honda y nueva con la sangre de Jesús en la cruz mediante su misterio pascual. La alianza entonces reviste otra forma en el Nuevo Testamento. La alianza se presenta así: amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, con todo tu espíritu, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo, ¿estás dispuesto a hacer esto? Sí, estoy dispuesto. Entonces Cristo sella esa alianza con su sangre, y entramos en comunión con el Cristo muerto y resucitado. Por eso la primera lectura no es una simple imposición externa; es un anuncio, un signo, un principio de esa alianza que Jesús va a sellar mediante el misterio pascual en la cruz. Señor, tú tienes palabras de vida eterna. La alianza supone una propuesta de Dios, una aceptación nuestra, una respuesta nuestra.

Del misterio pascual nos habla la segunda lectura. El hermosísimo texto de la primera carta de Pablo a los corintios. Mientras los judíos andan buscando milagros y los griegos andan buscando sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado que es escándalo para los judíos, es locura para los paganos pero para aquellos que han sido llamados, para nosotros, es potencia de Dios y sabiduría de Dios. Toda nuestra vida está centrada en el misterio de Cristo crucificado pero no un Cristo derrotado, sino un Cristo Pascual, un Cristo muerto y resucitado. La gran sabiduría y la gran fuerza nuestra es Cristo y Cristo crucificado, no sabemos otra cosa, no predicamos otra cosa mas que el misterio pascual de Jesús, su muerte y resurrección. Por eso nuestra vida es una predicación y una celebración constante del misterio pascual. Está marcada por la cruz y la esperanza. Cristo crucificado y resucitado, sabiduría de Dios, potencia de Dios.

El Evangelio nos habla de la Pascua a través de la imagen del templo. Jesús dice: destruid este templo y yo lo voy a reedificar en tres días. Jesús había reivindicado la paz, la limpieza, con respecto al templo. Había echado del templo material a todos aquellos cambistas y negociantes. Los echó, tenían que respetar el templo. Ellos le preguntan con qué autoridad hace eso y Jesús les responde simplemente con esta alusión a su resurrección: destruid este templo y yo lo voy a resucitar, a componer en tres días; hablaba del templo de su cuerpo. Del templo material Jesús pasa al verdadero templo que es nuestro propio cuerpo, nuestro propio ser. Jesús era el templo donde habitaba la divinidad.

Nosotros, los bautizados, los ungidos, somos el templo donde habita la Trinidad. Por eso Pablo nos dirá: no destruyáis el templo de Dios que sois vosotros. Porque Dios os va a destruir a vosotros si destruís vuestro templo. ¿Cómo destruís vuestro cuerpo? Profanándolo con el pecado. Jesús dice: destruid este templo -es decir, destruidme a mí- y yo lo voy a resucitar.

Cuando fue resucitado de entre los muertos sus discípulos se acodaron de que lo había dicho. Así que esta imagen del templo se está refiriendo claramente a la resurrección, es decir, al templo de su cuerpo que fue destruido por los judíos en la pasión y fue resucitado por él en el día de la gloria.

Que el Señor nos vaya metiendo cada vez más hondamente en el misterio pascual de Jesús muerto y resucitado, que nos haga vivir la alegría de la cruz cotidiana y haga crecer en nosotros la esperanza. Que el camino de cambio, de conversión, se vaya obrando con mucha serenidad, pero con mucha profundidad y con mucha autenticidad en nosotros a fin de que el día de la Pascua podamos cantar verdaderamente “aleluya, Cristo resucitó”, porque nosotros también nos sentimos criatura nueva en Él. Nos lo conceda María, la humilde servidora del Señor, virgen de la Cuaresma y de la Pascua.



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domingo, 21 de febrero de 2021

1° Domingo de Cuaresma - Homilía del Cardenal Eduardo Pironio


Queridos lectores de este blog, los invitamos a caminar esta cuaresma con las palabras del Cardenal Eduardo Pironio, siervo de Dios:


"Señor, enséñame tus caminos. Es algo que vamos diciendo desde que se despertó en nosotros la voz del Señor que nos llamaba: Enséñame tus caminos: porque cada día son los mismos y son nuevos; son caminos idénticos, son los caminos de hacer siempre la voluntad de Dios. Pero todos los días hay una realidad nueva, una realidad distinta, tal vez de una manera muy gozosa un día y de una manera desconcertante y dolorosa, otro día. De una manera clara y de una manera también oscura.

Señor, enséñame tus caminos. Porque no sabemos qué es lo que nos puede suceder el día de mañana, o qué es lo que Dios tiene planeado adorablemente para nosotros en el día de mañana. Yo tengo una experiencia personal muy evidente. "Enséñame tus caminos". Pero no es únicamente mostrar por dónde se va y por dónde nos quiere llevar el Señor, sino también el modo como tenemos que ir realizando con serenidad, con paz interior, con alegría, ir haciendo de nuevo el camino del Señor: este camino del Señor exige en nosotros una continua conversión. Es la conversión que Jesús -el Evangelio del Padre- predica como tema central en el Evangelio de hoy: Convertíos, creed en la Buena Noticia. Y esta conversión no consiste en hacer cosas extraordinariamente grandes, sino en ser cada día más sencillamente fieles a lo que hemos ido repitiendo: Señor, enséñame tus caminos.

La conversión no es algo trágico. La conversión es un proceso sereno de vuelta a Dios, en la alegría de hacer, realizar, su voluntad: Convertíos. Como se convirtieron los primeros discípulos. En definitiva, toda nuestra vida de santidad en santidad, es una continua conversión. Cierto, hay una primera conversión: es el Bautismo; y otra conversión que es nuestra penitencia, nuestra confesión: un momento fuerte de nuestra vida en que el Señor nos muestra algo que quiere de nosotros y lo recibimos con alegría. Pero la conversión es un volver cada día serenamente al Señor y mostrarlo en la alegría y en la transparencia de nuestra vida.

¿Qué es convertirnos? Yo he pensado mucho en estos días si no es en transmitir en medio del pequeño sufrimiento o de los variados sufrimientos, mostrar la alegría: ser alegres. Mostrarla a pesar del sufrimiento y del dolor. No es hacer cosas grandes, es hacer cosas sencillas siempre con alegría nueva.

Hay algunos momentos en que uno piensa que el tiempo es breve para uno, después se olvida tal vez. Pero siempre, cada día que pasa, el tiempo va siendo más breve y va siendo más cercana la Eternidad y la consumación del Reino. Entonces, la apariencia de este mundo es pasajera: es decir, la figura de este mundo es pasajera; hay que vivir con fidelidad lo que Dios nos va pidiendo cada día. Y lo que nos va pidiendo, para terminar, es lo que Jesús en el Evangelio de hoy -tan completo, tan hermoso- nos va pintando. Primero, el tema central de la Buena Noticia, el Reino de Dios: El Reino de Dios está cerca.

Mejor todavía: El Reino de Dios ya llegó, porque el Reino de Dios es Jesús y el Reino de Dios está cerca porque está cerca la segunda venida del Señor. Entonces es necesario ir cambiando, ir convirtiéndonos, creer en la Buena Noticia: creer en el Evangelio. Y la Buena Noticia es que el Padre nos ama, que Jesús se adentra cada vez más profundamente en nosotros y nos comunica el Espíritu. La Buena Noticia es que nada pasa en nuestra vida que Dios no lo haya dispuesto por amor, aunque nos duela y nos desconcierte.

Y para vivir este Reino, para convertirnos, para creer en la Buena Noticia, Dios llama, Dios nos llamó: nos llamó en el Bautismo, nos llamó en la vocación religiosa consagrada, en la vocación sacerdotal. El Señor nos llama, y nos llama con nombre: Simón, Andrés, Juan, Santiago… Nos llama: lo importante es dejar enseguida, inmediatamente, las redes y seguirlo. Pero seguirlo inmediatamente todos los días y dejar las redes todos los días; también en las redes podemos enredarnos. Y seguir al Señor. Termina el Evangelio de Marcos: Y lo siguieron. Y antes, Simón y Andrés lo siguieron. Conviene que pensemos un poco si lo seguimos: la manifestación más clara de que lo vamos siguiendo es la serenidad y la alegría con que vivimos pequeños y grandes acontecimientos, gozos y dolores en nuestra vida.

Que María, la que siguió a Jesús la primera, nos enseñe a decir que sí y a seguir al Señor con alegría."

Homilía pronunciada por Cardenal Eduardo Pironio, siervo de Dios, en la Abadía de Santa Escolástica del 26 de Enero de 1997

También les proponemos rezar con el salmo 24 interpretado por Athenas y Tobias Buteler:


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jueves, 11 de febrero de 2021

El Beato Carlo Acutis y su devoción por la Virgen de Lourdes




Hoy celebramos el día de la Virgen de Lourdes. Nuestra Madre, la Virgen María manifestó de manera directa y cercana su profundo amor hacia nosotros apareciéndose ante una niña de 14 años, llamada Bernardita. Hoy queremos recordar también la devoción mariana que tenía el joven Carlo Acutis, beatificado el 10 de octubre del año pasado, un gran ejemplo de santidad para niños y jóvenes especialmente.

Breve relato de las apariciones de la Virgen de Lourdes

El 11 de febrero de 1858, tres niñas, Bernadette Soubirous, de 14 años, su hermana Marie Toinete, de 11 y su amiga Jeanne Abadie, de 12 años, salieron de su casa en Lourdes para recoger leña. Camino al río Gave, pasaron por una gruta natural donde Bernardita escuchó un murmullo y divisó la figura de una joven vestida de túnica blanca, muy hermosa, ceñida por una banda azul y con un rosario colgado del brazo. Se acercó y comenzaron a rezar juntas.

Testimonio de Bernardita: “Sentí como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza. Volví a mirar y vi que las ramas de espinas que rodeaban la gruta de la roca de Masabielle se estaban moviendo. En ese momento apareció en la gruta una bellísima Señora, tan hermosa. Ella venía toda vestida de blanco, con un cinturón azul, un rosario entre sus dedos y una rosa dorada en cada pie. Me saludó inclinando la cabeza. Yo, creyendo que estaba soñando, me refregué los ojos; pero levantando la vista vi de nuevo a la hermosa Señora que me sonreía y me hacía señas de que me acercara. Pero yo no me atrevía. No es que tuviera miedo, porque cuando uno tiene miedo huye, y yo me hubiera quedado allí mirándola toda la vida. Entonces se me ocurrió rezar y saqué el rosario y me arrodillé. Terminando el rosario, me sonrió otra vez y retrocediendo hacia las sombras de la gruta, desapareció".

Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, la Virgen María se manifestó en 18 apariciones a la pequeña Bernardita.

El 25 de marzo de 1858, la Virgen revela su identidad dándole a Bernardita la prueba que tanto pedía su párroco para creerle. La Virgen le dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Bernardita no comprendía estas expresión, pero emprendió camino hacia la parroquia mientras repetía en voz baja estas palabras. Al llegar afirmó frente al párroco: “Ella ha dicho: ‘Yo soy la Inmaculada Concepción”. El párroco se emocionó ante la evidencia de lo sobrenatural. Cabe destacar que unos años antes, el 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX definió el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María en la bula “Ineffabilis Deus”. Esta manifestación de la Virgen se considera como una confirmación de esta declaración dogmática.

Gruta de la Virgen de Lourdes
(Sanagasta, La Rioja - Argentina)



Carlo Acutis y la Virgen de Lourdes

El joven beato Carlo Acutis, quien falleció con 15 años en el año 2006, fue un gran devoto de la Virgen María, de manera particular en las advocaciones de Lourdes y Fátima. En él la iglesia católica reconoce un ejemplo de santidad, a una corta edad se aferró a una fuerte devoción por la Eucaristía y por la Virgen María.  Algunos autores nos brindan información sobre esta devoción de Carlo:

- El autor Francesco Occhetta afirmó en su libro “La vida más allá del confín”: “Carlo es un apasionado de las historias de apariciones de la Virgen de Lourdes y Fátima. Visitó estos lugares con sus padres y compartió con sus amigos vídeos de estas visitas.”

- Nicola Gori, autor de “Un genio de la informática en el Cielo” y postulador de la causa de canonización del beato Carlo Acutis, relata en su libro que el joven Carlo visitó la gruta de la Virgen de Lourdes en el mes de febrero del año 2005, junto con sus padres y su abuela materna. "Delante de la gruta, Carlo hizo el voto a la Virgen María de permanecer siempre fiel al rezo del Rosario." También afirma Gori, que uno de los primeros rosarios que tuvo Carlo fue uno que le regalo una tía lejana, este rosario tenía símbolos de la Virgen de Lourdes.

En esta oportunidad quiero recordar una de las frases de Carlo: “La Virgen María es la única mujer de mi vida”, expresión que manifiesta el gran amor que Carlo tenía por la Virgen María, era su gran confidente con la que diariamente se encontraba al rezar el rosario.


Pidamos la intercesión del beato Carlo Acutis y de nuestra madre la Virgen María, confiamos a nuestra señora de Lourdes la salud de todos los enfermos.

Diego Olivera


Otras publicaciones sobre la Virgen de Lourdes:




Otras publicaciones sobre Carlo Acutis:




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